Valor, talento y virtudes forjadas en la vida real
fotografía Dorian Ulises López Macías
estilismo Rob Papy
maquillaje Thania Díaz
pelo Emilio Jiménez
iluminación Alexis Rayas
locación Foro Tonalá
Para Goran, mi nuevo ídolo.
En un mundo donde los ídolos populares parecen extinguirse, la figura de Santa Fe Klan resulta una bocanada de aire fresco: dueño de una sencillez, talento y honestidad innatos, el joven músico ha sabido posicionarse como referente de miles (si no es que millones) de personas.

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“Cuando Maradona murió, lloré una semana entera”. Con esa frase, Bobby Gillespie, líder de Primal Scream, comienza su texto-homenaje al diez argentino, publicado por Rolling Stone. Y continúa: “Durante siete días, las 24 horas, vi todo sobre él. Miré la despedida de su cuerpo en Buenos Aires y me estremecí. Necesitaba sentir todo eso, porque fue más que un futbolista: era una figura heroica y un ser humano con una fragilidad muy grande. Y eso es algo con lo que todos podemos identificarnos. Por eso lloré una semana: porque Diego significaba mucho para mí”.
Actualmente es difícil encontrar figuras de ese tamaño. Según el escritor surcoreano Byung-Chul Han, la modernidad se caracteriza por la ausencia de ídolos (entendidos no sólo como celebridades, sino como héroes populares, es decir, elegidos por la gente como tales) y la erosión de los rituales: hemos reemplazado los símbolos que generan sentido de pertenencia y dan profundidad a la vida por el narcisismo (la exaltación del yo), la violencia (sin valores compartidos, no hay cortesía o respeto) y la injusticia (como dicen por ahí: “nadie será libre hasta que todos lo seamos”).
Por otro lado, los psicólogos George R. Goethals y Scott T. Allison, autores del texto Making Heroes: The Construction of Courage, Competence, and Virtue, señalan que los ídolos tienen una función vital para la mente humana, pues nos inspiran, dan esperanza y sentido. En su obra, afirman que un héroe se construye a partir de tres pilares: valor, talento y virtudes. Entonces surge la pregunta: ¿aún quedan personalidades capaces de ello?
Este número de 192, dedicado a los ídolos, propone que sí. La apuesta particular de estas letras lleva por nombre Santa Fe Klan, joven músico guanajuatense con quien tuve la oportunidad de charlar acerca de sus orígenes, el barrio y la música, elementos que lo convierten en candidato a convertirse en ese héroe tan necesario.

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CAPÍTULO 1: VALOR
Mi primera impresión de Santa Fe Klan es la de un tipo tranquilo y atento: cuando llega al lugar de nuestra cita, saluda a todo mundo de mano, pide permiso para pasar y dice que sí ante cualquier instrucción. Antes de arrancar la conversación, Ángel hojea la pasada edición de 192, dedicada a la belleza: revisa cada página con calma, se clava en los titulares y se detiene a ver algunas fotos. Mientras le cuentan más detalles sobre su aparición en la revista, se encuentra con un retrato de tres mujeres desnudas. Entonces suelta un ¡ay! de sorpresa, acompañado por una risita avergonzada: a pesar del personaje lleno de dureza que ha construido, reacciona como cualquiera de nosotros lo haría.
La plática empieza por su lugar de origen, el barrio de Santa Fe en Guanajuato (del cual tomó su nombre artístico). “Me enseñó humildad y respeto”, contesta cuando le pregunto qué significó crecer en dicho lugar. “Todos los valores que tengo son por mis papás y el barrio. Artísticamente, me dio el estilo: me visto como me visto y escucho lo que escucho, gracias al lugar donde crecí. Había mucha mezcla de todo: cumbia, regional, grupero, rap, rock. Creo que de ahí agarré mi propio flow”.
