Lynn Fainchtein & Toni François

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texto Rulo David
fotografía Ana Hop

Lynn Fainchtein: Densidad sonora

 

Lynn Fainchtein es música. Es radio. Es cine. Es un sentido del humor fantástico. Una inteligencia aguda. Una carrera peculiar y extraordinaria. Éste es un breve texto que intenta explicar su labor e historia. Lo que dice la página de Wikipedia de Lynn Fainchtein Steider:

 

– Que es comunicadora, locutora y productora.

– Que es mexicana, proveniente de una familia de ascendencia judía-rusa.

– Que es egresada de la Facultad de Psicología de la UNAM.

– Que participó como conductora y productora de distintos programas de radio —Descelofaneando, Salsabadeando o Sonorock, entre muchos otros— de la mítica Rock 101.

– Que fue gerente de la AM Dimensión 1380 por seis años.

– Que ha participado también en la musicalización de muchas películas mexicanas, entre ellas Amores perros, Todo el poder y Por la libre.

– Que además ha hecho lo mismo en producciones internacionales como The Revenant, Birdman, The Butler o Precious.

– Que trabajó como directora de programación y noticieros de MTV Latinoamérica, en Miami, de 1994 a 1999.

 

Lo siguiente no se encuentra en el sitio antes mencionado. Empezó a trabajar en Rock 101 al quedar huérfana y verse obligada a encontrar qué hacer. Antes había dado clases de teatro en unas clínicas de salud mental en Texcoco (que no sabe si siguen existiendo), y los domingos era empleada de una panadería. A los 19 años, con un arsenal de vinilos que había estado acumulando, se dirigió a una estación de radio a pedir trabajo. Sobra decir que se lo dieron. La movieron de horarios. Hizo diferentes programas, incluyendo uno de salsa y otro de música cristiana. Se convirtió, al paso de los años, en una de las voces más importantes de la frecuencia modulada, gracias a sus profundos conocimientos musicales y su punzo cortante sentido del humor.

 

Luego empezó a dirigir, durante seis años, una frecuencia de amplitud modulada llamada Dimensión 1380, dedicada a la nostalgia: boleros, cumbias, tangos, norteñas, rumbas, rancheras, danzones y grandes bandas. Algunos de los locutores fueron Margo Su, María Victoria, Pepe Jara, Carlos Monsiváis. Al mismo tiempo, con el equipo de Rock 101, donde seguía al aire, organizaba conciertos de Caifanes, Radio Futura, Jethro Tull, Soda Stereo y Lou Reed, entre otros. Esto es apenas el comienzo de una trayectoria francamente impresionante que no cabe en este espacio.

 

Lo de organizar conciertos, por cierto, le resulta una tortura. Juró que no lo volverá a hacer: “El backstage y el trabajo de hacer un concierto es horrible. Nosotros cerrábamos el contrato con Lou Reed. Lo recogíamos. Lo llevábamos al hotel. De ahí al Auditorio Nacional a ver que se estuviera montando el audio. Ver lo de los boletos. Ver lo del dinero. Se volvió una pesadilla. Conocí lo peor de Lou Reed en un elevador a las 4 a.m. porque quería sushi a esa hora y yo no tenía dónde conseguírselo. Además, perdimos un dineral porque Jethro Tull nos tomó el pelo”.

 

De Rock 101, en 1994, se movió a la naciente señal de MTV Latinoamérica, a cargo de la programación. “Era muy emocionante. Podíamos hacer lo que habíamos hecho en radio, pero ahora en la tele, con más dinero, en todo el continente y usando la marca de MTV, que ya pesaba”. También le tocó desarrollar el departamento de noticias de la cadena. De aquella época fueron especialmente memorables los especiales que se hicieron con el subcomandante Marcos. Cuando MTV vio que no estaba entrando el dinero esperado, dio un giro drástico hacia el pop y lo frívolo. Sobra decir que lo primero que se acabó fue el noticiero y la buena música. Era hora de dejar Miami y regresar a México.

 

No he conocido a nadie con el rigor de Cuarón, el Negro Iñárritu y Lee Daniels. Ellos me enseñaron a ser disciplinada. 

