Michel Mallard

Por: Fabiola Zamora y Danaé Salazar

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Texto: Fabiola Zamora y Danaé Salazar.
Retrato: Fabiola Zamora

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Diseñar un libro, curar una exposición, hacer un retrato, fotografiar una campaña de publicidad o reestructurar una revista, son de las múltiples cosas a las que Michel Mallard se dedica. Nacido mexicano (1968), establecido desde hace ya mucho tiempo en Paris, Mallard se ha forjado un trayecto con peso en la comunicación visual, tanto en moda como en arte —la frontera entre ambas no es relevante para él—. Lo importante es la idea y adaptarse al formato en que se esté trabajando. No viene a México tanto como él quisiera, pero durante su fugaz visita charlamos sobre sus visiones de la velocidad con que lo digital apunta y parece superar lo impreso, hablamos de la tendencia que existe en los fotógrafos de moda en hacer video. Hablamos de la posibilidad de un cambio en la visión de una sociedad absorta en el Instagram y, a detalle, hablamos de lo que nosotras hacemos día a día y que definitivamente no es un tema ajeno a él: hacer una revista.

Michel Mallard es director creativo, fotógrafo y curador de exposiciones. Ha rediseñado revistas como Vogue Homme InternationalJalouseL´OfficielBiba. Su estudio creativo, Michel Mallard Studio, tiene 15 años de estar establecido en París, Francia, y es responsable de campañas publicitarias de marcas de lujo como Kenzo Perfumes, Jean Paul Gaultier o Ines de la Fressange. Michel es curador del Festival Internacional de moda y fotografía de Hyères, en Francia. Es el responsable de haber concebido exposiciones de fotógrafos como Steven Meisel, Guy Bourdin o Nick Knight. Y ha diseñado libros para artistas como Thomas Ruff y Jean Baptiste Mondino, entre otros.

192: Además de platicar sobre tu estancia en México, queríamos saber tu opinión acerca de la fuerza que está tomando lo digital en el ámbito editorial. Nosotras, que hacemos una revista, lo notamos consistentemente. Qué piensas y cómo sientes el traslado del papel a lo digital.

Michel Mallard (MM): No lo sé, yo creo que las buenas revistas permanecerán, ¿no? Yo no he visto, hoy en día, algo excepcional en digital. De las revistas para iPad está The Wire y dos o tres cosas americanas que han invertido muchísimo dinero, pero también han perdido mucho. Trabajo con grandes grupos y a nadie le interesa entrar a los medios digitales porque el dinero que meten no regresa. Es muy extraño porque ninguno de los grandes negocios está invirtiendo en digital. En Estados Unidos probablemente sí, pero ahora que acabo de estar en Nueva York, justo antes de venir aquí vi lo contrario: Style.com sacó su revista impresa. Parece incluso ridículo; cómo es posible que ellos, que eran los 100% digitales, saquen su versión en papel. Pone a pensar en cuánta gente ha invertido en las revistas iPad, cuánta gente la compra [la revista], cuánta la telecarga, cuánta gente la ve… creo que es muy poca. Definitivamente es interesante, porque también surgió una revista que se llama Post, ellos están intentando hacer una revista completamente digital. Son fotos casi animadas. Interesante verla, pero la verdad yo prefiero una revista impresa, normal. Somos muchos los que estamos todo el día trabajando, sentados frente a una computadora con una pantalla frente a los ojos y cuando llegas a tu casa te quieres relajar y tomarte un café. Lo último que quieres es volver a ponerte frente a una pantalla, entonces lees una revista a tu ritmo, bien impresa. Hay una empresa americana que se llama Issue que hace tu PDF y lo puedes ver página a página en tu iPad, pero desgraciadamente no es lo mismo.

Ahora, sí hay cosas que van a cambiar; efectivamente todo va para allá —o a eso apunta—, no sé cuándo, pero algún día los shootings de moda probablemente desaparecerán, serán más bien historias, cortometrajes; las modelos serán actrices… No es lo mismo, muchas cosas no funcionan.

192: ¿Y qué piensas de esta tendencia de muchos fotógrafos de moda que empiezan a hacer video?