De inmediato le pido que describa su flow, a lo cual contesta con lo mismo: comunidad. “Puedo cantar todo tipo de ritmo porque así crecí: iba a la casa de un carnal y escuchaba a Los Tigres del Norte o Los Temerarios. En casa, mi mamá escuchaba canciones de Los Terrícolas o Leo Dan; mi papá era muy de Los Cadetes y mis hermanas de Los Primos de Durango. Cuando nos juntábamos a hacer aguas locas en el barrio, escuchábamos El Tri, E Haragán, Liran’ Roll. Todo eso me dio mi propio estilo, me ayudó a ser versátil”.
¿Y el rap que lo hizo tan famoso? “Lo conocí entre los 11 y 13 años, ahí mismo en el barrio, donde la gente se juntaba a… pues vender lo que vendían”, confiesa con risa nerviosa. “Pero bueno, además ahí la gente se ponía a bailar break dance o a grafitear. Yo decía que quería ser cholo, pero no sabía que eso era el hip-hop, sólo me fijaba en la ropa. Me empecé a vestir así, con ropa grande. Una de mis hermanas me decía: eso, tú vístete chido. Aunque mi mamá me compraba ropa normal, yo me ponía bien cholo”.
Como es sabido, el estilo también es identidad: la ropa refleja, en muchas ocasiones, nuestro mundo interior. ¿Cómo era entonces el mundo de Santa Fe Klan? “Crecí en un barrio donde las calles eran como una sala y las casas eran nuestros cuartos: compartimos todo, y por eso se quedó conmigo la idea de cuidar a mi gente, de defenderla”, responde. “Mis primeras canciones son de eso: del puro barrio, de lo que vivíamos todos los días, de estar en el callejón y pelearnos con otros barrios: hacía canciones diciéndoles de cosas a los que no nos querían”.
“Aunque estaba morrillo, no podía bajar al centro porque me querían pegar. Igual dejé de ir a la escuela porque me querían encajar cuchillos o querían que me peleara. Cuando llegaba la hora de la salida, me brincaba por una tienda y salía del otro lado. Hasta mis maestros y amigos ya se la sabían: nomás decían, ya no está el Ángel, ¿vea’ que no?, porque si me salía por la puerta principal, había mucho pedo”, confiesa.
Torpemente, sólo alcanzo a añadir un “órale, qué fuerte”. Entonces me dice: “pues sí, pero la neta no tenía miedo, porque igual les llegaba por atrás o por arriba de la tienda con todos mis carnales: me acercaba lentamente y les preguntaba: ‘¿a quién esperan?’ Y se armaba la campal, con cadenazos y todo. Ya después, aunque ganáramos o perdiéramos, me iba al estudio a hacer canciones”.
“Hay ídolos que pueden decepcionarte y eso es gacho. Por eso cuido mucho a mis fans, a la gente que me quiere: procuro ser real con ellos.”

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CAPÍTULO 2: TALENTO
Por lo que cuenta, parece que la música siempre ha estado presente en la vida de Santa Fe Klan: ya sea como vínculo emocional o como lenguaje de expresión, para Ángel, los sonidos son algo que le viene por naturaleza. “Empecé a tocar porque quería encajar en mi casa”, me cuenta. “Lo primero que agarré fue el acordeón porque a mi papá le gustaban las norteñas. De niño jugaba a hacer instrumentos (armaba mi batería con las cazuelas) o a tener grupos musicales con mis primas. Es algo que siempre he traído conmigo, es natural. A mi familia le daba risa, me decían que cómo sabía tocar si no tomaba clases ni nada”.
Y continúa: “a mí siempre me ha gustado la cumbia. Aunque mi papá me decía que me echara unas norteñas, después de un rato ya estaba tocando la Cumbia Sampuesana o las de Celso Piña. Pero bueno, siempre quise conectar con mi jefe: aunque no tocaba tan seguido, hacía sonar el acordeón”.
También me cuenta de la relación musical con su mamá: “fue ahí cuando empecé a hacer rap: le robaba los discos que tenía, los usaba como sample y los convertía en pistas para rapear. Le enseñaba todas mis canciones, porque sabía que le iban a gustar, pues eran las mismas que escuchaba cuando hacía de comer o se echaba el quehacer. Procuraba siempre empezar con la parte cantada de la canción, luego les bajaba el pitch o usaba sólo el piano, hacía un loop de dos o tres minutos y les ponía letra. Mi jefa me decía: ah, suena chido y me alegraba, pues las escribía para que le gustaran. Todas las canciones que hice en 2013, están armadas así. De hecho, cuando vuelvo a trabajar así, me acuerdo de eso y siento chido”.
