Girl Ultra: el ‘indie sleaze’ ochentero de Rrromeo

Sonidos de memorias y deseo…

0907
texto Zunshu
fotografía Manel Dart
maquillaje y pelo Efrén Espinoza
asistente de estilismo Aida Vega
modelo hombre Adrian Arista

Me encontré con Girl Ultra en Sanborns, es uno de los gustos que compartimos. Coincidimos en que algunas de sus sucursales parecen espacios detenidos en el tiempo: la madera, los vitrales, los uniformes, las lámparas, la distribución del espacio… todo permanece igual a como era hace 20 años.

 

Falda y camisa COS

 

 

Compartimos esa sensación de nostalgia por los dosmiles. Hablamos sobre ser niños en esa época, cuando éramos intrusos en conversaciones de madres divorciadas y los centros comerciales eran el lugar donde más gozábamos estar. Recordamos las tardes recorriendo los pasillos de Mixup repletos de discos, los audífonos de diadema donde escuchabas un álbum antes de decidir si llevarlo a casa, rituales que hoy sobreviven más como anécdota que como práctica.

 

Existen sonidos, imágenes y formas de mirar el mundo que permanecen vigentes porque siguen encontrando personas que se reconocen en ellos. La música es uno de esos lugares nobles donde la memoria encuentra refugio: permanece en la mente porque siempre encontramos en ella nuevas formas de pertenecer.

 

Los proyectos de Girl Ultra siempre han partido de una inquietud personal muy ligada a su origen, desarrollando un universo musical donde funge como intérprete, compositora, productora y directora. Gracias a ello, ha logrado colocarse como la mayor referente mexicana del R&B y el pop alternativo en el panorama internacional.

 

Rrromeo, su próximo álbum, llega en octubre después de un proceso creativo que se extendió durante años entre Ciudad de México, París, Nueva York, Barcelona y Los Ángeles. El proyecto fue coproducido por Girl Ultra junto a Chromeo, dúo canadiense integrado por David Macklovitch y Patrick Gemayel, referentes globales del funk contemporáneo y la electrónica.

 

Conceptualmente, Rrromeo aborda la experiencia femenina frente al deseo masculino y replantea uno de los mitos románticos más grandes de la literatura del siglo XVI. Iniciamos esta entrevista en la mesa del fondo del bar.

 

Vestido Malena Foyo, zapatos Roger Vivier, abrigo propiedad de Girl Ultra

 

 

Zunshu (Z): Romeo es un símbolo universal. Representa una figura de amor extremo, romance desmedido e ideal. ¿Qué significa para ti esa figura?

 

Girl Ultra (GU): Desde niña he sentido mucha atracción hacia el amor masculino. Romeo para mí es una representación de eso y es algo muy ligado a mi generación. En algún momento se desdibujó ese interés en la música mainstream.

 

Para este disco quería retomar ese enfoque, lo que hace Madonna desde sus inicios: objetivizar al hombre desde el erotismo. Retomar este hilo conductor entre la Mariana que creció besuqueándose niños en el sur de la ciudad y esta mujer de 30 que busca vínculos e historias dentro y fuera de la figura masculina. Para mí eso es Rrromeo un material que encapsula mi historia como mujer en un arquetipo erótico que todos conocemos.

 

Z: Sí, con el tiempo se ha diluido esa manera de retratar a la figura masculina. Pienso que se debe al auge del reguetón. En los últimos años el enfoque de ese género se ha inclinado cada vez más hacia la independencia femenina.

 

GU: Sí, y creo que por eso existe cierta añoranza hacia lo que se escuchaba antes. Ese erotismo decorado de la canción pop ochentera se desdibujó un poco. Entiendo el discurso de “sí, los hombres a la verga”, yo lo vivo y lo comparto también. Pero me encanta saber que hay una especie de instinto salvaje, de animalismo humano, en el cual deseas el cuerpo de un hombre. Utilizar este enfoque como objeto narrativo y de composición musical es muy jugoso.

 

Z: También es otra forma de tomar poder.

 

GU: Para mí el sexo es poder, y la manera en la que lo abordo en Rrromeo es sugestiva, con esta narrativa ochentera que sugiere. No diré que no sea explícito en momentos, pero lo abordo como esos guiños sexuales que tenían Yuri o Daniela Romo, donde nada más te sugerían.

 

Z: Ahora que mencionas los ochenta, la primera escucha que tuve de “Denisse” —primer sencillo del álbum— inmediatamente me recordó a Mecano. Últimamente he estado explorando más su discografía y la manera en la que narras en este álbum es mecanesca, retro.

