La rueda de prensa de la 13ª edición de Salón ACME, dejó ver a un proyecto consciente de su propio peso: años de historia, decisiones acumuladas y una voluntad clara de seguir sosteniéndose sin perder su pulso autogestivo. Desde Casa Margarita —activada como extensión del salón—, la conversación se movió del “qué viene” al “cómo continuar”, reafirmando esa tensión entre urgencia y permanencia que ha definido a ACME desde su origen.

Ana María Sánchez , directora de Proyectos Públicos, insistió en una de las claves de esta edición: ACME ya no se recorre desde un solo punto. La feria se extiende a los distintos recintos de Proyectos Públicos mediante la colaboración con Local MX, reforzando una idea constante: perder la linealidad para asumir el movimiento como parte activa de la lectura del arte contemporáneo.
En ese mismo tono, Ana Castilla, directora de Salón ACME, habló de esta edición como el resultado de un ajuste prolongado, subrayando la responsabilidad de una convocatoria abierta: como una forma de interpretar el presente. Álvaro Ugarte, cofundador del Salón —una de las secciones que tendrá ACME como parte de la extensión para este año—, reforzó esa idea desde la experiencia: ACME no opera como un punto de referencia, sino como una plataforma que acompaña trayectorias. Emerger, aquí, no es llegar, es empezar a circular sin quedar fijado.

La elección de Puebla como Estado invitado condensa esta forma de operar, planteada como un ejercicio de inmersión directa en la escena local. Lo relevante no es sólo traer a Puebla, sino permitir que la muestra continúe, se transforme y regrese a su territorio. Incorporando a estudiantes de la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP), la apuesta es permitir que el proyecto tenga consecuencias fuera de su propio calendario.
Bodega —otra de las extensiones de la feria— aparece como el contrapeso necesario: el tema ‘La Noche’ se plantea como un tiempo donde la percepción se afloja, los vínculos se desplazan y la experiencia pesa más. En medio de un ecosistema saturado de discursos curatoriales, la apuesta es precisa: dejar que el contexto haga el trabajo.
Algo similar ocurre con Offsite. Sebastián Vizcaíno, cofundador del Salón, formuló la sección desde el cuestionamiento: ¿qué pasa cuando ACME sale del recinto y se incrusta en la ciudad?
La intervención de Julieta Gil en la Torre BBVA —un video sobre memoria y tecnologías de almacenamiento—, opera desde ahí: una imagen íntima insertada en un paisaje corporativo, visible incluso para quienes nunca cruzan la feria.

La conversación derivó hacia una inquietud más profunda: la desconfianza creciente en las instituciones culturales. Al hablar del International Visitors Program —en colaboración con Material Art Fair— Ana Castilla desplazó la problemática: “Las carencias actuales no son materiales, sino de formación: pensar que el arte es para cierto público, que sólo los coleccionistas pueden ser ricos, son carencias ideológicas que desde Salón ACME tratamos de decir ‘no va por ahí’”.
Hacia el cierre, apareció una de las tensiones más reveladoras de la edición: no tanto lo que domina la convocatoria, sino lo que cuesta nombrar. Se repiten preocupaciones sobre trabajo, territorio, espiritualidad, medio ambiente y futuros posibles, un mapa de inquietudes internas que habla de cómo hoy se habita la práctica artística.
Sin embargo, Zazil Barba, cofundadora de Salón, señaló una ausencia incómoda: frente a un contexto global cada vez más incierto, muchas obras rodean el conflicto en lugar de enfrentarlo, porque el presente resulta difícil de procesar. El arte parece buscar refugio en lo onírico, el humor o lo personal como formas indirectas de posicionamiento. El papel de ACME consiste en abrir un espacio donde la incomodidad pueda existir, incluso cuando no es fácil de digerir.
Frente al récord de afluencia del año pasado, Zazil fue clara: ACME no busca crecer por acumulación, asumir ese límite también es una decisión curatorial. Insistir a la audiencia “compren en preventa y lleguen temprano”, opera como recordatorio de si hay expansión, será por otros brazos y en otros tiempos, sin inflar el ritual de febrero.

Así, Salón ACME No.13 se afirma como un proyecto que asume sus tensiones y trabaja desde ellas. En una Semana del Arte cada vez más homogénea, ACME insiste —a contracorriente— en algo más simple y más difícil: que las decisiones importen más que la agenda.
Esta edición se despliega más allá de un sólo recinto, activando distintos espacios de Proyectos Públicos y extendiendo su programación hacia la ciudad. El proyecto integra conversaciones públicas, secciones curatoriales y el International Visitors Program en colaboración con Feria Material.
Del 5 al 8 de febrero de 2026 en Proyectos Públicos (General Prim 30–32, Col. Juárez, CDMX)
Más información, horarios y accesos: salonacme.com @salonacme
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