En busca de aquel Norte: Julieta Venegas

Un encuentro con la raíz...

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texto Israel Pompa-Alcalá
fotografía Ricardo Ramos
estilismo Gustavo Garcia-Villa
maquillaje Ossiel Ramos
pelo Octavio León usando Dyson MX
asistente de fotografía Marcos Meza
asistente de estilismo Susan Ades
retoque digital Ismael Villar
equipo de iluminación Spora Rentals

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Hay vidas que se cuentan de manera lineal: nacimiento desarrollo fin. Pero hay otras que, por extraordinarias, hay que recorrerlas como si fueran mapas, pues están cargadas de representaciones, simbolismos, lugares y, por supuesto, de norte: herramienta vital de la cartografía que nos permite entender su tamaño. Ése es el caso de Julieta Venegas, quien con Norteña (el disco) nos lleva a conocer su viaje más importante: el de la raíz.

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CIUDAD DE MÉXICO

 

Son las 11:45 de la mañana al sur (comercial) de la capital y mis nervios contrastan con la tranquilidad que suele reinar en el centro (cultural) de Coyoacán. Estoy a pocos minutos de encontrarme con Julieta Venegas, ídolo (multi) generacional y figura clave para la cultura mexicana contemporánea.

 

Con el pasar de los minutos, llega la hora pactada para la charla. Toco el timbre del lugar donde platicaremos, pero nadie responde. Los nervios aumentan. Insisto con el botón y nada. Los nervios se vuelven pánico. Como todo buen viaje, algo no ha salido como debía: confusión con las citas, los lugares, las direcciones. Por fortuna, siempre están los mapas: el primero, en forma humana, me dice: hubo un error, no va a ser ahí, será en otro lugar. Luego el digital: marco la instrucción en el teléfono y la pantalla dice que estoy a 15 minutos caminando. Allá vamos.

 

Hay algo en la topografía de Coyoacán que siempre me ha dado paz: no sé si son sus callecitas estrechas, los trazos aleatorios o el piso empedrado, pero aprendo de mis pasos: la caminata me relaja y voy más suelto, dispuesto a la simple aventura de la conversación.

 

TIJUANA

 

Aunque estamos sentados en un jardín de Coyoacán, la geografía de nuestra plática se mueve al norte del país. Como dictan los cánones, hay que empezar por el principio: Norteña.

 

“Ésta es una obra que quería hacer desde hace mucho”, me cuenta Julieta con ese tono que la caracteriza: habla rápido, pero no por ello brusco; hay un ritmo particular en su cantadito norteño, al cual se le atraviesan modismos de Argentina. “¿Viste que en la pandemia todos tomamos talleres de escritura? ¿De escritura del yo?”, confiesa mientras suelta una carcajada. “Bueno, al principio pensaba: qué flojera hacer memoria, lo que quiero es hacer un disco. Pero cuando empecé a componerlo, me di cuenta de que estaba muy conectado a Tijuana: llevo dos años leyendo sobre historia de Baja California, escritores como Rosina Conde, Luis Humberto Crosthwaite, Heriberto Yépez… estaba inmersa en el lugar”.

 

Y continúa: “entonces pensé en un proyecto conjunto. Por un lado está el disco: siempre soñé con hacer música norteña, popular, pero adaptada a mi estilo. Siento que lo que hago es también música popular, pero quería algo como lo que escucha mi mamá: Bronco, Los Tigres, esos artistas que, lugar al que vas, todo mundo los canta; como Juan Gabriel, José Alfredo, no sé. Pensaba: ¿cómo homenajear ese espíritu? Si soy sincera, sólo hay una respuesta: estoy haciendo este disco porque amo mucho mi ciudad”.

 

Mientras sigamos buscando salidas en la creatividad o el arte, podremos encontrar formas de conectarnos.

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LOS MUCHOS NORTES

 

En 1943, el artista uruguayo Joaquín Torres García dio vida al mapa América invertida, imagen que reinterpreta la orientación estándar de Sudamérica, al colocar el polo sur en la parte superior del mapa que todos conocemos.

