Sobrevivir: Eugenio Caballero

Diez voces de las industrias creativas en México

0610
texto Danaé Salazar
fotografía Rodrigo Navarro para EME Laboratorio de Arte
asistente de fotografía Juan Luis Lemus

Eugenio Caballero es el diseñador de producción latino más importante de Norteamérica y un referente en su profesión. Ahora vive en la Ciudad de México, después de haber pasado muchos años haciendo cine alrededor del mundo. Roma lo trajo de vuelta a su país y la cuarentena lo sorprendió, por suerte, aquí, a una semana de arrancar lo que podría ser su proyecto profesional más importante, Cortés, una serie de Amazon Prime Video que se encuentra detenida por la misma tormenta que nos detuvo a todos: el COVID-19. La sombra de la tempestad está encima de nosotros y parece que no se moverá por un largo periodo.

 

Aunque cada quien ha vivido el confinamiento desde su trinchera, probablemente el común domi- nador es el estupor —ese sentimiento de “asombro o sorpresa exagerada que impide a una persona reaccionar”—. ¿La industria del entretenimiento se detendrá en seco como el resto de las disciplinas creativas? “El cine es un animal, un ente muy frágil”, platica Caballero, “pero no se va a desplomar a nivel creativo, todos nosotros buscaremos la forma de seguir realizando cine”.

Danaé Salazar (DS): Me parece inevitable dejar de mencionar Cortés para iniciar esta plática. Probablemente es la serie más ambiciosa que se pensaba producir en México —y que seguramente se producirá—, pero que de pronto se detuvo en seco a la primera semana de rodaje. ¿Qué hace una producción tan grande en pausa absoluta?

 

Eugenio Caballero (EC): En el cine hay esta sensación de que nada detiene el carro. Parte intrínseca del proceso al realizar una serie o una película es que, justamente, la máquina no debe parar; las producciones son tan grandes —involucran a tanta gente y dinero—, que perder un día de filmación o atrasarse es sumamente costoso. De cierta forma, el miedo más grande en este oficio es que no puedas filmar lo que ya preparaste durante muchísimos meses atrás. En este caso, Cortés es un proyecto muy ambicioso, probablemente el más ambicioso en los que he estado; producido por Steven Spielberg, protagonizado por Javier Bardem y rodado en México [donde Eugenio está a cargo del diseño de producción]; imaginen los grandilocuentes sets construidos para reproducir la conquista de México. Teníamos sets construidos en distintos lugares de la ciudad, creados después de un proceso de diseño exhaustivo y de una investigación histórica importantísima. Entonces, por un lado está el estupor de parar y de parar en seco, algo que en los veintitantos años que llevo de carrera nunca me había pasado. Luego, el hecho de que fue un imprevisto, nadie vio venir el paro de la forma en que sucedió: Cortés tuvo que detenerse de un día para otro y en su totalidad.

 

Las primeras semanas de la noticia de la cuarentena no creíamos lo que estábamos viviendo. Apenas empezábamos la primera semana de rodaje, con toda la ilusión y esa especie de nervio que no deja de sentirse al comienzo de cada producción. Además, para arrancar teníamos preparado todo muchas semanas atrás —y no solamente para atrás, sino para adelante también—: todo el equipo estaba preparado. En mi área, que es el diseño de producción, teníamos ocho o nueve frentes abiertos. De pronto llega este estupor de lo que más temes o de lo que más tratas de evitar: la producción se tuvo que cerrar y detener de manera precipitada. Se empezaron a hacer planes a futuro, mismos que se empiezan a romper; primero se posterga todo dos semanas, luego tres, luego dos meses, luego un año. Pensábamos —como todos— que arrancaría rápido, pero todo se fue posponiendo; luego las cosas empezaron a ponerse peor, y ahorita hay que entender que el regreso nunca va a ser igual.

 

DS: ¿Cómo se ha transformado tu vida y tu trabajo a partir del encierro y su crisis?

