Xinú: haciendo fuego

Botánica aromática en un contenedor

0907
texto y fotografía Fabiola Zamora

Una vez más, los magos de nariz —como alguna vez los bautizamos en 192—, nos hechizan con su nuevo artefacto. Esta vez no es una de sus pócimas mágicas —como nos gusta llamarle a sus fragancias— ni tampoco su jabón antibacterial Flor de Musgo, uno de los productos más perfectos dentro de sus recientes creaciones. Hoy se trata de un olor puesto en velas y con la que Xinú vuelve a conquistar nuestras narices.

 

Estos magos, cada vez más expertos en alquimizar la botánica de América hicieron mancuerna con Cerámica Suro para elaborar este contenedor de fuego, como poéticamente le llaman, que además de su función aromática, como objeto simboliza la petrificación de fragmentos de tallo, corteza y pétalos. Y que al igual que los otros frascos que encapsulan los aromas de Xinú, tiene una segunda vida. Al acabarse la vela se transforma en una pieza de uso cotidiano, bella, atemporal y con una nueva permanencia.

Pero volvamos al olor, el alma de este contenedor. La colección se conforma de 3 velas distintas, que encapsulan, como ellos bien dicen: la memoria olfativa de un continente.

 

Fuegozen: definida con las siguientes palabras: cálida, contemplativa, afectuosa, un capullo. Está hecha con resina de copaiba, aceite de styrax, aceite de cardamomo y absoluto de cera de abeja.

 

Menthamericana: refrescante, radiante, estimulante y amaderada floral. Hecha con aceite de menta, aceite de mandarina, extracto de haba tonka y aceite de cabreuva.

 

Flor de Musgo: radiante, floral, enigmática y profunda. Hecha con aceite de limón, extracto de nardo, musgo y aceite de cedro.

Sin abrir el paquete que contiene la vela, el aroma de la Methamericana que llegó a nuestro espacio, se propaga con celeridad. Al encenderla reconocemos lo amaderado y el efecto es inmediato, inevitable, aplastador; una aspiración profunda como si la vela nos estuviera dando su última flama y nuestros ojos en compás, cerrándose para llevarnos lejos y directo a la memoria olfativa y a la botánica del continente al que emula. La vela, prendida o apagada, como olor ya es inextinguible. Permanece, complementando el aire que nos rodea.

 

La colección de velas es nuevamente una colaboración de los estudios Esrawe y Cadena, con un equipo de diseño conformado por: Alejandro Ramírez, Federico Stefanovich, Ville Auvinen y Manuel Bañó. Y la producción de las piezas corrió a cargo de Cerámica Suro. Las velas pueden comprarse directamente en la tienda ubicada en Alejandro Dumas 161, Polanco o a través de su sitio web.

 

xinu.mx

 

 


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