MM: Pues fantástico, pero no muchos lo hacen bien. No hay los medios, no hay entendimiento en su narración… el tiempo es otra cosa, no es únicamente estética. Hay cosas padres de vez en cuando. Estuve en el Festival ASVOFF (A Shaded View on Fashion Film) en el Centre Pompidou y di una conferencia sobre eso y la verdad la mayor parte de las cosas eran bastante malonas, bastante aburridas, porque no son historias ni fotos ni moda, son híbridos estéticos con mucha cámara lenta y al final no cuentan nada. Es porque la gente no piensa en términos de historia, de narración. No digo que no se pueda hacer nada interesante, hay gente que ha hecho cosas interesantes, pero finalmente no es sólo la ropa. Estuve recién en Nueva York con un diseñador de modas masculina que se llama Adam Kimmel, hace cosas muy interesantes. Para cada colección hace films impresionantes que no tienen nada que ver con la ropa. Son más bien como art installations medio locas, con artistas muy conocidos; él asocia su marca a un artista muy conocido que hace un proyecto equis donde se exhibe también su ropa. Pero la finalidad no es mostrar la ropa. El problema es que, tengo amigos que han hecho incluso films con Dakota Fanning en Los Ángeles que duran 6 minutos y Dakota se cambia en cada escena de ropa. A final de cuentas no es gran cosa.

Ahora, es súper que cualquiera pueda hacer un film con una 5D; eso es fantástico. Simplemente, ¿qué hay además? Creo que en el futuro habrá selección natural y gente interesante que está hará cosas interesantes. Hay también contenido digital que no es lo mismo, por ejemplo, The New York Times tiene su sección de T Magazine y la revista anual que tenía unos screenshots y mini entrevistas de tres o cuatro minutos de gente con un fondo simple; ahí no es la estética sino el contenido el que cuenta. Hay otra gente que ha hecho cosas más visuales, más experimentales, como Barnaby Roper que hacen cosas muy, muy experimentales como videoarte, en donde la moda no tiene nada que ver. La gente cree que haces un shooting de moda y que al mismo tiempo vas a hacer un film, todo el combo, yo no creo que puedas hacer las dos al mismo tiempo y verdaderamente bien.

192: Estás involucrado en muchos proyectos en donde tiene que comunicarse algo, desde una revista hasta una campaña de publicidad. Siento que toda esta parte digital, como los smartphones, nos han dado una cultura mucho más visual, todos están clavados con Instagram, por ejemplo. ¿Tú crees que eso cambia la forma en que tú lees una revista o la forma en que ves una campaña? ¿Cómo crees que éso ha cambiado nuestra cultura?

MM: A nivel de información, yo creo que sí, definitivamente. Ayer veía un periódico que hablaba sobre algo que pasó en Ciudad Juárez. Alguien lo puso en Facebook y así dio la vuelta al mundo. El registro amateur es fantástico. Las revistas con hot line news, en directo, pues fantástico. Cuando murió Gadaffi en seguida lo vimos en la net. Ahora, no hay espíritu de análisis, lo que sí tiene el periódico Le Monde, por ejemplo, cuando sale día y medio después. El periodista del medio impreso tiene un poco de distancia, no son los primeros en anunciar la noticia como los que lo suben a un sitio de Internet; pero un día y medio después que se publica en Le Monde, puedes leer algo que una persona ya analizó y pensó, no sólo la noticia inmediata. Eso me parece interesante, esos dos ritmos: uno que es directo, rápido, in your face, y otro más profundo.

Nosotros le damos mucha importancia a este fenómeno de la foto instantánea en las redes sociales porque estamos en el medio, pero al final no importa tanto. Mi vecina en París, por ejemplo, no sabe quién es Mario Testino, no le interesa, no sabe quién es Carine Roitfeld; sabe quiénes son las actrices o las modelos, quizás Karl Lagerfeld, pero nada más. Ahora, las campañas súper producidas que ves en los medios no son tan fáciles de hacer. Se necesitan medios, modelos, peinadores, la ropa… las cosas espectaculares son bien hechas desde el fondo. Estoy de acuerdo con ustedes que las marcas se pusieron a hacer cosas más interesantes —Wrangler, Stella McCartney, Yves Saint Laurent—, un esfuerzo por sacar cosas digitales. Ahora, ¿cuánta gente lo ve? Poca.

