Rose McGowan: El temple de una mujer a quien todos ven, pero nadie escucha.

Park City, Utah. Sundance Film Festival, 1997. Allí, Harvey Weinstein, el hombre más poderoso de la industria del cine, la violó por primera vez. ¿La víctima? Rose McGowan, la actriz que, al menos yo, recuerdo con nostalgia por sus personajes en la serie de televisión Charmed y películas como Scream, Planet Terror y Jawbreaker. Dos décadas después, y gracias a un grupo valiente de mujeres, entre ellas Rose, comenzó la que sería una de las investigaciones por acoso y abuso sexual más sonadas de la historia reciente, y sin duda, uno de los escándalos más brutales de Hollywood. El movimiento por desenmascarar a los monstruos que han sido partícipes de estas atrocidades fue bautizado con el hashtag #MeToo, y víctimas como Rose salieron sin miedo a contar, a detalle, la inmundicia que tuvieron que soportar durante años y años.

 

A principios de 2020, la actriz y artista visitó la Ciudad de México y tuve la fortuna de sentarme frente a ella para confrontar la verdad del abuso y el poder, para escuchar, con atención y respeto, lo que Rose quería contarme, pero además, para entender que la mujer que ahora lucha día a día por superar el peor capítulo de su vida, está enfocada en hacer arte, compartirlo y generar un cambio profundo que ayude a otros a no pasar por la misma pesadilla que ella ha vivido.

Emmanuel Sandoval (ES): Viniste a presentar “Planet 9”, un proyecto con el que te estableces como una artista visual y con el que, por lo que vi, imprimes mucho de lo que ha sido tu vida y las brutalidades a las que has sobrevivido. ¿Cómo nace esta idea?

 

Rose McGowan (RM): Cuando era niña me sentía completamente aislada y en algún punto comencé a idear este “Planet 9”, un lugar seguro, un espacio al que me iba a descansar, pensar, ser yo. Como buena niña, mi imaginación volaba lejísimos, así que creé todo lo necesario. Me inventé un ecosistema, una forma de vida, de trueque, incluso empecé a imaginarme cómo es que todos podríamos llegar a habitar ese lugar, en naves espaciales. Es una de esas aventuras personales tan fantásticas que nunca dejé de pensar en ella. Luego, un buen día, resulta que un grupo de astrónomos descubre un planeta y lo llaman “Nueve”… ¡me volaron los sesos en mil pedazos! Fue entonces que volví a “Planet 9” y seguí trabajando en él.

 

ES: Todas esas ideas que tenías cuando niña finalmente pudiste plasmarlas en una serie de imágenes y sonidos que cuentan historias muy personales. Entiendo que de niña te “escapabas” a este planeta fantástico para sanar y ser feliz. ¿Cómo es ese planeta ahora que eres una mujer adulta?

 

RM: Es el mismo planeta porque sigo siendo la misma. Al menos intento convencerme de eso todos los días. Cuando era niña prácticamente no me tomaron ninguna foto porque vivía en una comuna y no estaba permitido. Los niños fuimos criados como humanos, no como hombre y mujer, así que creo que ese “primer” planeta era una gran utopía, que yo no sabía lo que eso significaba, sino hasta ahora, de lo que sería un mundo ideal, sin distinciones de ningún tipo. Una vez que retomé mi proyecto de la infancia comprendí que había muchas historias que tenían que ser contadas, así que me dediqué al máximo a desarrollar técnicas de video y audio. Trabajé con los más grandes artistas y exploré mis sentimientos y pensamientos más profundos. Entendí que mi planeta era uno muy distinto y que necesitaba un refugio incluso más fuerte y aislado que antes.

 

ES: Cuando llegaste a ese nuevo “Planet 9”, después de haber sobrevivido a la más brutal de las realidades ¿estabas sola?

