La flor que nos nutre: María Isas

La transformación de lo emocional en objeto

1712
texto Carlos Didjazáa
fotografía Tanya García López
estilismo Zunshu
maquillaje y pelo Alberto Pérez
modelo Sofía Puerta @ Queta Rojas

En 1950, la revista Madame publicó una serie de ensayos del modisto Henri de Châtillon en los que abordaba algunos asuntos que, a su parecer, todo diseñador de moda debía tener en cuenta para ser exitoso, tales como las joyas, las flores, el entusiasmo o la fe. El más interesante de todos es un texto corto e indolente titulado La importancia de las cosas inútiles y superficiales. En él, sostiene que el sentido de la vida radica en la belleza de sus aspectos cosméticos. En sus palabras:

“Para VIVIR, en el sentido propio de la palabra, se necesitan MUCHAS COSAS, pero para EXISTIR muy pocas: Comer, beber, dormir, ¡pero qué aburrimiento! ¡Qué falta de interés y de ideales demuestra el ser humano que sólo se conforma con esto! Después de todo, ¿qué sentido tiene la vida sin la belleza, la amistad, el amor, los viajes, los libros, la música, la pintura, en una palabra, todos los elementos que dieron luz al arte?”

vestido Sentimiento

 

En el texto, que no reproduciré completo por falta de espacio, Châtillon utiliza como guía al rey Luis XIV, de quien afirma es más recordado “por la importancia que le dio a las cosas ‘dizque inútiles y superficiales’”, que por sus glorias militares. Incluso asevera que esta es una situación universal: que las obras de arte y los monumentos son la razón principal, sino es que la única, por la que recordamos a los reyes y que, de adoptar una política orientada al fomento y mantenimiento de lo superfluo, tendríamos una sociedad más pacífica, “sin dictadores ni bombas atómicas”.

 

Su postura es radicalmente opuesta al utilitarismo. Para Châtillon, la demostración de que se vive en una sociedad civilizada es el derroche improductivo y la atención a la belleza. A gran escala, su ejemplo es el Palacio de Versalles que, según su planteamiento, de ser un mero proyecto hecho por vanidad, no habría sido concluido por los reyes que sucedieron a Luis XIV, que murió sin verlo terminado.

 

A menor escala, un ejemplo de “la importancia de lo sin importancia”, es la satisfacción que provoca regalarle a un ser querido un suntuoso arreglo de rosas, a pesar de que tenga un precio elevado y dure tan sólo unos cuantos días. Una acción opuesta al sentido común, pero valiosa para el diseñador, quien remata su ensayo con esta sentencia: “Sólo un animal prefiere la raíz que lo nutre que la flor que no se come”.

 

Henri de Châtillon fue uno de los primeros diseñadores reconocidos en el país, pionero en muchos aspectos, participante en el hito inaugural de nuestra disciplina: el debate que se sostuvo en 1945, en el programa de radio Lunas Velarde, sobre la existencia de una moda mexicana junto con la poeta Rosario Sansores —que entonces escribía sobre moda y sociales en El Universal— y los diseñadores Armando Valdés Peza y Ramón Valdiosera.

 

No ahondaré en los pormenores de esta discusión, pero es prudente señalar un aspecto importante de ella: todos sus participantes escribían, o tenían presencia en medios misceláneos de circulación nacional. Sansores tuvo audiencia, tribuna y reconocimiento como poeta y columnista. Valdiosera seguido escribía para Mañana y era entrevistado regularmente en distintos medios, donde compartía sus opiniones sobre cómo debería ser la moda nacional, las cuales condensó años después en su libro 3000 años de moda mexicana. Valdés Peza, aparte de ser el mejor vestuarista de México, también fue columnista por 30 años; escribió ensayos formidables sobre la historia del vestuario de cine para Zócalo, luego colaboró en Jueves de Excélsior, en Mañana y finalmente en El Heraldo. Es curioso, al explorar estas revistas, encontrar sus nombres a lado de los de plumas tan importantes como Salvador Novo, Efraín Huerta, Renato Leduc, Salazar Mallén… la lista es larga. A veces pareciera que se tomaban a la moda más en serio antes, cuando sus expertos figuraban con naturalidad entre estos personajes, que ahora, que existe un esfuerzo considerable por dignificarla como asunto de índole intelectual.

 

Por eso mismo, en esta ocasión, quisimos tomarnos en serio las ideas de Châtillon y retomarlas para convocar un diálogo intergeneracional entre él y cinco diseñadores de moda mexicanos que han expresado abiertamente ideas claras sobre la estética, el lujo y la belleza. Para llevarlo a cabo, los diseñadores recibieron y leyeron el ensayo para comentarlo en entrevista días después. Sírvanos esta conversación no sólo para mantener viva su memoria, sino también para hacer algo nuevo con ella.

 

MARÍA ISAS

 

De todos los entrevistados, María Isas es la que tiene la línea de trabajo más política. A través de su marca, Sentimiento, ha abordado temas duros como el reclutamiento forzado de menores a manos del crimen organizado, la migración o el sufrimiento de las víctimas del narcoestado. Por ello, sabía que hacerla leer este ensayo era una especie de provocación. “De entrada, pensé wow, qué escrito tan frívolo”, admite María. “No comparto esa idea de que la vida no tenga sentido fuera del materialismo; pero me pareció linda la parte en la que dice que las fábricas de medias de seda en Francia surgieron del capricho de unas damas de sociedad. Finalmente, eso genera un beneficio cultural y trabajo para los artesanos u obreros que hacían las prendas”. A lo cual respondí que yo mismo estoy consciente de que Châtillon es indefendible. “Sí, está cañón ese wey”, dijo, y pudimos conversar con más naturalidad.

vestido Sentimiento

 

Carlos Didjazaá (CD): Tu trabajo tiene dos cualidades que me intrigan: primero, es visualmente crudo, muy impactante; segundo, deriva de temáticas sumamente complejas. ¿Esa cualidad es una decisión estética independiente de las temáticas —es decir, simplemente te gusta que se vea así—, o es el resultado natural de abordar temas difíciles? ¿De qué manera se puede hacer un objeto bello y usable a partir de asuntos tan duros, sin que resulte banal?