En la historia de los grandes artistas, si bien existe el talento manifiesto, también encontramos un punto de quiebre: ese momento crucial donde vida y obra se vuelven una sola cosa. Para Santa Fe Klan, esa epifanía ocurrió “como a los 12, cuando tuve una novia con la que duré casi dos años. Le hice muchos discos: cuando no estaba escribiendo canciones malandras de rap, le componía canciones a esa morra”.
Como un moderno joven Werther, Santa Fe Klan estaba dedicado en cuerpo y alma al amor. “En esa época hasta mi papá me decía ‘ya hombre, puras canciones para esa morra’, pero pues no dejaba de hacerle rolas. Le regalaba una canción nueva cada que cumplíamos un mes, porque no tenía dinero para otra cosa. Luego se las fui juntando en discos… creo que le di como tres discos, haz de cuenta que ella era como una disquera y le hacía canciones por mes”, dice con el tono bromista que le caracteriza.
Pero igual que en la historia de Goethe, no hubo final feliz: “un día me mandó a la verga y me aventó todos los discos que le di: los dejó afuera de mi casa con peluches y cartas que le había dado. Me dejó porque ya tenía otro y yo nomás me quedé de ah, qué fácil. Andaba bien agüitado con todas las cosas que me dejó tiradas. Ahí empecé a hacer mis rolas más tristes, que son las que más conectaron con la banda, las primeras que la gente conoció. Fue un momento difícil, porque en el barrio también había más pedos: empecé con la droga, más desmadre, etcétera. No sé, es parte de la vida: si no hubiera pasado todo eso, nunca hubiera estado en esta vida loca”.
Como él mismo dijo, ese estilo confesional y directo fue el que lo llevó a la fama. ¿Qué tanto ha cambiado su manera de componer con el pasar de los años? “Sigo escribiendo igual”, responde con velocidad. “A veces no tengo tanto tiempo para ir al estudio como antes, pues debo cumplir con mis responsabilidades, pero he aprendido a guardar la inspiración para cuando llega la oportunidad”.
A lo anterior, añade: “también me he enseñado a escribir de lo que sea, del tema que me digan. Y sí, siempre traigo mi inspiración y mi vida, pero ya no necesito sacarla al mero momento: sé que si traigo algo pendiente, saldrá cuando tenga que salir. Cuando pasa algo fuerte, como una muerte o chismes muy pesados, polémicas o algo así, ahí sí me lanzo en corto al estudio, pero no las saco, más bien me desahogo: para todo lo que dicen o inventen de mí, tengo una respuesta, pero no la saco porque tengo un equipo que me aconseja, que me dice: no mira, mejor dale por acá”.
“Me gusta cuidar a mi raza igual que un león: siempre tratando
de ser líder, de procurar que todos estén bien.”

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CAPÍTULO 3: VIRTUDES
En una realidad dominada por la velocidad y polarización del universo digital, la calma y la prudencia son virtudes que nos permiten navegar de mejor manera el mundo. Lo anterior no significa la supresión de las emociones o la robotización de los sentimientos, sino aprender a tener un balance. “La neta nunca me he detenido para cantar, pero sí me debo frenar para distribuir una canción o no”, dice Ángel con la sabiduría que dan los golpes del destino.
“No me gusta brincar al equipo que tengo conmigo, los respeto mucho. Igual respeto mucho a la gente que me escucha: seguro hay temas que no quieren escuchar, la verdad. Por ejemplo, ayer me encontré con un señor que me dijo: tengo 70 años, y la neta no me sé ninguna rola tuya, pero te sigo machín y me gusta mucho cómo eres. Hace poco hice una canción sobre los matrimonios que tienen muchos problemas, donde las pláticas terminan siempre en pelea y las cosas ya no funcionan. Creo que eso sí le gustaría al señor que me encontré ayer. Entonces valoro mucho a mi equipo, porque ellos me aconsejan hacer música no comercial, pero sí que haga sentir cosas a la gente”.
