Treinta años de COMME des GARÇONS Parfums
texto Enrique Giner de los Ríos
Conocí a Andrea a mis 25 años durante un viaje de trabajo en Nueva York. Un proyecto que no llegó a buen puerto. Durante esa estancia, una buena amiga me invitó a cenar a su casa; Andrea vivía con ella. Me gustó desde el primer instante, y al parecer fue mutuo, pues los días siguientes no nos despegamos ni un solo momento. Al lado de ella me sentía burdo, poco sutil, adolescente. Me daba una gran curiosidad su universo cromático; el eterno otoño, pensaba a mis adentros, la hojarasca. Se vestía en tonos marrones, como personaje de una película de Hal Ashby, lo cual contrastaba con algunos acentos irónicos —o de otro tipo de nostalgias—. Eso se traducía muy bien en la música que escuchaba: Cat Stevens, Peter, Paul and Mary y algo de folk psicodélico —el efecto era devastador en mí, al ser lo mismo que mis padres oían en mi infancia, antes de su divorcio—. Andrea, afortunadamente, omitía la trova cubana.
El olor en ella, y en su casa, tenía las mismas notas de ocaso: toques terrosos y de jengibre. Habíamos hecho muchos planes para vernos después de ese viaje, pero al poco tiempo de que estaba de vuelta en mi casa, ella comenzó una relación seria. Un par de años más tarde se casó, se fue a vivir a una ciudad más pequeña y tuvo un hijo.

Pasaron 15 años desde ese encuentro, y comenzamos a escribirnos y a tener videollamadas, donde nos contábamos nuestras vidas y recordábamos aquel viaje. Los dos confesamos nunca haber estado tan enamorados de otra persona como aquella vez, algo que pensábamos recurrentemente. El deseo comenzó a crecer durante los siguientes meses mientras soñábamos en todo tipo de salidas y soluciones para vernos y regresar a ese punto inicial de alguna manera. Después de meses de explorar alternativas, la lógica la obligó a rendirse y decidió enviarme como recuerdo un camisón sin lavar con el que había dormido el último mes.
El camisón era extremadamente largo, con un diseño divertido en bloques de color azul, blanco y rosa, con una frase enorme en una tipografía que recordaba a Gianfranco Ferré Studio. Me encantaba oler ese camisón; a los pocos días de que llegó por correo, empecé a dormir con él. En las noches lo pegaba a mi nariz como si fuera un trapo mojado en tíner. Era doloroso despedirse de él cada mañana.

Mi madre estaba de visita en la ciudad y se quedó unos días en mi casa; cortésmente le cedí mi habitación y me fui a dormir al estudio. La mañana siguiente, mientras preparaba el desayuno, apareció en la cocina con el camisón de Andrea. Le quedaba absurdamente grande. Decidió ignorar mi cara totalmente desfigurada y, después de darle un trago a su café, dijo: “No quise abrir mi maleta y me encontré con esta ridiculez de camisón en tu cuarto”.


Como parte de la celebración del 30 aniversario de COMME des GARÇONS Parfums, el artista Mauricio Guillén realiza un ensayo visual inspirado en Ouarzazate, perfume de la colección Incense Series 3, que toma su nombre de esta pequeña ciudad de Marruecos, al sur del monte Atlas, conocida también como “La puerta al desierto”.
La mente del pintor y poeta —entre muchos otros atributos— Brion Gysin, que pasó una buena temporada de su vida en esa región, donde hizo una buena amistad con William Burroughs, así como la magia y misticismo del lugar, son el punto de partida para esta cuidadosa selección de Guillén.
El aroma ausente, de Enrique Giner de los Ríos, es una carta de amor y una excusa para conmemorar a la gran casa japonesa que, desde 1994, entre ediciones especiales y reediciones, con innumerables colaboraciones y un diseño desafiante para el mundo de la perfumería, ha creado 122 perfumes.


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