Paul Andrew: el relevo de Salvatore Ferragamo

Ponerse en los zapatos del otro. Para entenderlo, para ser empático. Para, al menos por un instante, ser esa otra persona, vivir su realidad, disfrutar de sus éxitos y sobrellevar sus fracasos. Pero ponerse en los zapatos de un zapatero —los del maestro de maestros—, ésa no debe de ser una encomienda sencilla. Paul Andrew (Reino Unido, 1979) puede decir ahora, con tremendo orgullo, que ha estado en los zapatos —y en, por decirlo de manera figurada, la mente— del mismísimo Salvatore Ferragamo, el diseñador de calzado más famoso de la historia, o al menos, una de las pocas leyendas que ha dado el mundo del footwear.

 

En 2016, después de una consagrada carrera: había trabajado ya en Calvin Klein y Alexander McQueen, y se había aventurado a crear su marca homónima de calzado —que lo convirtió en el primer diseñador de zapatos en obtener el CFDA/Vogue Fashion Fund—, Andrew se convirtió en el primero en dirigir la división de calzado femenino de la casa florentina desde la muerte de su fundador en 1960. El reto no se detuvo ahí. En octubre de 2017 se convirtió en la cabeza de la división de womenswear y en febrero de 2019 fue nombrado director creativo de todas las divisiones de la firma.

 

Salvatore Ferragamo creó un imperio y se convirtió en una leyenda. Ahora, Paul Andrew reinventa los códigos de la casa florentina y los vuelve suyos. Ahora el británico crea, literal y figurativamente hablando, sus propios zapatos y reescribe un nuevo capítulo —o varios— para el grande del lujo italiano.

29 de octubre de 2019, Museo Universitario del Chopo, Ciudad de México. Los editores, los influencers y las celebridades que mueven la llamada industria de la moda se reúnen para celebrar el lanzamiento del Boxyz, el nuevo bolso fetiche diseñado por Paul Andrew e intervenido —en un número limitado— por tres artistas latinoamericanas. Como era de esperarse, Paul, quien tiene ese halo de rockstar (y una sonrisa coqueta, sumada al azul de sus ojos, encantadores) al que pocos pueden —podemos— resistirse, congregó a una muchedumbre. Sería una tarde caótica para el británico: una decena de entrevistas, fotografías, más tarde una comida y por la noche, la fiesta oficial que celebraría su creación, pero sobre todo a él. Su estilista termina de prepararlo para nuestra lente. Nos pregunta si se ve bien. La respuesta es un contundente sí. Nos instalamos y empezamos. 

 

Emmanuel Sandoval (ES): ¿Qué fue lo primero que cruzó por tu mente hace tres años cuando fuiste nombrado director de la división de calzado femenino de Salvatore Ferragamo?

 

Paul Andrew (PA): Honestamente solo recuerdo pensar en la enorme responsabilidad que acababa de asumir al firmar esos contratos. Reconocer la historia y el estilo de una firma y, de alguna forma, traerlo de regreso y hacerlo relevante para las nuevas generaciones iba a ser una tarea muy interesante. Supongo que la familia Ferragamo estaba siguiendo mis pasos y había llamado su atención. Acababa de obtener el premio del CFDA (Consejo de Diseñadores de Moda de América) y asumo que estaba listo para asumir el reto.

 

ES: El archivo de la marca debe de ser monumental. ¿Cómo fue enfrentarse a él?

 

PA: En la escuela te enseñan todo sobre la genialidad de Salvatore Ferragamo, las técnicas vanguardistas con las que diseñaba, los materiales con los que revolucionó la industria… sus creaciones son famosísimas y yo pensé que estaba preparado para enfrentarme al legado del rey de los zapatos, pero no fue así.

ES: ¿Qué fue lo que más te sorprendió?

 

PA: Que muchos de los inventos de Salvatore Ferragamo, como el uso de estructuras metálicas en los tacones, el invento de las alpargatas o el uso de rafia para construir zapatos, siguen siendo relevantes y trascendentes para la industria del calzado. La cantidad de bocetos y piezas terminadas que dejó y que no vieron la luz es inmensa.