Aparece entonces la palabra responsabilidad. ¿Qué tan importante es para Santa Fe Klan? “Todo lo hago de corazón, no lo calculo ni lo planeo. Siento que es mejor mostrar quién soy de otras maneras: tocando instrumentos, haciendo música, escribiendo rolas para que la gente se desahogue o agarre fuerza para sentirse mejor”.
Dejando a un lado el arte, Ángel es conocido por hacerle honor a su nombre: a través de distintas acciones, ayuda a todo el que puede. “Hago varias cosas”, me cuenta, “tengo una fundación para toda la gente que ocupa apoyo. Le meto dinero a cada rato para poder ayudar a más personas. También armo conciertos gratis en el barrio. Los pongo en mis redes y a veces hasta les digo hey, a todos los vecinos, quien quiera salir a vender frituras o tamales o lo que sea, pueden hacerlo, nadie les va a pedir dinero ni nada. Igual los taxis tienen mucho trabajo esos días, invito a los polis para que cuiden y se ponen a trabajar: al que se porta mal, lo sacan del evento. Los hoteles se llenan, los camiones igual. Toda la gente agarra trabajo; soy el único que no gano, pues gasto en llevar a los músicos, pero me gusta ver feliz a la gente, generando y bailando”, finaliza como un verdadero héroe de la clase trabajadora, alguien que realmente genera empleos sin ondear banderas libertarias o el discurso emprendedor, que simplemente lo hace por y para la gente.
“Verlos en el barrio felices con sus parejas o escuchando música es mi recompensa”, agrega. “Sé que es difícil que lo hagan de otra forma, porque la neta cuesta una feria, y la gente no puede gastarse toda su lana en un boleto para los Tucanes y dejar de comer un mes. También me late verlos bailar, hasta les regalo cervezas: compro muchas caguamas y les digo quien baile más chingón, le regalo una. Es puro truco pues: lo hago para que no se queden conmigo nomás ahí viéndome. Siempre les tengo que decir: eh, vayan a bailar y me dicen: no, es que venimos a verte, pero les digo que ahí voy a andar de todas formas, así que ya, se van a bailar y se pone bien chido, la neta”.

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En días recientes, se volvieron virales los casos de Miguelito y Lucita, dos niños que, a través de redes, pidieron ayuda a Santa Fe Klan para poder adquirir las prótesis que les faltan en brazos y piernas. ¿Qué siente Ángel de todo esto? “Me da gusto que se sientan seguros en pedírmelo a mí. Chance se lo pudieran pedir al gobierno o a cualquier fundación, pero siento bonito que crean que conmigo es más fácil o más seguro. Me hace pensar que la gente me mira, a veces, como si fuera un santo. Tengo muchos mensajes donde me piden cosas, como si hiciera milagros. Trato de responderles a todos y ayudar a los que puedo, sobre todo a quienes de verdad lo necesitan. Me alegra que casi todos mis mensajes son de ayuda: me hacen sentir que le hago honor al nombre de Santa Fe Klan”.
A pesar de los buenos gestos e intenciones, internet suele ser un espacio donde el odio circula con la misma facilidad que el aire, por ello toca ahondar en los remedios contra todo mal. “La neta no soy fan mío”, responde Ángel ante el hate que pudiera recibir. “El celular lo ocupo para mandar mensajes y escuchar las canciones que no he sacado, no para ver mis entrevistas o los comentarios de la gente. A veces, mi familia es la que me hace darme cuenta de la buena reacción de la gente. Por ejemplo, a veces mis tías suben fotos conmigo en el Face y veo que les ponen aplausos y así, pero no estoy pendiente”. Y finaliza: “cuando me salen cosas mías en el internet, la neta las quito, me da pena. O sea, me acuerdo de lo que dije y veo por encima lo que comentan, pero la neta no me clavo”.
CAPÍTULO 4: EL ÍDOLO Y LA FE
A nada de terminar nuestra charla hay que preguntar a Santa Fe por su propia fe: ¿quiénes son sus ídolos?
