Arropando nuestro tránsito
fotografía cortesía de Salón ACME y Danielle Franco
Entrar a Salón ACME este año implica atravesar una serie de superficies que reconocen al cuerpo antes que la mirada: cuero, textiles, metal, mezclilla, rebozos, huaraches aparecen como insistencia, regresando a donde el conflicto rodea al arte, como si la feria misma ensayase esa incomodidad de la que se habló en la rueda de prensa. No es casualidad que Ana Castella, directora de ACME, haya leído esta treceava edición como una edad de tránsito y definición —una adolescencia—, como si el proyecto se hubiera vestido para ser observado desde ese estado todavía en transformación, en un espacio donde el presente se habita como prendas que se tensan sobre el relieve de nuestra carne viva.

En la primera sala, dedicada al entretenimiento y a lo espectacular, nos recibe Ojos de Cosa Rapozo, originaria de Guanajuato. Un cobijo de peluche y joyería que domestica el mito del mercado del arte como lujo, convirtiéndolo en un fetiche táctil que remite a la experiencia del contacto y la cercanía.
Al avanzar hacia la sala conjunta, los huaraches Solo hazlo de Rogelio Zárate, artista zapoteco, proveniente de Oaxaca, aparecen con solemnidad en el quehacer artesanal como tecnología viva. Los huaraches se presentan, como indica el artista, con el objetivo de ser usados, recuperando su condición de herramienta más allá del velo del objeto de arte, plantando el paso en tiempo situado ante la velocidad impuesta de la semana del arte.

Más adelante, en una sala atravesada por referencias religiosas, el cuero ocupa el lugar de la carne en Bromance, de Alejandro Castañeda (Culiacán, Sinaloa). Se trata de una prenda hecha cuerpo, suspendida y forjada en el lenguaje de las técnicas artesanales del noroeste de México. La alusión al Cristo desnudo se activa como memoria cultural persistente: el cuerpo masculino aparece aquí como tensión de los imaginarios homoeróticos del territorio que habitan.
El recorrido continúa hacia una sala donde el trabajo se vuelve legible en clave blanda. En las piezas de Karen Aixa (Estado de México), el lenguaje laboral migra al textil como registro cotidiano. Más adelante, Sueños Febriles transforma fragmentos de la Ley Federal del Trabajo en almohadas con formas orgánicas, complementarias a las posturas en las que el cuerpo se acomoda sobre los trayectos en transporte público.

En la misma habitación, Capilar IX 2210 veces en que la mano de un hombre se posa sobre la nuca de otros de Manuel La Rosa (Lima, Perú) y radicado entre CDMX y Santiago de Chile, condensa otro tipo de gesto laboral. La pieza, parte de una investigación sostenida sobre el trabajo manual y la masculinidad cotidiana, reúne cuchillas de peluquería usadas hasta formar una superficie densa. Cada navaja registra una acción repetida, donde el cuidado se ejerce como rutina y riesgo.
Al girar hacia otra sala, el sonido —o su supresión— entra en juego. SN, de Maximiliano Ruelas (Guadalajara), presenta unos audífonos industriales cubiertos de estaño. El dispositivo pensado para proteger el cuerpo queda inutilizado por un material asociado a la extracción minera propia de su región. Protección y desgaste se cancelan entre sí. La indumentaria de trabajo deja de funcionar y se vuelve evidencia de una economía extractiva y de una relación desigual con el territorio.

Al desplazarse a la exposición del estado invitado, Puebla, la pieza La Mezclilla Como Relato de Sofía Abraham, se articula desde la industria textil. Fragmentos de mezclilla defectuosa, provenientes de una fábrica familiar en bancarrota, tras una sequía, organizan la falla hasta adquirir estatuto de lenguaje. El cuerpo no aparece de forma directa, sino a través de sus huellas: repetición, desgaste y precisión mecánica acumulada.
En esta misma exhibición, se presenta Segundas Líneas, obra del dúo MUNA arquitectura, integrado por Miguel Ángel Méndez Zapata y Miriam Nayeli Lagunas Moreno. La instalación recupera testimonios y frases coloquiales de la familia Cuautle Coyotl, de San Antonio Cacalotepec, vinculados a la transmisión generacional de los oficios de la construcción, escritos a mano sobre plantillas de concreto interconectadas. El conjunto articula la palabra como soporte de la memoria y evidencia la dimensión colectiva del saber.

Algo similar ocurre con los retratos de cantina de Alejandro Espinosa, exhibidos en la muestra La noche, dentro de la sección Bodega. Realizados a mano alzada en interacción directa con los comensales, el proyecto reúne sketches arrancados de cuadernos, realizados a lo largo de seis años en cantinas de distintas regiones de México. La obra funciona como un registro de escenas cotidianas y vínculos situados. Tugurio, único óleo sobre lienzo del conjunto, prolonga la reflexión sobre el cuerpo, desplazamiento, indumentaria y trabajo como materias compartidas a lo largo de la muestra.
En el área de Proyectos Públicos, destaca la serie de rebozos de Jaime Antonio Ferreira, artista michoacanx, presentado por la Galería BellasHartas. Insultos dirigidos a corporalidades disidentes se tejen en una prenda históricamente asociada al abrigo, convirtiendose en una segunda piel capaz de proteger o de exponer.
También en esta sección destaca la participación de Marchante Galería, que presenta la obra del artista chileno José Romussi. Desde una práctica sostenida de más de doce años en torno al textil, Romussi incorpora técnicas de hibridación donde los materiales conducen la composición. Su trabajo dialoga con el resto de las piezas de la muestra al entender el textil como superficie de registro y acumulación, en la que el quehacer manual y el trabajo quedan inscritos como forma y memoria.
Como un tendedero que sostiene y articula todo el cuerpo de la feria, Yo soy la vida y la resurrección, instalación monumental de Enrique López Llamas (Aguascalientes) y presentada por Llano Galería, muestra figuras suspendidas —órganos, extremidades, rostros— que se ensamblan para formar un cuerpo unido por tensiones, como fibras que apenas sostienen la forma. La pieza condensa las nociones que atraviesan toda la muestra, donde la transformación no opera como promesa de redención, sino como condición cotidiana. En palabras del artista, “la vida y las relaciones humanas nos exigen transformaciones caóticas y puntos de quiebre en nuestra realidad”.


A lo largo de la feria, el gesto humano —vestido, trabajado, protegido, expuesto— aparece como un hilo continuo que enlaza la obra: superficies que rozan, pesan, abrigan o incomodan, devuelven al cuerpo su condición sensible, como esa adolescencia en estado de ajuste constante, vestida de tensiones que buscan volverse habitables.
Salón ACME No.13
Fechas: 5 al 8 de febrero de 2026
Proyectos Públicos (General Prim 30–32, Col. Juárez, CDMX)
La edición 13 de Salón ACME se despliega más allá de un solo recinto, activando distintos espacios de Proyectos Públicos y extendiendo su programación hacia la ciudad. El proyecto integra conversaciones públicas, secciones curatoriales y el International Visitors Program en colaboración con Feria Material.

Más información, horarios y accesos:
salonacme.com
@salonacme
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