La liberación a través de su segundo álbum ‘So Help Me God’.
fotografía cortesía de Kelsey Lu
Descubrí la música de Kelsey Lu (1991, Estados Unidos) durante la pandemia por Covid-19, allá en el 2020 donde el ambiente solía llenarse de soledad. Un día Blood (2019) —su álbum debut— llegó a mí y a partir de ese momento nunca me soltó su sonido onírico y catártico. Escuchar sus canciones era como desenredar emociones y pensamientos que cruzaban por mi mente durante ese periodo, y se convirtieron en una compañía que me agarraba la mano con fuerza. Nunca imaginé que seis años después estaríamos platicando sobre su segundo álbum So Help Me God, una oda a la transformación, a la crudeza de enfrentar a los fantasmas del pasado y al crecimiento personal.

Con 10 tracks y un mini film de acompañamiento, el álbum co-producido con Jack Antonoff e Yves Rothman explora los sonidos para romper los límites de lo clásico y logra crear un ambiente que, de alguna manera, te refugia en la introspección que nace de la tranquilidad. Con nombres como Running to Pain, Comfort, Cutting off the Head of a Ghost o Reaper, incluso antes de escuchar el álbum podemos entender el mensaje general del proyecto: un ejercicio que no le teme a la vulnerabilidad, al cambio e intenta empatizar con sentimientos que se albergan en procesos complicados. Desde lyrics descriptivos hasta metáforas sonoras, cada canción se convierte en una piedra que construye un camino hacia la liberación.
Lu pone en alto lo que es hacer arte desde la autenticidad y la habilidad de reencontrarse a sí mismx como un fundamento de su creación. Renovarse después de salirse de los testigos de Jehová —la religión con la que nació y creció— ha sido uno de sus motores, y encontrar su propio espacio en el mundo desde una individualidad que abraza sus convicciones más profundas. Además de su maestría musical en proyectos personales, ha logrado verter su alma en composiciones que acompañan filmes como Daughters (2024) y Earth Mama (2023), películas que tienen bases en lo social y lo íntimo.

Sophia Garduño (SG): Hablas mucho sobre cómo luchaste emocionalmente durante el COVID-19 y cómo saliste adelante a través de tus canciones. Hablando de estos mecanismos de afrontamiento, ¿cómo encuentras fortaleza a través de la música?
Kelsey Lu (KL): Todo se trata de soltar la necesidad de tener el control absoluto y aprender a confiar en tu intuición. Para mí, crear siempre ha sido algo muy emocional y espontáneo. La intención llega después, cuando la canción ya tiene una base, pero el inicio siempre nace de lo que estoy sintiendo en ese momento.
Mientras construyo una canción —la instrumentación, las letras, las capas emocionales— empiezo a entender mejor qué estaba ocurriendo dentro de mí. Creo que por eso cada canción termina siendo una historia. Incluso mi trabajo componiendo para cine me ayudó mucho a entender cómo ciertos sonidos pueden transmitir intimidad, inocencia o dolor, y eso terminó moldeando la manera en que produzco mi propia música.
Vengo de una formación clásica donde debía tocar exactamente lo que leía en la partitura, pero en algún momento necesité romper con esa estructura y empezar a componer desde la emoción. Mi primer año fuera de los testigos de Jehová fue también el primer momento en el que sentí verdadera libertad emocional. Ahí entendí que mi fuente creativa siempre iba a venir de lo que estoy viviendo y sintiendo en tiempo real.
SG: ¿Te has visto a ti misma en algunos de los personajes de las películas o documentales para los que has hecho scores?
KL: Sí, especialmente cuando hice Earth Mama (2023). En ese momento estaba atravesando un proceso de sanación muy profundo relacionado con mi madre, conmigo y con experiencias personales muy dolorosas. Acababa de regresar de Indonesia después de un mes muy intenso emocional y espiritualmente, además de estar saliendo de una relación abusiva.
Durante ese viaje hice mucha introspección y participé en ceremonias de sanación que me hicieron confrontar muchas cosas sobre mí y sobre las decisiones que había tomado. Cuando volví a Nueva York conocí a Savannah Leaf [directora de la película] y me pidió hacer la música para el proyecto. Era algo que siempre había querido hacer, pero todavía me sentía insegurx respecto a mi música.
Sin embargo, cuando entendí que la película hablaba sobre la maternidad, sentí inmediatamente una conexión muy profunda. Aunque no era exactamente mi historia, sí había emociones y heridas relacionadas con la figura materna que resonaban muchísimo conmigo. Creo que terminé poniendo partes de mí dentro de la música y dentro de ese universo emocional.