192: ¿Has visto algo digital que valga la pena mencionar?

MM: No. En iPad yo cargué las aplicaciones de Wired, Popular Mechanics, y otras que podían ser interesantes. Han vendido cerca de 6 mil copias, que no es nada comparado con lo que venden la edición impresa. Ahora, sí creo que las revistas malonas tienen que quitarse del camino, igual no permancerán todos los periódicos, se quedarán cuatro o cinco, los más importantes: selección natural. Pero una buena revista, fina, interesante, inteligente, yo creo que habrá siempre porque tiene un público.

192: ¿Qué es lo que buscas transmitir con las revistas con las que has trabajado?

MM: A mí las revistas me interesan porque son laboratorios de ideas. No es una cosa como los diseñadores gráficos que están en sus oficinas, solos, haciendo carteles y logotipos, encerrados en su mundito —mucho respeto les tengo pero es un mundito—. Lo interesante de una revista es que se trata de una pirámide al revés; para que esta revista llegue a tus manos, cuánta gente no ha trabajado en ella. Cuando comienzas a contar desde la gente que la encuadernó, la fabricó, el que hizo la forma impresa, los peinadores, las entrevistas, todos. Es una locura y la gente no se da cuenta. Es muy fácil ir a un stand y comprar una publición. Pero lo interesante es toda la circulación de ideas y la gente que trabaja en el contenido cada que sale la revista, cada mes, cada dos meses; nuevos estímulos, cosas nuevas, estás al corriente de lo que está pasando, eso es lo interesante para mí. Ahora, tengo amigos que detestan las revistas, les gustan libros y la cultura clásica, quieren leer los viejos clásicos de la literatura como Balzac, la lectura establecida. Digo, cada quién, a mí me interesa vivir hoy, el momento y lo que está pasando.

192: ¿Y crees que crear una armonía entre todas esas ideas es lo que hace a una revista exitosa?

MM: Sí, y a mí me interesa tanto un zapato de Balenciaga —que son horribles—, lo pongo a la misma altura que una escultura de un artista contemporáneo. Yo no sacralizo el arte, creo que es la creación humana; no veo porqué la arquitectura es menor que el arte o los zapatos de alguien. Cuando es una expresión interesante de creación lo pongo al mismo nivel, y es lo interesante de una revista. En ella puedes hacer un reporting o puedes mostrar a gente que está haciendo cosas interesantes en el mundo, tanto en filosofía o en pensamiento, arquitectura o diseño. Hay gente que sacraliza el arte y cree que sólo existe eso. Bien por ellos, que les vaya muy bien, pero yo creo que hay más que eso. Lo interesante en una revista, el contenido. Por ejemplo, hay quien hace cosas interesantes a nivel de blog. Hay uno que se llama designboom.com y es la locura, no sé cómo le hacen. Todos los días me llega al mail; tienen mucha gente que nutre de cosas de diseño industrial de todo el mundo, de Chile a Finlandia a Japón… No me da tiempo ni de verlos todos los días, y también es fantástico. Eso sí puede remplazar una revista, puede tomar ese formato o no. Me parece que hay gente que, a nivel de blogs, que no es la gente que está intentando hacer su revista en blog, es gente que de esa manera encontró su vocación e interés, y hay cosas fantásticas. Ahora, el que uno tenga el tiempo de seguir eso todos los días, depende de tu ritmo de vida.

192: En el mundo de las revistas y cuando has estado involucrado con ellas, ¿cuál ha sido tu mayor reto?

MM: Cada una es diferente. Cada una es un reto diferente porque es un público y un cliente diferente. No es lo mismo hacer la revista de La Tribune, que era como el Wall Street Journal, publicación económica de París, no es lo mismo que hacer Jalouse o The Face o una revista joven y más locochona. Son cuadros diferentes y te tienes que adaptar, ser inteligente, tienes que ser avant garde, tienes que ser moderno e intentar innovar, pero al mismo tiempo no puedes ser muy loco porque vas a perder a tus lectores. Te digo, es un reto; mi reto personal sería hacer mi propia revista —aunque no sé si quiero hacer una porque ya sé lo que significa y prefiero hacerlas con otra gente, no me quiero echar el enorme paquete que ustedes se están echando—.

