Pedro

Descubrí el trabajo de Pedro Slim (Líbano, 1950) hace unos meses en Galerie Nordenhake en la Ciudad de México. Eran 5 o 6 polaroids, acabadas por el tiempo —Slim lleva casi cuatro décadas dedicando su vida al retrato—: hombres semidesnudos, rostros tristes, miradas abandonadas, reflejo de una sociedad que en muchos aspectos no ha cambiado.

 

Busqué en internet y me topé con información sobre la afición de Pedro por coleccionar fotos blanco y negro, y un par de entrevistas breves, muy breves, sobre su vida. Me intrigó el pensar por qué no había más información de un artista que ha sido galardonado dos veces en la Bienal de Fotografía, pero lo entendí el día en que lo conocí —a través de una llamada por Zoom—. Pedro se asume como un tímido —yo difiero— y es por ello que no se “autopublicita”, como él dice. Su trabajo es íntimo, una pasión que disfruta para sí mismo y que sólo de vez en cuando comparte con el público. Su vida, también íntima, está llena de momentos crudos, y pocas veces la comparte…

Emmanuel Sandoval (ES): ¿Me escuchas, Pedro? Creo que tienes el micrófono silenciado. Levanta el pulgar si me escuchas. ¿Quieres que te reenvíe la liga?, ¿nos conectamos por videollamada?…

 

Pedro levantaba el pulgar una y otra vez, y seguro me explicaba que no podía acceder a nuestra reunión por Zoom o que no sabía cómo solucionar el problema… sólo veía que sus labios se movían velozmente, pero me era imposible leerlos. Así seguimos por unos minutos, enrola- dos —o más bien hechos bolas— con la tecnología, porque sin importar las edades —él cumplirá 71, y yo 38 este 2021—, ambos estábamos un poco perdidos.

 

Le dicté mi número celular y logramos establecer una conexión —segura— a través del whatsapp.

 

Pedro Slim (PS): Pues parece que a pesar de todas la veces que me he tenido que conectar a estas juntas virtuales no aprendo nada… ¡Qué te digo! ¡Discúlpame por el inconveniente!

 

ES: Créeme que también he tenido mis encontronazos con la tecnología, así que no hay nada de qué disculparse. Además, con todo lo que te quiero preguntar, me conviene no tener la restricción de 45 minutos que impone Zoom.

 

PS: Mira, no sabía eso. Será que siempre intento ser lo más breve posible en mis reuniones. Soy un tipo tímido e intento limitar ciertas interacciones porque suele ser incómodo para mí.

 

ES: ¿Siempre has sido así, tímido?

 

PS: Creo que tímido no es el adjetivo que estaba buscando, soy más bien reservado. No soy del tipo de persona que llega a un lugar y de inmediato comienza a compartir historias o charlas espontáneas. Me tomo mi tiempo para abrirme con gente nueva.

 

ES: Entonces intentaré encontrar la forma de saber todo lo que me sea posible sobre ti en un tiempo considerable. Empezando por tu infancia, de la cual pasaste en Líbano los primeros siete años para después mudarte a la Ciudad de México, ¿correcto?

 

PS: Sí. De mi infancia no hay mucho que contar. En medio de los conflictos civiles y bélicos en Líbano y Medio Oriente, mi papá nos trajo a México. Mi madre no nos acompañó… nos abandonó… y bueno, cuando eres tan pequeño, hay cosas que no entiendes, pero mis her- manos fueron un gran soporte, y otros familiares que también estuvieron al pendiente de nosotros, porque a mi padre tampoco lo veía tanto, él iba y venía, pasaba largas temporadas en Líbano, así que no creas que había un apego tan fuerte.

 

ES: ¿Te dolía ese abandono?

 

PS: No recuerdo si me dolía, si me entristecía o qué. Como te dije, no hay mucho que contar de esa etapa. Fui un niño al que no le faltó prácticamente nada. ¿Era feliz? Sí, una felicidad de la que me hice responsable y que compartía con mis amigos más queridos, porque ellos han sido, desde siempre, los pilares de mi vida.

 

ES: ¿Realmente crees que la felicidad depende de uno?

 

PS: Hay circunstancias que truncan la felicidad. Uno no es feliz todo el día, todos los días, es algo que va mutando, que se va adaptando y que uno tiene que nutrir. ¿Por qué decido ser feliz hoy? Hazte esa pregunta al despertar y seguro encontrarás una razón para ser feliz ese día. Mira, no vamos a entrar a temas de psicoanálisis porque ni siquiera lo he intentado, pero el trabajo que empecé hace más de 35 años, el de retratar a chavos de la calle, está seguramente ligado a ese sentimiento de abandono, y es en ellos que me veo reflejado, en esas miradas, en esas frases cortas que intercambian, en esa desconfianza hacia el mundo. No hay nada más brutal que el abandono, y yo lo experimento.

Josué. 2021.

Aarón, 2021.

ES: ¿Cómo fue ese primer encuentro con los chicos de la calle? Porque estamos hablando de la década de los 80, una que estuvo marcada por la epidemia del VIH/Sida, de las drogas y la decadencia en muchos sentidos.

 

PS: Me estás describiendo la actualidad. Pero entiendo a lo que vas, aunque te sorprendería saber que para estos chicos las cosas no han cambiado del todo. Sigue habiendo muchos que no logran salir de las adicciones, que viven en condiciones de salud precarias y que siguen luchando contra los estigmas de una enfermedad, de una condición social y de un estatus económico que no les permiten hacer otra cosa más que permanecer en las calles, invisibles y olvidados.

 

Sigue siendo un ejercicio constante el acercarme a ellos, hablar su lenguaje, ganarme su confianza, ser empático… en verdad es complicadísimo y a veces me sorprende que ya hayan pasado 35 años desde que empecé este proyecto que llamo “De la calle al estudio”.

 

Pero regresando a eso que me preguntas sobre cómo fue para mí ese primer encuentro con sus realidades: impactante, aplastante y deprimente, así fue y así sigue siendo porque enfrentarte a esa fragilidad del abandono, del no tener nada, es simplemente una locura. Cuando le pides lo que sea a alguien que no tiene nada, no sabes qué esperar, no sabes cómo va a reaccionar.

Alexis, 2020.

 

“Cada quien es libre de vivir su intimidad como mejor le plazca. Conocer a alguien, enamorarse y vivir por siempre juntos no le funciona a todos, ni les pasa a todos.”

—Pedro Slim.

 

Para leer la entrevista completa con Pedro Slim, suscríbete aquí.

 

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