La señal que nos lleva a casa...
fotografía Andrés Solís
estilismo y producción Santiago Faci
grooming Robbie Martínez
asistente de fotografía Sergio González
todos los lentes Carrera
toda la ropa propiedad de Siddartha por Alfonso Bricio
Imaginemos lo siguiente: un viaje por carretera en medio de la noche. Mientras las llantas giran a toda velocidad, encendemos la radio y aparece una canción. La melodía no sólo marca nuestro ritmo sobre el asfalto: también da sentido a nuestras emociones. De pronto, y sin pensarlo demasiado, los sonidos y silencios dejan de ser una mera estructura musical para convertirse en acción: nos señalan una dirección.
En “Such Great Heights”, composición de The Postal Service, encontramos otra forma de esa historia: una persona lejos de quien ama. Una separación física que acumula semanas de nostalgia. Un saludo fantasma desde las grandes alturas. La esperanza de que, en algún momento, al recorrer el dial, aparecerá esa canción: la que habrá de llevarnos a casa.
Y quizá toda la música funciona un poco así: como una idea furtiva que se desliza por los aires hasta que alguien logra sintonizarla. Entonces el corazón se convierte en receptor de las señales que vienen de lo profundo y misterioso para señalarnos el camino.
Siddhartha, uno de los ídolos contemporáneos de Guadalajara, piensa algo parecido: “mi obra siempre ha funcionado de esa manera. Hay discos que hice en sintonía de cierta frecuencia y otros donde la programación era distinta… y seguramente en el futuro encontraré otras señales que habrán de llevarme a lugares diferentes, pero que siempre provienen del mismo lugar: debajo del agua del ser.”
Así arrancamos esta conversación con el compositor, músico y productor tapatío, quien nos recibió en su ciudad natal para ahondar en los detalles de su más reciente álbum, “Radio Nostalgia”, al tiempo que nos cuenta sobre lo que significa ser un artista que ha hecho del territorio un manifiesto creativo y un acto de resistencia.

Lentes Carrera
ESTOY PENSANDO QUE ES UNA SEÑAL
“La verdad es que el nombre llegó al final de todo”, confiesa Siddhartha, luego de preguntarle las razones detrás de Radio Nostalgia. “Tenía las canciones hechas, grabadas y mezcladas. Incluso había videos, pero no tenía título. Me costó un tiempo sintonizar con esa idea. La radio fue un elemento que estuvo presente de manera inconsciente. Por ejemplo, cuando hicimos el video para la canción “Tú y yo y tú”, teníamos un receptor sonando la melodía. En cuanto terminó la música, automáticamente se puso un pedazo de la siguiente pieza del álbum. Ésa era la señal que necesitaba.”
Respecto a la nostalgia, el músico nos cuenta: “es una temática que me gusta mucho porque la vivo constantemente. Me parece que es un sentimiento muy versátil, capaz de trasladarte a diversos lugares. En el caso particular del álbum, no se trata de señalar el pasado como algo que fue mejor, sino de la memoria como un ejercicio que te hace estar en el presente: trata de asomarse al camino que nos ha traído hasta aquí. Diría que la nostalgia se encuentra en las letras, mientras la idea de la radio viene de la intención de canalizar esa frecuencia universal que es la música”.
En ese sentido, “Radio Nostalgia” ofrece un viaje por distintos géneros, muchos de ellos anclados en la tradición mexicana, pues lo mismo encontramos ecos del ranchero que del bolero, la tambora, el bossa, la canción tropical, y por supuesto, el característico sonido indie-pop que ha hecho de Siddhartha un referente para nuevas generaciones. “El disco tiene influencia de géneros que son nostálgicos por naturaleza, pero que también están ocultos en mi personalidad musical y que afloraron de manera espontánea. Creo que nunca hubiera hecho, de manera consciente, alguna canción que tuviera un coqueteo con equis tipo de música mexicana, pero aquí todo fue muy instintivo: lo que suena son las influencias que tuve de niño, la música con la que crecí, pero que no era necesariamente la que yo escuchaba, sino que lo hacían mis padres o mis abuelos, ese primer entorno. Confieso que por mucho tiempo no valoré esas canciones, incluso las repudiaba, pues cuando eres joven estás en otra onda, pero hoy tienen un valor completamente distinto.”
Por su parte, las letras del disco no fueron escritas de manera tradicional, sino que nacieron cantándolas: Siddhartha decidió abandonar la idea de una temática concreta para cada canción y simplemente fue poniendo palabras encima de las melodías hasta obtener algo que se sintiera correcto. “Ese proceso tuvo mucho de magia, porque dejé que fluyera la voz del inconsciente y empecé a conectar con cosas que no están en la superficie, lo que hizo el viaje más emocionante, pues no sabía a dónde llegaría. Fue sólo al final de cada canción que dije ‘ah ok, de esto se trata’. No hubo intención, sólo instinto.”