 

Ese simple cambio de orden, nos entrega una idea poderosísima: el Norte (como guía, como eje, como espacio simbólico) puede estar donde uno quiera. Al preguntarle por todo lo que puede significar el Norte, Julieta comenta: “es real hay muchos nortes. Quizá el disco debió llamarse Norestina para ser más preciso”, bromea al respecto. Y sigue: “obviamente hay cosas muy particulares en cada región. Por ejemplo, crecí entre dos lenguas: para nosotros era más fácil ver la tele de Estados Unidos que la mexicana, porque la señal era mejor. Así aprendimos a hablar inglés. Pero también había una resistencia: me acuerdo de que mi papá decía ay, esas gringadas con mucho recelo; entonces vives entre dos mundos, dos tipos de norte”.

 

“También está la cosa de que Tijuana es frontera, eso le da mucho vértigo, no se detiene nunca: siempre hay movimiento, mucha gente, mucho tráfico, más cultura, más ebullición. Tijuana ha crecido mucho: están pasando cosas increíbles en las artes plásticas, la literatura. Lo malo es que no hay intercambio con lugares como la Ciudad de México, porque justamente nos ven como algo lejano, muy al norte. El otro día vi que a Crosthwaite ya lo editan en DeBolsillo, o sea, ya lo puedes encontrar en casi cualquier lugar, pero para leer a otros autores de Tijuana hay que ir a las librerías de viejo o especializadas. Siempre es más difícil, por eso persiste la idea de que, siendo del norte, o te tienes que autoeditar o mudarte a la Ciudad”, agrega.

 

“Recuerdo que cuando llegué a la Ciudad, siempre me sentí diferente, y creo que apenas estoy entendiendo por qué. Me gusta estar aquí, pero a la vez amo cargar la bandera de ser norteña”, finaliza con una sonrisa.

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BUENOS AIRES

 

Subvertido nuestro concepto de norte, es inevitable revisar otra región en el mapa de Julieta Venegas: su vida en Argentina. “Siendo de Tijuana, quizá lo obvio hubiera sido ir más al norte, pero siento un fuerte arraigo con lo latino.

 

Siempre me sentí atraída por Buenos Aires, sobre todo por la influencia de Charly García, quien me generó una epifanía total: cuando descubrí su música, me voló la cabeza ver a un pianista que no tocaba canciones melódicas, sino rock. Además me parece el mejor letrista del mundo, es increíble. Creo que me mudé a Argentina por Charly”, concluye mientras suelta otra risa.

 

“Cuando decidí irme a Buenos Aires”, platica emocionada, “me atrapó el hambre de cultura que tiene la ciudad. Hay una actividad cultural muy fuerte: tienen cine, teatro, literatura (¿viste que está lleno de librerías?). Es una explosión de curiosidad que está muy a tono conmigo. Por ejemplo, en Argentina me aventé a hacer teatro: yo que no actúo ni nada, monté un monólogo. Estar lejos de tu lugar de origen, también abre las puertas para experimentar, probar otras cosas”.

 

Pero el Norte siempre llama. “Estuve varios años allá, pero de pronto fue como ah, mi ciudad, mi país, de dónde saco la comida, la música, etcétera. Fue un sentimiento que se fue alimentando, y creo que por eso mi nuevo disco está tan arraigado a Tijuana: es parte de haber vivido lejos, una cosa de añoranza, de querer volver a conectar, de sentir nuevamente el vértigo de estar de vuelta, el reencuentro con México”.

 

EL ETERNO RETORNO

 

Nuestro viaje pega una vuelta en u para platicar de “Tiempos dorados”, primer sencillo de Norteña, donde Julieta reflexiona sobre la memoria, sus ilusiones y sus trampas. “Según yo nunca he sido muy nostálgica, a pesar de lo que te acabo de contar”, confiesa, “pero estaba esa idea en el aire: volver a conocerme a mí misma desde el origen”.

 

“La canción nació cuando estaba en Buenos Aires. Mi amigo, David Aguilar, se fue un rato para allá y nos juntamos a componer. Él también es del Norte, pero de Culiacán, así que fuimos acercándonos a ese sonido. Cuando acabamos, dije ¡claro, esto es: mi disco norteño! y de inmediato surgió la idea de tener muchos duetos, pero reales, no featurings: todas las canciones a dos voces tienen un diálogo, están escritas así. Para mí era importante eso: pensar con quién quería platicar en mi regreso a México”.

