De mujeres borradas y otras realidades

La entrevista a Maya Goded por su documental.

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Entrevista: Daniela Valdez
Fotografía: Fernando Velasco para Luciérnaga

Irónicamente, su mirada es la voz de algunas mujeres cuya vida, debido a su profesión, ha quedado en el olvido. Se trata de mujeres que viven con el enorme estigma de cambiar su cuerpo por monedas. Durante más de 20 años, Maya Goded ha convivido y trabajado de cerca con ellas. Su más reciente trabajo, el documental La plaza de la soledad es la conclusión de dos décadas de trabajo y la fotógrafa nos recibe en su casa para hablar al respecto.

Daniela Valdez (DV): ¿Cómo te acercaste a la fotografía?

Maya Goded (MG): Siempre fui muy visual, desde chica me conectaba mucho con la fotografía. Cuando era chiquita tenía problemas con el lenguaje, así que siempre me comuniqué a través de la imagen. Pero también siempre he tenido un profundo interés por temas sociales. Cuando acabé la preparatoria pensé enfocarme en la sociología, pero encontré la fotografía y me topé con una disciplina que reunía todos mis intereses en cuanto a la forma de comunicarme y conocer otros mundos. La maravilla de la cámara es que te da un pretexto para conocer y meterte en mundos que si no hubiera sido a través de mi cámara, nunca me hubiera atrevido a descubrir.

DV: ¿Cómo encuentras tus objetivos visuales?

MG: Siempre he pensado que los temas que tocas son respuestas a preguntas que te haces desde pequeño. Escuchar las conversaciones de los adultos te despierta curiosidad sobre algunas cosas, otras las tratas de entender tu sólo. En mi caso, la foto ha sido un tema muy personal, solitario también; vas solo y te enfrentas a todo por ti mismo.

DV: ¿Cómo describirías tu estilo?

MG: La foto que hago habla de la realidad. Te vas conociendo cada vez más, en distintas situaciones y a través de otra gente. Creo que conforme voy tomando fotos voy entendiendo por qué las tomo. La fotografía es una gran forma de entender mi búsqueda.

DV: Ahora tu carrera se centra en el documental.

MG: Sí, necesitaba la palabra.

DV: ¿Cómo fue el proceso para cambiar de la foto fija a la imagen en movimiento?

MG: Hice una exposición en el Museo Reina Sofía (Sexoservidoras, 1995-2000), y empecé a escribir encima de las fotos. Estaba levantando audio pero no lo tomaba como parte de mi obra. Eran muchas conversaciones acerca de qué es el amor, cómo se construyen las relaciones amorosas en un mundo violento. Presenté fotos y se acompañaban con este sonido sobre qué es el amor.

DV: ¿Cómo fue que tu trabajo comenzó a enfocarse en la industria del sexo?

MG: He trabajado con distintos temas en torno a la mujer, no solamente enfocados la prostitución, sino también en diferentes tipos de relaciones que responden a preguntas que me he hecho a lo largo de mi vida. La respuesta a estas preguntas se pueden ver en el documental. No trato de explicar qué es la prostitución, sino hacer un documental sobre mujeres que conocí y me inspiraron mucho respeto por la manera en que se enfrentaban a la vida, y quise mostrar lo poderosas que son, cómo buscan el amor, cómo se enfrentan con humor a las situaciones más difíciles, como el tema del sexo durante la vejez. Una de las fotos que más incomodaban de la serie es la de una mujer mayor con un cliente de hace mucho tiempo. Cuando conocí a mujeres mayores en el sexo servicio, me llamaron mucho la atención. Eso también es un tema, la vida sexual de la mujer mayor, el deseo del amor. El documental trata más bien esos temas: el amor, el cuerpo, sentirte segura, el orgasmo, muchas preguntas que llevo muchos años investigando y han sido un motor para mi trabajo. Este documental es un cierre a muchos años de búsqueda de estas respuestas.

DV: ¿Cómo te acercaste a la Merced?

