La rareza en la normalidad de Beck

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Por: Marcos Hassan @Kiddieriot

El mundo es demasiado vasto y el tiempo en una vida profundo, por lo que resulta tonto pensar que ser una misma persona en esta vida es algo normal, inclusive si se quiere aparentar lo contrario. En momentos en los que nos encontramos solos, con las luces apagadas, afrontamos sentimientos y actitudes que nos pueden llegar a sorprender, pero también en momentos que estamos en público llegamos a tener pensamientos y acciones que podrían no parecer nuestras, aunque sin embargo lo son. Esas son las rarezas que nos definen.

La carrera de Beck se puede definir muy bien en estos parámetros, un artista que jamás se conforma con lo que tiene o lo que debe hacer. Comenzó su carrera tratando de hacer todo lo contrario a lo que una estrella que busca el firmamento debería hacer, y eso le dio licencia de actuar con lo que su corazón le dictara. Eso sí, jamás ha sido indulgente sólo por hacerse el loco, sino que ha virado a ser uno de los mejores autores de canciones que el mundo ha dado, ya sea hablando del rompimiento de una relación o su oficio recogiendo hojas de árboles. Luego está “Loser”, canción que lo dio a conocer, un tema sin mucho sentido con un coro en español que se convirtió en uno de los grandes himnos de los noventas, para todos los que sentían no encajar en el mundo. De ahí todo se volvió mejor.

No podemos hablar simplemente de un solo Beck, ya que su carrera se ha definido como una alergia crónica a definirse. Ha sido un trovador juguetón con una gran pasión por el hip-hop, un autor apocalíptico que ensambla sus canciones a través de juguetes y grabaciones didácticas, un estudiante de psicodelia tropical de Brasil, un nerd tratando de ser un maestro del funk, un autor de pop solemne y lleno de nostalgia, un maestro del cover torcido pero reverente, un breakdancer del pasado y el futuro. Alguien que cuando se repite no sigue sus mismas pisadas.

Beck

fotografía Katy Winn

Es difícil pensar en ejemplos que se acerquen a la manera en la que Beck hace lo que hace y que tengan sentido al momento de hacer un setlist. En sus conciertos, a diferencia de otros autores eclécticos, no se enfoca en solo un disco o una de sus facetas, sino que toca todo, las favoritas y las rarezas, para darnos un show en el que no escatima nada y todos los asistentes salen con una gran sonrisa. La elegancia del Sea Change se encuentra con el vagales de Mellow Gold y todos ríen y lloran un poco. Ahí encontramos tanto “Deadweight” como “Sexx Laws” como “Devil’s Haircut” como “Güero,” con todo menos miedo. Que sea el headliner de la edición del 2018 del festival Ceremonia no es coincidencia, o simplemente la recompensa de décadas de no quitar el dedo del renglón, es porque es uno de los actos más completos de los últimos 25 años.

¿Qué une, entonces, la diferentes facetas de Beck? ¿Cuál es la esencia de este artista? Difícilmente podríamos seguir a alguien después de algunos años si lo único que nos presentara fuera una personalidad esquizofrénica—por favor, que el verdadero Beck Hansen se levante— .Tal vez su manera de presentarse ante el mundo es ésta, siendo una persona multifacética con momentos de locura y momentos donde todo lleva a una búsqueda de sentido. Beck podría ser ese avatar donde las diferentes personalidades que tenemos se manifiestan para entendernos, y así es como nosotros nos reflejamos en Beck, porque Beck es como nosotros, en diferentes etapas de lo que somos.

No hay una verdadera narrativa en lo que se refiere al arte de este músico multiinstrumentista, pero hay muchas canciones, con grandes o sutiles referencias a una urgencia que a veces toma forma de manera surrealista, esos sentimientos que no estamos seguros que son ni cómo ponerlos en palabras pero al verlos plasmados en el mundo sabemos que son eso. Se sienten como los sentimos.

Hoy en día Beck explora las posibilidades del pop actual como lo podemos escuchar en su más reciente disco, Colors, probablemente el resultado de sus colaboraciones con Lady Gaga, Sia y M83. De alguna manera pareciera que quisiera encajar con los sonidos de la música que se escucha hoy en el radio, pero pensar en lo obvio no es algo que podamos hacer con este artista. Inclusive tratar de encajar es una rareza para el que siempre ha buscado estar fuera del molde, aunque sea para pasar unas vacaciones ahí. Eso sí, nos falta escuchar las canciones mezcladas con sus diferentes facetas, al igual que las reciba el ecléctico público que atenderá el Ceremonia, donde Beck nos guiará a ser freaks en todo nuestro esplendor, por lo menos por una noche.

Beck

fotografía Katy Winn


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