“La Famiglia”, el primer acercamiento del diseñador con la casa italiana
fotografía cortesía de Gucci
La espera terminó. Lo que hace unos meses se envolvía de intriga y especulación, hoy se vuelve tangible. Demna Gvasalia muestra su primera colección dentro de Gucci, y lo hace con una carga emocional que se siente íntima y descarada a la vez. Llamar a la colección La Famiglia es más que un guiño a los orígenes familiares de la Casa italiana: es un gesto que provoca. Habla de pertenencia y de ruptura, de las raíces que sostienen y de las manos que sacuden el árbol. Gucci no es ajena al cambio, pero Demna no viene sólo a imitar su archivo, viene a convivir con sus legados y hacerlos entrar en sintonía. ¿Qué significa realmente “pertenecer” cuando una marca decide reinventarse frente a nuestros ojos?

El monograma que alguna vez fue símbolo de discreta sofisticación ahora aparece como una declaración exagerada. El bolso Gucci Bamboo y los Horsebit, piezas que podrían haberse tratado como reliquias, reaparecen con proporciones nuevas, hablando de su versatilidad. Es esa mezcla incómoda de respeto y desafío que Demna maneja tan bien, como si dijera que lo sagrado también puede ser juguetón.
Para contar esta historia, Demna optó por algo muy humano: los retratos. Catherine Opie fotografió a un grupo de personajes que parecen salidos de un álbum familiar caótico: La Bomba, felina y temperamental; La Cattiva, severa y elegante; Miss Aperitivo, demasiado ocupada en disfrutar la vida; L’influencer, criatura inevitable de nuestra época; La Mecenate, La Contessa, Sciura y Primadonna, mujeres que destilan sofisticación italiana; y Principino y Principessa, los eternos buscadores de atención. Juntos, no son una familia perfecta, sino un mosaico de personalidades que, de algún modo, comparten apellido.
La Famiglia no busca ser cómoda ni universal. Hay teatralidad y exceso, pero también silencios y minimalismo, a través de piezas que gritan y otras que susurran. Esa contradicción es la que hace que esta primera entrega se sienta viva entre nostalgia desempolvada y escándalo vivaz.
Lo más refrescante es el enfoque hacia el placer. Aquí vestirse no necesita excusas, puede ser juego, provocación y hedonismo. Mocasines blandos llevados sin ceremonia, transparencias que rozan lo imprudente, abrigos con plumas que hacen guiños al viejo glamour. Incluso la moda masculina se libera de etiquetas, abrazando el brillo y el riesgo con la misma naturalidad.


Con este primer movimiento, Gucci vuelve a contarse a sí misma. Demna, fiel a su estilo, se sienta en la mesa familiar, escucha las historias, interrumpe cuando es necesario y suelta una carcajada cuando nadie lo espera. Si La Famiglia es apenas el prólogo, lo que venga en febrero —con su primer desfile— puede ser una conversación que no podremos ignorar.
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