 

María Isas (MI): Trabajo de modo muy cercano con los materiales, por lo que generalmente comienzo por ahí. Me gusta llamarle freestyle. Me dejo llevar por lo que esté pensando, por la pieza o por el momento político que estemos viviendo. Por dar un ejemplo, el gorrelo (una gorra con un velo integrado) fue especial para M.I.A., y ella tiene una canción llamada “Borders”, en la que se cuestiona por qué existen las fronteras. La pieza nació de la idea utópica de desaparecer estos límites y entretejer a todas las naciones del sur global en una sola tierra. Por eso decidí usar crochet para unirlas; quise representar a todos los países a través de un patchwork hecho de jerseys de futbol, como si fueran sus banderas.

 

Mientras la hacía, me enteré, escuchando un podcast, que en Ciudad Juárez habían quemado vivos a más de 50 migrantes de varios países del sur de América Latina. Y me enojé mucho. Quise honrar a estas personas, recordarlas, por lo que decidí imprimir sus nombres en el gorrelo. La pieza culminó cuando M.I.A. pidió un minuto de silencio para las víctimas en este festival masivo, y se lo otorgaron. No fue una mera cuestión decorativa. Al menos en mi práctica, lo estético y lo político se van entretejiendo al mismo tiempo.

 

CD: Me interesa saber cómo entrenaste tu ojo para encontrar belleza en lo cotidiano. Tu Instagram está inundado de objetos del día a día: servilletas para las tortillas, aparadores, altares, ferias. Ésta es una cuestión que discutía George Santayana: ¿La belleza es algo inherente al mundo y nosotros proyectamos el placer que nos causa en él llamándolo belleza, o es algo que vive solamente dentro de nosotros? Es decir, ¿algo es bello y uno puede o no captarlo, o es bello porque uno lo decide?

 

MI: Algo es bello porque uno lo decide. Lo bello viene en el bagaje cultural, social e histórico de cada persona; en lo que le tocó vivir, en cómo creció, en su contexto, en su herencia. A pesar de ser una cuestión totalmente personal, sigue derivando de distintos factores sociales. Todo eso influye en lo que encontramos bello u horrible. Personalmente, prefiero poner atención en lo que me rodea en mi contexto inmediato. Retomando esto que me dijiste de lo banal: existe una idea de que la moda es frívola —y puede llegar a serlo—, pero, para mí, la moda es un lenguaje, es expresión, es comunicación. En el momento en el que se vuelve el medio a través del cual puedo comunicar estas tragedias y todas estas cuestiones que me duelen, deja de ser banal. Deja de ser algo que solamente te decora y se vuelve algo que te protege, que te defiende, que te recuerda… ¿Me entiendes? ¿Cómo puede ser banal algo que te permite desahogarte de esta manera? Hay mucha poesía de por medio.

vestido Sentimiento tenis Onitsuka Tiger

 

A inicios de los 70, tras sufrir una hemiplejia que lo dejó discapacitado, el médico de Châtillon le prohibió beber, le prohibió fumar, le prohibió desvelarse, comer azúcar y grasas y salir de viaje. Ante el desolado paraje de una vida asceta, el modisto respondió de la única manera que podría esperarse: viajó a París para entregarse por unos días al vicio y el despilfarro. Tras su regreso a México, tardó sólo una semana en morir. “Henri de Châtillon se suicidó de placer”, me explicó su sobrino, el artista Éric

 

Lédoux, en 2021. Una vez muerto, esparcieron sus cenizas en el lago de Tequesquitengo, cerca de la casa que tenía en el poblado. Pudo haber tenido o no razón, pero Henri de Châtillon vivió de manera coherente con sus principios, desapareciendo en el momento en el que la vida dejó de serle bella. La belleza no era sólo un aspecto cosmético de su vida, sino la vida misma para él. Conclusión que, al parecer, comparten, de maneras variadas, algunos de sus colegas hoy en día. Tenía razón en aquel planteamiento: la belleza hace que la vida deje de ser una mera realidad biológica. No era solamente un aderezo, no era un sobrante, no era un capricho, ni un lujo: era una razón para vivir la vida. Resulta falsa aquella dicotomía entre raíz y flor. La belleza constituye una necesidad elemental, como el agua; y otra de las muchas complicaciones del lenguaje que dan sentido a la existencia. Es la fundición del fondo con la forma. Es el ímpetu que nos hace despertar por las mañanas. Es el origen de la fe, el encuentro del sol con nuestros rostros. Es el aire, es la aurora. Es la flor que nos nutre.

 

Carlos Didjazaá (CDMX 1998) es periodista. Cree en la capacidad de los diseñadores mexicanos para crear belleza, y ha tomado la tarea de preservarla y promoverla. Desde 2018 colecciona diseño de moda mexicano y está escribiendo un libro sobre su historia.


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