Lentes Carrera, traje Ferragamo, top propiedad de Siddhartha
BUSCANDO ALGO EN QUÉ CREER
Mientras avanzamos la conversación sobre el instinto en el arte, Siddhartha señala que, si bien es un artista que se deja guiar por aquello en lo que cree, también dedica mucho tiempo a pulir la idea primigenia. En el caso de Radio Nostalgia, nos cuenta que en sólo mes y medio tuvo todas las composiciones, pero que le tomó casi dos años alcanzar el sonido que buscaba.
“Tengo la suerte de contar con un equipo muy nutrido de colaboradores, que al mismo tiempo son amigos a los que respeto y admiro, pues así como tenemos afinidades, también tenemos confrontaciones que hacen que la música sea mejor. Por ejemplo, este álbum lo trabajé muy de cerca con Alejandro Pérez, mejor conocido como el Orko, con quien tengo una historia muy larga, pues fui su staff de morro: trabajé con él como asistente en la batería cuando formaba parte de Azul Violeta. También están Ruhl, guitarrista con el que prácticamente inicié este proyecto, y Didi Goodman un tecladista argentino increíble. Ellos me ayudaron a encontrar nuevas direcciones para el disco: yo tenía las composiciones, pero en conjunto hicimos la estética del álbum, cada quien aportando algo a su manera. Creo que logramos el álbum que mejor suena en toda mi discografía. No digo que sea el mejor o que haya peores, pero estoy seguro de que es el que cuenta con la manufactura más acabada al momento.”
En este instante de la plática resulta inevitable hablar de los cortes de caja emocionales que representa cada disco, así como el hecho de que cada uno es una estampa en el tiempo. Ante esa idea, el artista señala: “claro que cada álbum es un corte y cada uno tiene sus peculiaridades, pero hay algo que me gustaría compartir con el público, mis amigos, familia y todo mundo: siento que nos perdemos demasiado de los placeres de la vida comparando épocas. En ese sentido, soy muy inquieto: no entiendo la música si no es a través del movimiento, de las ganas de seguir descubriendo. Tengo este hábito de estar buscando cosas nuevas en las cuales creer. Por eso hablo con mucho cariño de todos mis discos: cada uno tiene lo suyo, pero soy consciente de lo que he podido mejorar con el pasar del tiempo. Y no los quiero poner a competir: son partes del mismo viaje. Hay mucha gente que se queda en un mismo lugar por miedo a sonar distinto, a explorar, pero es algo que me parece un poco triste. No podría subirme a un escenario y tocar únicamente las canciones que hice hace 20 años. Para mí es importante que dejemos de compararnos con nosotros mismos o los demás, y que sólo sigamos expresándonos, que la necesidad de crear nunca se detenga, pues en algún momento haremos el corte de caja definitivo, y entonces sólo quedará el silencio. Mientras tanto, hay que conectar con todas esas cosas que somos, pues no se trata sólo de hacer música, sino de darle un sentido a eso que llamamos vida”.

Lentes Carrera
UN SALUDO DESDE LAS GRANDES ALTURAS
Como todo viaje, es importante regresar al origen (que, en este caso, también es destino): la ciudad de Guadalajara, cuna de grandes momentos para la cultura mexicana. “La verdad es que tengo un grato recuerdo de crecer musicalmente en mi ciudad”, relata un emocionado Siddhartha. “Me enorgullece contarlo porque creo que Guadalajara es un lugar sumamente musical. Por ejemplo, tan sólo en la manzana donde vivía con mis papás, había como cinco bandas, eran muchísimas. También en mi salón de clases, en la secundaria particularmente, quien no tocaba un instrumento, tocaba otro: la mitad de los alumnos eran músicos. Incluso creo que empecé a tocar porque todo mundo lo hacía”, confiesa con una sonrisa, para luego aclarar que, si bien había tocado desde pequeño por influencia de su abuela, fue hasta ese momento que decidió involucrarse en lo que llama “la sociedad musical.”
“Había mucha escena en Guadalajara: entre los 12 y 13 años tuve mi primera banda y tocábamos con otras banditas y proyectos que que – rían hacer algo. Hacíamos shows donde se pudiera: en parquecitos, casas, etcétera. Siempre percibí a mi ciudad como un espacio en el cual había música todo el tiempo: podías ir a ensayos de algunas bandas, compartir escenario con otras, ver a las que admirabas muy de cerca. Era nuestra forma de convivir, de socializar”, puntualiza el artista. Tras una pausa reflexiva, agrega: “creo que mi destino musical no hubiera sido el mismo de haber nacido en otra ciudad. Para mí, Guadalajara siempre ha sido un lugar muy activo, con sus bemoles como todo, pero con una efervescencia única. Por ejemplo, no sé si todos me conocían, pero yo sí conocía a todos, lo cual me permitió conocer profundamente la esencia de la música que hacíamos, que en el fondo tenía una sola misión: hacer comunidad desde nuestra trinchera. Sin irme muy lejos, por un tiempo di clases de música en un taller universitario. Ahí fui maestro de Caloncho, de Chata (baterista de Porter), de Abraham, quien tocó mucho tiempo con los Technicolor Fabrics y también de Orlando, quien estuvo en Clubz. Había una generación muy activa de músicos, lo cual nos hizo muy arraigados a nuestra ciudad, y me gusta creer que es algo que sigue ocurriendo. Me siento satisfecho de haber sido parte de esa movida y no haber muerto en el intento”