“Soy fan de mi papá, de mi mamá y Chalino”, responde con alegría. “El Chalino me ha enseñado machín a sacar el coraje y la tristeza. También me inspira a elevar los tonos de mi voz, porque cantaba bien alto. También me gusta mucho Celso Piña: gracias a él agarré el acordeón”.
De pronto, la sonrisa se borra y Ángel se pone serio. “Hay muchos raperos que ya no me hablan ni me quieren, pero los sigo admirando mucho. No sé, a veces hay ídolos que te decepcionan y es gacho eso. Por eso cuido mucho a mis fans, a la gente que me quiere: procuro ser real con ellos. Igual con mi gente, mi familia, mi barrio. No quiero que se lleven una decepción de mí”.
A pesar de la pausa, recupera la alegría: “alguien que nunca me decepciona es Babo del Cartel de Santa. Lo respeto machín, me ha enseñado muchas cosas: cómo es el negocio, el hip-hop, a escribir rimas, alcanzar otros tonos. Primero fui amigo de todos los demás, y nunca me dejaron nada, pero siento chido que del Babo sigo aprendiendo y que de verdad me estima: gracias a él, la gente en Monterrey me quiere y me cuida. Él es mi mayor ejemplo en el rap mexicano”.
Más allá de su familia y amigos, le cuestiono por alguna admiración poco conocida. “Me gustan mucho Maná, Arjona y todo ese rollo”, dice. “No es que los escuche siempre, pero sería un sueño tener una canción con Maná o con alguien del pop. No sé, como que la gente no se imagina tanto eso, pero sería muy chido, pues”.
“Todos los valores que tengo son por mis papás y el barrio. Artísticamente, me dio el estilo: me visto como me visto y escucho lo que escucho, gracias al lugar donde crecí.”

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CONCLUSIÓN: EL SUEÑO DEL HÉROE
A lo largo de la plática, es fácil notar que Santa Fe Klan cumple perfectamente con los pilares que Goethals y Allison (mencionados en la introducción de este texto) señalan como esenciales para considerarlo un ídolo o un héroe: ahí están el valor, el talento y las virtudes como signo de su biografía, tanto personal como artística.
Sin embargo, más allá de teorías y conceptos, siempre está lo humano: ¿de qué manera quisiera ser recordado Ángel? “Como alguien normal”, responde sin pensar. “Una persona sencilla, respetuosa. Alguien que, por más humilde que sea y por más valores que tenga, cuando se meten con los suyos, siempre busca la justicia. No me gusta que se aprovechen de mi gente o de mí: siempre buscamos ser humildes, pero no por eso nos vamos a dejar. Me gusta cuidar a mi raza igual que un león: siempre tratando de ser líder, de procurar que todos estén bien”.
¿Y qué desea para él? ¿Con qué sueña el héroe? “Quiero que me escuche todo el mundo. Me estoy alistando para lo que viene, pues todavía no soy lo que voy a ser. Llevo cinco meses lejos de los vicios y así. Quiero entrenarme para que mi música no tarde en convertirse en todo lo que quiero, para que vean una evolución mía, nomás es darle tiempo al tiempo. Sueño con cosas muy grandes. A lo mejor me voy a vivir a la Luna o no sé. Siento que hay vida en otras partes, y me gustaría llegar hasta allá con mi música”. Y así, no queda duda: el ídolo se forma. El héroe se prepara para una nueva aventura.
Lleva la música como espada y el cariño de la gente como escudo. Nosotros, testigos del milagro, lloramos emocionados: el mundo vuelve a tener sentido. En Santa Fe Klan creemos. A Santa Fe Klan le rezamos.

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Israel Pompa-Alcalá es creyente de las causas perdidas, de ahí su oficio como escritor, locutor y sociólogo. Actualmente dirige Código 21, emisora digital de carácter público, cuya misión es impulsar los sonidos, ideas y voces ajenos a la corriente comercial o hegemónica. También se encuentra inmerso en la escritura de su primer libro, un ensayo crítico sobre la comedia en México. (Algunos) de sus ídolos están muertos y (algunos de) sus enemigos están en el poder.
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