Exceso, defensa y transformación
fotografía Nuria Lagarde
artista invitada Ileana Moreno
Belleza y arte contemporáneo no son dos palabras que suelen ir juntas. Movimientos como el decadentismo —fascinado por la muerte y el exceso—, el romanticismo —centrado en la pasión y lo irracional— o el realismo —interesado en mostrar lo crudo de la vida cotidiana— abrazaron el lado oscuro de la humanidad. Con las vanguardias, finalmente se rompió con la idea de que el arte debía agradar. Hoy, la belleza es casi un tabú en algunos círculos de creadorxs, un gesto sospechoso: ¿es arte serio si es bello? ¿No será decorativo, superficial o complaciente?
El abandono de la belleza en el arte no fue accidental. La Revolución Industrial transformó por completo no sólo el paisaje de las ciudades, sino la vida de sus habitantes: contaminación, hacinamiento, jornadas laborales interminables. ¿Qué sentido tenía seguir pintando escenas idílicas mientras todo eso ocurría? Después vinieron las guerras, los totalitarismos, las crisis sociales. Para muchxs artistas, hacer “algo bello” dejó de tener sentido. El arte conceptual, el arte feminista, el arte participativo, el performance… toda esta explosión de los años 60 desplazó la idea de belleza frente a otras urgencias: la interacción con el público, la protesta política, el cuerpo en acción, lo efímero.

Ileana Moreno
Cihuakowatl, 2022
Sin embargo, la belleza no desapareció por completo. Mucho del arte que se produce en la actualidad es, en realidad, bello. O mejor dicho: guarda alguna relación con la belleza. No se trata de una belleza clásica, ni es el fin último de la obra, pero está presente. A veces se cuela en los materiales, en la composición, en el gesto.
Para entender cómo se piensa la belleza desde el arte contemporáneo, entrevistamos a dos pintoras jóvenes: Ileana Moreno, cuya obra explora lo femenino, lo ritual y la transformación de los símbolos desde una estética saturada, y Ángela Leyva, que pinta retratos al óleo de niñxs con alteraciones congénitas, basándose en un archivo clínico de su padre, para explorar la fragilidad. Les preguntamos qué lugar —si alguno— ocupa la belleza en su trabajo.
Baby Solís (BS): Sé que es una pregunta muy amplia —y quizá hasta un poco tramposa—, pero justo por eso puede abrir una conversación interesante: aunque la belleza puede ser una noción incómoda en el arte contemporáneo, tus obras tienen una presencia visual muy fuerte. ¿Qué lugar ocupa la belleza en tu trabajo?
Ileana Moreno (IM): Depende de desde dónde estemos considerando lo que es bello o no. Tenemos toda la carga occidental de la belleza, y es ahí donde las cosas empiezan a volverse confusas. No sé si la intención de mi trabajo es ser bello. ¿Qué es lo bello ahora? Hoy hay muchas estéticas o cores: cottagecore, fairycore, coquette…
En mi obra hay una parte de rebeldía, un deseo de que las cosas se transformen. También me interesa la saturación, que todo esté cargado. Más que bella, diría que mi obra es atascada (jaja). Aunque sí utilizo motivos que tradicionalmente se asocian con lo bello, con aquello que una mujer cuida: el cabello, las uñas, el uso de moños.
BS: El uso de colores pastel es una constante en tu trabajo desde al menos 2017. Estos colores nos remiten a la infancia, a lo femenino, e incluso a una idea de ternura que no siempre se asocia con el arte contemporáneo. Pero en lugar de suavizar, esos tonos parecen intensificar la carga visual y simbólica de tus piezas. ¿Siempre te atrajeron esos colores o fue algo que surgió con el tiempo?
IM: Siempre he tenido una paleta de colores muy marcada. Por ejemplo, al inicio, el rosa fosforescente apareció en mi obra a partir del uso de materiales como el plástico impermeable. También influyeron mi interés en el glitch y los textiles de Oaxaca, donde predominan tonos como el verde y el amarillo. El rosa es un color que te invita a explorarlo en todas sus tonalidades. El claroscuro rosa es infinito: me interesa hacer variaciones, generar volúmenes y sombras a partir de él. También pienso en mi etapa happy punk: pink is punk.