 

GU: Es un recurso muy de la época. Siento que los ochenta fueron la última vez que existió hambre por el futuro, expectativa hacia lo desconocido. Eso estaba inmerso en la música, en el cine y en el amor. Mecano pintaba imágenes muy cinematográficas en sus canciones. Cada canción te evocaba un plano visual.

 

“Denisse” es esto: te está pintando el arquetipo de una persona que salió de una relación culera y poco a poco vas conociendo más sobre esa historia, te lleva por una narrativa lineal. Me gustan mucho los temas así, desde el inicio sabíamos que queríamos hacer eso.

 

Z: A pesar de titularse así, habiendo escuchado ya el álbum, noto que no es satelital la figura de Romeo. Cada canción se percibe como un retrato de una situación particular, pero no alrededor de esa figura.

 

GU: No. Romeo más bien evoca todos estos sentimientos que me recuerdan al amor masculino. Esa sensación a flor de piel que por ejemplo, en “Denisse” se cuenta a través de una amistad real. En el álbum hay canciones dirigidas a personas reales y a través de Romeo como recurso, exploramos diversos sentimientos y situaciones.

 

Es un álbum corto —de ocho tracks—, constantemente recae en mandarle un besito a un nene, pero también retrata ciertos momentos vulnerables que existen en medio de eso.

 

Playera y bolso Comme des Garcons, falda propiedad del estilista

 

 

Z: Claro, ese es el pretexto para hablar y demostrar otras cosas. ¿Cuándo iniciaste la producción de este material?

 

GU: Hace cinco años, antes de que saliera Blush (2024), incluso antes de El Sur (2022). Este disco lo empecé a trabajar con Chromeo en 2021. Fue lindo porque yo tenía una amistad online con Dave desde hace mucho tiempo.

 

Esa amistad desembocó en que ellos me invitaran a L.A. Querían producir a un artista que no cantara en inglés y pensaron en mí. Se alineó todo y trabajamos en conjunto durante años, nunca había pasado tanto tiempo añejando algo.

 

Dejé ir muchísimas canciones, hubo muchas cosas que sentí que ya no se alineaban con este universo. También estuvo el factor de que, como intérprete siempre chocas con tu propia interpretación, tu voz va cambiando contigo, siempre vas a ser mejor cantante. Por ejemplo, en la versión de “Denisse” que grabé en 2021, sonaba como una niña. Había algo muy bello ahí, me quedé con algunas partes de esas voces, pero volví a grabar la mayoría. Es un proceso muy interesante ver cómo un disco envejece contigo.

 

Z: No siempre existe ese tiempo para permitir que los materiales se añejen, mucho menos en esta era de la música. ¿Cómo te sientes ahora con tu álbum anterior?

 

GU: Muy en paz. Para mí cada disco es un viaje personal. Blush (2024) sigue siendo un trabajo muy cohesivo a mi parecer. También reconozco que hay cosas con las que ya no resueno de mis proyectos anteriores. Ya no las toco porque no tendría por qué hacerlo, es lindo verlas como sólo un registro del tiempo.

 

Z: Observo que en las industrias creativas uno hace las cosas y al poco tiempo caen de tu gracia. Un mes después ya no las ves igual. ¿Cómo abordas tus trabajos anteriores en vivo?

 

GU: Me gusta tocar algunas cosas de antes. Mis materiales pasados eran mucho más R&B, más bubbly, más de niña. No puedo omitir esa parte de mi historia, si una persona paga un boleto y quiere escuchar esas canciones, las tengo que tocar. Por eso reversiono chingos, siempre estoy buscando maneras de dar una nueva vida a lo pasado.

 

Z: Algo que destaco en tu trabajo es que dejas ver la variedad cultural de tus referencias. ¿Qué inspiró el universo de Rrromeo?

 

GU: La música new wave, Alaska y Dinarama, más contemporáneo Molchat Doma, también algo de rock en español. Aunque principalmente la pluma de los ochenta: cómo escribían, cómo narraban, cómo insinuaban.

 

Sonoramente también me llaman mucho estos proyectos que tienen un fetiche por la música árabe, como Saâda Bonaire o Depeche Mode, que sampleaban muchos elementos de esa cultura, eso hice en este disco.

 

También quería explorar otra parte de mi contexto, esa época del indie sleaze, cuando empecé a salir a fiestas, recuerdo ir a ver a Chromeo tocar en el Parque España. Crecí cuando estaba a punto de explotar ese movimiento y después se desvaneció.

 

En Rrromeo quería juntar esos universos, y creo que se dio una cohesión muy chida porque literalmente estoy trabajando con la fuente, con Chromeo. Yo pagaba por ir a verlos, tenía 15 años cuando iba a sus conciertos con mi novio de mierda de esa época.