-Lynn Fainchtein

 

Aterrizó en Altavista Films, la ahora extinta productora cinematográfica de Alejandro Soberón, donde se adentró en el que actualmente es su principal oficio: supervisión musical de películas y series televisivas. Sin embargo, su relación con el cine ha sido más amplia. También se ha encargado de producir cintas como Hecho en México, 0.56 ¿Qué le pasó a México? y El Santos contra La Tetona Mendoza.

 

Me dice que siempre está haciendo la supervisión musical de 10 proyectos al mismo tiempo. Unos pueden estar en post-producción, mientas otros apenas están empezando. De esos 10 proyectos, ocho son series y dos son películas. Su principal cliente es Netflix: “Lo que está padre es que es una serie de Alemania, una de Turquía, una de Jordania, una en Brasil, una en Colombia, una en Dinamarca y dos en México”.

 

“Mas que difícil, fue memorable” Así define su labor en Roma, donde no sólo eligió, con Alfonso Cuarón, toda la música que suena, sino que se involucró en otros aspectos de la película: “Hice la parte de la música, pero también las imágenes que ves en los dos cines, los sonidos. Los comerciales viejos, las voces de locutores, todo eso es mío”. Aunque ya conocía a Cuarón, nunca había trabajado con él. El director la buscó: “Voy a hacer esta película, no hay guion”. Le pregunto si es un tipo muy exigente.

 

“No, tiene otra cosa y por eso es tan grande. Cuarón, el Negro [Alejandro González Iñárritu] y Lee Daniels son gente que cuida hasta el último rincón de todos sus proyectos. No he conocido a nadie con el rigor de ellos tres. Entonces la exigencia de Cuarón viene porque no se le va una. Todo lo tiene cuidado, todo lo piensa, todo lo calcula y a todo le dedica tiempo. Por eso le salen las cosas. Y eso me enseñó a que no se me vaya nunca nada. Lo que me faltaba de disciplina y de rigor, lo aprendí aquí”.

 

Toni François: La batalla de la lente

 

Si te encuentras a Toni en un festival de música, es muy posible que esté apresurada, cargando kilos y kilos de equipo. Va corriendo de un escenario a otro. Quiere que su cámara capture lo que a ella le parece interesante. Aunque tenga que recorrer kilómetros sorteando multitudes. Esa dedicación, sumada a su talento, la han convertido en la fotógrafa de conciertos más conocida de este país. Además de lo que publica en su propio medio y en los que la contratan, muchos artistas han confiado en ella para documentar su historia. Así llegó a donde está.

 

Toni François se interesó por la música en la preparatoria. Antes, escuchaba la música que le llegaba de rebote vía su padre: Chicago, Beatles, Elton John.

 

Green Day, Soundgarden y The Offspring fueron las primeras bandas con las que conectó por cuenta propia. Dando vueltas por la robusta sección de revistas de la extinta Tower Records, encontró publicaciones como la mítica y radical Maximum Rocknroll. Navegar entre sus páginas amplió sus horizontes: “Ahí empecé a ver que existían mas grupos”. En particular, se volvió aficionada del punk y sus variantes.

 

Los siguientes pasos en su vida musical fueron excursiones sabatinas al tianguis del Chopo y asistir conciertos de hardcore y de punk: “Me gustaba la agresividad, que era diferente a lo que conocía, al ambiente en el que estaba”. Toni acababa de entrar al ITAM. Primero se matriculó en Administración de Empresas, pero a los tres semestres se cambió a Ingeniería en Computación. El ambiente de esa escuela no le hacía sentir cómoda. “Me enfermé y estaba rapada. En 1997 la gente del ITAM me veía raro por andar así. Iba al Chopo y nadie me decía nada. Al contrario, me decían ‘eres punk’. También iba al [Multiforo] Alicia, cada semana, a ver grupos, a pasar un buen rato”.

 

Creo que nunca ha sido apreciada [la fotografía]. Creen que picas un botón y ya. Pero son años de aprendizaje. 

