William Klein

¿Quién necesita moda? Yo visto lo que quiero.


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texto Renato Ornelas
fotografía Tony Solis

“Un insolente”, fue llamado cuando presentó su controvertido libro sobre la ciudad de Nueva York en imágenes granosas y fuera de foco (New York, 1956). William Klein es, de hecho, más francés que norteamericano. Sus obras fotográficas y cinematográficas las ha desarrollado en Francia, en París para ser exactos, aunque sus libros de fotografía más importantes, irónicamente, son New York, Tokio, Moscow y Rome.

Su primer filme, Luces sobre Broadway (1958), es considerado como pieza pionera del movimiento pop. Alumno de Fernand Léger, trabajó al lado de J.L. Godard, Alan Resnais y Agnes Warda como pionero de la nouvelle vague, e hizo el primer documental sobre un negro con poder en Estados Unidos, Muhammad Alí: el más grande (1965), por intervención de un amigo en común: Malcolm X.

 

Klein, una mezcla de maverick y misfit, es un artista que comenzó pintando y que se movió hacia la fotografía y el cine, donde desarrolló un estilo único y atrevido. Su filmografía está conformada por ficciones y documentales que constantemente atraviesan las fronteras que los limitan. Las ficciones se construyen como documentales (¿Quién eres tú, Polly Magoo?, 1966), y los documentales recrean y ficcionalizan anécdotas (Hollywood, California. La ópera de los perdedores, 1977).

 

Fue fotógrafo para Vogue, en París, durante los 50 y la primera mitad de los 60, desde donde revolucionó la fotografía de moda llevando los shootings a la calle. “Su glorificación del blur, flare, grano y la distorsión del lente angular que los profesionales despreciaban, era algo que lo mantenía cercano al mundo del arte. Él insistía en que la fotografía seguía su propia naturaleza haciendo lo que ningún otro medio podía.”

 

En 1983 Klein dirigió lo que se podría considerar como el primer fashion film: Mode in France. Si los 80 se han definido como el comienzo del final del orden económico mundial que acabamos de ver colapsarse, los creadores de la moda que aparecen en Mode in France son el perfecto ejemplo no sólo de una década de opulencia, sino de una toma de conciencia sobre la imagen y el modo en que ésta afecta nuestro entorno.

 

En 1999 Klein volvió a tocar, con su particular sentido de la ironía, el tema de la moda en In and Out of Fashion, y cierra el ciclo que comenzó años atrás con Polly Maggoo, donde Klein utilizó su experiencia como fotógrafo en el mundo de la moda para filmar esta sátira, una extraña mezcla de cinéma vérité, ficción y cuento de hadas. Pedro Almodóvar menciona: Polly Maggoo es uno de los raros retratos inteligentes que existen de este mundo de la moda, su belleza, su futilidad, su delirio, su comercio, su esnobismo y la ingenuidad de las modelos.

 

No hay tantas otras películas que utilicen la escena de la moda como la escenografía donde se desenvuelva la trama dramática.

 

Hay tres casos muy particulares: Prêt-â-Porter (1994) de Robert Altman, Zoolander (2001) de Ben Stiller y, más recientemente, El diablo se viste de Prada (2006), basada en la novela homónima de Lauren Weisberger. Sin embargo, ninguna de las películas anteriores se compromete tan profundamente con los creadores / diseñadores como lo hace Mode in France, en la que Klein hace uso de su estilo, y logra que la ficción y el documental convivan en un ejercicio visual atrevido y único.

Mode In France tiene una estructura de capítulos que se van unificando a través del ojo agudo, la experimentación y el ritmo de una mente rigurosa como la de Klein. El primer capitulo señala el tiempo y el lugar: París, los 80, y después aparece el título: “Los creadores”.

 

Para Mode in France, Klein trabajó con las promesas y jóvenes leyendas contemporáneas de la moda parisina: Claude Montana, Kenzo, J.C. de Castelbajac, J.P. Gaultier, Chantal Thomass, Karl Lagerfeld, J.R. Dumas, Christian Lacroix, Dorothée Bis, Marithé & François Gir- baud y A.M. Beretta. El espíritu de la película se define también por la colaboración musical del gran Serge Gainsbourg y su Melody Nelson. Mode in France es un fashion statement para el cine mismo.

 

La influencia y la relación que Mode in France guarda con la definida estética ochentera francesa — de películas como Diva (1981, Jean — Jacques Beineix), Subway (1985, Luc Besson) y Mauvais sang (1986, Leos Carax) —, y la sitúa como una propuesta estética de vanguardia. El segundo capítulo, “L’habitat Le Moine”, sucede en un salón de clases de un jardín de niños donde se invita a los infantes a disfrazarse y a jugar con maquillajes para una fotografía. Quince años después, los mismos “niños” son atractivos modelos de pasarela que retan a la cámara de cine con declaraciones que definen lo que Klein busca: la moda está hecha por sus seguidores. A diferencia del arte, es una creación para las masas. Nosotros los franceses no inventamos estilos de vida; los importamos. ¡En Francia inventamos la moda!