 

Además de encontrar su norte temático, “Tiempos dorados” marcó una guía sonora: “es una canción que tiene elementos del norteño, pero con una estética particular. Hay gente que escucha la canción y dice: ah, la Julieta Tumbada o Julieta Bélica, cosa que me divierte mucho, pero siento que estoy alejada de eso, sobre todo por la temática de las letras: acá hablo mucho de los recuerdos, pero también de que eso construye ciertas idealizaciones”.

 

Tocado el tema de la Julieta Bélica, le pregunto sobre el corrido tumbado, a lo que responde: “es muy interesante, porque tiene una estética particular. Por ejemplo, está el requinto de guitarra y el bajo slapeado (técnica donde, en vez de tocar las cuerdas, se golpean con el dedo pulgar, nota del autor), que, por cierto, tengo una teoría de por qué lo tocan así: al ser chavos que viven cerca de Estados Unidos, como que fue fácil pasarse de los Chili Peppers al norteño. Entonces me parecen ejercicios muy valiosos de la fusión, de la narrativa. Incluso hay artistas jóvenes que no se consideran corrido tumbado, pero lo hacen. Renuevan el sonido. Es un movimiento muy valioso para darle nuevas salidas a la música norteña”.

 

Sin embargo, su búsqueda era otra: “yo no quería ese sonido, sino uno más tradicional, más hacia la polka, Los Tigres, incluso algo de banda, pero no todo, sino los arreglos de viento. Estamos por empezar la gira del disco y vamos a tener un cuarteto de vientos, lo cual me emociona mucho. Por ejemplo, el sonido de la tuba para mí es hogar y fiesta. Desde que hice el unplugged hace no sé cuánto, no había usado un cuarteto de vientos, así que también estoy reconectando con eso”.

 

Con el rumbo trazado, Norteña cobró sentido: “luego de terminar “Tiempos dorados”, dije: es momento de cumplir sueños. Tenía ganas de hacer el disco en El Ganzo, un estudio que está en Los Cabos. Quería grabar ahí y empezar ese acercamiento con mi tierra. Entonces hicimos preproducción y ahí se juntaron todos los elementos que quería. Por ejemplo, llegó Gaby, una requintista de La Paz que conocí por redes y siempre habíamos platicado de hacer algo juntas. Fue un proceso largo: pasé años pensando en cada uno de los pasos que quería dar”, relata Julieta.

 

De pronto su cara se ilumina, como si un chispazo de recuerdo le hubiera golpeado el corazón: “¡de hecho me acabo de acordar de algo muy padre! Me voy a regresar mucho, pero en la pandemia, antes de escribir “Tiempos dorados”, empecé a hacer una canción que se llama “Volver a ti”. Cuando la estaba escribiendo, pensaba: sería increíble cantarla con Bronco para mi disco norteño”. Y continúa: “es una canción que, a diferencia de otras, no me soltaba, pero tampoco podía terminar.

 

Un día, me encontré a Bronco en un festival, y le dije a Lupe, su vocalista, que tenía la canción. Entonces él me dijo: pues sí, la armamos, mándamela, y sólo le respondí: sí, nomás deja que la termine. Entonces ahí pensé: listo, ya tengo el empuje para acabarla. Luego de grabar “Tiempos dorados”, el siguiente paso fue cumplir el sueño de tener a Bronco”.

 

Benito me fascina porque se sale de todo lo que soy, porque sí, es reguetón y eso es un ritmo, un estilo, pero ¿qué es todo lo que nos está contando, lo que narra?

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LA MÚSICA COMO TERRITORIO

 

Julieta Venegas es una exploradora. Además de colaborar con Bronco, la cantautora ha participado en discos de artistas tan aparentemente disímbolos como Bad Bunny (sin duda el artista latino más mediático de la actualidad) y Belafonte Sensacional (banda alternativa, casi de culto, originaria de la Ciudad de México). Aunque a lo largo de la charla ha confesado su espíritu curioso, le pido que me platique sobre su acercamiento a la música, es decir, cómo decide llevar a cabo ciertos proyectos.