MG: Siempre fotografiaba fuera de la ciudad pero embarazarme me hizo voltear a la Ciudad de México, así que cada vez que podía recorría las calles y tomaba fotos. Mucho pasa en estas plazas, la Soledad y Loreto, ahí en la Merced.

DV: ¿Qué fue lo que te llamó la atención?

MG: Estas mujeres mayores y cómo son dueñas de la calle, porque en otras partes de la Merced hay otros tipos de prostitución, hay trata, hombres que las organizan, etc., pero en plaza Loreto y el metro Revolución es diferente, las mujeres viven la ciudad y son sus calles. Algunas de ellas llegaron a la plaza a los 20 años y ahora tienen 70, verdaderamente son sus calles, han pasado mucho tiempo ahí. Así que comencé a explorar cómo se mueven, su relación con los vecinos, porque son parte de la vida del lugar. En las calles de la Merced ha habido trabajo sexual desde la época de los Aztecas, entonces es muy impresionante ver la herencia.

DV: ¿Qué estabas buscando cuando llegaste ahí?

MG: Creo que yo no estaba buscando específicamente trabajar en una serie, se fue dando. La foto, al ser tan solitaria, te da la oportunidad de descubrir temas por ti misma, según lo que buscas. A veces vas con un tema específico en mente y no lo encuentras. Es muy interesante, la foto me ha dado eso, confiar en mi instinto. Hay que tener mucha confianza en nuestro trabajo, en el fondo sabes que todo va a salir bien, pero debes creer en tu intuición y llega ese momento, lo encuentras.

DV: ¿La fotografía se compone de momentos?

MG: Justo en este tipo de situaciones encuentras a la otra persona y ella te encuentra a ti. Ellos tienen la necesidad de contar una historia y tú tienes la necesidad de encontrar esa historia y aprender de ellos. Es muy bonito cuando se da ese momento, que puede ser muy corto o un trabajo de 20 años, como ha sido mi proceso con estas mujeres. En este caso he pasado cosas muy fuertes con ellas, incluso también con gente que sabes que no vas a volver a ver, pasas momentos que te marcan, que no vas a olvidar y sabes que no vas a volver a vivir.

DV: ¿Cómo te recibieron estas mujeres?

MG: La Merced no es fácil, hay mafias, muchos intereses, gente desconfiada. Sin embargo, para esta serie, más que prisa tenía curiosidad, y llegué a platicar, a conocer. Pasé por todas, desde que me corretearan, a que dijeran que quería vender mujeres… de todo. Entonces empecé a conocer el lugar, a la gente, tienes que ganarte tu espacio y su respeto. Hice una exposición en Bellas Artes al respecto (Plaza de la Soledad, 2006) y seguí visitándolas. Y lo mismo en Revolución y en algunos reclusorios, entonces ya me conocen por mi trabajo y saben que cuento sus historias.

DV: ¿Cómo describes la relación entre estas mujeres?

MG: Creo que llegan en una situación difícil y obviamente desconfían. Muchas veces, cuando hay padrotes atrás, a ellos les conviene que no haya lazos entre ellas, que no se hagan fuertes, y también compiten por el pedazo donde van a trabajar, y además tienen la presión de ganar dinero, de mantener a sus familias, muchas situaciones distintas. No puedo hablar de otras zonas ni otros tipos de prostitución, pero en Loreto y Revolución, con el tiempo, aunque tengan problemas entre ellas, aunque llega gente que las trata de separar, siempre saben que son las únicas personas con las que realmente pueden compartir su historia. Solamente ellas y nadie más saben lo que es estar en un cuarto con un cliente, solamente se pueden entender entre ellas y por eso sus lazos son muy fuertes. El estigma de la sociedad es tan grande que no pueden compartir su vida con nadie más, aunque yo haga un documental no termino de entender lo que es tener esta profesión y tener una pareja, por ejemplo, solamente lo saben sus compañeras. Las mujeres en plaza Loreto se conocen desde hace décadas, entonces si una tiene problemas se unen todas, si una muere, también, y se olvidan los momentos complicados. Yo siento que es necesaria la hermandad entre todas las mujeres, porque cuando se siente esta unidad, cuando juntas a muchas mujeres y se crea una aceptación, hay algo muy poderoso. Todas debemos trabajar en eso todos los días, fortalecernos las unas a las otras, avanzar, quitar el estigma que hay sobre la mujer uniéndonos. El poder de unificación de la mujer es increíble, y hay que trabajarlo con nuestras compañeras, nuestras amigas, nuestras hijas… todavía hay mucho que hacer en cuanto a este tema.

