Té he de querer

Más que una bebida, algo significativo

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texto Alan Gómez
fotografía Fernando Etulain

La Camellia sinensis, mejor conocida como té y a lo largo de la historia se ha convertido en un modo de vida entrañable para las diferentes culturas.

 

Cuenta la leyenda que el emperador chino Shen Nong pedía que sus sirvientes hirvieran el agua que bebía. Un día, mientras las ollas reposaban en el fuego, el viento llevó una planta, por casualidad, al recipiente. Al servirle el agua al emperador, a éste le agradó el sabor; la historia de té había comenzado.

 

La bebida se encuentra arraigada íntimamente en la vida de la gente de países como China, Japón, Inglaterra o India. Por ejemplo, los chinos consideran tomar té como una necesidad, y puede llegar a ser tan significativo, que se utiliza para aceptar el matrimonio o pedir perdón. Además, ha llegado a influir hasta en la arquitectura de un país, de ahí la monumentalidad de las casas de té.

 

Por otra parte en lugares como Japón, su uso se relaciona directamente con la sociedad y no cualquiera puede encabezar la ceremonia milenaria, influida por el budismo zen. Para ello se utilizan elementos especiales como un kimono, arreglos florales e incluso una caligrafía específica; un verdadero arte.

 

En lugares como Inglaterra, una taza de esta bebida se relaciona con la alta sociedad, y se mezcla con leche y azúcar, lo cual para los puristas sería impensable, pues el sabor de la hoja cambia. Por el contrario, en la India el té es la bebida del pueblo, que disfruta un Darjeeling de la manera más simple posible.

 

La mejor manera de conocer el sabor de un té es probarlo en su forma más pura; sin embargo, existen mezclas para todo tipo de paladar. Cada planta tiene una característica diferente, por lo que debemos estudiar de dónde viene, cómo se toma, a que hora del día se recomienda beberlo. Aquí presentamos cinco de ellas.

 

PU-ERH

Cuando la hoja llega a cierto grado de fermentación, se le conoce como pu-erh. Ésta es una variación del té negro; sin embargo, sus características lo hacen único. Es ideal para acompañar la comida. Después de un reposo de cinco minutos, el cuerpo asimilará mejor los alimentos. Se recomienda a cualquier hora del día gracias a que no contiene cafeína.

 

CHAI

Conforme aumenta la oxidación, el color de la hoja cambia, y al ser sustancial, se produce el té negro. Fuerte tanto de sabor como de color, tomar por la mañana un té negro es una costumbre proveniente de la India, y hará que el hecho de despertarse haya valido la pena. Su aroma a canela, clavo, cardamomo y jengibre avivará los sentidos inmediatamente. Si se deja más de cinco minutos, realzará la amargura. Con un toque de leche, el té chai pondrá a trabajar al cuerpo dando una sensación de ánimo.

 

JAZMÍN CELESTE

Una hoja seca y fragmentada crea el té verde. Para cerrar un día pesado con una bebida refrescante, el té verde es la elección perfecta. Ciento ochenta segundos y estará lista. La mezcla con jazmín, proveniente de Japón, crea una conexión entre materia y espíritu. Éste es el momento ideal para reflexionar antes de poner nuestras vidas en suspenso.

 

PAPILLON BLANC

El té blanco se presenta en una hoja oven. Después de un largo día de trabajar llega el momento perfecto para acompañarlo con un Papillon Blanc. Con tan sólo cinco minutos de reposo, esta bebida de mango y maracuyá evoca todo su sabor. Una tarde donde los problemas se olvidan y el berbaje frutal se envuelve el postre del día.

 

OOLONG

El Oolong o té azul es una hoja con oxidación media, lo que hace que su sabor se ubique entre el té verde y el negro. Degustar a mediodía un Oolong generará una experiencia placentera. Su nombre hace referencia al río más largo de Asia, y su color jade hace de ésta una especie única y difícil de hallar en el mercado. Se recomienda prepararlo tres minutos antes de las 12 pm, para beberlo justo cuando el sol se encuentre en el cenit.

 

Este artículo fue publicado en nuestra edición impresa No. 24 Octubre – Noviembre 2012


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