 

“Mi reacción a la música es espontánea”, responde directa. “Si me invitan a hacer algo, de inmediato sé si lo quiero hacer o no. Nunca lo medito mucho, no pienso en estrategias ni nada, eso me vale. Lo importante para mí es sentir una conexión natural con esa banda o artista. Hay veces que esa empatía creativa y musical no se da, entonces simplemente agradezco la invitación, pero no lo hago”.

 

“Me encanta participar en distintos proyectos porque es como un taller de escritura de canciones: lo veo como un ejercicio de adaptación. Por ejemplo, cuando me llamó Tainy, me encantó que me dijera: tengo esta canción con Benito, lo que quiero es que tú le respondas. Entonces no fue como de canta esto, sino que me dejó ser libre y escribir lo que me naciera. Fue muy generoso de su parte, y desde ahí viene la afinidad: de un lugar genuino, de hacer una mezcla de géneros o estilos”.

 

A lo anterior, suma: “considero que también es importante olvidarse de los géneros, porque al final la historia y la canción son lo importante. A mí Benito me fascina porque se sale de todo lo que soy, porque sí, es reguetón y eso es un ritmo, un estilo, pero ¿qué es todo lo que nos está contando, lo que narra? Recuerdo que cuando me llamaron para hacer “Lo siento, BB”, llevaba como un año escuchándolo y a veces me sonrojaba, ¿ya sabes? Cuando decía algo fuerte en su música sólo respondía ¡ay, Benito!, toda espantada, pero eso me divertía mucho. Me atraen mundos que no conozco, hay que estar siempre abiertos a nuevas cosas”.

 

Y finaliza: “procuro estar escuchando nuevas cosas, ver quién está haciendo qué, es parte de mi personalidad, no lo hago como obligación, simplemente es algo que me gusta: cuando algo me llama la atención, no puedo evitar seguirlo. Todo lo nuevo que escucho y leo, me motiva creativamente”.

 

LOS ESPACIOS DIGITALES

 

Uno de los viajes inesperados para Julieta ha sido el de la viralidad: sus canciones se han convertido en trends de TikTok y hasta cábala para el Cruz Azul. Cuando le pregunto sobre los espacios digitales, me dice: “así como hay música nueva, también hay nuevas formas de comunicación. Me encanta que son lugares espontáneos, donde la gente toma una canción y la convierte en algo con sentido para ellos. Se me hace bonito que me escuche gente más joven. O sea, no pienso en ello todo el tiempo, pero de pronto me cacho diciendo wow, qué loco cómo la música tiene su propio camino. Eso tiene que ver un poco con la caída del monopolio tradicional: ya no existen las imposiciones de la radio o las disqueras, sino que ahora se pueden encontrar cosas infinitas en todos lados”.

 

“Tengo una hija de 15 años, y es muy loca la manera en que descubre música, que a veces es hasta por memes, es realmente alucinante. He llegado a música muy random porque alguien pone un video de YouTube. Es una nueva manera de llegar a lugares que de otra manera no podríamos”.

 

A pesar de lo anterior (y de que Julieta es una de las personalidades más queridas en el terreno de la web), la artista también encuentra puntos de complejidad en el universo digital. “La polarización de la opinión es uno de los efectos negativos de las redes sociales. La gente tiene esta necesidad de expresar su opinión porque parece que es lo que hay que hacer para mantenerse presente, pero no estoy de acuerdo. Estamos en una forma viciada de poner nuestra voz en lo digital, cuando hay otros espacios para dialogar. Nada se resuelve con lo que digas o no digas en redes: vivimos en nichos que nos van separando, sólo vemos opiniones como las nuestras, y cuando salimos al mundo, la sorpresa es muy fuerte, pues nada es como lo pensamos, la realidad es otra cosa”.

