La revolución permanente de Pedro Reyes

Artículo publicado en nuestra edición de sexto aniversario Ago - Sep 2014

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texto Luis Rosales
imágenes Museo Jumex

Hablar de ciertas ideas y conceptos revolucionarios ha sido un verdadero desafío para los pensadores de todos los tiempos. El obstáculo, aprender a proponer de tal forma que el público acepte los planteamientos e incluso los adopte como propios. Para ello, se ha hecho uso de toda clase de artilugios, desde enciclopedias hasta complejos sitios web que promueven la divulgación de ideas de vanguardia. En medio de esta guerrilla, Pedro Reyes propone una puesta en escena con marionetas para difundir un mensaje muy claro: la continuidad de los cuestionamientos, la permanencia de la revolución.

 

artículo publicado en nuestra edición de sexto aniversario Ago – Sep 2014

 

Por cuatro semanas, durante los meses de mayo y junio de 2014, la Galería 1 del Museo Jumex fue anfitriona de La revolución permanente, una inusual obra de teatro presentada por el arquitecto y artista mexicano Pedro Reyes (1972). Se trata de una puesta en escena que involucra a más de 25 personajes, todos ellos representados por marionetas realizadas por Takumi Ota. La ejecución estuvo a cargo de nueve titiriteros, quienes, durante casi una hora, se encargaron de dar vida a algunos de los personajes más relevantes de la historia, todos con el común denominador de haber contribuido con ideas [quizá] muy revolucionarias para su tiempo. Desde Vladimir Lenin, Adam Smith y Karl Marx, hasta Steve Jobs y Julian Assange, pasando por Stalin, Ford, Diego Rivera, Frida Kahlo, el Che Guevara y Mao Zedong, entre otros, los protagonistas de La revolución permanente reúnen todas las características necesarias para conformar esta “comedia de enredos ideológicos”, como se autodenomina la obra.

 

La trama se desarrolla alrededor de una problemática recurrente en la obra de Reyes: la desaparición de las bibliotecas. En un intento desesperado, tres niños, hacen uso de todo tipo de recursos para conseguir que no se construya una megatorre —con centro comercial y acuario subterráneo incluidos— en el lugar que actualmente ocupa su biblioteca favorita. La complicación llega cuando los personajes históricos intervienen para revivir una legendaria batalla entre el comunismo y el capitalismo. Podemos decir que la obra en general está muy aterrizada, con diálogos que caen un par de ocasiones en lugares algo comunes y bromas que involucran al Chicharito. ¿Y cuál es la intención de hacer esto? Acercar estos cuestionamientos al público en general y eliminar el carácter intelectual, elitista, que normalmente se asocia con los planteamientos revolucionarios.

 

El mundo actual es un campo de batalla, en todos los medios abundan los ejemplos que evidencian el fracaso del sistema que nos rige, a tal grado que resulta imposible mirar de lado en cuanto a injusticia social se refiere. En palabras de Mili, una de las protagonistas de 13 años: “Continúa latente la necesidad de un modelo social y económico más apropiado para este espacio y esta era”. En esta ocasión, Pedro evoca algunos ideales —por los cuales lucharon los personajes ya mencionados— que siguen vigentes a pesar de haber sido planteados hace tanto tiempo, pero siempre con el rumbo claro y recordando cómo la historia se ha encargado de demostrar que cualquier ideología, llevada al extremo, resulta catastrófica. “¡La noción de la libertad que el capitalismo dece ofrecer es tan opresiva como la distorsionada realidad del comunismo!” apunta Mili en su carta dirigida al público.

 

Dicho lo anterior, estamos obligados a pensar en la posibilidad de empezar de cero y plantear un modelo que sea completamente nuevo, de tal forma que los cuestionamientos permanezcan en el tiempo, y se refuerce la idea de que la revolución debe ser un proceso vivo, no un conjunto de nociones teóricas. En este sentido, la desaparición de las bibliotecas y espacios públicos en donde se difunde el conocimiento, obedece al triunfo de un sistema opresor, que busca la ignorancia de las masas como instrumento de expansión. El cambio de paradigmas en la sociedad ha desatado una consecuente crisis de valores, en donde la autosatisfacción y el placer inmediato son prioridad. Por otro lado, los gobiernos aprovechan esta situación para destinar recursos en donde resulte más visible y en donde se generen más espacios para que el pueblo esté entretenido.

 

En el mundo editorial se observa un parecido muy notable: las publicaciones impresas son cada día menos comunes. La era digital se ha apropiado de los contenidos y cada día sale de circulación una revista o un periódico, o cierra sus puertas una librería. Por un lado, esta situación asegura que sólo las mejores ediciones lleguen a la imprenta —aquellas que en realidad valen la pena, si es que se puede decir esto—, sin mencionar el ahorro de papel, tinta y otros recursos involucrados, además de la subsecuente disminución en el impacto ambiental que esto implica. Por otra parte, también debemos considerar que existen muchas publicaciones nuevas que quizá no puedan ver la luz debido al aumento general de costos que se ha derivado del descenso en la demanda de servicios de prensa. Lo anterior, sumado a la situación actual que se vive en México en cuanto se refiere al financiamiento de publicaciones culturales de parte del gobierno, hace que el panorama sea poco prometedor para impresos. Pero en los momentos de crisis, se enaltecen los grandes. La revolución tiene lugar todos los días en la mente de quienes se cuestionan el mundo que los rodea.

 

Este año el Museo Jumex presenta la nueva obra para marionetas de Pedro Reyes, Los robots no lloran. Centrada en el avance desmedido de la tecnología impulsado por el dinero de los billonarios y las consecuencias que esto puede ocasionar. Tenemos entradas para regalar, muy pronto en www.revista192.com 


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