TIERRA ADENTRO: Una conversación con Josa Silva en el Valle de Guadalupe

0609
por Danaé Salazar y Fabiola Zamora
fotografía Karla Lisker

Josa Silva, escoltado por una copa de vino, escucha nuestras ideas sobre hambre, el tema que guía la edición actual de 192. “Son demasiadas preguntas”. No podíamos parar. La sincronía de los sueños de Josa —esta vez realizados en una colección cápsula mostrada únicamente ahí—, y los nuestros sobre una edición en pleno proceso de producción, era como el borde de un grito. Sentados en la Villa del Valle, un pequeño hotel que albergó la boutique temporal de esta colección, de nombre Trista en el Valle, trató de tomar forma esta conversación. La sangre roja nos escoltó hasta el final.

 

Josa: Trista en el Valle no está inspirada en el paisaje del Valle de Guadalupe. Esta colección es un sueño encaminado, es decir, tiene una dirección. Desde mi punto de vista, a nuestra industria (de moda y en el país), lo que le hace falta es tomar la batuta y agarrar las riendas. Si cada proyecto va haciendo bien sus cosas —como Lorena Saravia su tienda en Masaryk, o Yakampot sus colaboraciones—, el ecosistema por así decirlo, va tomando fuerza, unión, y empieza a tener un sentido. Lo que me llamó la atención del Valle de Guadalupe no solo es que no le pide a nada otro lugar, sino que cada vinícola, cada espacio gastronómico y cada proyecto que se ha levantado aquí, ha sabido salir adelante de una forma personal y exitosa. Y eso ha nutrido, en su conjunto, a todo el Valle. Por eso es lo que es, no por el paisaje.

 

La fuerza de atracción de este lugar me hace pensar que lo adopto, aquí están sucediendo cosas y el hecho de que funcione implica que algo está bien hecho. La gente que lleva tiempo aquí y ha logrado ‘tener éxito’, lo hace ver tan sencillo, pero lo cierto es que la suya es una pasión natural, por eso sientes que cualquier persona podría lograr montar un hotel, crecer uva, hacer su propio vino y vivir el resto de sus días en un lugar como este. Lo hace ver tan sencillo que no te das cuenta lo que esto implica.

192: Claro, es una ilusión de las fáciles querer diseñar ropa y ser bueno con la primer colección, o hacer una revista, o tener una tienda de ropa y que sea negocio de un día para otro.

 

Josa: Parece fácil. La realidad es que todos estamos machacándole y el hecho de estar aquí solamente es un complemento de esa atracción, el reflejo de que hay algo que se está haciendo bien y creo que es la razón por la que tanta gente está viniendo al Valle de Guadalupe: existe una atracción natural pero pocos conocen el trabajo que hay detrás, su verdadero carácter, ese pequeño elemento que lo hace un poco salvaje y al mismo tiempo interesante. Empiezas a rascar y te das cuenta que hay algo más allá, que no solo es el paisaje, sino un conjunto de elementos. Es curioso porque poca gente hace esa relación de ideas. ‘Ay qué bonito’, sí, a primera vista, pero es algo más profundo que eso.

 

192: Tenemos el tema de hambre muy adentro. Tu cambiaste y modificaste el rumbo de lo que fue Trista, ahora se ve una evolución. Parece que tienes hambre de que tu marca o la industria crezca. Tus proyectos y tú mismo tienen un fondo…

 

Josa: Es muy complicado. El concepto hambre cuesta trabajo. Por un lado, está lo romántico y poético —que estoy convencido que al mundo le hace falta, y sí creo que la gente necesita esos pequeños escaparates que te reviven el alma, como la poesía—: un buen proyecto, sea de moda, sea una revista, sea una buena comida, te nutren. A veces el día a día te hace olvidar la belleza en un gesto. Me interesa tener un proyecto que pueda ser un escape a la vida cruda, pero por otro lado está el proyecto ambicioso y cómo sacarlo adelante. Lo que nutrirá a ese proyecto, además de la poesía, es el imaginario colectivo: tenemos que tener algo que nos vincule con lo que somos y adonde pertenecemos. Las grandes marcas de lujo marcan la pauta, las seguimos; los grandes eventos deportivos marcan la pauta, nos vinculan con algo que creemos propio. Pero sabemos que en México no existe ese vínculo y que no hay un attachment a un proyecto que nos haga sentir únicos para bien. Y es complicado y ambicioso porque no es algo que se va a lograr en 5 años, pero creo que lo que nosotros hacemos es un comienzo.

192: ¿Tener ésta tienda pop-up responde a una necesidad o más bien a una estrategia comercial? Tienes la madurez en tu propio negocio de no meterte el pie económicamente hablando. Entonces, también debe de haber una conciencia en ese sentido.

 

Josa: Empezamos a enfocarnos mucho en un nicho del mercado. El primer rumbo fue hacer vestidos a la medida y concentrarnos en el tema del craftmanship. El crecimiento ha ido poco a poco. El tema es que crecer con vestidos a la medida tiene un límite al que llegas demasiado pronto y luego es difícil continuar creciendo. Haces más vestidos pero ganas lo mismo y eso al final no va a hacer que el crecimiento sea sustentable al proyecto. La manera de poder equilibrarnos fue ofreciendo ready-to-wear. Entonces la demanda llegó.

 

Somos una marca que propone un estilo de vida, por eso comenzamos el año con una exposición, una campaña, esta pop-up, un desfile que viene en noviembre, una fiesta, un nuevo showroom en Bosques. Es una serie de eventos que están enfocados no nada más al aspecto comercial, sino al espíritu del proyecto. Con la boutique del Valle de Guadalupe, más que representar un modelo de negocio, queremos activar internamente nuestro sistema de producción. Es una realidad que esto nos cuesta dinero, pero a diferencia de la exposición, que solo era imagen, aquí es negocio y para Trista significa agarrar el toro por los cuernos…

 


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