Llegar al Vallée de Joux en territorio suizo no es una travesía sencilla. Desde la Ciudad de México son más de 11 horas de vuelo hasta París y una hora adicional hacia Ginebra, para rematar con un recorrido en vehículo de más de 60 minutos, subiendo por las montañas del Jura hasta llegar a Le Brassus. Es un pequeño pueblo de apenas 1,400 habitantes, que hace frontera con Francia, a menos de seis kilómetros. A esa enorme distancia de casa, el tiempo comienza a tomar otra forma, otro paisaje y otro entendimiento. Audemars Piguet es parte de este territorio marcado por sus inviernos largos y extremos, donde se encuentran las casas relojeras más reconocidas del mundo. Sin embargo, AP tiene un lugar especial pues es la única manufactura de la región que permanece, hasta hoy, en manos de la familia fundadora y desde donde se cuenta esta historia.
Parte importante de su ADN se resguarda en el mismo edificio donde todo comenzó hace 150 años (1875). No por nostalgia, sino como manifiesto de que su savoir faire y su visión artesanal se mantienen vivos, la filosofía de Audemars Piguet no sólo se trata de medir el tiempo, sino de honrarlo. Por ello, la celebración de su siglo y medio de existencia revela, además de su legado, la arquitectura humana, creativa y cultural que la ha convertido en lo que es: el pasado es el punto de partida para llegar a la reinvención e innovación que hoy la caracteriza.

HÔTEL DES HORLOGERS
El pulso de esta visita se marca con mi llegada al Hôtel des Horlogers (Hotel de Relojeros), una pieza arquitectónica que encarna la visión y los valores de Audemars Piguet. Aunque fue comisionado por la casa y pertenece a ellos, el hotel se concibió como un territorio neutral —de ahí su nombre—, para dar vida y elevar el espíritu de la comunidad relojera que habita la región.
Son 50 habitaciones, cada una orientada hacia el Bosque de Risoud. Su estructura en zigzag permite una integración directa con el paisaje, mientras la fachada de cristal refleja el bosque que se extiende al frente, diluyendo los límites entre interior y exterior. Las rampas generadas por el propio diseño arquitectónico permiten, durante el invierno, descender en esquís hacia el terreno que se abre delante del hotel.

Des Horlogers responde a los más altos estándares ecológicos y energéticos del ecoturismo, construido con materiales provenientes de la región. A esto se suma su restaurante, abierto tanto a huéspedes como a visitantes, cuya cocina lleva la firma del chef Emmanuel Renaut, poseedor de tres estrellas Michelin, en colaboración con el chef ejecutivo Alessandro Cannata. La cocina se maneja a partir de una premisa clara: trabajar con productos locales y de temporada.
El proyecto es obra del despacho BIG, fundado por el arquitecto danés Bjarke Ingels, autor también del Musée Atelier Audemars Piguet, ubicado a un costado. Juntos, conforman uno de los puntos de encuentro clave del universo AP y el escenario donde tomó forma una parte esencial de esta visita.

MUSÉE ATELIER AUDEMARS PIGUET
Desde 2025, Audemars Piguet vive en estado de conmemoración permanente. Cumplir 150 años tiene un peso histórico que se siente. Para la casa relojera —y para la comunidad que la rodea— crear piezas que miden el tiempo es un legado.
El Musée Atelier se despliega como una espiral continua, suspendida por cuatro capas de vidrio que reemplazan las columnas tradicionales. No hay rigidez, no hay obviedad, el espacio se recorre de manera fluida, casi intuitiva. Aquí, la historia de la maison se cuenta desde su fundación hasta el presente. Cerca de 300 piezas narran el trayecto completo, desde los primeros relojes hasta las complicaciones más notables de su relojería contemporánea.

La fachada, envuelta en una malla de cobre, regula la entrada de luz como si formara parte de un mecanismo más. El techo cubierto de pasto no responde sólo a una intención estética: controla la temperatura, absorbe el agua y establece un diálogo con el entorno. BIG concibió el edificio bajo principios de sustentabilidad y eficiencia energética, sin com-
prometer el diseño.
Y no es casualidad que la estructura adopte la forma de una espiral. El museo se inspira en el muelle (el resorte) de un reloj, esa pieza que acumula energía para luego liberarla con precisión.

CASA HISTÓRICA
La historia de la manufactura no se narra en fechas, sino en espacios donde pasado y presente conviven con naturalidad, sin nostalgia. La casa histórica, al costado y en conexión con el museo, resguarda el origen de Audemars Piguet. Recientemente renovada, conserva la estética de su época preservando el espíritu que dio vida a la marca. Allí descansan los archivos y registros originales, y también el Atelier de Restauración, donde relojes centenarios son atendidos con ciertas técnicas y herramientas que el tiempo no ha vuelto obsoletas. Piezas inusuales, con complicaciones poco comunes, atraviesan procesos largos y minuciosos. Se necesita del dominio de maestros relojeros con conocimientos profundos en el oficio del tiempo.
CONSTRUIR UN MECANISMO
Conservando el espíritu del taller original, se reprodujeron las mismas mesas de relojero que aquellas que usaron Jules Louis Audemars y Edward Auguste Piguet. No como un gesto simbólico, sino como una continuidad del oficio. En una de ellas se reveló la magia del instrumento que marca el tiempo. Ensamblar un mecanismo implica más que precisión técnica y paciencia: supone entender el tiempo como una estructura amplia, hecha de segundos, horas, días, meses y años. Cada paso es definitivo, el proceso no admite error.

L’ARC
En mayo de 2025, se abrieron las puertas de L’Arc, un edificio que marca de forma rotunda la celebración de sus 150 años. Aquí se realizan los procesos de alta tecnología para la fabricación de relojes y está situado en el centro de Le Brassus a pocos minutos del Musée Atelier. Su arquitectura está inspirada en la forma del peso oscilante o rotor, haciendo homenaje a su quehacer. Se espera que para 2027, reúna a todos los empleados que momentáneamente están esparcidos en distintas partes del valle.
El descenso por el camino curvo de la montaña hacia Ginebra se volvió una sucesión de imágenes imborrables. Tras el encuentro con los artesanos del tiempo, el regreso a casa fue distinto: el tiempo pareció ensancharse y el ritmo fue otro. La huella de cómo Audemars Piguet honra su oficio quedó clara y marcada.

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