 

RM: No estoy sola, aunque en realidad no es la compañía de otras personas la que está presente en “Planet 9”, sino energías. La gente me ha tenido mucho miedo en los últimos años simplemente porque me decidí a hablar, a decir la verdad. A todos los que han intentado aplastarme, callarme y matarme, les deseo lo mejor. Siempre he sido esa persona que percibe el potencial de los otros, y a veces soy ingenua y los veo 10% mejor de lo que ellos mismos se perciben, pero creo que es normal porque uno mismo no es capaz de darse cuenta de su propio potencial, pero sí descubrir y admirar el de otros.

 

ES: ¿Y tú, ya encontraste tu 10% extra?

 

RM: Sí, cuando decidí que no me iba a dejar aplastar. Crecí rodeada de un sistema que me hizo fuerte y segura, pero después me enfrenté a un montón de gente que intentó demeritarme y callarme. En una industria como la de Hollywood, en la que nunca eres suficiente y siempre eres desechable, sobrevivir a la barbarie, las mentiras y las falsedades es a veces casi imposible. Y es que aprendemos, con nuestros padres, maestros y amigos, que es mejor mentir, que no hay que hacer sentir a nadie incómodo y que, por ende, tienes que cerrar la pinche boca. ¿Qué pasaría si fuéramos más honestos, si entendiéramos que tenemos otras alternativas, que nadie puede callarte y mucho menos perseguirte para matarte, ultrajarte o simplemente desaparecerte?

ES: Experimentaste todos esos miedos.

 

RM: ¡Todos! Hubo una época de mi vida en la que no quería salir de mi casa. Me seguían a todos lados, había drones en mi jardín, intervinieron mi comunicación, me amenazaron una y otra vez.

 

ES: ¿Esto lo hizo el monstruo [así se refiere a Harvey Weinstein]?

 

RM: Él y quienes estaban de su lado. Él y toda la bola de cerdos que lo cubrían, que sabían lo que estaba pasando y que no hicieron nada para detenerlo.

 

ES: Después de ti, muchas, muchas actrices y mujeres de la industria del cine hablaron alto y claro;
fuiste una de las que más duras críticas recibió. Hubo quienes, incluso, pusieron en duda la veracidad
de tu versión de los hechos, y otros que te juzgaron por no haber dicho nada antes…

 

RM: ¡Es una putada! Es tan complicado explicárselo a cualquiera. ¿A ti te han violado? ¿Te han amenazado? ¿Te has sentido realmente desprotegido? Quiero que me respondas.

 

ES: No a la violación, pero sí me he sentido desprotegido y solo, y he sufrido otro tipo de violencia, psicológica, por ejemplo.

 

RM: Pues resulta que cuando sufres cualquier tipo de violencia, el poder que se ejerce sobre ti es tan poderoso que no es posible moverse, te paraliza, te va matando poco a poco. En mi caso tuve que enfrentarme “al monstruo” más poderoso de Hollywood, al responsable de que las cosas sucedieran o no sucedieran. Independientemente de lo que yo esperara de mi carrera, una vez que has sido violada y violentada, algo cambia por completo en la forma en la que comprendes al mundo, en la que entiendes tu propio destino. Es un capítulo que se repite una y otra vez, en un loop interminable y doloroso.

 

ES: Siento que no tengo nada que decir. Me paraliza tu respuesta y no tengo nada que agregar a eso.

 

RM: Es que cuando eres víctima de acoso o de una violación, siempre van a existir los imbéciles que creen saberlo todo. Se han establecido una serie de códigos pendejos que nos ponen a las mujeres
en una situación de riesgo aun mayor. Que si nosotras provocamos, que si no podemos mostrar nuestros cuerpos, que si no podemos ser sensuales, que si, que si… ¡Es una estupidez enorme!

 

ES: Leí que en parte por eso decidiste nunca más llevar el cabello largo, como un acto de protesta.

