Hace poco leía una frase de Fran Lebowitz que decía: “Un libro no debería ser un espejo, sino una puerta”. Inmediatamente pensé en Señora, el primer proyecto fotográfico en forma de objeto de Susan Ades (México, 1995). Y es que mientras hablamos del fondo y la forma de este libro, Susan continuamente se refiere a él como un reflejo de lo que ella no quería para su vida. Eso, sin duda, se traduce en lo que afirma Lebowitz: Señara terminó siendo la puerta a un cambio absoluto para la fotógrafa, no sólo en la forma de apreciar la vida, sino en la manera de conducirse en ella y conocerse hacia adentro.
La idea surgió como una tarea: en un curso de fotografía, a Susan le pidieron experimentar tomando una foto que reventara el ISO. “En ese entonces, quería reconectar con mi abuela”, platica mientras tomamos un chai latte. Señora —un libro con tapa de papel tapiz, de esos que parece que tienen pintado al óleo las flores como ornamento, símbolo de poder pero también de nostalgia anticuada— está sobre la mesa.


Había mucha presión porque Ades rompiera con los patrones de una comunidad: el protocolo indicaba ser mamá, no profesionista, mucho menos fotógrafa. Su abuela no sabía que Susan quería cumplir sus sueños antes que cualquier otra cosa. Entonces hicieron esa sesión de fotos, “para reconectar”. En casa de su abuela, subieron al baño —con azulejos bizantinos que formaban un cuadro barroco y forraban la tina, majestuosa como de reina del siglo XV— y montaron la escena. Susan logró reventar el ISO. Es la fotografía de la página 1.
Aquella fue una única sesión, no estaba el plan de hacer un libro, hasta que 6 meses después, en otro curso de foto, le pidieron hacer un fotolibro. “No me gusta dejar las cosas sueltas, sino encausarlas. Después de fotografiar a mi abuela, decidí contactar a otras señoras. Mi abuela les escribía a sus amigas y así empecé a fotografiarlas. A muchas no las conocía, no conocía sus casas. Llegaba sin saber, con la única idea de hacerles un retrato con luz natural”.


“Estas señoras se entregan, dejan todo por sus familias: cocinan para ellas, están al pendiente de cada miembro, y yo me preguntaba ‘¿y quién ve por ellas?’. Entonces vino la reflexión: estas fotografías serían un espacio para ellas, pues notaba que les era importante ser escuchadas. Aunque no tuvieron otra opción que ser madres y dedicarse totalmente a su familia, son mujeres fuertísimas. No se cuestionan haber hecho otra cosa en su vida. El arrepentimiento no cabe en ellas y eso, de cierta forma, me parece admirable”, agrega.
Señora ha representado una catarsis para la fotógrafa, no sólo porque reivindicó que lo suyo será, para siempre, tener una cámara en mano, sino porque afianzó lo que en su vida no es prioridad: ser madre y servir a otros. “Al hablar con las mujeres que aparecen en el libro, quería resolver mis propias dudas. Terminó siendo terapéutico, un parteaguas en mi vida, pues me dieron claridad de mi propio momento”, afirma.



“Señora no es sólo una de ellas. Ellas son todas y todas son una, por eso no era importante especificar su nombre”, explica Susan. “Al final, son una especie de autorretratos porque al fotografiarlas me retraté a mí misma y vi en ellas todas las posibilidades de un destino diferente”. El homenaje está hecho. El libro es una edición limitada y puedes adquirirlo escribiéndole a la fotógrafa a través de su cuenta en Instagram: @susanades o en la tienda en línea.
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