México es, para muchos artistas, un país de recibimiento desmesurado, donde el cariño es estruendoso y la emoción se expresa sin reservas. Con Kali Uchis no es excepción, puede que esta haya sido la razón para que haya decidido cerrar su gira aquí.

Una voz atraviesa la oscuridad segundos antes de iniciar el soundcheck para la última fecha del Sincerely Tour (febrero de 2026, Palacio de los Deportes, Ciudad de México).
Recita una declaración que sienta el tono de esta velada en el universo de Kali Uchis:
“En la vida de una mujer llega el momento en que el universo comienza a susurrar. El mundo puede verla como ordinaria, pero en el plano espiritual está siendo posicionada para algo extraordinario. Dios nunca bendice por accidente, cuando se prepara para liberar algo significativo, la mujer elegida empieza a sentir el peso de la preparación divina. Primero se encontrará sola a sí misma, no porque no la quieran, sino porque está en aislamiento. Y el aislamiento no es rechazo: es refinamiento. Dios quita el ruido para que ella pueda escuchar el susurro”.
La espiritualidad es una constante en su narrativa artística. Comunica una ideología de vida personal —una visión que comparte con naturalidad y sin imposición— donde la energía, la fe y la autenticidad son pilares. Y lo que proyecta sobre el escenario es coherente con lo que expresa también fuera de él.

Hay algo en su música que dialoga con México desde un lugar orgánico. Quizá por lo latino, quizá por esa cercanía con Estados Unidos, o quizá sean ambos factores, por su propia identidad híbrida. Kali Uchis es una artista multicultural y lo ha dejado claro en cada uno de sus discos. Su facilidad para moverse entre géneros e idiomas es natural en su identidad.
Aunque tiene raíces marcadas en el universo indie —donde fue una de las pioneras de su generación junto a contemporáneos como su colaborador recurrente, Tyler, The Creator— su obra nunca se ha quedado fija en un solo territorio. En su música se leen múltiples capas de identidad.
Llegó muy joven a Estados Unidos desde Colombia y siempre supo que quería crear. Esa certeza atraviesa su discografía. Cada álbum posee una identidad distinta y, aun así, todos conservan un hilo invisible que los conecta: la fidelidad a sí misma. Puede evocar baladas anglo de los años sesenta, luego mezclarlas con R&B, después cantar merengue con la naturalidad que sólo los latinos presumen, y en el siguiente proyecto deslizarse de lleno al reggaetón sin perder coherencia.

La frase que abre el concierto remite a la energía que emana, al conversar personalmente se percibe un ambiente de serenidad, una presencia que cuida su energía y la comparte sin invadir. Respetuosa, glamurosa, auténtica, sincera.
Estoy sentado en las butacas de las primeras filas, por mucho somos 5 personas en la audiencia. La observo a unos metros del escenario y mientras hace la prueba de sonido, hace también ajustes meticulosos en la producción. Noto que es clara sobre lo que le gusta presentar, es dominante de su propio movimiento. Kali Uchis no llegó aquí por casualidad.
Me recibió hace unos minutos en un camerino, le llevé la última edición de 192. Mientras nos saludamos, la hojea con curiosidad; se detiene en una de las fotografías de Yalitza Aparicio y menciona que la ama. Iniciamos la conversación.

Zunshu: Has estado aquí varias veces, y la gente tiene una conexión muy fuerte contigo. Hoy estás en un momento distinto de tu carrera. ¿Cómo te recibe esta visita?
Kali Uchis: Me encanta México, me siento muy en casa acá. Se siente mucho como Colombia a veces. Siempre me he sentido muy cercana a la gente mexicana, me han tratado como familia y me han demostrado mucho cariño. Para mí, terminar la gira aquí es un highlight. Era el gran momento que estaba esperando.
Z: Más allá del público, ¿hay algo en México que te inspire de una forma distinta a otros sitios?
KU: Sí. Todos los países de Latinoamérica son especiales. Cada uno tiene su propio estilo y su propia identidad. Aunque compartimos muchas cosas como latinos, siempre hay algo que nos diferencia y eso es muy lindo.
Me encanta ver el estilo de la gente, la individualidad, cómo cada cultura tiene su energía. Eso me hace sentir como en casa, pero al mismo tiempo me inspira porque cada país tiene algo único. Colombia siempre va a ser mi número uno porque es mi casa, pero México diría que es mi segundo hogar en Latinoamérica.

Z: Pienso en mujeres mexicanas que han dominado su narrativa, como lo haces tú. ¿Hay alguna mexicana que te resuene con estos principios?
KU: Sí, pienso en María Félix , que es una gran ídola para mí. En realidad México tiene muchos íconos, hay muchas personas increíbles que podría mencionar.
Z: Al escuchar Sincerely (2025) no pude dejar de pensar en Por Vida (2015). Aunque han pasado más de diez años, percibo que poseen una sensibilidad compartida. Cuando miras estos dos proyectos uno al lado del otro, ¿qué ves en esa evolución?
KU: Viendo esos dos proyectos juntos, creo que lo que tienen en común es que sigo siendo la misma persona. Mi objetivo siempre ha sido no perderme en la vida ni en la industria. Para mí es muy importante preservar mi esencia.
La industria no es lo que me mueve, ni lo que me emociona. Lo que me emociona es hacer arte y seguir en lo mío. Entonces, si se sienten similares, creo que es porque sigo siendo fiel a mí, tal vez ahora con más experiencia, con más camino recorrido, pero con la misma raíz. Siempre tengo presente el deseo de permanecer auténtica.
Z: Sincerely retrata a una mujer con múltiples matices: artista, madre, latina y figura global. Habla de alguien que está más centrada en la honestidad que en la validación, como lo comentas. ¿Desde dónde nace esa postura?
KU: Siempre he tenido muy presente que la vida es corta. Muy corta para vivir tratando de complacer a todos. No vivo por mis fans, ni por mis papás, ni por mi pareja. Sé que cuando sea el momento de irme, me va a tocar irme sola, entonces lo único que me queda es vivir siendo yo misma. Nadie se podrá llevar el dinero ni las cosas materiales. Lo único que me llevo es mi alma, y eso es lo más valioso que atesoro.

Z: Has tenido un crecimiento constante en múltiples sentidos, y desde que comenzaste como una artista indie hasta hoy que te convertiste en un referente global, no has parado de crear. ¿Contemplas en algún momento tomar un espacio totalmente para resguardar tu energía? ¿O este ritmo creativo es lo que te mantiene en equilibrio?
KU: Lo he pensado varias veces, el tomarme un espacio para parar un poco, parar de trabajar, pero es muy difícil para mí. Mi trabajo para mí no es trabajo. Es mi forma diaria de vivir, siempre escribo canciones, siempre estoy creando. Entonces no es algo de lo que me pueda abstener.
Por otro lado, de las redes sociales —que implican entregar tanta energía al público—, de eso sí quiero tomar distancia después de este tour. Aunque aún puede que haga otra gira chiquita después de esto en Estados Unidos, pero todavía no sabemos.
Quisiera tomar ese espacio para de verdad desconectarme del celular, del público, enfocarme en mis proyectos y mis prioridades: mi hijo, mi familia, Dios, y el disco que estoy componiendo en este momento. Quiero que sea mi mejor álbum y espero que sea uno de los mejores álbumes de todos los tiempos también. Y para eso estoy dispuesta a enfocarme de verdad y silenciar el ruido de la vida.
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