DV: Háblanos un poco más sobre La plaza de la soledad?

MG: Cuando llegué a la Merced conocí a varias mujeres. En especial, Carmen, que tenía 12 años, me impresionó mucho. Fue robada por un hombre que se casó con ella y su familia no la rescató, en este país todavía la virginidad pesaba mucho; no la ayudaron porque se fue con él, pero era una niña. No pudo acabar la primaria y tuvo muchos hijos con ese hombre. Desde que la conocí me atrapó su fortaleza, su astucia, y ella me permitió tomarle fotos con un cliente, y ahí empezó una relación. Mi esposo y yo fuimos los padrinos de bodas, llevamos veintitantos años de conocernos y he ido viendo todo por lo que ha pasado, cómo ha ido creciendo. Después de todos estos años se separó de su esposo, esto es algo de lo que podemos ver en el documental, no toda la historia, pero sí su fortaleza.

DV: ¿Cómo llegaste a las demás historias?

MG: Trabajé en un grupo de derechos humanos para apoyar a la mujer, que se enfoca en que ellas mismas decidan cómo ser ayudadas. Ahí conocí a dos de las mujeres del documental, Esther y Ángeles, que conocí separadas y ahora están juntas. Ellas son compañeras de verdad, y me han quitado muchos tabúes sobre lo difícil que es trabajar en el sexo servicio, tener una pareja, compartir este tipo de vivencias, me gusta mucho la relación entre ellas y en el documental hay muchos momentos íntimos que viví con ellas y ellas quisieron compartir. No se trata de victimizarlas, sino mostrar su fortaleza. La mayoría de sus amigas han muerto, y ellas han sabido enfrentarse a la vida, demostrar lo que son, enfrentar y cuestionar lo que son con ellas mismas y con la sociedad, tratando de encontrar amores, que las entienda su familia todo el tiempo, son unas verdaderas luchonas y por eso me pareció tan importante compartir con la gente estos momentos. Creo que quienes que han pasado por todo esto tienen una fortaleza que viene de este lugar. En el documental también podemos ver sus momentos frágiles, sus pesares en el amor, su enorme sentido del humor -me la paso muy bien con ellas, aunque también lloramos y compartimos momentos íntimos.

DV: ¿Seguiste un guión?

MG: Al principio sí, se centraba en una mujer que iba a buscar a su hija, pero ella falleció y la historia tuvo que cambiar. Algunas mujeres cambiaron en el proceso, por ejemplo, Esther decidió dejar que la fotografiara. Al principio, la familia de Esther no sabía en qué trabajaba y durante muchos años no le tomé fotos. Yo tenía un plan, pero las cosas se van dando naturalmente. Tienes que estar abierto a lo que ellas quieren compartir. Yo las conocía muy bien, pero ante la cámara se empezaron a abrir de otra manera. Yo no quería quedarme en la respuesta hecha o en la justificación de su trabajo, más bien ir más allá y trabajar todos los días.

“…son mujeres borradas, por eso para mí era importante hacer este documental, para subrayar que existen, no las queremos ver, pero ahí están.”

DV: ¿Qué podemos aprender en el documental?