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EL ARTE Y LA GENTE: ESAS TIERRAS PROMETIDAS

 

Ante este escenario, me resulta inevitable preguntarle si cree que el arte puede ser la posibilidad de algo distinto, ese otro lugar para alimentar el diálogo. “A lo mejor soy una idealista”, responde, “pero sí creo que la música y el arte en general significan un respiro, es decir, son espacios para identificarnos con algo que no sea conflicto o lo ajeno. La manera en que percibimos el mundo depende mucho del arte en todas sus formas, por el simple hecho de que nos muestra cosas distintas. Creo que el mero hecho de pararte frente a una obra es súper importante, porque es diálogo entre personas. Necesitamos esos puntos de encuentro. Cuando ocurrió la pandemia, una de las cosas que más extrañaba era encontrarme con la gente para cantar la misma canción, sin tener que pensar en si estamos de acuerdo en las mismas ideas u opiniones: ahí, todos juntos, generamos algo que cambia nuestra visión y nos pone en otro estado con las personas que nos rodean”.

 

Sus palabras me llevan a decir: ¿en qué cree Julieta Venegas? “Sigo creyendo en las personas, la verdad”, dice casi en automático. “Creo que mientras sigamos buscando salidas en la creatividad o el arte, podremos encontrar formas de conectarnos, de ver las cosas como otras personas. Cuando le entramos a una obra de lo que sea, algo en nosotros se puede mover o sacudir. Desde ese lugar, tengo la esperanza de que podemos salir adelante. Si nos fijamos sólo en las tres o cuatro figuras que dan mucha negatividad y toxicidad al mundo actualmente, nuestra visión se limita: tenemos que abrirnos porque justo quienes mueven los hilos ahorita, han llevado a la gente a dejar de creer, les han convencido que existe un único camino, así que nos toca hacer lo mejor que podamos. No creo que sólo conociendo todo lo que pasa en el mundo al mismo tiempo, podamos cambiar algo. O sea, podemos gritar y quejarnos, pero no podemos quedarnos ahí: hay que tratar de trabajar con la gente que tenemos cerca”.

 

LOS SÍMBOLOS

 

A punto de cerrar nuestra conversación, le pregunto por el eje de este número de 192: los héroes y heroínas, esas personalidades o símbolos que son nuestro propio norte. Cuando hablamos de música, menciona, además de Charly, a Juan Gabriel: “cuando escuchas ‘Querida’, dices wow, esto es pura emoción. Es impresionante saber que en México no hay una sola persona que no se sepa una rola de Juanga”. Y rememora: “cuando empezaba a hacer música, estaban presentes Suzanne Vega o Sinead O’Connor, que hacían canciones que vivían en sus propios mundos. Pero no me quedé ahí realmente, siempre trato de moverme: últimamente me parece super interesante gente como FKA Twigs, Juana Molina o Mabe Fratti, ellas me encantan.

 

Respecto a su (conocida) pasión por los libros, dice: “obvio hay muchos libros que me han marcado, pero el primero que me atrapó al 100 fue Jane Eyre de Charlotte Brontë. Cuando leí a sus personajes dije: soy yo. Es la primera vez que sentí esa cosa mágica que se te clava y te identificas”. Luego añade: “en términos de algo más humanista, creo que uno de los libros más lindos que he leído es Vida y destino de Vasili Grossman, quien cuenta una historia de la Segunda Guerra Mundial, pero no desde la grandilocuencia, sino a través de las charlas que tienen dos soldados, una mujer con su hijo, ¿sabes? Gente en el tren aterrorizada. Se mete al detalle y eso me conmueve mucho”.

 

Mi nuevo disco está muy arraigado a Tijuana: es parte de haber vivido lejos, una cosa de añoranza, de querer volver a conectar, de sentir nuevamente el vértigo de estar de vuelta, el reencuentro con México.

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JULIETA VENEGAS: UN MAPA

 

De vuelta a la realidad, pauso la grabadora, agradezco el tiempo y salimos del lugar. Camino unos metros por las calles empedradas de Coyoacán junto a Julieta, quien se dirige hacia su auto. Aprovecho para preguntarle, más en confianza, sobre su discografía y la manera en que le gustaría ser recordada. “La verdad no pienso mucho en eso. Mis discos los pienso más como fotos, ¿viste? No me clavo en ellos, sólo es como cuando miras un retrato de otra época y dices: ay, me veía mejor así o qué onda con ese pelo. Tampoco me preocupa el legado. Sólo espero que la música me sobreviva”.