192: ¿Tu gusto por las revistas empezó con The Face o L’Autre Journal?

MM: Lo que sucedió fue que en la época en la que estudié en París, acababa de salir —hace siglos y milenios— el primer Mac que se llamaba DSE30; yo estaba un poco aburrido haciendo pinturas y croquis de desnudos, pero lo que más me interesaba era la tipografía y la fotografía. Me parecía interesante que con una computadora podía integrar ambas cosas en programas —que ustedes ya no conocen— como Free Hand y Photoshop y los primeros Quark. Era muy interesante porque podías asociar imágenes con texto.

Y luego los accidentes del destino: cuando estaba todavía en la escuela vino el grupo Hachette Filipacchi (uno de los más grandes en el mundo editorial). Les gustó lo que estaba haciendo y me dieron una revista a hacer [L’Autre Journal], una revista cultural. Así fue, súper interesante. Me pusieron en las manos eso, yo jamás lo pedí y me tocó. Lo que hice fue tomar el teléfono y llamarle a Peter Greenaway, el cineasta, una artista que se llama Sophie Calle, Barbara Krueger, Baudrillard. Nada más tomé el teléfono y resultó que colaboraron con nosotros y se me hizo súper padre porque me sirvió para desmitificar todos esos monstruos sagrados que tenía y finalmente entendí que son humanos. Fue súper interesante para la revista, tener acceso a conocer gente que admirabas, que veías y algunos con quienes creciste, entonces pues acercarte y aprender; también saber que hay gente detestable, gente admirable.

192: ¿Sigue existiendo L’Autre Journal?

MM: No, ya no. Lo hicimos durante año y medio, era una revista cultural y ellos querían ganar más dinero que cultura, entonces los caminos se separaron.

192: Involucrado en tantos proyectos, desde hacer una revista o exposiciones de arte, libros… ¿cuál es la parte que más te entusiasma de tu trabajo?

MM: Lo más importante es encontrar la idea, crackear el sistema. Yo veo un poco similar hacer un libro, una revista o una exposición, me funciona más o menos de la misma manera. Hay marcos y cuadros diferentes a los que tienes que adaptarte porque una exposición en la National Portrait Gallery no es lo mismo que hacer el festival de Hyères. En fin, hay ciertas cosas que debes adaptar. Justamente el cuadro te permite saber cómo navegar, qué hacer y ser justo; tratar de ser lo más innovador posible sin hacerlo mucho tampoco para no perder a tu público. Todo eso es un equilibrio delicado de ideas y de gustos. Yo veo la página blanca de una revista y veo qué podemos hacer con ella, en lugar de hacer una foto banal de moda en un fondo blanco con una chava muy guapa, que está muy bien pero ya la han hecho miles de veces.  Como ejemplo, con Vogue fuimos a Shanghái, hace cinco años, cuando todos hablaban sobre Shanghái, hicimos fotos de moda en Shanghái con la gente que había ahí mismo. Vestimos albañiles y gente que construía, fue una idea, un pretexto para ir y conocer Shanghái y tomar fotos ahí. Habría sido más fácil quedarse en París y encontrar un modelo guapo y se acabó. Es un pretexto, son excusas para tus propios intereses, y cuando éstos concuerdan con los de tus clientes y la gente que te pide el trabajo, está súper bien porque te permite desarrollar cosas que no harías solo. Yo no hubiera ido a treparme a la torre del Hyatt Shanghai, no hubiéramos tenido esa excusa. Creo que cada proyecto es interesante, cada uno tiene lo suyo.

192: Cómo fue que llegaste a armar una exposición de tu trabajo en Centro?

MM: En mi despacho hemos luchado todo el tiempo por hacer cosas un poco locas, innovadoras e interesantes. En 2005 vine a México a participar en Fotoseptiembre y CENTRO nos pidió hacer algo, pero nunca concretamos. Me preguntaba qué sentido tenía ir a mostrar esto a una escuela, era una cosa más bien pedagógica. Un poco enseñar por qué y cómo está hecho, cuáles son sus intenciones, para que los alumnos vean un poco qué nos llevó a hacer eso, el proceso. Acepté y aquí estoy.