 

EC: Del estupor pasamos a la resignación y a cierto encuentro con cosas con las que habitualmente no tratabas: encerrarte en tu casa y aprender a vivirla como nunca antes, aprender lo que funciona y lo que no, empezar a acomodarte —o reacomodarte— para entender que todo es parte integral de un nuevo proceso y comenzar a retomar lo que habías dejado pendiente por mucho tiempo, años quizá. Decidí iniciar un proceso de orden que naturalmente me llevó a otro de reflexión. Decidí sumergirme en mi trabajo para revisar qué he hecho y de pronto me di cuenta de que la cotidianidad y el acelere te lo impide, no nos damos el tiempo de mirar hacia lo que hemos realizado y aprender de eso. Creo que hay un reaprendizaje, y esto para mí ha sido lo esencial dentro de la pandemia. Incluso ahora, que ya se activa laboralmente, el aprendizaje es una constante en este momento de mi vida.

 

Pasaban los meses y continué tratando de mantener mi casa en pie, al mismo tiempo que empezaron a llegar las ideas, es decir, lo que me gusta de todo esto es que los procesos están siendo al revés de cómo normalmente son. El trabajo del cine, por lo menos la parte que hago, tiene que ver con el tiempo: pueden pasar años de cuando lees el primer tratamiento de un guion y terminas el proyecto. Pero en general cuando empieza la producción, se activa un contrarreloj y hay poco tiempo de reflexión, es un trabajo más de acción y reacción. En cambio, lo que me ha pasado durante el encierro es que de la manera más inesperada me viene una idea —a veces por algo que leíste, que probaste o que estás cocinando— y empieza la canica a girar y las ideas a madurar hasta que llega el punto de que crees que estás listo para aplicarlas.

 

Creo que la reflexión acerca de esto tiene que ver con qué proyectos me involucro, tomarte el tiempo para analizarlos y decidir si los tomas o no, en lugar de sólo correr contra el tiempo. En cualquier momento se te puede sacudir la vida, y lo que más me he cuestionado es por qué estoy haciendo los proyectos que estoy haciendo. Supongo que es una reflexión que venía desde antes, pero que ahora se manifestó.

 

“Agradezco que la pandemia te sitúa en el lugar en el que tienes que estar. Durante 12 o 15 años anduve de gitano, trabajando por todo el mundo. Si no hubiera estado en la Ciudad de México cuando se declaró la cuarentena, habría sido difícil adaptarme a la realidad de lo que está pasando en mi país.”

 

Para leer la entrevista completa con Eugenio Caballero, suscríbete aquí.

 

#Sobrevivir192


Ediciones anteriores

192

México en la piel: Collectiva Concepción

“La industria de la moda —desde hace un par de años— está viviendo un proceso en el […]

2310
192

Sobrevivir: Elena Reygadas

“Hay que fluir como un bambú”, me dice Elena Reygadas casi al finalizar nuestra entrevista. Me quedo […]

2210
192

México en la piel: PAC

Paola Alvarado, PAC En medio de la crisis, Paola ha tenido que poner en pausa su creatividad […]

2110
192

Sobrevivir: Rodrigo Feliz

“Espero no decepcionarte con esta entre- vista, pero no tengo muchas respuestas concretas sobre lo que va […]

2010
192

Pinea Covalin, del pasado que nos define

Pineda Covalin —fundada en 1996 por Cristina Pineda y Ricardo Covalin— también ha trabaja- do de manera […]

1910
192

México en la piel: Arkatha

Arkatha, el proyecto de las hermanas Navarro —que este año cumple ocho—, ha sido siempre íntimo y […]

1610
192

Sobrevivir: Carlos Couturier

Carlos Couturier, uno de los socios fundadores del proyecto, habló con nosotros sobre los cambios —radicales— y […]

1510
192

México en la piel: Ocelote

“Pensar en la palabra quiebra fue durísimo, pero había una posibilidad de que Ocelote cerrara al principio […]

1310
192

Sobrevivir: Pamela Echeverría

En la industria del arte, la que pareciera inquebrantable, el virus también diseminó caos e incertidumbre. Entre […]

1310