 

“Accelere Historique” es el siguiente capítulo, y es posiblemente la mejor guía resumida de la moda durante el siglo xx. En un sencillo ejercicio cinematográfico, Klein hace un recuento de la influencia de la moda en la sociedad y viceversa para dar lugar al capítulo “ Jean Paul Gaultier. La mode est dans la rue”. Después de muchas horas como director de documentales, la presencia de Klein y su cámara pasa inadvertida. Klein es un fantasma que recorre todas las bambalinas de los desfiles de moda. Gaultier es presentado como un tipo agradable, un loco que actúa con razón. Klein sitúa la idea de Gaultier en las calles de París, donde sus habitantes igual discuten por las naranjas congeladas que les venden o por el precio de la carne.

 

“Uno se viste, en primera, para hacer una declaración y demostrar quién eres. Puedes demostrarles (a los otros) cómo se podrían ver. Lo que importa es sentirse bien. Me he dado cuenta de que incluso vistiendo la ropa más extraña, si te sientes bien, la gente a tu alrededor se siente menos intimidada. Pero si quieres lucirte o tu actitud es fuerte, entonces puedes intimidar. Si usas la moda de forma correcta, entonces puede ser bueno.” Jean Paul Gaultier.

 

“Claude Montana. La mode est une cérémonie” es una fiesta interminable, una secuencia de movimientos suaves y plano secuencias alrededor de la fiesta perfecta. Klein glorifica, o tal vez sólo se burla, de la visión de cada diseñador, y convierte algo superficial — una fiesta — en una breve ficción llena de arrebatos y momentos alrededor de la situación social. Gente vestida de manera espectacular que se reúne para socializar: comiendo, bebiendo, buscando pelea y sexo. La moda como una ceremonia pagana, lúdica y exuberante.

 

Uno de los capítulos más interesantes y más breves está dedicado a Jean Charles de Castelbajac: “La mode happening”. Castelbajac camina entre sus modelos mientras lo siguen reporteros, maquillistas, asistentes. Mantiene un aire de seriedad y distancia, sólo trabaja, se arregla de último momento de manera obsesiva. “Hasta después de los siglos xvii y xix, un creador que utiliza el vestido como su modo de expresión fue visto de nuevo como un artista. Doucet fue un patrón de las artes, y sus clientes lo humillaban todo el tiempo. ¡Tremendo! Al menos ahora los diseñadores son reconocidos”, declara una mujer de edad que sigue a Castelbajac por todos lados. “Debemos vivir en nuestro tiempo”, responde Castelbajac. “Los únicos y originales siempre están de moda. La monotonía de la vida sólo significa que más que nunca se necesitan prendas exclusivas”, remata la misma señora.

 

En una entrevista del blog de Filep Motwary a Jean-Charles de Castelbajac, Filep pregunta: “en la película de William Klein, Mode in France (1984), pareciera que estás viajando en tu propia nube. Fue una gran manera de presentar tus impresiones, tamaño bandera, al mundo. Han pasado 23 años desde esa aparición. ¿Dónde está parado Castelbajac hoy?” Castelbajac responde: “Renuncié al territorio de la utopía. Pertenezco al mundo donde la resistencia ha quedado atrás, y decidí renunciar en un tiempo de unanimidad, por la creación misma, por la gente: la industria y la tecnología son hoy una herramienta extraordinaria para la gente”.

“Le temple de la mode. La mode obsession” es un capítulo de fantasía utópica. En un futuro no muy lejano, Klein imagina gente sedienta y necesitada de moda, una obsesión, una cuasidroga, por la que la gente paga para ver peep-shows de modelos en cabinas televisadas, un Mundo Feliz donde el zoma se suple por moda y creación.

En “Confessions de Chantal Thomass”, que aparece como una lasciva modelo en confesión, cuenta: “Siempre he tenido problemas con los hombres, porque sin importar cuánto les explique que ésa (la modelo), no soy yo, ellos se enamoran de mi imagen. No puedo competir con mi imagen. Las imágenes (fotografías) aparecen por todos lados, y una sigue luciendo hermosa, y en el fondo sigue doliendo. Pero el verdadero final, ya que no puedo hacer esto toda la vida, el verdadero final… eso me asusta”.

 

Klein siempre pone el dedo en la llaga y no deja escapar a ningún personaje, real o imaginario, de su fantasía fashion. Su relación con las modelos y el mundo que habitan es un viejo territorio conocido y un tema recurrente lleno de mitos y realidades que Klein no clarifica. Al contrario: aumenta esos mitos y leyendas alrededor de la industria.

Los dos últimos capítulos son para Azzedine Alaia, “La Mode c’est de theatre”, con la intervención de Grace Jones y un musical surrealista para Kenzo con la participación de un joven Marc Duret como un policía, vestido de Kenzo, que interroga y baila con una sospechosa con la que se termina besando al más puro estilo de una comedia musical de Hollywood, que irónicamente nunca se interesó en su trabajo, ni Klein en ir a trabajar para ellos.

 

William Klein visitó México como Invitado de Honor de la última edición de FICCO, en febrero de 2009, en donde se exhibió su filmografía. Es un hombre que, a pesar de su edad y un lento caminar, mantiene una fuerza que se expresa a través de una mirada intensa y llena de vida. Todavía está lleno de proyectos. Mode in France no es uno de sus trabajos más importantes, pero sí revela e introduce una visión personal de un mundo que causa sensación, intriga y mucho deseo. Klein es parte de ese mundo, no sólo por su aportación fotográfica o fílmica, sino por su sensibilidad e irónico sentido del humor.

 

Este artículo fue publicado en nuestra edición impresa No. 13 Diciembre – Enero 2010 

 


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