 

RM: Me rapé porque quería decirles a esos cerdos que mi cuerpo me pertenecía. Sí, la cabellera, para muchas, es parte fundamental de su esencia femenina, y para mí lo fue en algún punto y
gastaba miles de dólares en cuidarla, aunque aún gasto mucho [risas], pero cuando escribí Brave [la autobiografía en la que narra lo sucedido con Weinstein y muchos otros capítulos de su vida] tomé la decisión de empezar a tomar ciertas riendas que se me habían negado, porque tiene que quedar muy claro que cuando te involucras en el mundo de Hollywood, tu vida y tu persona dejan de pertenecerte, y que cada acto y cada movimiento está fríamente calculado y manipulado por alguien más.

 

ES: ¿Fue catártico escribir Brave y narrar con tanto detalle los horrores de esa violación en 1997?

 

RM: Quiero dejar claro que mi libro, en primer lugar, no es sólo sobre eso. Sé que es un capítulo que está ahí y que decidí publicar, pero va más allá de ese acontecimiento. Brave es un ejercicio
sumamente personal con el que quería desahogarme. En ese sentido, y respondiendo a lo que preguntas, ¡sí, claro que fue catártico! ¡No mames! Me enfrenté a mí misma, decidí escucharme y entenderme. Conforme iban saliendo las palabras de mi mente y las tecleaba con mis dedos, empecé a conocerme, a amarme más. Leer, una y otra vez, todo lo que narro en Brave, ha sido una de las tareas más difíciles de mi vida.

ES: Narras también cómo te acercaste a pedir ayuda después de la violación y las respuestas son aterradoras: algunos no te creyeron, otros te dijeron que te callaras, que ibas a arruinar tu carrera si decías algo.

 

RM: La humanidad es aterradora, punto.

 

ES: Pasaron los años y muchas de ustedes no aguantaron más y estalló todo. Surgió el movimiento #MeToo y éste resonó en todo el mundo. ¿Te sientes orgullosa?

 

RM: ¡¿Orgullosa?! Me siento encabronada, me paralizo cuando intento comprender por qué tuvo que pasar tanto tiempo, por qué tuvimos que sufrir tanto todas las que estamos involucradas en esto, pero al mismo tiempo, sí, me siento aliviada, pero no confiada en lo que pueda resultar de esto. #MeToo es sólo una minúscula parte de un problema monumental que no hemos sido capaces de resolver y que lamentablemente va a seguir ahí, porque los monstruos existen y no hemos podido erradicarlos.

 

ES: Tú sobreviviste, muchas no lo han logrado. ¿Sientes una responsabilidad por todas las mujeres
que han sucumbido a los depredadores?

 

RM: Todos deberíamos de sentirnos responsables. Sólo soy una voz que se hizo escuchar, a pesar de los intentos por callarme, pero todos somos responsables de la seguridad de otros.

 

ES: ¿Crees que el monstruo reciba su merecido?

 

RM: Puedes llamarlo por su nombre, Harvey. Me estremece decirlo, y no, no creo que reciba su merecido, yo sólo quiero que se haga justicia, eso es todo.

 

ES: Esto es complicado, pero ¿piensas en él?

 

RM: No es que lo piense, es que ahí está, presente, lo veo en todos lados. Sólo quiero que se desvanezca de mi vida para siempre, pero eso no será posible pronto.

 

ES: Ahora, cuando piensas en el pasado, ¿cómo crees que ha cambiado?

 

RM: No puedo empezar a responder esa pregunta, no puedo explicarte cómo cambia tu vida después de una violación. Me tuve que convertir en un monstruo para combatir a otro monstruo, y seguiré siendo una bestia hasta que él esté en el lugar que se merece, lejos de todos y de todo.

Nueva York, NY. Al momento de mandar la edición 50 de Revista 192 a imprenta —24 de febrero de 2020—, el jurado, conformado por siete hombres y cinco mujeres, declaró culpable a Harvey Weinstein de cometer un acto sexual criminal en primer grado con una mujer y violación en tercer grado con otro mujer. Weinstein fue absuelto de los cargos de agresión sexual depredadora y acto sexual criminal en primer grado.

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