Yvonne Venegas para Ago Photo

Una nueva forma de adquirir arte

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texto Fabiola Zamora
retrato Brenda Islas
fotografías cortesía de Ago Projects

A estas alturas ya es entendido que la forma en la que vivíamos, trabajábamos y consumíamos cambió. Bajo una perspectiva optimista, es la mejor oportunidad para experimentar y reubicarnos en nuestro hacer. El arte, al igual que otras industrias, tendrá sus transformaciones en cuanto a la forma en la que se aprecia y se consume. Hoy los museos y las galerías se están replanteando, ante la inevitabilidad de la pandemia, cómo compartir las exposiciones y proyectos artísticos bajo otra morfología.

 

Ante todo esto, Ago Projects, galería de diseño fundada por Rudy Weissenberg y Rodman Primack, responde rápidamente a la amenaza y acelera el lanzamiento de Ago Photo; una galería fotográfica online —en donde las imágenes tienen que estar hechas con iPhone— cuyo fin más noble es el de promover el coleccionismo, haciéndolo accesible a un nuevo tipo de mercado.

 

El proyecto arranca con Yvonne Venegas, la primera de cuatro artistas para lo que queda del  2020, quien viajó a Tijuana, su ciudad natal, para dar luz a “Notas desde la línea”. Un recorrido arquitectónico, urbano y antropológico de la ciudad fronteriza en la que creció. A su vez indaga en su archivo fotográfico para redescubrir un cuerpo de trabajo que hizo en 2003 sobre ésta. Encontrando similitudes pero también lenguajes distintos a su registro actual.

 

Para profundizar tanto en el proyecto como en las reflexiones durante este momento de confinamiento, sostuvimos esta platica con Yvonne hace unos días.

Fabiola Zamora (FZ): Me parece una pregunta obligada: ¿cómo te has sentido en estos momentos?, ¿cómo estás viviendo el confinamiento?

 

Yvonne Venegas (YV): Pues mira, tengo mi estudio en la casa, y mis hijos no son tan chicos, entonces de alguna forma me dejan ser, y Gregory [su esposo] me hace el paro, realmente estamos tratando de mantener la vista en lo que viene. La verdad es que si alguien me habla medio estresado casi que cuelgo [risas]. Me ha pasado y es que te quedas contagiado. Hay que verlo como dices tú, día a día. 

 

FZ: Sobre el proyecto para Ago Photo, ¿nace a partir la situación en la que nos encontramos y como una respuesta a la pandemia y nuevas formas de adaptación de las industrias o cómo es que surgió?

 

YV: En realidad este proyecto empezamos a platicarlo antes de la pandemia, desde enero; Rudy me habló para contarme su idea y a mí me encantan los retos, más viniendo de gente chida. Me dijo: “quiero que hagas algo sobre diseño y arquitectura” y como esa no es mi línea de trabajo me pareció muy interesante. Además, justo me habían invitado los de aperture a platicar con ellos sobre su número de Art and Home en donde hice unos retratos de Frida Escobedo. Entonces coincidieron esas dos conversaciones. ¡¿Qué voy a decir sobre arquitectura y diseño?! ni me pasaba por la mente qué es lo que yo podría decir sobre esos temas.

 

FZ: ¿Cuál era el objetivo de Rudy cuando te planteó hacer un proyecto así?

 

YV: El fondo de su idea es que más gente vea el trabajo para que haya un coleccionismo joven. Porque si compras una pieza, lo más probable es que quieras comprar una segunda y luego otra y te encariñas con la idea y vas creciendo en número de piezas y tamaños. Su idea inicial era intentar otro medio dónde mostrar las fotos y de otra forma, hechas de otra manera, con un iPhone.

 

El planteamiento fue: prueba esta herramienta, vamos a vender las imágenes en línea y el precio será mucho más accesible. Pensar que realmente hay un mercado que está rodeando mi trabajo, que hay jóvenes que no pueden adquirir piezas al precio que las vende una galería. Con esto vamos a crear un mercado alterno y me parece una idea muy bonita, lúcida y fresca.

 

FZ: Al final me parece muy interesante que se movieron y le estén dando otra perspectiva de cómo se consume el arte a nivel experiencia. Vi por ejemplo que habías tenido una expo virtual de la galería que te representa en Estados Unidos. Y es una forma de readaptación de cómo se van a vivir las exposiciones fuera de un espacio físico. Se está redefiniendo esta forma de ver y comprar arte. 

 

Sobre el lugar en el que desarrollaste el proyecto: Tijuana, ¿hay una razón por la que hayas decidido hacer las fotografías en tu ciudad natal y no en la Ciudad de México?

