Como pinceladas minuciosas, cuchillos afilados cortan con exactitud los ingredientes para revelar las obras gastronómicas de Otto. Un restaurante que ofrece una experiencia de omakase legítima a partir de elementos que nos recuerdan a Japón: una barra acogedora, preparación de los alimentos al momento, componentes de primera calidad y atención al detalle.

Con un año de trayectoria, el espacio nació como una respuesta a la búsqueda de comida japonesa sin una tropicalización mexicana. El respeto a la tradición está presente en cada paso de preparación de los platillos y en la coordinación silenciosa de los chefs. Aquí hay una intención clara de preservar un lenguaje culinario que se siente ajeno al ruido exterior.
La experiencia se despliega en nueve tiempos a lo largo de dos horas, donde el menú Otto Omakase traza una narrativa precisa: del sashimi inicial a una secuencia de nigiris que exploran la pesca nacional y cortes más delicados como el hamachi o el atún aleta azul. Otra opción es el Nigiri Omakase que eleva ese recorrido con piezas importadas, acentos más grasos y conos que equilibran textura y temperatura, como el kampachi o el de cangrejo azul. Y su versión Derakkusu —adjetivo japonés para describir algo de lujo y gama alta— que tiene una selección muy cuidada y selecta de los ingredientes como el negi-toro y el pescado albacora.

El resto del menú se abre como un mapa que permite entender la obsesión del lugar: sopas miso que reconfortan, edamames y ensaladas de alga que limpian el paladar, nigiris que van de lo esencial a lo excepcional —como el wagyu A5 o el erizo en existencia limitada— y conos que juegan con la frescura y la grasa en proporciones medidas. La experiencia se acompaña con una selección de sake donde etiquetas como el Born Gold, con historia que se remonta a la casa imperial japonesa —siendo el único restaurante en México que lo ofrece—, o la presencia única del alga kombu yuzuki, terminan de construir un relato que no se encuentra fácilmente en la ciudad.


Estar en Otto es ceder el control, porque la experiencia no está diseñada para adaptarse al comensal, sino al revés. Aquí existe la negativa a modificar platillos o añadir salsas y eso puede incomodar a quien busca personalización, pero también protege la integridad de cada pieza. Una autenticidad que se ejecuta con precisión.



Visita Otto en Monte Líbano 280, Lomas de Chapultepec , CDMX.
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