Érika

No perdonamos ni olvidamos

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texto Ari Delat
fotografía María Paula Martínez Jáuregui

Érika Martínez es una activista feminista, defensora de los derechos humanos, de 42 años. Su lucha empezó el 2 de noviembre de 2017: el día en que su hija de siete años fue abusada sexualmente. Hoy enfrenta cargos por la toma de un edificio público: la CNDH (Comisión Nacional de los Derechos Humanos, en la Ciudad de México) como parte de la colectiva Bloque Negro.

 

Después de tres años de perderlo todo, de arriesgar su vida —y la de sus hijas—, Érika no piensa ni quiere detenerse; es resiliente, arrojada y habla con firmeza. Su causa es colectiva, su batalla es una con la que lidia desde lo más profundo de su ser, pero que lleva a las calles, a las protestas y a la denuncia pública. Ésta es su historia.

Ari Delat (AD): Érika, me gustaría saber cómo te integraste al movimiento feminista.

 

Érika Martínez (EM): Empecé con esta lucha a partir del acontecimiento que vivió mi hija, que fue abusada sexualmente a los siete años; su agresor tenía 43. Eso fue hace tres años. Desde ahí todo ha sido muy complicado. Para empezar, para vincular la carpeta de investigación tardé dos años. Cuando iba a cumplir un año más sin recibir respuesta, algunas muchachas del Bloque Negro tomamos la CNDH [Comisión Nacional de Derechos Humanos] en República de Cuba 70, Ciudad de México, pues ahí estaba Rosario Piedra, la directora general.

 

Tomamos ese lugar no solamente como acto político, sino también como refugio, porque después de que presenté la denuncia por el abuso sexual de mi hija, fuimos despojadas del domicilio por parte de la familia del violentador y nos quedamos sin hogar. De ese entonces para acá no se trató solamente de mi lucha; tomé otros casos, acompañando a otras mujeres que se encontraban en situación de calle o en necesidad por violencia familiar y abuso sexual.

 

AD: ¿Cómo y cuándo tomaron el edificio?

 

EM: Fue el 3 de septiembre de 2020 en apoyo a Marcela Alemán, de San Luis Potosí, quien sufrió un caso similar al mío: violación y trata infantil por parte de unos profesores de la escuela de su hija, quien fue abusada a los cinco años. Ella se retiró, pero nosotras nos quedamos ahí en protesta. Al día siguiente hicimos un pliego petitorio y entramos a la CNDH. Por medio de redes sociales invitamos a otras colectivas a resguardar el edificio, y así fueron llegando diferentes chicas, con y sin colectiva, que estaban de acuerdo con lo que estábamos haciendo.

 

Tomamos la fiscalía para exigir justicia, que nuestros casos fueran atendidos en tiempo y forma, que no queden impunes, y que las diferentes autoridades empezaran a actuar para erradicar la violencia en contra de las mujeres y las y los niños en todo el país.

 

AD: ¿Cómo era tu vida antes del 2 de noviembre de 2017?

 

EM: Era común y corriente. Tengo una carrera en Enfermería, y trabajaba como cajera.

 

Me gusta mucho leer, y es un hábito que fomenté en mis hijos. Soy madre separada, siempre he estado sola, y quería tener una pareja, porque fuimos educadas para siempre buscar una, aunque ahora entiendo que no es necesario. Tuve que recibir muchos golpes para entenderlo. En 2017 vivíamos en un terreno que le pertenecía a la abuelita de quien era mi pareja en ese entonces.

 

Desde niña he sufrido mucha violencia. También abuso sexual, pero mi mamá no me creyó ni me defendió. Ahora tengo la opción de creerle y defender a mi hija. No me gustaría que ninguna otra mujer tuviera que pasar por lo mismo, y no nos queda más que defender- nos entre nosotras. Por eso tuve tanta fuerza para defender esta lucha, para que no exista mujer que no sea escuchada, a quien no se le crea.

 

AD: ¿Cómo fue tu vida y la de tu niña después de esa fecha?

 

EM: Después de un abuso pierdes tu vida, las ganas de seguir, te sientes mal al salir, sientes culpa si te la pasas bien. Incluso la gente empieza a culparte a ti por el abuso: ¿dónde andabas? ¿Y por qué tan tarde? Cuando fuimos a denunciar el caso de mi hija, lo primero que me preguntaron en el Ministerio Público fue: “¿y usted dónde estaba?” Como si yo lo hubiera podido evitar.

 

A mi niña le encantaba leer, pero ya no lo hace, porque el día que fue abusada sexualmente, ella le estaba leyendo La fórmula del Doctor Funes a su abusador, el hermano de mi pareja en ese entonces. Después, dejó de leer.

 

Después del despojo, no volvimos a tener una casa, la tuve que cambiar de escuela cinco veces en un año, lo que también fue muy difícil para ella. Después del abuso, mi pareja me apoyó. Decidimos denunciar al abusador, quien se fue del terreno luego de lo que pasó. Pero un día volvió, me golpeó y nos despojó de nuestro hogar. Lo denuncié de nuevo. De un día para otro nos encontramos en la calle, mi ex pareja, mis hijos y yo.

 

“Tomamos ese lugar no solamente como acto político, también como refugio, porque después de que presenté la denuncia por el abuso sexual de mi hija, fuimos despojadas del domicilio por parte de la familia del violentador y nos quedamos sin hogar”.

 

Para leer la entrevista completa con Érika Martínez, suscríbete aquí.

 

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