 

Nos despedimos. Otra vez camino solo, ya sin nervios: sólo una sonrisa y la emoción que queda tras haber platicado con una auténtica ídola (mía y de todos). Entonces pienso: Julieta Venegas no es una artista lineal, es un mapa que se expande, que cambia territorios, que abandera identidades y que juega con las fronteras.

 

En Julieta, el Norte no está arriba: está dentro, en la creatividad, el corazón y lo humano. ¿Y qué no es eso lo que todos queremos cuando emprendemos un viaje?

 

Espero que hayan disfrutado el recorrido.

 

No pienso en cómo me gustaría ser recordada. Tampoco me preocupa el legado. Sólo espero que la música me sobreviva.

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DE VIAJE CON LA NORTEÑA

 

Sobre algunas canciones de su nuevo álbum, Norteña. Todo con tal de guiarnos por este viaje musical.

 

“LEYENDAS DE TIJUANA”

 

Me inspiré en la época de la Segunda Guerra Mundial, cuando empezó a caer mucha gente a Tijuana y se convirtió en una especie de refugio-cabaret. Rita Hayworth (actriz, bailarina y pin-up estadounidense de los años 40) en realidad se llamaba Margarita Cancino, ella debutó en un lugar llamado Agua Caliente en Tijuana. Quise retratar esa época, súper glamorosa, de cuando Orson Welles venía acá a echar la fiesta, pero contrastando al mismo tiempo con esta “leyenda negra” de Tijuana como un lugar de “perdición”. Junté ambas cosas para contar mi propia leyenda de Tijuana.

 

“TENGO QUE CONTARTE”

 

Es un dueto con Natalia Lafourcade. Me encanta porque Natalia estaba en pleno embarazo, entonces su voz tiene un tono muy particular. La intención era que todos los instrumentos se sintieran vivos, por eso grabamos por secciones: los vientos juntos, la base junta, etcétera. La idea era crear una balada norteña muy cantinera, para cantar con las amigas y saber que nos acompañamos en todo momento.

 

“LA LÍNEA”

 

Aquí el ritmo es más lento y contemplativo, pues traté de ponerme en el papel de una persona deportada, separada de la gente que ama. Es una temática bastante triste, pero que me interesaba abordar, pues también es parte de las dinámicas que nos tocan cuando vivimos al norte y la frontera.

 

“VOLVER A TI”

 

Luego de la canción anterior, tenía que seguir con esta para subir el ánimo. Es la composición que hice pensando en Bronco como invitados y que tenía en el cajón desde 2020. Además de contar con la voz de Lupe, los Bronco metieron percusiones, sintes, etc. No estoy 100% segura de que el bajo lo haya grabado Lupe, pero quiero pensar que sí. Es la favorita de mi mamá, así que la amo.

 

“CALLARON LAS CANCIONES”

 

Este es un cambio de mood total, y sirve, de cierta manera, para cerrar el “primer lado” del disco, si lo pensamos como un álbum de dos caras. Se la escribí a una amiga que falleció. Ella trabajaba en cine y le quise hacer un homenaje. Tiene un arreglo de cuerdas que hizo Pedro Neto, músico argentino con quien trabajé en el proyecto sinfónico que realicé recientemente. La idea es que el sonido evoque mucho las imágenes, justo como en el cine.

 

“TE CELEBRAMOS”

 

Esta la escribí para mi papá. Cuando cumplió 80, me dijo: “¿me puedes escribir una canción?”. En ella hablo de su oficio de fotógrafo y de cómo todo mundo lo conoce en Tijuana. Ahora tiene 82 años y me da gusto que la pueda escuchar como parte de un disco dedicado a nuestra tierra.

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Israel Pompa-Alcalá es escritor, músico, locutor y sociólogo. Dedica su vida a la radio y a escribir. Cree en poquitas cosas, pero todas con mucho corazón: las letras, el sonido, el universo, su sobrino, en el Manchester United y los Knicks de Nueva York (prueba irrefutable de que es un hombre de fe). Actualmente conduce el programa Apocalypso en Código 21 (lunes a viernes, 6 pm) e intenta escribir su primer libro.


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