Hipnosis 2019, una experiencia psicodélica

Un año más —que casi termina— y con ello, una nueva edición de Hipnosis, que no sólo provee de música psicodélica y cerveza, sino que también añade a la experiencia un poco de lluvia, lodo, y una brisa que te pega en el rostro, provocando gesticulaciones imposibles de esconder aún al término de la última banda del itinerario. Desde su primera edición, Hipnosis se apoderó del título del mejor festival especializado en garage, stoner y otras vertientes del rock psicodélico en nuestro país, todo con pasos firmes. No es adulación ni mucho menos, pero en esta edición, el festival mejoró en organización con respecto a las otras dos ediciones, congregando poco a poco a más fieles a su reunión anual en las profundidades del bosque.

La celebración empezó temprano, al medio día ya había una banda en el escenario principal. Los encargados de abrir las amenidades fueron los nacionales Sei Still, quienes proyectaron su sonido oscuro a los pocos que apenas iban llegando.  

 

Tener bandas femeninas en un lineup siempre hace falta. Las mujeres de The Darts (US) dieron el golpe sobre la mesa; hicieron agitar la cabeza y sacudir los pies con sus guitarras y la voz aguda de Nicole Laurenne, dando como resultado melodías garage rock perfectas para calentar la gélida tarde. Si habría que describir a estas chicas, podría decir que se trata de los Misfits reencarnados en mujer.

Tajak, la banda de shoegaze de Baja California, y el dúo psicodélico The Holydrug Couple, de Chile, se vieron afectados por la lluvia que llegó pronto, orillando a los asistentes a buscar refugio para escuchar de lejos. Sin embargo, y defendiendo su indudable talento, ambos generaron una sensación de efectos similares a los del ácido lisérgico. La distorsión en las guitarras, tanto como los ritmos pausados de ambos, produjeron un sentimiento tranquilizador, efectos al paralelo en una experiencia contemplativa que mezcló los sonidos de la música con la lluvia. Pero el efecto duró poco, y como por obra de magia, la lluvia cesó, y los neoyorkinos de Crumb subieron a la tarima para presentar temas de su álbum debut, y demostrar por qué son considerados una de las promesas de la escena. Encabezados por Lila Ramani y un estilo dream pop y rock psicodélico, por momentos nos pusieron a pensar en lo que pasaría si mezclamos a Beach House con Melody’s Echo Chamber

De repente –como si hubiéramos hecho un viaje en el tiempo– aparecen los japoneses de Kikagaku Moyo, saliendo a escena con sus largas cabelleras y ropas plagadas de estampados de rayas y flores de la década de los setenta. Su música –que incluía entre sus instrumentos un bello sitar– logró hipnotizar a toda la gente. Es como si el festival oficialmente hubiera empezado con ellos; la energía y sus largos tramos instrumentales contagiaron a todos. Uncle Acid and the Dead Beats, vinieron después, retumbando el escenario con la potencia de sus guitarras y su stoner rock, que te pegaba en la cara. Su influencia en bandas de la década de los sesenta es abrumadora, el heavy metal que corre por sus venas lo vendieron en sus canciones apuntalando a un momento de climax, para después llegar al bajón, aterrizando en el final de su acto que fue el inicio del de Mild High Club, quienes redujeron los decibeles y el ritmo, para disminuirle a lo intrépida que iba la noche. No malinterpreten, fue una irreprochable presentación, pero quizá su horario hubiera tenido una mejor recepción más temprano. El baile nunca paró en la hora que duró el viaje de Alex Brettin y compañía, quienes se veían contentos y agradecidos por compartir escenario con Stereolab, y para allá vamos.

Quizá haya quienes no estén de acuerdo, pero la mayoría asegura que el festival tuvo un ganador indiscutible —y no es que sea competencia—: The Claypool Lennon Delirium, el dueto conformado por el virtuoso bajista Les Claypool y Sean Lennon, que iniciaron el recorrido musical con “Astronomy Domine” de Pink Floyd, e hicieron gala de su técnica en la guitarra y el bajo, manteniendo el ritmo por casi una hora y cuarto, alucinando a los más exigentes con “In The Court of the Crimson King” de King Crimson y cerrando con el cover de “Tomorrow Never Knows”, tema de la banda del padre de Sean, The Beatles. Para muchos fue una absoluta belleza.  

Stereolab, presumiblemente la banda más esperada de la noche, hizo lo suyo. Por primera vez, después de 30 años de su creación, la agrupación inglesa-francesa considerada por algunos como art pop y para otros como pop psicodélico, tocaba sus primeras notas en suelo mexicano, la nostalgia derretía a los más románticos de la velada. Tras una separación que duró diez años, Stereolab regresó a los escenarios, y para sorpresa de muchos, llegaron a nuestro país para brindarnos una presentación íntima y casual, tal como si se tratara de una reunión entre amigos que no se ven desde hace un tiempo. La relación espectador-banda fue por demás natural y armoniosa. Sin necesidad de visuales ni luces, tan sólo acompañados de su música y presencia, entendimos una manera diferente de estar frente a una de las mejores bandas del género.

 

Así concluyó la tercera edición de Hipnosis, un viaje nostálgico y emotivo, donde los amigos se reunieron para demostrar que el rock se mantiene vivo a través del tiempo y que, a pesar de las inclemencias y obstáculos que se puedan presentar, vivir la experiencia es prueba de que estamos vivos. Sólo queda esperar un largo año para realizar de nuevo ese viaje.

 

hipnosismx.com


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