El reclamo de una mirada lenta y cuidadosa
fotografía Nuria Lagarde
artista invitada Ángela Leyva
Belleza y arte contemporáneo no son dos palabras que suelen ir juntas. Movimientos como el decadentismo —fascinado por la muerte y el exceso—, el romanticismo —centrado en la pasión y lo irracional— o el realismo —interesado en mostrar lo crudo de la vida cotidiana— abrazaron el lado oscuro de la humanidad. Con las vanguardias, finalmente se rompió con la idea de que el arte debía agradar. Hoy, la belleza es casi un tabú en algunos círculos de creadorxs, un gesto sospechoso: ¿es arte serio si es bello? ¿No será decorativo, superficial o complaciente?
El abandono de la belleza en el arte no fue accidental. La Revolución Industrial transformó por completo no sólo el paisaje de las ciudades, sino la vida de sus habitantes: contaminación, hacinamiento, jornadas laborales interminables. ¿Qué sentido tenía seguir pintando escenas idílicas mientras todo eso ocurría? Después vinieron las guerras, los totalitarismos, las crisis sociales. Para muchxs artistas, hacer “algo bello” dejó de tener sentido. El arte conceptual, el arte feminista, el arte participativo, el performance… toda esta explosión de los años 60 desplazó la idea de belleza frente a otras urgencias: la interacción con el público, la protesta política, el cuerpo en acción, lo efímero.

Ángela Leyva
A-B, 2024
Sin embargo, la belleza no desapareció por completo. Mucho del arte que se produce en la actualidad es, en realidad, bello. O mejor dicho: guarda alguna relación con la belleza. No se trata de una belleza clásica, ni es el fin último de la obra, pero está presente. A veces se cuela en los materiales, en la composición, en el gesto.
Para entender cómo se piensa la belleza desde el arte contemporáneo, entrevistamos a dos pintoras jóvenes: Ileana Moreno, cuya obra explora lo femenino, lo ritual y la transformación de los símbolos desde una estética saturada, y Ángela Leyva, que pinta retratos al óleo de niñxs con alteraciones congénitas, basándose en un archivo clínico de su padre, para explorar la fragilidad. Les preguntamos qué lugar —si alguno— ocupa la belleza en su trabajo.
Baby Solís (BS): La belleza en el arte puede parecer un concepto escurridizo, pero, ¿cómo la definirías tú? ¿Qué elementos hacen que una obra te resulte bella?
Ángela Leyva (AL): Más que ser un concepto cerrado, creo que la belleza tiene que ver con el misterio, con el deseo de querer adentrarte en algo, de conocerlo más a fondo. Pienso en la posibilidad de entrar en un espejo: poder verte a ti misma, entenderte a través de una obra. Más que una imagen, la belleza es una sensación.
BS: Has dicho que te interesa representar rostros espectrales, cuerpos incompatibles con la vida, existencias suspendidas entre lo humano y lo irreal. Tus pinturas son borrosas, escurridizas… sin embargo, hay algo bello en ellas, en la atmósfera fantasmal que creas. ¿Tiene la belleza algún lugar en lo que haces?
AL: Creo que sí: en la vulnerabilidad, en la fragilidad, también en la nostalgia. Volviendo a la idea del espejo: cuando una pieza te obliga a mirarla, puedes reconocer tu propia fragilidad en ella. Estos seres que, por un error genético, se supone que no deberían existir… hay algo bello en que permanezcan dentro de la ficción de la pintura.

