Mesa: Carla y Pedro

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Texto: Fernanda Sela
Fotografía: Ana Lorenzana
Asistente de fotografía: Nicolas Leau

Le damos reglas a la mesa, pero la mesa no tiene reglas. Existen libros y manuales que intentan imponer una imagen de cómo debe verse, cómo deben ir acomodados los cubiertos y los platos de acuerdo con un orden establecido, o cómo debe el anfitrión cumplir con su misión de recibir a los invitados y acogerlos. Lo cierto es que cada mesa es distinta —no todas son redondas o rectangulares—, y por lo tanto, cada quien crea sus propias leyes y pequeñas rutinas.

La mesa es absolutamente personal. En ella dejamos ver nuestros caprichos y excentricidades. Cada quien diseña este espacio a su antojo, y mientras va forjando su idea de cómo quiere que sean las cosas, según lo que considera importante, el gusto y la personalidad salen a ote. Y todo está ahí condensado, acomodado de manera sutil entre platos y utensilios que a veces combinan a propósito y otras por accidente.

No importa si lo que se planea es una gran cena o algo más informal; todo lo que sucede alrededor también es importante. El preámbulo que precede al desayuno, la comida o la cena, es un pretexto para saborear todavía más, de la misma manera que el momento que viene después, cuando la mesa está más viva que nunca.

Éste es un retrato de diferentes personajes y sus distintas formas alrededor de su mesa, en la que el hecho de comer es sólo un pretexto para revelar sus diferentes facetas. Con este ejercicio comprobamos que entre la mesa y su dueño existe un no paralelismo. Cada mesa supone un vistazo a la intimidad, y sentarse a compartirla es un acto de total con anza. Participar en este acontecimiento significa adentrarse en el universo del otro. Porque la mesa es la oportunidad para conocerlo. La mesa dice: “éste soy yo”.

 

Carla Fernández y Pedro Reyes
Ella es diseñadora de moda y él artista plástico

La mesa de Carla y Pedro es singular. No porque no es redonda ni cuadrada ni rectangular. Tampoco porque tiene una forma irregular y es de concreto. Es singular porque en esta mesa donde todo está permitido —menos utilizar el celular— sucede un intercambio en el que diferentes culturas conviven por medio de los alimentos y sus utensilios.

La diseñadora de moda y el artista plástico invitan con frecuencia a su casa a amigos que son chefs, muchos de distintas nacionalidades, y experimentan con diferentes recetas. La cena es su momento favorito, y si la pregunta es salir o quedarse, ellos prefieren estar en casa y aprovechar esas cenas para convivir. Así, su mesa, un nexo de unión y de discusión, se convierte en el punto de encuentro para diferentes perspectivas donde se arman discusiones que a menudo se prolongan a la sobremesa. “Los dos hacemos diferentes proyectos y muchos se resuelven en la mesa”, dice Carla. “Muchas veces los libros de la biblioteca terminan en la mesa porque nos ponemos a hablar de un tema por horas”, completa Pedro.

En el día a día, Carla admite que ella no cocina tanto y Pedro es quien generalmente se encarga de elegir qué habrá de comer. Pero todo lo que ella no cocina, lo compensa con el modo de servir un plato. No con la manera de adornarlo, sino eligiendo con precisión con qué cuchara comer o en qué vaso beber. La búsqueda de los utensilios perfectos para Carla es importante. Da igual si un trinche que compró es para picar ostiones: ella le ve cara de tenedor para comerse una tuna. Tiene que ver con una cuestión de diseño y con cuidar la interacción entre los alimentos y sus recipientes. “Nos gustan la alfarería y la madera, nos dan una sensación de algo más primitivo,y ésa es nuestra idea de lujo y sofisticación en la mesa”, dice Pedro. “Entre más primitivo es algo, más elaborado”, explica Carla. Puede ser una vajilla de barro negro de Oaxaca, o unos platos recién traídos de Dinamarca; sus objetos contienen en sí mismos la evolución del hombre.

Pero no todo lo que hay sobre la mesa es elegido con este rigor. Hay cosas que más bien han sido una corazonada, como la taza favorita de Pedro. “Es mi taza favorita y es perfecta porque tiene el borde delgado, el asa delgada, y la forma ayuda a guardar el aroma del café. No pensaba que la taza ideal fuera así, pero es como mi fetiche”, me dice.


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