LOLO Miscelánea Editorial es, a simple vista, un puesto de revistas. Pero en realidad es una toma de posición. El proyecto surge como respuesta a una carencia concreta: el acceso sostenido a publicaciones independientes y de nicho nacionales e internacionales en la CDMX.
Lo que comenzó en la colonia Condesa —ocupando la estructura tradicional del puesto urbano— se motivaba por la actualización de un modelo de venta clásico hoy en extinción. Revivir la tradición del impreso desde una identidad contemporánea: leer como acto deliberado, coleccionar como gesto de identidad, editar como ejercicio de criterio.


Con su expansión a un espacio en la colonia San Rafael, donde las revistas conviven con café y conversación, LOLO consolida algo más amplio: un espacio de comunidad donde arte, moda, diseño y cultura dialogan fuera de la lógica acelerada de las pantallas. En una ciudad que vive una sinergia creativa constante, el proyecto se inserta de manera orgánica como nodo editorial, plataforma de intercambio y archivo del presente.
Conversamos con su fundador, Daniel Mosqueda, sobre el papel del puesto de revistas en la ciudad, la construcción de comunidad alrededor del impreso y la evolución de LOLO como espacio cultural.

Zunshu (Z): El puesto de revistas en México tiene algo inherentemente democrático. ¿De qué manera LOLO aporta un nuevo matiz a esta tradición?
Daniel Mosqueda (DM): El puesto de revistas es un checkpoint para muchos en la ciudad. Es un lugar al que la gente se detiene por direcciones, por refugio de la lluvia, por agua o incluso por comida. Sin embargo, se ha vuelto un espacio donde conseguir contenido editorial es casi accesorio a todo lo demás.
Lo que empezó como un negocio familiar, pensado para pasar de generación en generación, hoy se encuentra en una crisis.
LOLO busca mantener todo lo que el puesto de revistas significa para el habitante y visitante de la Ciudad de México. Al mismo tiempo, busca retomar el punto para el que fue diseñado originalmente y traerlo de vuelta, agregando contenido editorial de alta calidad que antes no estaba disponible o era muy difícil de conseguir. Sin embargo, procuramos mantener la esencia y los gestos del puesto que lo hacen algo tan especial.
Z: ¿Cómo se construye LOLO: desde la intuición personal, el diálogo con la comunidad o desde la permanencia del formato impreso?
DM: Desde los tres. LOLO nace desde una pasión y una intención personal, en un inicio bastante alejado de opiniones y perspectivas externas. Sin embargo, una vez que el proyecto encuentra a su comunidad, lo que empezó como algo personal comienza a alimentarse de la gente.
Clientes, amigos y colaboradores se han vuelto el pilar que mantiene a LOLO y lo ha ayudado a crecer. Al final, LOLO ya no existe en un vacío, sino que forma parte de una comunidad, con el propósito de servirla y de ofrecerle nuevas posibilidades.
Todas estas dinámicas surgen también de una intención clara: crear algo que tenga como enfoque el medio impreso, particularmente una de sus ramas más específicas, la revista.



Z: Con esta segunda apertura elegiste expandir el proyecto manteniendo un formato tradicional en lugar de seguir otras tendencias de venta actuales. ¿Qué motivó esta expansión?
DM: Tenía muy claro que el objetivo de crecer LOLO no era replicar exactamente el formato del puesto de revistas. La visión para el crecimiento del proyecto es crear espacios que cumplan distintas funciones.
Nos dimos cuenta de que existía un interés por organizar eventos como presentaciones de libros o pláticas, y de esa manera poder seguir creciendo nuestra comunidad y compartir nuestros gustos. El formato original simplemente no lo permitía.
Por esa razón decidimos crear un nuevo espacio que nos diera esa posibilidad. También queríamos un lugar donde la gente pudiera quedarse más tiempo, donde pudiera convertirse en un punto de encuentro alrededor del vino, la conversación y las revistas.
Z: ¿Qué tienen en común las publicaciones que forman parte de la curaduría de LOLO?
DM: El contenido de LOLO busca abarcar una gran cantidad de temas, países y formatos. Sin embargo, procuramos que todo el material disponible muestre un trabajo cuidado, desde la selección del papel hasta el contenido que presenta.
Las revistas y libros de nuestro catálogo deben cumplir con ciertos estándares en términos de diseño gráfico, colaboradores y materiales. Al final, más allá del tema específico, lo que comparten es una intención clara, una propuesta sólida y una ejecución que respeta tanto al lector como al objeto impreso, como algo que vale la pena conservar.
Z: ¿Crees que el impreso independiente se está volviendo un objeto de lujo? ¿Eso contradice su espíritu original?
DM: Más que un lujo, diría que se está volviendo un artefacto de colección. No creo que el impreso independiente busque naturalmente convertirse en un objeto de lujo. Sin embargo, factores como el costo de impresión o de transporte hacen que mantener un medio impreso sea cada vez más complicado, y eso inevitablemente eleva el precio final. Comprar una revista termina siendo una decisión más consciente.
Creo que eso genera un proceso de autoselección donde la comunidad alrededor de ese medio se forma de manera natural. Las personas desarrollan un arraigo con aquello que deciden comprar, lo que refuerza el sentimiento de pertenecer a la comunidad en la que están invirtiendo.
Por otro lado, el espíritu original del impreso era comunicar. Hoy, cuando el principal medio de comunicación es digital, surgen alternativas impresas con un espíritu distinto. Para mí, ese espíritu tiene que ver con crear un objeto cuidadosamente construido: una selección particular de artistas, autores y colaboradores que comparten una visión y que, al final, terminan formando una comunidad con valores e intereses afines. Y creo que eso es fantástico.



Visita la segunda sede de LOLO Miscelánea Editorial en Miguel E. Schultz 146, San Rafael,
Cuauhtémoc, 06470 Ciudad de México.
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