Ángela Leyva
CIV_V2, 2022
BS: La pintura al óleo es, obviamente, una técnica con mucha historia; es el medio que más comúnmente se asocia al arte. Lo mismo podríamos decir del retrato. ¿Qué tanto te interesa reflexionar sobre esa carga histórica, social o incluso política que tienen tanto el material como la técnica?
AL: Sí, es un tema que he investigado, por ejemplo, en mi proyecto Bilis negra. El retrato surge como un sistema de poder, donde reyes y personas de alto rango se hacían representar. Dependiendo del tamaño del cuadro, se podía inferir cuánto poder tenía esa figura. Lxs pacientes clínicxs terminan muchas veces en el olvido de los archivos; yo quería darles un espacio en estas otras plataformas. Además, los archivos son frágiles: pueden desaparecer, por ejemplo, si una clínica se inunda. En cambio, la pintura es un objeto de lujo, algo que se cuida. Me parece interesante poner en contraste esos dos universos.
Creo que todo tipo de pintura lo es, en el sentido de que no es un bien básico. En mi caso, pienso la pintura como un objeto de deseo, algo que quieres cuidar.
BS: Tus pinturas parten de un archivo fotográfico de pacientes infantiles con alteraciones congénitas en el rostro. No revelas su identidad ni accedes a sus expedientes médicos. ¿Qué cambia para ti al saber que ese archivo proviene de tu padre? ¿Tu trabajo con estas imágenes tiene algo de reparación, de traducción, de distancia?
AL: Sí. Hubo un momento en que reparé mucho en esa reflexión: ¿qué significaba entrar en este universo de niñxs que atendía mi papá, lxs que aparecían como “casos muestra”? Pensaba en la distancia respecto a eso: desde mi infancia veía que mi papá pasaba mucho tiempo con sus pacientes. Me daba cuenta de que para él no eran sólo pacientes; realmente le importaban. A veces lo veía triste, y sabía que era porque había muerto unx de ellxs. Incluso llegué a pensar, cuando era chica, que eran niñxs con lxs que me hubiera gustado jugar. Para mí, era una forma de buscarme en esxs otrxs.
“La belleza tiene que ver con el misterio, con el deseo de querer adentrarte en algo, de conocerlo más a fondo […] Más que una imagen, la belleza es una sensación.”

Ángela Leyva
Sin título, 2021
BS: ¿Cómo decides qué imágenes del archivo se convierten en pintura y cuáles no?
AL: Cuando era estudiante pintaba casi todo. Ya sabes, esa edad en la que te sientes punk. Ahora no. Durante mucho tiempo hice danza butoh, y tenía un maestro que hablaba de las diferentes presencias que tienen las personas según la morfología de su columna. Me atrae eso: la presencia que transmiten algunxs de lxs pacientes. Me guío mucho por mi intuición.
BS: ¿Qué papel juega la materialidad —la textura, el color, la difuminación— en la representación de estos cuerpos?
AL: Creo que son seres que están pendiendo del hilo de la realidad, mitad aquí y mitad allá. Las veladuras los vuelven fantasmas que pueden atravesar la mirada. La pintura, al final del día, es algo que absorbe y rebota luz. Quiero darles una presencia fuerte, pero al mismo tiempo que se sienta que se están yendo, que se están velando.
BS: ¿Cómo manejas el equilibrio entre el respeto hacia las personas retratadas —considerando que son pacientes infantiles con alteraciones congénitas— y la libertad creativa para transformar esas imágenes en obras artísticas? ¿Qué límites o cuidados te impones para evitar caer en la explotación o la cosificación, y al mismo tiempo conservar la honestidad y potencia conceptual de tu trabajo?
AL: No quiero romantizar a estos seres, pero sí tocar el tema con dignidad. El sufrimiento ya lo están experimentando. La pintura, en ese sentido, entra como una especie de manto protector. La condición ya existe en la realidad: ¿cómo podemos tratarla dentro de la ficción pictórica? ¿Cómo puedo sacar cierta belleza de esa foto que ya le tomaron al paciente? ¿Cómo convertir ese azul frío del flash médico en un cerúleo? En varias fotos, lxs niñxs incluso salen sonriendo. Siempre me llamó la atención eso.
BS: ¿Qué crees que se pierde, adquiere o transforma cuando la imagen médica de un archivo se convierte en una obra de arte?
AL: Creo que hay algo que se eleva. La imagen se transforma en un objeto que carga con toda la historia del arte. Me tocó una coleccionista que incluso le prendió una veladora a una de mis pinturas; otra me dijo: “este ser ya está protegiendo mi casa”. El hecho de ver figuras humanas en una pintura desata mitos. Y al tratarse de niñxs, en ese formato de cuadro, sucede algo muy especial.
BS: Finalmente, ¿crees que lo bello es una categoría válida en el arte contemporáneo?
AL: Sí, totalmente. La belleza nunca va a dejar de reconfigurarse, de transformarse. No porque algo sea bello significa que es bonito. Pienso en Turner, amarrado a un mástil en medio de una tormenta, sólo para seguir pintando.

Baby Solís es crítica y divulgadora. Desde 2017 dirige Obras de Arte Comentadas, una plataforma con presencia en toda América Latina que conecta a coleccionistas, artistas, profesionales del medio y públicos no especializados con la actualidad del mundo del arte.
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