192: ¿Vienes constantemente a México?

MM: Desgraciadamente no, me gustaría venir más. Creo que ha cambiado muchísimo.

192: ¿Cuál es tu visión general en estas visitas esporádicas?

MM: Desgraciadamente no tengo tiempo de ir a ver muchas cosas porque cuando vengo estoy con mi familia, pero veo que sí hay muchas cosas nuevas. Por ejemplo ustedes, que están haciendo esta revista. Yo creo que en París así hay una o dos, probablemente un poco menos elegantes, más locas, porque están allá y tienen más años que ustedes y porque tal vez el mercado es cada vez menos convencional, pero no he visto muchas iniciativas. Me parece interesante.

192: ¿Cuál es tu profesión, el diseño gráfico?

MM: No, yo soy director de arte. Donde yo estudié eran 4 o 5 años de todo, una mezcla de todas las disciplinas y eso me permitió, por mi carácter e interés por las cosas, tocar un poco de todo. Poco a poco el camino me ha llevado a hacer cosas que no se me habrían ocurrido hacer. Por ejemplo, eso de hacer exposiciones, en Francia es muy complejo porque la gente te pone en un cajón: o eres diseñador o fotógrafo o curador, y no les gusta la gente que hace dos cosas porque ellos consideran que si eres especializado no puedes hacer dos cosas a la vez. Me ha tocado hacer exposiciones en el Centro Pompidou o en el Centro Nacional de la Fotografía. Es muy interesante porque a la gente del arte no les gustamos porque estamos metidos en la moda y por eso somos muy superficiales. A la gente no les gusta porque somos muy snobs porque estamos metidos en el mundo del arte. Entonces eso me ha permitido tener una carrera un poco extraña porque no pertenezco a ninguno de los dos mundos y no tengo que hacerles favores tampoco. Tengo una gran libertad de hacer más o menos lo que quiero y las cosas que me gustan. Ha sido bastante interesante porque una cosa lleva a otra. De repente ya estaba harto de comisionar las fotos y las comencé a hacer yo; también ya me tocó hacer films de publicidad, cosas loquísimas con 200 figurantes, con Julian Casablancas líder de los Strokes, una película, fotos, el perfume… y jamás se me ocurrió, me tocó y lo tomo como un juego. Recientemente hice la imagen corporativa de un nuevo museo en París, que es como un centro multimedia, el nuevo Palais de Tokyo, un museo de 8,000 m2 sobre ciencia y tecnología. Fue un pleito tremendo, cambiaron el nombre, el logo, mil cosas, un proyecto tremendo. Sufrí muchísimo pero le vi el lado positivo y dije “bueno, cuándo me hubiera tocado hacer la imagen del museo más importante del último decenio en París?”. Me tocó a mí. No sé si les volvería a decir que sí si me llamaran de nuevo, sufrí tanto, mucho desgaste, pero bueno, lo vivimos e intentamos, ganamos algunas batallas y perdimos otras. Desgraciadamente cada vez hay menos recursos para la cultura, cada vez se paga menos, así que tienes que  hacer trabajos comerciales para poder hacer cosas de contenido.

192: ¿Qué te gusta fotografiar?

MM: De todo, menos cosas muy complejas que no tienen sentido para mí, por ejemplo una naturaleza muerta complicadísima donde te puedes pasar no se cuántas horas. Pero hacer retratos es interesante porque te lleva a lugares que no te imaginabas que irías y a encontrar gente que no hubieras conocido si no hubiera sido por esa excusa. Por ejemplo, me tocó fotografiar al presidente de la Comunidad Europea, José Manuel Barroso, y lo subí a la torre de Lisboa, lo trepé al techo de la torre, lo fotografié como conquistador en frente de la Bahía de Lisboa. La revista no tenía dinero, entonces yo metí a un asistente local, hubo una tormenta y todos estábamos empapados, los flashes se arruinaron, pero Barroso estaba contentísimo, nos hicimos amigos. Yo venía de fotografiar a Karl Lagerfeld y a Carla Bruni, entonces él se sentía como pequeña cosa, cuando él era el presidente de la Comunidad Europea. Me dijo una cosa muy interesante: “Politics is showbiz with ugly people”. Y gracias a eso le pedí que me dejara fotografiar a todos los presidentes de la Comunidad Europea. Fui con ellos a la Comunidad Europea, intentaba hacer lo que Avedon había hecho en el ’76: The Portraits of Power. Y bueno, fue tanta la política que nunca lo pude hacer, pero lo intenté. Ahí se acabó.

