Somos lo que llevamos del otro lado de la piel

El desnudo, la alegoría de la sinceridad

2304
texto Danaé Salazar
fotografía Fabiola Zamora
maquillaje y pelo en María Paula Aracely Zárate
maquillaje en el resto de las invitadas Abraham y Alberto
para Winston Bobbi Brown Cosmetics

En nombre de la libertad y la belleza, nos lanzamos a hacer esta propuesta: posar desnudas. Es el punto álgido y más representativo, diría yo, de esta edición No. 50 de 192, con lo que rendimos tributo al cuerpo para mostrar su fortaleza y sublimidad.

 

Estas cinco mujeres son combativas en serio —ya de entrada tuvieron el coraje para aceptar esta invitación—, pasionales en su quehacer, netas y congruentes en su forma de ver y hacer la vida. Mujeres con voz que no tiembla y que suena alto y con potencia, con una piel que ha luchado batallas. La piel nos hace únicos e irrepetibles. Nosotras admiramos esta unicidad, su sensualidad e inteligencia. Desde ese autorretrato vemos la proyección de su coraje y estas fotografías quieren ser un reflejo de lo que cada una es.La piel de María Paula Martínez simboliza a la perfección lo que para ella es su mayor pasión: los volcanes. Los cráteres son la boca de la tierra, dice, lo que conecta la superficie directo con el corazón del planeta. Su conexión es con las alturas de los volcanes y las profundidades del océano. Ahí es cuando la fotógrafa documental saca la cámara para contar historias visuales y, con ellas, tratar de mover el mundo. Desde su lente también lucha por los derechos humanos, por la igualdad de todos —continuamente se encuentra viajando a países remotos, generalmente con grandes diferencias sociales, enfrentando situaciones muy difíciles, con gente en posiciones de vulnerabilidad y desventaja—.

 

“Mi trabajo visual podría ser la voz de la gente que no puede alzarla para mostrar lo que les está ocurriendo y así poder crear conciencia”. En este sentido, su reto es aún mayor, “‘el set de mi trabajo es la vida misma y todo cambia constantemente”, dice. Pero la clave en las historias de María Paula es que ella logra fotografiar a la naturaleza y su humanidad desde el corazón. Y eso sólo puede hacerse teniendo una piel abierta, dispuesta a rajarse de la misma forma que la de los demás.

Ana Victoria García, emprendedora y autora, afirma sin dudar —pareciera que ella nunca duda— que su lucha es cuestionar el status quo, volver al mundo más equilibrado y justo. Pero bastan unos minutos de charla con ella para darse cuenta de que lo primero que hace Ana Victoria es poner al mundo de cabeza. Sus preguntas atraviesan paredes, su palabra es el medio y su curiosidad la ha llevado a construir cosas grandes. Una bala, energía en bruto. Lo suyo es la indagación y la búsqueda, por ese camino se mueve su pasión: hacia probarse a sí misma en distintos ambientes, conocer personajes bizarros que representen una aventura desde el primer contacto y, por supuesto, tantear y escudriñar en viajes, en el buen comer y beber, en todo aquello que represente un nuevo reto. Y es que, como alguna vez le oí decir: “¿Qué seríamos si no reaccionáramos a los estímulos que nos rodean? La inspiración les da rumbo a nuestras acciones. El resultado es un fuego interno que busca crear y transformar.” El año pasado, Ana Victoria publicó su primer libro, Ellas, una historia de los altos y bajos de emprender, contada desde su voz y la de otras mujeres.

El reto como oportunidad, sin pánico, y siempre con vistas hacia adelante ya que todo tiene solución (menos la muerte). Así es la vista desde la trinchera de Pamela Ocampo, consultora de moda y lujo, para quien la lucha —en estos tiempos—, es sólo una: resiliencia. Pamela es una mujer resistente, sí, aventurera y suave, un binomio de actitudes muy peculiar para lograr metas, pero a ella le funciona. A Pam hay que verla en acción porque su movimiento es realmente persistente, no se frunce, sino que sorprende con su tenacidad, y su cuerpo conoce a la perfección este idioma. Así echa a andar en lo físico, en lo mental y en lo espiritual, tratando de no vencerse jamás. Hacia adelante siempre, poco verbo, escuchando con atención y ejecutando con precisión.

silla Trouvé

Un mundo en evanescencia, ahora en un cambio acelerado, derritiéndose en muchos sentidos. Este mundo necesita seres pensantes si queremos modificar nuestro futuro y, para Yvonne Venegas, fotógrafa, ésa es su lucha —que nace desde su centro, desde sus hijos y su educación, desde la comunidad—. Para esta mujer de mirada aguda e ingenio en la frase, con una voz que tiene ángel, su trabajo fotográfico y artístico es un espejo de sus reflexiones sobre el valor propio, un paralelo de su vida, la reflexión más difícil con la que se ha topado dentro de su quehacer: darle la importancia que merece su propia labor. Y eso es precisamente lo que quiere representar: aprendizaje, cotidianidad, ciclos.

Laura Woldenberg cuenta historias a través del documental y los medios digitales. Con su trabajo busca entender el mundo en que vivimos —América Latina, principalmente— y el documental es la herramienta que le ha permitido abrir el debate y estimular la reflexión. Luego, el punto cumbre en toda historia: emocionar. “Estamos perdiendo nuestra capacidad de asombro; cada semana que pasa escuchamos una noticia más brutal y grotesca que la anterior, estamos bombardeados de información que cuesta mucho trabajo digerir. Lo que busco con mi trabajo es contar historias que permitan un mayor entendimiento de nuestro entorno, con empatía”.

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