 

YV: Decidí Tijuana porque para mí la idea de arquitectura inmediatamente me hace pensar con la que yo crecí. Yo no tengo la relación con la arquitectura como lo tiene la gente de la Ciudad de Mexico, pues veo una atención al espacio muy distinta a la que tenemos nosotros. Por lo menos la que yo tengo, la que yo entiendo. Ahí mi interés en volver. Me puse a ver un poco de mi archivo y hubo una serie de fotos que tomé hace mucho tiempo en Tijuana. Normalmente mi trabajo incluye a personas, y últimamente he estado integrando a la arquitectura como parte de ellas, pero para mí es el reflejo de la aspiración de ideologías, de poder, de la serie de cosas que se relacionan con las personas a las que estoy fotografiando. Cuando traté de pensarlo separado de las personas, la única en la que pude pensar fue en mí. Y fue como… vamos a recorrerlos otra vez y los que representan algo para mí. Estos espacios de concurrencia, de encuentro, de comunidad que existen en Tijuana como es la barda de Playas de Tijuana. Hay una geografía política muy específica, no los puedes describir en ningún otro lugar.

 

FZ: Vi el archivo de esas fotos del 2003. ¿Cómo encontraste tu ciudad en este nuevo recorrido, cómo la sentiste al hacer un proyecto de foto, pero 17 años después y con un iPhone como tu herramienta de trabajo?

 

YV: Obviamente es distinto porque soy distinta. He cambiado. Siento que lo que sucede en el paisaje de Tijuana es que siempre se está transformando y la manera de percibirlo es dependiendo de cómo estés; es como un reflejo entonces para mí regresar, y me faltaron lugares que ya me habían cerrado, como la prepa federal, yo quería ir ahí porque fue donde tomé mis primeras fotos. Es donde estaba el Casino de Agua Caliente. Hay toda una historia muy interesante de la relación con la frontera, los gringos y la prohibición, siento que me faltaron fotos para reflejar esta sensación de algo vulnerable, que está desmoronándose y en transformación.

 

Y pensando en lo del paso del tiempo, a mi reflexión se une este análisis que estoy haciendo de archivo. Primero empecé con el de mis papás, que obviamente me ha hecho pensar en la posibilidad y la magia que tiene el trabajar con un archivo y las energías que se mueven ahí. Eso es un trip loquísimo y pensar en las personas también. Yo estaba haciendo “San Pedro” y me enfrentaba a las personas muy conscientes de su ser, de su imagen y su miedo,  me preguntaban qué iba a hacer con las fotos y estos traumas de Daniela Rossel. Y de repente me meto al archivo de mi papá en donde la gente estaba bailando, divirtiéndose; eran los 70, dándolo todo, y hoy esas personas ya no existen o ya son muy mayores. Los que se estaban casando en ese entonces ahora tienen 70 años. El tiempo pasa y nosotros vamos a desaparecer. Y esa idea es lo único que me gustó de la escuela católica, lo único [risas] fue la idea de que de polvo venimos y en polvo nos convertiremos. Esa es la única neta. 

 

FZ: En cuanto a la parte técnica, usar un iPhone como herramienta de trabajo siempre ha sido una polémica entre algunos fotógrafos. ¿Qué genera esta posibilidad?

 

YV: Es chistoso porque las fotos del archivo del 2003 las hice en formato medio, invertí mucho tiempo, dinero y todo el trabajo que requiere. Yo uso análogo, y te debo de confesar que la idea de hacer fotos con celular me causó en su momento duda; ¡cómo voy a hacer un proyecto con un iPhone!. Pero de alguna manera este trabajo me viene a corregir,  que las ideas no tienen que sufrir y ponerte en una cruz por ellas, las ideas son efímeras, y si no las haces en ese momento, también se te van a ir. Creo que es coherente, a mí lo que me interesa del iPhone es la cualidad que tiene por encima de la calidad. Obviamente no es un negativo, no es una cámara digital, pero de cierta forma sacas la mano, y ya está. Como esta fantasía que tenía Nan Goldin, de tener la cámara pegada en la mano, si me pudiera nacer la cámara de la mano sería más fácil. De alguna manera el iPhone viene a hacer eso.

 

FZ: ¿Al usar el iPhone, te resuena la idea de que ahora cualquiera con un smartphone se siente fotógrafo?

 

YV: Esa idea que recorre el mundo de que ahora todos son fotógrafos y todos los que tienen un iPhone se creen fotógrafos, es otra cosa, nuestra historia es muy distinta, la que tratamos de contar aquí. Estamos hablando de ideas que han sido trabajadas, que han sido pensadas, que han sido elaboradas durante muchos años. Digo, tampoco es que ya te hiciste fotógrafo porque tienes un celular en la mano. Lo que yo estoy planteando en este proyecto para mí también es como “¡aligérate la carga!”, fue una cosa de casi casi escaparme de la Ciudad de México, irme en el último avión posible a Tijuana, y es interesante porque el celular es coherente con esa posibilidad. Y así, llegué con mi morralito, con mi cel dentro y vámonos, y de asistente me llevé a mi papá.

 

FZ: Ahora, las imágenes con iPhone tienen sus limitaciones en el momento en el que las imprimes. No da para grandes tamaños. 