BS: ¿Qué papel juega la ternura en tu obra? Se percibe una influencia de la animación japonesa y del estilo kawaii en tu estética; ¿cómo dialogan estos elementos con tu trabajo?
IM: Tengo la influencia de la cultura nipona de enternecer las cosas. Después de la Segunda Guerra Mundial, Japón comienza a hacer personajes tiernos, como una forma de decir “no me ataques, no me hagas daño”. Esto está estudiado en libros como The Power of Cute de Simon May. Creo que en la ternura también hay oscuridad.
BS: ¿Tu obra tiene algo de oscuro?
IM: Sí, claro. Hay una parte que busca una defensa: las garras, las uñas largas, tiendo a utilizar el filo en mis imágenes. Como algo que es bonito, pero también se defiende. También utilizo cetros o talismanes que sirven para transformarte y adquirir poder, como en las caricaturas de Sailor Moon o Sakura Card Captors.
Me gusta tomar estos símbolos —cabello postizo, los tacones, las uñas, las figuras mesoamericanas— desde qué pueden significar ahora y cómo también pueden evolucionar. Por ejemplo, te gusta usar las uñas largas, pero si las dejas crecer demasiado, ese elemento pasa de verse bonito a ser considerado grotesco.
BS: Últimamente has estado trabajando con lo ritual y los amuletos, pero también con la belleza en un sentido decorativo: tu producción reciente incorpora marcos ornamentales, flores, máscaras. ¿Qué entiendes como un ritual? ¿Y qué relación observas entre lo bello y lo ritual, si es que la hay?
IM: Los rituales surgen de la necesidad de dar sentido a nuestra vida; existen todo el tiempo, todos los días, son desde cómo te haces el café hasta los que se dan cuando practicas una religión. Me interesa la idea de lo ritual porque te acerca a la parte espiritual, me gusta pensar en esos objetos que te pueden vincular con algo más grande, y también observar lo que hacemos alrededor de ellos.
“Tenemos la carga occidental de la belleza, y es ahí donde las cosas empiezan a volverse confusas. No sé si la intención de mi trabajo es ser bello. ¿Qué es lo bello ahora? En mi obra hay una parte de rebeldía, un deseo de que las cosas se transformen. Más que bella, diría que mi obra es atascada.”

BS: Volviendo sobre tus marcos, están llenos de detalles y aportan gran presencia a tus pinturas. ¿Cómo decides qué elementos incorporar en ellos?
IM: Tengo un archivo de elementos que utilizo: espinas, ojos, moños. Mucho de lo que empleo tiene que ver con lo textil. Estos marcos son impresiones en PLA, que se forman a partir de filamentos; es decir, se crean como si fuera un tejido conformado por hilos. Otros ornamentos están inspirados en el entorno donde crecí. Toda mi vida he estado rodeada de piedra, nací y sigo viviendo en el sur de la ciudad, por la zona del Museo Anahuacalli. Los motivos mesoamericanos que aparecen en los marcos provienen de la mitología. Para mí, la mitología lo tiene todo: relato, creencia, imaginación, colectividad. Es el “protocine”.
BS: ¿Crees que hay alguna afinidad entre tu trabajo y el de artistas como Chavis Mármol, que utiliza la cabeza olmeca; el de Mariana Castillo Deball, que hace esculturas de fibra de vidrio de la Coatlicue, o Gabriel Orozco que también ha pintado a esa deidad?
IM: Lo prehispánico ha sido un recurso recurrente en el arte desde que empezó a construirse México como proyecto de nación. Me gusta pensar qué significado pueden tener estas figuras más allá de lo histórico, otorgándoles atributos que cuestionen o peleen con esos significados tradicionales. No sé por parte de lxs demás artistas desde donde retoman esto, pero creo que es completamente entendible que todxs tengamos estas referencias en común.
BS: Hay una creencia generalizada entre las artistas de que una obra debe cumplir ciertas características estéticas para tener éxito o circular en redes sociales. Me refiero a pensar que toda pieza debe ser “instagrameable” para existir (verse bien en una foto, ser de colores llamativos, etc.) Me gustaría conocer tu opinión. ¿Has sentido que tu obra debe ajustarse a ciertos parámetros para que sea “adecuada” para redes sociales?
IM: Más que pensar en hacer obras para el Internet, siento que le robo al Internet. Tomo referencias de imágenes, ideas y situaciones que circulan ahí. Por eso quizá algunas cosas en mi obra pueden recordar a ese mundo, pero no trabajo pensando en que las piezas funcionen específicamente en redes sociales.
BS: Finalmente: ¿Crees que lo bello es una categoría válida en el arte contemporáneo?
IM: Volvemos al inicio, ¿desde donde estamos entendiendo lo bello? Es una pregunta filosófica compleja. Pero no todo el arte contemporáneo tiene que ver con lo conceptual, hay búsquedas que son meramente materiales o visuales.

Ileana Moreno
Magenta perpetuo, 2022
Baby Solís es crítica y divulgadora. Desde 2017 dirige Obras de Arte Comentadas, una plataforma con presencia en toda América Latina que conecta a coleccionistas, artistas, profesionales del medio y públicos no especializados con la actualidad del mundo del arte.
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