irezumi

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Fotografía Fernando Velasco para Luciérnaga
Texto Danaé Salazar
Curaduría y aplicación de los dibujos sobre la piel Artemio
Dibujos (en orden de aparición) Rubén Gutiérrez, Antonio de la Rosa, Esteban Aldrete y Cristina Llanos
Modelos Marina Polyushkina, Luba Ramírez y Joseph Segarra @ Paragon Eduardo @ Bang-Management
Asistentes de fotografía Melissa Venegas y Laura Alvarado
Retoque digital Laura Alvarado

Un tatuaje se trata de abrir la carne, sangrar, herirla. Grosso modo pareciera un acto con una dosis de sadomasoquismo donde dolor y placer se conocen, conviven en lo simultáneo y crean una expresión individual. En el antiguo Japón se dibujaba la piel, casi el cuerpo completo, con una técnica conocida como irezumi. Con un instrumento hecho de bambú llamado tebori, el maestro —un hombre dedicado en cuerpo y alma al arte de tatuar— abre la piel e inserta la tinta. El movimiento parece cotidiano, su mano se mueve con enorme delicadeza, como si se estuviera tejiendo. Sin embargo, la piel se raja, se abre una herida, luego otra y otra para crear un dibujo. El dolor te escalofría y no debes moverte. La espalda sangra. Para mantener tu mente fuera del dolor, el maestro le indica a su asistente: “hazle el amor mientras hago mi trabajo”. El acto sexual es usado para soportar el de la creatividad y transformar el dolor en deseo. Esto es irezumi.

irezumi

Rubén Gutiérrez

Decidir tatuar tu cuerpo al modo de irezumi significa sacrificarlo como un lienzo. El sacrificio dura muchas horas a la semana durante dos años como mínimo. Actualmente quedan muy pocos realizadores de irezumi en Japón; es un oficio que se ha visto desplazado, en parte, por influencias occidentales. Y es que el tatuaje como símbolo cultural se ha transformado. En nuestro continente, un tatuaje subraya y acentúa la individualidad; en Japón, en cambio, solía ser una práctica que te asociaba a un grupo, una expresión de identidad colectiva.

Antonio de la Rosa

Esteban Aldrete

En este artículo vemos una de las fases previas al tatuaje. Es el dibujo que se coloca sobre la piel para después proceder a la inserción de la tinta, un proceso que le lleva al tatuador varias horas en función de la complejidad y el tamaño del bosquejo. Cuatro artistas que han hecho un dibujo ex profeso para 192 se reúnen en estas páginas. Dibujos temporales con una intención de eternidad, donde el sentimiento que producen el dolor y el placer de este acto pueden llegar a convertirse en una hermosa adicción.

Cristina Llanos


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