 

ES: Si bien tenías un enorme y rico archivo del cual obtener inspiración para la primera colección que diseñaste, existía también una expectativa de qué es lo que ibas a aportar a la casa, cómo ibas a interpretar su historia y el ADN de Ferragamo, y cuál sería ese resultado.

 

PA: Intento no pensar en esa clase de presión, pero te puedo decir que lo que realmente quería cuando empecé a diseñar esa primera colección, era hacer relevante la firma, y la realidad es que Ferragamo tenía años en el olvido, pero una vez dentro entendí mejor qué era lo que sucedía. Todo estaba fragmentado, había demasiados equipos y ninguno se hablaba, no existía una sinergia, y eso se traducía a la propuesta de la casa.

ES: Supongo que ése ha sido el gran reto.

 

PA: Uno de tantos, pero ésa fue, sin duda, una de las tareas en las que me concentré cuando me convertí en director creativo de la firma: alinear todas las categorías de producto, encontrar ese punto de encuentro que se había perdido en algún momento de la historia y que posiblemente muchos habían rehusado a encontrar porque eso significaba enfrentarse a una tarea monumental.

 

ES: Supongo que el adjetivo le hace justicia.

 

PA: Lo supera. Además, quería que tanto las colecciones femeninas como masculinas hablaran el mismo idioma, que se encontraran y convivieran, creo que en parte ésa es la razón por la que empezamos a hacer shows mixtos, porque finalmente lo que sucede en un mundo influye en el otro y viceversa. Guillaume Meilland (director de la división masculina de ready-to-wear) ha sido un gran aliado y hemos logrado establecer códigos y una estética con la que nuevas generaciones se identifican, y eso es un gran paso.

 

ES: Eres insistente con el hecho de llegar a nuevas generaciones y de establecer códigos estéticos que las atraigan, pero sigue existiendo ese mercado tradicional que busca a Ferragamo por un estilo en particular, ¿cómo logras que ambos mundos convivan?

 

PA: Es un arma de doble filo, pero, y lo digo con humildad, es uno de mis grandes logros: unificar precisamente eso que mencionas, dos o tres generaciones distintas que pueden seguir encontrando en Salvatore Ferragamo esas opciones que hablen su idioma, que se ajusten a su estilo de vida y que coincidan con ellos.

 

ES: El cuero es uno de los materiales icónicos de Ferragamo, y tú te has apropiado de él de una forma muy particular. En colecciones recientes, incluida primavera 2020, vemos prendas de este material vaporosas, ligeras.

 

PA: Mi carrera ha sido de más de 20 años y el cuero es ese material con el que siempre he trabajado. Una vez que me involucré como director creativo de las colecciones <em> ready-to-wear </em>, decidí que el cuero tenía que ser el protagonista de la firma, no sólo de sus accesorios y su calzado. Es interesante enfrentarse a ese monstruo porque requiere un conocimiento particular, un tratamiento especial y, sin duda, ha sido un proceso lento, pero que ha rendido sus frutos en las más recientes colecciones y que se traduce en éxitos comerciales de los que me siento orgulloso.

 

ES: ¿Has sentido alguna vez la presión de tener que caminar en los zapatos de Salvatore Ferragamo?

 

PA: Eso siempre está en mi mente. Constantemente me pregunto qué estaría haciendo él, qué pensaría de lo que estoy proponiendo. Cuando Salvatore murió en 1960 es como si toda esa creatividad y visión hubieran muerto con él; los esfuerzos se concentraron en llevar la marca a su máximo crecimiento, en que fuera un éxito comercial. Ahora que nos hemos consolidado, que tenemos más de 650 boutiques a nivel mundial, es momento de volver a esa filosofía inicial y llevar todos mis esfuerzos a ser creativo, a innovar, a arriesgarme, tal y como él lo hizo en su momento.