SG: Muchas gracias por compartirlo. También hablas mucho de conexión. ¿Con qué cosas o personas quieres conectar más?
KL: En los últimos siete años he cambiado muchísimo. He pasado por momentos de aislamiento, pero también por etapas de conexión muy profundas con personas que han estado presentes desde antes de que comenzara todo este camino musical.
Durante mucho tiempo tuve miedo de conectar realmente con la gente, incluso con mis propios fans, porque rechazaba la “fama”. Quería coincidir a través de la música, pero existían muchos muros emocionales construidos desde la religión con la que crecí. Creo que estos años han sido precisamente un proceso de derribar esas paredes.
También existía miedo alrededor del éxito y de mi propio propósito. Sentía miedo del poder que tiene la música para crear conexiones profundas. Pero hoy estoy aprendiendo a abrazar eso desde un lugar más abierto y vulnerable. Creo que ahora me emociona mucho más conectar genuinamente con las personas.

SG: ¿Cómo se reflejan tus aspiraciones y crecimiento personal en el álbum So Help Me God?
KL: So Help Me God refleja completamente mi proceso de transformación personal. Ha sido un periodo de enfrentar mi pasado y atreverme a explorar todo eso creativamente. En algún momento incluso pensé en escribir un musical de comedia oscura sobre los testigos de Jehová y sobre las experiencias de otras personas que también dejaron ese entorno.
Durante ese proceso encontré Visions of Glory, un libro escrito por Barbara Grizzuti Harrison, una ex testigo de Jehová. Mientras lo leía, yo también estaba escribiendo y documentando sueños, visiones y experiencias espirituales que había tenido durante los últimos años. Lo más impactante fue descubrir que uno de mis sueños recurrentes era casi idéntico al que ella describía en el libro.
Eso me hizo entender que, aunque crecer dentro de una religión tan aislante puede traer soledad, en realidad existen experiencias humanas profundamente compartidas. Y creo que esa idea terminó impregnando todo el álbum. Este proyecto también me ayudó a reconocer heridas, relaciones poco saludables y muchas emociones que necesitaba mirar con más compasión. Al final, fue una manera de recuperar mi voz y sentir que finalmente estaba tomando el control de mi propia vida.

SG: El final del álbum con Cutting Off the Head of a Ghost es muy poético. ¿Qué querías trabajar con esta canción?
KL: Trabajé varios miedos. El miedo más grande que enfrenté fue permitir que mi pasado dejara de controlar mi vida. Durante mucho tiempo sentí que la depresión, ciertas heridas emocionales y muchos recuerdos me impedían encontrar verdadera alegría en la música y en mi vida. Pero la canción también habla de entender que algunos miedos nunca desaparecen del todo. Un fantasma sigue siendo un fantasma, no le puedes cortar la cabeza realmente.
La diferencia es que ahora ya no permito que ese miedo tome el control. Puede existir, puede acompañarme, pero ya no dirige mi vida. Y eso es exactamente lo que representa el final del álbum y de la película que acompaña al proyecto: seguir avanzando incluso sin tener todas las respuestas y a pesar de que haya dolor presente.
También hay una reconciliación muy profunda con mi niñx interior. Quise darle amor, ternura y protección a esa parte de mí que quizá lo necesitó en otros momentos. Por eso decidí incluir una orquesta infantil en la canción. Para mí, Cutting Off the Head of a Ghost une todos esos mundos: el dolor, la resistencia, la inocencia y la posibilidad de seguir encontrando esperanza después del miedo.
El álbum disponible en plataformas a partir del 12 de Junio.
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