 

Z: Ahora que mencionas esta etapa de cuando te movías en la escena indie, me gusta observar que esa versión de ti sigue muy presente en tu trabajo. Se refleja en el escenario sonoro, registras múltiples capas culturales muy de la CDMX.

Otros artistas avanzan dictando su siguiente paso a partir de lo pop. Y no me refiero al pop como género, sino como un modelo de distribución. Tú no has caído en eso, ¿por qué?

 

GU: Estoy demasiado ligada a esta ciudad. Está impregnada en mi personalidad: mis lugares, mi ropa, mi música, las cosas con las que crecí. Tal vez no soy la productora más hábil, pero mi archivo de referencias es solo mío, y esa información para mí es lo más valioso.

 

La mayoría de mi esencia viene de orbitar esta ciudad. La gente podría confundirse pensando: “¿Qué tiene de mexicana esta chava rockera?”. Pienso que no tiene que haber folclor tradicional para representar de dónde vengo.

 

La CDMX está en el top de escuchas de The Cure. Nadie me va a decir que esta ciudad no tiene una necesidad alternativa desde hace más de 50 años, eso siempre ha estado muy presente para mí. La vanguardia viene de la investigación, no viene de lo que está pasando o de lo que está a punto de pasar, viene de la basura, de ahí sacamos los tesoros. La basura de unos es el tesoro de otros.

 

Look total propiedad de Girl Ultra

 

 

Z: Definitivamente. Y las piezas que se gestan así son las que consiguen una vida más larga, reviven una y otra vez. Las cosas que apelan a las tendencias existen por un tiempo muy breve. ¿Cómo definiste el entorno visual de este álbum, tanto en lo gráfico, como en la fotografía y el video?

 

GU: Miré hacia muchos lados. Buscaba la estética new wave. Hay una banda que se llama Chicks on Speed, que en uno de sus álbumes tenía una paleta que se movía entre morado, negro, cuadros, blanco y negro. Vi esa estética y me sentí muy inspirada.

 

Inmediatamente se me vino a la mente una imagen sobre una pared blanca. También quería que la fotografía fuera algo muy gráfico. Pensé: “Me quiero besar a alguien en la portada”. El simple hecho de ver un beso ajeno es como irrumpir en la intimidad de alguien. Quería provocar esa sensación.

 

La fotografía la hizo mi amiga Alicia Neto, que es una fotógrafa de Monterrey que ha vivido mucho tiempo en Berlín. Yo digo que es medio voyeurista: siempre toma fotos de parejas o de gente interactuando en el club. Tiene este ojo punk que estaba buscando, me pareció perfecta para esto.

 

Para el Romeo de la portada llamé a Sergio Mayer Mori, que es el hijo de nuestros dos mayores bombshells: Bárbara Mori y Sergio Mayer. Este era mi Romeo ideal. Pensé: “Quiero tener a este niño tan hermoso, tan chido, y encapsularlo en una fotografía”.

 

Z: Este contexto también remite a estas referencias mexicanas retro de las que hablábamos antes.

 

GU: Claro. A mí me crió la televisión mexicana, incluyendo lo peor y estoy orgullosa de eso.

 

Z: A mí también. Uno toma esas referencias, las disecta, las transforma y termina haciendo algo totalmente diferente. De ahí pueden nacer cosas maravillosas.

 

GU: Sí, lo metes a la licuadora, lo pruebas y tal vez se sabe feo, pero en una de esas sale chido.

Para el video de “Denisse” quería traer tantito de esta nostalgia. Como te comenté antes, en todo el disco hay samples de música de medio oriente. Yo soy parte jordana (de lado de mi abuela), y siempre me ha gustado la música árabe.

 

Para este video sólo tenía una imagen en la cabeza: yo encima de una alfombra voladora. Pero quería un elemento personal, entonces la alfombra está volando encima del cuarto de mi abuela. Es un vuelo muy cutre, la alfombra la movimos con hilos y todo es una pantalla verde, se ve claramente que es un montaje. Eso era justo lo que quería hacer, muy en televisión mexicana.

 

Z: Y en cuanto al diseño gráfico, noto que en tus últimos trabajos tienes esta serie de textos diseñados muy a ochentas/noventas. ¿Cómo definiste el logo en este material?

 

GU: Soy una perra por los logos, me encantan. Es muy difícil aguantar el paso del tiempo con un mismo logo, por eso para cada álbum tengo uno nuevo. Igual y este logo se queda para siempre, no lo sé.

 

El de Blush (2024) me lo robé de un lugar abandonado en Japón. Literal le dije a mi diseñador: “Wey, no sé qué chingados dice, pero intenta generar la palabra con esta tipografía”.

