Después de haber devorado las imágenes de este desfile, que es como un instinto que no se puede detener —porque lo caminaron rostros de las industrias del cine, la moda, imperdibles; porque sucedió en una de las avenidas más icónicas de Los Ángeles, Hollywood Boulevard; porque la colección levanta suspiros, muecas, envidias, sorpresas; y porque es creación de una mente introspectiva que tiene el coraje de convertir una marca en familia, además de colocar los elementos discordantes pero armónicamente perfectos, todos, en un solo lugar—. Y ese sitio fue el Gucci Love Parade, un sueño que viene de Alessandro Michele.
Después de haber visto todas las fotografías, es momento de cerrar los ojos y escuchar la voz apacible del que dejará un show para recordar. Estuvimos con Alessandro en una rueda de prensa petit, dentro del emblemático TLC Chinese Theater, minutos después de que se llevará a cabo una de las pasarelas más grandes que se han hecho en el mundo (más de 100 salidas). Su presencia y sus palabras son como la contemplación de la luna.
La carta que Alessandro Michele ha dejado en nuestro cuarto de hotel, empata con las palabras que escuchamos desde su italiano suave y pausado. El Gucci Love Parade es una respuesta a manera de tributo al legado de su madre. Fue un show sinigual que además festeja cien años de la casa italiana. Y con esto, la mente detrás de Gucci, dice: “Un desfile de seres encantados y profundamente libres que atraviesan una tierra donde no reside ni el pasado ni el futuro: el milagro del estilo imaginativo.
Mamá siempre me lo decía: Los Ángeles brilla con su propia magia, que es atemporal; es un lugar que roza las divinidades, convirtiéndose en una mitología de lo posible”. En Los Ángeles, dice Alessandro, “es donde conocí a la gente más peculiar, fuera de tiempo, resistente a cualquier idea de orden”. Y así lo hizo: un sueño convertido en una pasarela de seres de otro mundo, una especie de recorrido de ángeles engalanados como dioses: inolvidable.
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