Me ha tocado hacer fotos de edificios interesantes; me tocó ir a Corea a fotografiar el edificio que Rem Koolhaas hizo para Prada; ahí fue el encuentro con Koolhaas y con el cineasta mexicano Iñárritu, que estaba allá para programar el interior del Cubo, me tocó fotografiar el Cubo. Finalmente las fotos, al final son una anécdota, incluso esta exposición. La gente dice “¡wow, estás haciendo una exposición!” A mí no me interesa el pasado, me interesa el futuro, me interesan los retos a futuro sin sacralizar los trofeos. Hay amigos míos que creen que son los fotógrafos más grandes del mundo y que creen que son grandes artistas. A mí simplemente es el camino que la vida me puso en frente y pues lo voy caminando y ahí me encuentro con ustedes y pues me da gusto ver esto; me da gusto verlo de esta manera.

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192: En tu trayectoria, ¿qué otras batallas has tenido que librar?

MM: Hay muy poca gente que tiene la apertura del espíritu para ver otras cosas e intentar. A mí el riesgo me gusta mucho, pero he entendido poco a poco que el riesgo es lo peor que puedes decirle a la gente o a un cliente, que hay que hacer cosas nuevas y que no sea aburrido… para ellos es lo peor. Tienes que aprender también cómo manejar tu lenguaje. Además, desgraciadamente uno se da cuenta que todo cuesta, todo lo quieres hacer cuesta, entonces si quieres ir a fotografiar a Barroso, hay que pagar un boleto y un hotel y contratar un asistente, en fin. No soy gente que crea que debes tener 10 millones para sacar una foto pero sí se necesitan ciertas cosas, el mínimo cuando menos, para que las cosas se puedan realizar. La gente está acostumbrada a que con una computadora puedes hacer una foto gratis y hay que luchar contra eso porque la calidad no se sostiene así: esa es otra de mis pequeñas batallas.

192: Finalmente, tú que tienes esa experiencia y trayectoria haciendo revistas, a nosotras que somos una revista joven, ¿cuál sería tu mejor consejo?

MM: Sigan siendo ustedes mismas. Yo tengo amigos que hacían revistas y que de repente, —bueno a ustedes parece que les va bien ahora—, pero a través de los años se cansaron porque la onda económica era muy difícil, entonces se volvieron demasiado comerciales y su revista perdió todo interés, toda alma, todo espíritu de individualidad, toda la originalidad que tenían. Yo creo que no hay que perder tu ruta, tu pasión, lo que te gusta hacer, lo que te nutre y porqué lo haces. Fuera de eso puede haber mil cosas pero ya son detalles.

Por ejemplo cuando hice este nuevo film con los Strokes, cuando vino Casablancas, yo lo que le había vendido al cliente era algo totalmente diferente a lo que salió; los storyboards y lo que hicimos. Julian de repente dijo —el día anterior del shoot del film, cuando ya teníamos todo planeado y 200 o 300 personas para el film—: “no quiero tomar la guitarra y no quiero saltar al público”. ¡A las 11 de la noche! Y le dije que sí, pero ¿la guitarra por qué? “Porque yo soy cantante, ¿cómo? Yo sigo la tradición de Jim Morrison y Mick Jagger, no toco la guitarra, no soy Jimi Hendrix”. Pues eso ok, lo puedo respetar, pero no saltar al público…. y no lo hizo. Entonces tuve que resolverlo de otra manera. Hay veces que tú crees que la vida te va a llevar para acá y finalmente tienes que ser también flexible, inteligente y verlo de la buena manera y cómo voltear las cosas. Pero nunca perder tus objetivos y lo que tú quieres hacer, fuera de eso, son detalles. Trabajar con gente famosa no es importante, lo que es importante es ser uno mismo y hacer su proyecto y creer en lo que estás haciendo.

 


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