 

Con Rrromeo pasó lo mismo. Me inspiré en el logo de un cine abandonado de Montreal. Quería generar sexualidad en el logo y esa fue la referencia perfecta. También quería darle fuerza a la palabra. Romeos hay muchos, pero Rrromeo solo hay uno. A través de las tres erres acentúa que es un disco en español. Pensé: “Si va a haber prensa gringa, pélatela y dilo con las tres erres”.

 

Lentes Prada, bufanda propiedad del estilista, top COS

 

 

Z: Qué buenos tiempos cuando existía esa libertad en lo gráfico. Cuando estaba permitido que el logo de un cine fuera sexual.

 

GU: Claro. La verdadera inspiración está allá afuera, en lo abandonado.

 

Z: También encuentro inspiración en la basura y hago mucha conexión con lo que comentas sobre las referencias de la televisión mexicana. Siempre he pensado en La Hora Pico, La Familia P. Luche y Rubí como algunas de mis referencias más valiosas.

 

GU: El vestido rosa que me pusiste para estas fotos es muy de La Hora Pico.

 

Z: Eso mismo pensé. Dije: “¡Qué hot!”.

 

GU: Neta sí.

 

Z: Inyectas una mexicanidad muy particular y muy única en ti. Es un lenguaje que le cuesta mucho trabajo hablar a cualquier otro artista. Muchos desean producir un material que muestre esta parte de la cultura chilanga y no lo logran.

 

Tú ni siquiera lo presentas de manera explícita. ¿Cómo has construido esa facilidad para que este lenguaje se imprima en tu trabajo?

 

GU: Sigo siendo la misma niña chilanga que creció aquí. Absorbo lo que vivo todos los días. Uno pensaría que la inspiración está allá afuera, en el cine de lugares lejanos, por ejemplo. De alguna manera sí, pero la verdadera inspiración es lo que nos hace mexicanos en el día a día.

Crecí escuchando el 92.1 FM, Universal, Amor 95.3. Era lo que sonaba cuando salía de la escuela y me subía al coche de mi mamá. Con el tiempo se volvió algo muy mío y, al final, eso construye tu universo.

 

Z: Me da mucha lástima que la gente creativa produzca materiales que aspiran a un look europeo o gringo, cuando aquí tenemos suficiente de qué nutrirnos.

 

GU: Claro. Y aunque también está chido integrar de vez en cuando referencias eurocentristas, la verdadera inspiración viene de la ciudad en la que creciste.

 

Una de mis mejores amigas, Foudeqush, hace música increíble y ella es de Monclova. Toda su estética tiene que ver con ese sitio, del cual no sé ni puta madre, pero lo veo a través de lo que ella produce y me parece súper atractivo porque la hace ser quien es.

 

Z: De niño renegaba de esa parte de mi identidad, de mi origen. No lo quería, deseaba que mi vida fuera Disney Channel.

 

GU: Sí, todos los que crecimos viendo eso lo buscábamos. Yo entendí el valor de la ciudad en la que estamos hasta más grande. A los 15 quería ser Lizzie McGuire, ir a una escuela gringa y andar con un mariscal. Ese tipo de pendejadas con las que crecimos en la tele.

 

Z: Exacto. Me costó entender que el verdadero valor residía en lo mío. Uno se deja llevar por las cosas que consume y eso a veces puede ser peligroso porque borra tu identidad.

 

GU: Sí, y es igual en la música. Nos volvimos huevones como consumidores y nos gusta que las tendencias nos indiquen qué consumir. Ya no hay esta incógnita de descubrir, esa curiosidad de: “No sé a qué sabe esto, pero está chido”.

 

Z: La cultura se ha homogeneizado de una manera muy extraña. Y me pregunto si algún día volverá a ser individual, orgánica, curiosa. El internet ha llegado como una prótesis mental de la que puede que no haya vuelta atrás.

 

Falda y camisa COS

 

 

GU: Estamos en brain rot. Para que vuelva a existir un génesis musical, tenemos que volver a consumir la música en un pinche bar que huele a pipí. Ir a ver batallas de bandas donde no conoces a nadie y descubrir qué sale de ahí. Encontrar la fuente del descubrimiento, hacer comunidad entre cuerpos sudando.

 

Está cabrón. Antes salir en esta ciudad era persinarte porque ibas a un concierto y te aplastaban, todo el mundo se empujaba. Aunque no era cómodo, eso te hacía sentir vivo. La gente tenía su Sony Ericsson, no ibas a los lugares con la intención de tomar fotos, nadie iba a ver tu foto de mierda. Ojalá algún día volvamos a eso, la música en vivo era una comunión.


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