Si hoy conocemos gran parte de quienes nos precedieron, es porque alguien decidió registrar una idea y alguien más decidió conservarla. Los libros han sobrevivido revoluciones, han cambiado de dueño, de contexto y de significado. Hoy continúan siendo la forma más poderosa de preservar cultura, esa convicción está en el centro de Intermission Books.
Lo que hoy funciona como uno de los proyectos editoriales más particulares e interesantes de la CDMX, comenzó de una manera mucho más sencilla: dos personas que se regalaban libros.
Fher González Mendiola e Isabel Maciel coleccionaban publicaciones por separado cuando se conocieron. Ambos compartían una fascinación por las contraculturas, la fotografía, la moda, la música, el diseño y el arte. Cuando comenzaron a frecuentarse, los libros se convirtieron en una forma de diálogo, las bibliotecas de ambos crecieron en paralelo hasta que eventualmente terminaron haciéndose una.
La historia personal de ambos ayuda a entender el ADN del proyecto: Fher llegó a los libros a través de la música. Durante años estuvo influenciado por escenas como el punk, el metal y distintas expresiones contraculturales, esta fue una puerta de entrada hacia otros universos.

Isabel, por otro lado, desarrolló desde muy pequeña una fascinación por coleccionar piedras, hojas, papeles, pequeños objetos que funcionaban como rastros de experiencias. Más adelante llegaron la filosofía, las bibliotecas, los libros de arte y una necesidad constante de entender de dónde provenían las imágenes que la rodeaban.
En algún punto, ambas obsesiones se encontraron. Uno de los primeros regalos importantes dentro de esta historia fue ‘Tulsa’, de Larry Clark. Años después, cuando Intermission comenzaba a tomar forma, aquel ejemplar tuvo que ser vendido para ayudar a financiar el proyecto, tiempo más tarde regresó a sus manos en la edición japonesa de 1971.
Cuando sus amigos comenzaron a visitar la casa, era para ver los libros. Luego llegaban los amigos de esos amigos. Después comenzaron a aparecer personas que habían escuchado hablar de la colección. Fue entonces cuando surgió la pregunta, ¿qué pasaría si abrieran ese archivo al público?
La respuesta no era evidente. Muchos de los materiales que coleccionaban prácticamente no existían en México, pertenecían a escenas editoriales específicas de Japón, Europa o Estados Unidos, que históricamente habían permanecido lejos del alcance de Latinoamérica. “No teníamos idea de si iba a haber recibimiento. Antes de Intermission este tipo de títulos prácticamente no existían aquí”.
Decidieron empezar con lo que tenían a la mano, tomaron una selección de su colección personal y comenzaron a compartirla en Instagram, todo era muy DIY. Fotos de los libros tomadas con iPhone, edición casera y una curaduría impulsada por instinto, poco tiempo después llegó una invitación para participar en una feria editorial.
La propuesta apareció apenas unos días antes del evento, no había certezas, existía únicamente la convicción de mostrar la colección, llevaron cerca de setenta libros y vendieron casi todos. Pero más importante aún, comenzaron a aparecer conversaciones, personas que no conocían a los artistas detrás de las publicaciones se acercaban a preguntar, querían saber de dónde venían esas imágenes, qué historias contenían esos objetos.

Ahí entendieron que la necesidad existía, sin embargo, Intermission nunca quiso convertirse en una librería tradicional, tampoco en una biblioteca y mucho menos en un anticuario. Aunque trabajan con primeras ediciones, publicaciones descontinuadas, materiales de archivo y ejemplares difíciles de encontrar, el proyecto nunca ha estado impulsado únicamente por la rareza, lo que realmente les interesa es construir una conversación cultural.
Su archivo tiene una identidad muy específica. Entre sus títulos conviven figuras fundamentales para entender la historia de la fotografía, la moda, el arte y la cultura visual contemporánea. Guy Bourdin, Wolfgang Tillmans, Man Ray, Joseph Beuys, Alberto Burri, Larry Clark, Nobuyoshi Araki, Shinya Tsukamoto, Robert Mapplethorpe o publicaciones históricas como ‘Egoïste’ aparecen como parte de una misma conversación.
No son nombres seleccionados por prestigio, son piezas que existen dentro de una red de influencias. A través de estos libros es posible entender cómo se construyeron muchos de los lenguajes visuales que hoy consideramos contemporáneos. Cómo ciertas fotografías terminaron influyendo a diseñadores como McQueen o Raf Simons. Cómo determinadas publicaciones redefinieron la relación entre imagen, moda y cultura durante décadas.

Muchas de las referencias que hoy circulan en Pinterest de manera diluida comenzaron dentro de estas páginas. Intermission funciona como una biblioteca de influencias, un lugar donde es posible rastrear genealogías culturales: un libro lleva a otro, un fotógrafo conduce hacia un diseñador, una portada abre la puerta hacia una corriente artística completa.
Por eso les interesa sacar el libro de los espacios donde normalmente habita, han llevado publicaciones a bares, galerías, ferias y espacios culturales. Les interesa romper con la idea de que el libro pertenece únicamente a una repisa empolvada.

“Queremos poner el libro fuera de una biblioteca”. Cuando los libros permanecen alineados únicamente por el lomo, gran parte de su potencial desaparece, también desaparece la posibilidad del encuentro. Por eso cuestionan la idea del coffee table book, no porque los libros no puedan ser bellos objetos, sino porque su función principal ocurre cuando alguien los abre.
Una fotografía nunca es solamente una fotografía, también es el momento en que fue tomada, el fotógrafo que la realizó, la historia que la rodea, la publicación donde apareció y las conversaciones que generó después. Internet ha democratizado el acceso a las imágenes, pero también ha contribuido a borrar parte de su origen.

Una página doblada, una anotación al margen, una dedicatoria escrita hace décadas, todo eso forma parte de la historia de un libro, pero también de la historia de quienes lo han tenido entre sus manos.
En una época donde gran parte de nuestra memoria habita servidores invisibles y carpetas digitales que rara vez volvemos a abrir, estos objetos siguen acumulando rastros humanos. Cada marca de uso se convierte en evidencia de una vida que pasó por ahí, que existió una referencia que transformó su manera de mirar.

En Intermission Books, los libros funcionan como fragmentos de una conversación cultural mucho más amplia. No es cultura de consumo rápido, son materiales curados desde una obsesión genuina por comprender de dónde vienen las imágenes que seguimos referenciando hoy.
Al final todo regresa al papel, y elegir el papel en una era de pantallas, es una elección radical. ¡Larga vida al impreso!
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