 

ES: ¿Cómo definirías eso que él hizo en su momento y que ahora estás replicando?

 

PA: No lo llamaría réplica, porque entonces para qué estoy aquí, ¿cierto? Es más bien un homenaje a esa artesanía minuciosa y exquisita con la que Salvatore creaba, y con la que comulgo profundamente, sumada a mi interés y pasión por los procesos tecnológicos y cómo estos, puestos a nuestro servicio, ayudan a crear obras de ingeniería moderna.

 

ES: En realidad, Salvatore hizo lo mismo en su momento, porque además de un gran diseñador, era también un inventor atrevido.

 

PA: Cierto. En su momento creo que una de las razones por las que quedaron tantos bocetos y piezas inconclusas en su archivo fue porque no existía una máquina, un sistema o un software que le permitiera materializar esa visión. He tenido la fortuna inmensa de tomar en mis manos algunos de esos prototipos y hacerlos realidad.

 

ES: Ésa es una enorme responsabilidad, ¿no crees?

 

PA: Lo veo como una oportunidad y lo he hecho con el respeto que se merece la genialidad de Salvatore y lo que le dejó al mundo del calzado. Sí, soy yo quien lo está haciendo, pero y en algún momento, probablemente alguien más lo haría.

 

ES: Pero se requiere un visionario para realmente materializar las ideas de un genio.

 

PA: No me considero un visionario, pero te agradezco el cumplido. Mi tarea está más bien encaminada y enfocada en crear, en buscar nuevas formas, en proponer. Si en el camino resulta que doy en el clavo con un invento o una nueva técnica para darle vida a una de las ideas de Salvatore, entonces estaré complacido.

 

ES: En un mundo saturado de logos, ¿cuál es tu propuesta para que Salvatore Ferragamo sea reconocida sin la necesidad de saturar cada prenda con el monograma o logo de la casa?

 

PA: Primero que nada, odio los logos. Para mí es un mandato no usarlos. Mi tarea debe ser la de crear una estética y una silueta con la que mi estilo sea reconocido y por ende el de Ferragamo. El mundo de lujo se ha convertido en este carnaval en el que todo tiene un logo; la sobresaturación es abrumadora y en algún punto tiene que cesar.

 

ES: Vayamos un poco al pasado y a tu infancia. ¿Qué te inspiraba entonces?, ¿siempre supiste que el mundo de la creatividad era el que te atraparía?

 

PA: Fui afortunado de crecer en un ambiente que apoyaba la creatividad [su padre era tapicero de la casa real de Windsor], así que nunca existió ningún tipo de restricción. Crecí viendo a mi padre trabajar con sus manos y aprendiendo de su oficio, de la dedicación, de la paciencia con la que trabajaba cada pieza. Y por otro lado, mi madre [ejecutiva de una compañía de computación] siempre nos llevaba a casa lo más actual… así que no es una casualidad que me sienta atraído por estos dos mundos, el artesanal y el tecnológico.

 

ES: Estás ligado a Salvatore Ferragamo —el hombre y la marca— de muchas maneras. Los últimos tres años han sido tan sólo el comienzo de tu labor al frente del equipo creativo y la consolidación de tu visión particular. ¿Cómo logras separar lo que fue de lo que es y será la marca?

 

PA: Constantemente pienso en qué estaría haciendo él en este momento, pero intento no clavarme demasiado en ello porque entonces eso truncaría todo mi proceso. Lo que hago tiene que estar siempre alineado con mi visión individual. Nunca voy a comprometer ni mi estética ni mis valores por alguien o algo más, pero al mismo tiempo reconozco que el legado y la historia son enormes. Salvatore murió muchos años antes de que yo naciera, y si bien su visión se convirtió en leyenda, es ahora mi responsabilidad revivir esa tradición, pero bajo mis conceptos. Sí, estoy ligado a él de muchas formas, pero así como sólo hubo un Salvatore Ferragamo, sólo habrá un Paul Andrew.

ferragamo.com


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