-Toni François

 

Su madre le obsequió una pequeña cámara digital, de las primeras que salieron a la venta. “La llevaba al Alicia, no porque quisiera ser fotógrafa, nomás para usarla. También hacía páginas de Internet para grupos que conocí ahí, como Lost Acapulco o Ducto, y usaba las fotos que tomaba en los conciertos”. Su cartera de clientes se fue ampliando. Los músicos se le acercaban para que montara y administrara su sitio en la red. Al poco tiempo ya estaba trabajando con músicos mas consolidados como Aleks Syntek, Moderatto, Fobia y Morbo. Ahí empezó a cobrar por sus fotos. Ahí su afición se transformó en su modus vivendi.

 

Como se habrán dado cuenta, ésos no son artistas de punk y mucho menos de hardcore. Afortunadamente, nunca ha sido problema trabajar con o para artistas cuya música no es de su completo agrado: “Lo veo como trabajo. Y me sirve para aprender cómo trabajan otras personas. No es nomás conocer al artista; también al ingeniero de sonido, al de luces, a los managers, a toda la gente que está detrás de él, que en realidad son los que hacen casi todo”. Además, que un músico le emocione no es garantía de buenas fotos: “Por ejemplo, Mark Lanegan. Me encanta, fui, y el tipo todo teporocho, pegado al micrófono, la luz estaba horrible y las fotos salieron espantosas. Y, por ejemplo, le tomé a Bad Bunny, que no me gusta, pero las fotos quedaron muy padres”.

 

Cuando trabaja directamente con un artista es mejor. “Me gusta cuando llevo mucho tiempo con ellos, como con Zoé, Moderatto o Ha*Ash. Me dejan moverme libremente en el escenario, confían en lo que voy a hacer”. El otro lado de la moneda es cuando va como prensa a cubrir un concierto, ya sea para medios que se lo solicitan o para su portal, Tono.tv.

 

“Cuando vas como prensa te dan tres canciones y estás como a 8,000 kilómetros, con otros 40 fotógrafos ahí peleando. En las primeras tres canciones hay veces que no pasa nada, está el cantante inmóvil”. Por si fuera poco, muchos artistas ya no dejan que se les tomen fotos o sólo permiten que se hagan desde la muy distante consola de sonido. “Pero sigo tomando fotos en el Alicia, no me importa tomar fotos en foros para 100 personas, luego son las más padres”.

 

Le pregunto cómo es el ambiente en la zona de fotos. Platica que entre los fotógrafos que llevan tiempo en el oficio, no sólo hay respeto, sino también gestos solidarios que abonan a que todos saquen adelante la misión. El problema son los nuevos. “Llegan como animales, te empujan, levantan la cámara, casi te pegan si les reclamas. Mucha agresividad”. Cuenta que hay muchos que sólo van estar cerca del artista, a bailar con un trago en la mano o sacan su celular para grabar. “Ya no lo toman tan en serio, quizá porque ahora acreditarse es más fácil”.

 

Para ser un buen fotógrafo de conciertos, dice, lo primero es estar atento todo el tiempo. También hay que saber qué se va a fotografiar. Estudiar al artista. Buscar sus actuaciones en YouTube. Hay que buscar gestos interesantes. Tratar de mostrar el escenario y no sólo close ups.

 

¿Cómo es la economía de tu oficio?, pregunto a propósito de un tuit que publicó horas antes de nuestro encuentro, en el que se quejaba de un editor que le pedía fotos gratis. “Creo que nunca ha sido apreciado. Creen que picas un botón y ya. Pero son años de aprender, de trabajar en otras cosas para invertir en equipo. Es cargar todo ese equipo durante horas. Editar las fotos. Se imaginan que estuve tomando cubas y de repente me puse a tomar fotos”.

 

Por si fuera poco, hay artistas que tampoco muestran consideración por quienes se dedican a retratar sus actuaciones. Relata lo que le pasó con los Foo Fighters. “Muchos grupos grandes no traen fotógrafos. Y lo que hacen es acreditar medios, pero antes firmas un contrato que literalmente dice que las fotos son suyas toda la eternidad y en todo el universo. Que las pueden usar en lo que quieran y sin darte crédito. Si no lo firmas, no entras. Son unos desgraciados”.

 

Próximamente el capítulo 2 de nuestros faces de #Karaoke192.


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