MG: Pues principalmente a verlas desde otro lugar, entender también lo importante que es quitarnos de prejuicios como sociedad, porque quién sabe si sus vidas hubieran sido diferentes si alguien les hubiera tendido la mano y tenemos muchos prejuicios. Este documental se hizo con amor y creo que verlo nos puede ayudar a quitarnos prejuicios sobre el sexo servicio, sobre ellas y nosotras mismas, nuestro cuerpo, la soledad, el sexo.

DV: Platícame sobre esta foto en blanco y negro que causó tanto impacto cuando la expusiste.

MG: Te puedo decir que cuando conocí a esta mujer también a mí me impactó saber que trabajara en el sexo servicio. Yo no me atrevía a acercarme a ella, pues era una señora grande que estaba tejiendo en la Merced, ahí, sentadita.

DV: Claro, porque más allá de ser sexo servidoras, son mujeres.

MG: Exactamente, y esto es solamente un pedacito de la Merced, pero muchas mujeres trabajan en esto y no se consideran sexoservidoras, y no solamente es en la Merced, por ejemplo, mujeres que son secretarias y no les alcanza para sacar adelante a sus hijos, entonces se prostituyen un par de horas, o en las maquilas, que tienen situaciones laborales terribles, con salarios pésimos y entonces se prostituyen. También mujeres que son amas de casa y no les alcanza con lo que les da el marido, entonces salen a trabajar a la calle un par de horas a la semana. No nos damos cuenta de todas estas historias, que están en nuestras narices. Además, no hay edad para esta profesión. Por eso es muy complejo hablar sobre prostitución, porque algunas mujeres que trabajan en esto no se consideran prostitutas.

DV: ¿Las mujeres que aparecen en el documental asumen su profesión?

MG: Sí, y están conscientes de que están compartiendo sus historias, lo que sienten, cómo viven, y fue un proceso muy largo llegar a esto.

DV: ¿Qué hay de la foto?

MG: Pues me atreví y le empecé a hablar, pero más bien era un tabú mío muy fuerte, mujeres mayores teniendo sexo. Me costó mucho trabajo, pero ya que entramos al hotel y tomé una foto, por su forma de caminar me di cuenta de que es una mujer que toda su vida ha trabajado en esto. Ella era la esposa de un soldado, nunca quería hablar de su marido, más bien de sus clientes, pues hay algunos que han pasado la vida entera con ella y han envejecido juntos. A partir de ahí empecé a ver la sexualidad de la mujer mayor desde otro punto de vista. Era muy joven, tenía yo como 25 años, y a partir de ahí mis prejuicios cambiaron, y lo noto cuando la gente ve la foto, cómo impacta. Esta foto ha disgustado a mucha gente, el tema de una mujer mayor explorando su sexualidad, y por eso para mí es importante, porque lanzó esta pregunta que se convirtió en un documental.

DV: ¿Has encontrado temas similares en otras ciudades?

MG: Sí, te podría decir que en casi cada ciudad que piso hay prostitución, es impresionante, por ejemplo, en Madrid encontré un lugar igualito a la plaza. El problema es que no las vemos, son mujeres borradas, por eso para mí era importante hacer este documental, para subrayar que existen, no las queremos ver, pero ahí están, y terminan muy abandonadas, incluso por sus hijos. Imagínate, son mujeres que han trabajado por años, que han mantenido una gran cantidad de gente: novios, amantes, esposos, hijos, dan carreras, y toda la industria que hay alrededor de ellas, hoteleros, taxistas… le han dado de comer a muchísima gente, y por este estigma siempre acaban solas en la calle, desaparecen. Al final solamente se tienen entre ellas. En este lugar no tienen que mentir. Si han sentido violencia en un cuarto, si han trabajado en el sexo servicio, cómo se sienten, todo esto lo pueden compartir con sus compañeras, y sus lazos son muy profundos. Ellas no se abandonan, es su refugio.

“Este documental se hizo con amor y creo que verlo nos puede ayudar a quitarnos prejuicios sobre el sexo servicio, sobre ellas y nosotras mismas, nuestro cuerpo, la soledad, el sexo.”


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