 

YV: Ya vi las impresiones, no van a ser muy grandes. Ya estoy harta de esos tamaños inmensos. Que ya pase esa moda. Esta idea de que también tiene sus limitaciones en tamaño me gusta. Miden 50 cm x 70 cm, que es un buen tamaño. Aunque viniendo de trabajar siempre con película, cuando veo las imágenes, las veo digitales, incluso cuando tomo las fotos con la Canon, veo cuando son digitales. ¡Histeria!

 

FZ: Tu ojo está muy educado, y al tener un iPhone con sus limitaciones, te puso en otra perspectiva. Es además otra manera de hacer las cosas a las que estás acostumbrada. Al final ¿cuál va a ser la salida de estas fotos?

 

YV: Es que yo trabajaba como laboratorista de impresos en Nueva York para profesionales, claro que tengo una histeria interna. 

 

Para Ago Photo son ediciones de 12 imágenes, hay dos tamaños y una caja de 10 fotos. Otra idea de Rudy es que el 10% de la venta va a dirigirse a una causa que el artista elija. Yo escogí El Día Después, de los mismos de Ambulante y La Corriente del Golfo. Ellos no reciben dinero sino que tienen una lista de organizaciones que necesitan apoyo. Se enfocan en poblaciones vulnerables.Esta es también una forma de ayudar para que no piensen que vivimos en una burbuja. Desde el temblor aprendimos.

 

FZ: Ahora que hablas de vulnerabilidad, ¿qué tipo de reflexiones has tenido en estos días?, sobre tu entorno, tu trabajo, en qué te ha movido o cambiado esta situación por la que atravesamos.

 

YV: Ha sido distinto cada semana. Cada día va cambiando el sentimiento y cómo está tu mente. Algo que he logrado es meditar. La meditación me ha ayudado a sobrevivir. No irme por el camino más difícil. Y lo que me he dado cuenta y que me va a salvar es mantener la esperanza, tener paciencia y conservar la paz en el espacio familiar. En el plan profesional, me estaban empezando a pasar cosas súper interesantes y de pronto todo se congeló. Pero siento que es algo que teníamos que hacer, teníamos que pausar, seguramente hay quien me odiaría por decir esto pero sí siento que hacía falta una pausa, y bueno, que sea mundial es una locura, me tiene sobrevolada. Es la primera crisis mundial que vivimos nosotros, que viven nuestros papás, nuestros hijos.

 

FZ: Y va parejo, de todos los estratos sociales e ideologías. Qué interesante ver cómo se va a modificar, cómo volveremos. Nos relacionaremos laboral, social y afectivamente de distinta manera. 

 

YV: Qué incertidumbre, qué locura. Cuando pienso en amigos que tienen vidas más estructuradas, están ahorita en crisis y pánico, por lo menos nosotros los artistas estamos acostumbrados a la incertidumbre, tenemos esa mini ventaja que hemos vivido así por mucho tiempo.

FZ: Leí algo que habla sobre cómo la tierra de donde eres te sigue acompañando siempre. Me gustó mucho y quería preguntarte ¿cómo es que simbólicamente Tijuana te sigue acompañando a donde vayas y te hace ser quien eres?

 

YV: En mi caso, crecí y todo a mi alrededor era muy afincado a la dualidad. Me tocó ser gemela, crecí en una frontera, mi papá es fotógrafo, hasta mi esposo Gregory Allen tiene alguien aquí con el mismo nombre. ¡Como si no fuera suficiente! Siento que mi forma de ver siempre tiene una relación con esta idea que se mueve entre dos. Pensar en la ambigüedad como una cosa que está sucediendo y que está viva, primero en mi trabajo, desde el acierto hasta el error, considerar ese espacio como una posibilidad de fotografiar algo inesperado, algo que a veces no sabes que va a suceder.

 

Y esa incertidumbre es parte de mi trabajo. Es como poder encontrar dentro de ella momentos que para mí son hermosos y nunca son lo que yo me hubiera imaginado. Son descubrimientos; lo mismo me pasa cuando estoy editando el trabajo de mis papás. Estoy viendo el material y buscando algo que no sé qué es, pero yo sé que no es ese momento que sí funcionó para el álbum. Al final la historia de alguna manera se cuenta con mayúsculas, con encabezados, ésa es la historia en la que estamos sumergidos, pero la historia real, la que yo creo que es real, está sucediendo paralela, en silencio.

 

Toda eso me resuena muchísimo, desde ese lugar yo estoy pensando, desde la vulnerabilidad, desde la posibilidad, desde lo creativo. Para mí la frontera es todo eso. Pero obviamente no lo voy entendiendo hasta que me hago más grande, yo viviendo allá sí lo veía, estaba esforzándome por crear un estilo alrededor de ese pensamiento, pero con el tiempo ya puedo hacer un proyecto como “Notas desde la línea”, que se me hace muy curioso y nunca pensé que lo íbamos a poner en línea… [risas]; pero digamos que puedo reflexionar de esa forma, porque tengo la distancia y la edad suficiente para decir esto es lo que soy. 

 

  www.ago-photo.com 


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