Tiffany & Co. presenta el reloj Enamel rodeado de diamantes
fotografía cortesía de Tiffany & Co.
Crear una firma inconfundible no es cosa fácil. Ahora, unir dos disciplinas para concebir un objeto icónico… Eso es un desafío completo y Tiffany & Co. se preparó para afrontarlo y salir victoriosa. Con años de experiencia en el mundo joyero, la marca junto a Jean Schlumberger han creado un imaginario difícil de replicar.
La casa joyera tiene piezas que se sienten en la muñeca como un recuerdo. Hoy ese imaginario toma forma con el reloj Enamel, una pieza única que nace con un objetivo en mente: crear un canal de comunicación hacia la historia y la intimidad. Reimaginar los brazaletes de esmalte paillonné no era una tarea técnica; era casi un acto de memoria afectiva, una manera de volver a tocar lo que parecía intocable.

La relación de Tiffany & Co. con el esmalte comenzó mucho antes de que la palabra “icónico” se volviera un adjetivo común. En la década de 1870, cuando presentó sus primeras piezas esmaltadas —entre ellas el memorable set para postres exhibido en París en 1878—, ya existía una intuición clara que sostenía al color como estructura y buscaba hacer de sus talleres una mesa común para el fuego y el metal.
Décadas más tarde, Jean Schlumberger entendió que el esmalte paillonné era una posibilidad infinita para descubrir el universo de materiales exuberantes. En 1962 despertó esta curiosidad con los brazaletes Croisillon, donde pequeñas cruces en oro amarillo de 18 quilates se entrelazan como puntadas sobre una tela invisible, formando un motivo en “X” que evoca vínculos, con la idea de que todo lo que vale la pena requiere ser tejido con paciencia.


En el caso del reloj Enamel la técnica del paillonné no concede atajos. Diminutos fragmentos de oro o plata se colocan sobre la superficie; después llega el esmalte translúcido; luego el horno, una y otra vez. La repetición en el proceso es sumamente importante, pues logra un cruce meditativo entre el objeto y el maestro orfebre que después se convierte en perfección. Cada anillo giratorio del reloj demanda 65 horas de trabajo, 55 dedicadas al esmalte y 10 al montaje de las cruces.
La carátula del reloj parece construida desde la dualidad. En el centro, un disco fijo con 204 diamantes; alrededor, el anillo Croisillon reinterpretado en miniatura, donde doce cruces marcan las horas mientras giran con el movimiento natural de la muñeca. La caja de 36 mm, engastada con 366 diamantes en un delicado efecto nieve, transforma la luz en superficie continua, y por último, las manecillas en oro amarillo repiten el tono cálido de las cruces y sostienen la armonía.

El reverso revela un grabado de rayos de sol inspirado en el broche Floral Arrows de Schlumberger, acompañado por 14 diamantes adicionales, que sólo son perceptibles cuando se mira con atención —para aquellos interesados por los detalles sorpresa—. La correa de cocodrilo —en esmalte blanco o Tiffany Blue®—, abraza la muñeca con una hebilla en forma de T engastada con 43 diamantes. Y en su versión de Alta Joyería, con brazalete completo en oro blanco y 666 diamantes adicionales, el reloj se convierte en una afirmación rotunda de artesanía y calidad trascendental.



El reloj Enamel de Tiffany & Co. ya está disponible en www.tiffany.com
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