Lentes Carrera, traje Ferragamo, top propiedad de Siddhartha
TERRITORIO: ESE ACTO DE RESISTENCIA
Ya que nos movimos al tema del territorio, el cual enmarca esta edición de 192, hablamos de un mal tradicional en la cultura mexicana: la centralización de las industrias, oportunidades y espacios de expresión artística. “Creo que me tocó un momento en el que hubo una transición al respecto. Digamos que, para posicionarte en la escena, existía la idea de que tenías que moverte a la Ciudad de México. Yo lo hice durante la etapa que toqué con Zoé, pero regresé a Guadalajara, porque una de las cosas que decreté es que no tenía que vivir en otra ciudad para hacer música”, nos cuenta Siddhartha.
“La verdad es que me aferré a esa idea: todo mundo me decía ‘tienes que vivir acá para que pasen cosas’, pero soy muy anti-RP, o sea, nunca se me dio eso de hablar con todo mundo o ser socialité a nivel industria… además, nunca me gustó estar limpiando zapatos ajenos, por decirlo de manera elegante. Me costaba mucho trabajo la idea de que mi música, para ser validada, tenía que estar en un lugar específico o contar con la aprobación de equis o ye persona. Me concentré en hacer música desde mi tierra y simplemente compartirla. Claro que eso me costó 20 veces más trabajo, pero al final logré meterme a lugares por el cariño que me dio la gente. Muchas veces me rechazaron de festivales o cosas así porque no estaba en el mismo lugar que todos, hablando con quienes eran como la élite que aprobaba lo que se podía escuchar. Pero tuve la fortuna de que fuera el mismo público quien me llevara a lugares en donde incluso muchos no me querían: la música fue la que me puso ahí.” A pesar de la batalla, Siddhartha aclara: “cuando viví allá lo disfruté mucho, pero más en lo personal que en lo musical. Y es que sí, en la capital suceden muchas cosas, pero lo que realmente gocé fueron las experiencias de vida, las amistades y relaciones que hice, no tanto lo profesional: me parecía un sacrificio innecesario dejar atrás amigos, familia, a la gente que quería sólo por obtener algo de esa validación que ya conté. Me resistí a ello, a vivir en cualquier otro lugar que no fuera Guadalajara… y creo que al final, tuve razón”.

Lentes Carrera
POR SIEMPRE Y PARA SIEMPRE
Antes de concluir nuestra charla, seguimos resaltando el papel de Guadalajara como elemento esencial en la carrera de Siddhartha, pues además de ser terreno de resistencia, es un espacio de inspiración constante. Por ello preguntamos: ¿qué tanto de Radio Nostalgia conecta directamente con Guadalajara?
“No lo había pensado. Como todo disco, es un álbum fotográfico de todo lo que he sido: tanto los sucesos del presente, como de aquellos que conforman nuestra historia. Entonces sí, el álbum tiene mucho de mí y de mi ciudad, de mi entorno, de todo con lo que crecí. Por ejemplo, cuando era chico, tenía un maestro de órgano, de ese que tiene pedales y tal. Mi maestro era un señor llamado Don Rutilio, quien me enseñaba mucha música tradicional mexicana, que resuena en algunas canciones de este disco. También pienso en mi abuela, a quien le gustaba mucho ese tipo de música y fue quien me llevó a mis primeras clases, donde aprendí bolero y cuanta cosa le fascinaba. También debo ser súper sincero y contar que nunca he sido una persona que se despierte por la mañana y le ponga play a una canción de mariachi. La disfruto si suena por ahí, pero no es lo que me acompaña día con día. Sin embargo, su presencia está todo el tiempo, me influye de muchas formas. Hace no mucho estuve viviendo fuera de Guadalajara: volví apenas hace dos años y amo el hecho de recorrerla como si fuera un turista: me gusta ir a lugares clásicos, cantinas, lugares nuevos. Siento la emoción de la primera vez. No pienso mi ciudad sólo como un lugar geográfico, sino como una forma de expresión: es dueña de una narrativa única, que se siente hasta en pequeños detalles como el piso: en cuanto pones un pie en esta tierra, sabes que estás en Guadalajara y en ningún otro lugar.”
Finalmente, hablamos de la memoria. Si pudieras viajar por unos minutos a cualquier recuerdo, ¿cuál sería?
“Regresaría a un momento random de convivencia con mi abuela. Soy muy dichoso de que aún cuento con mis padres, hermanos, amigos, pareja y mucha gente que amo aquí en mi ciudad, pero la única persona que físicamente ya no existe es ella. Éramos muy cercanos, muy compas: desde que era niño nos llevábamos increíble, pues había un vínculo más fuerte que el que puedes tener con cualquier familiar. Salíamos de viaje, escuchábamos música, compartimos muchas cosas. Por eso me gustaría regresar a cualquier día con ella, nada en especial, sino una cenita o algo así, para cotorrear como siempre lo hicimos. No tengo un momento favorito en particular, porque cuando lo ves en retrospectiva, todos fueron especiales.”
ESPERO QUE ESTA CANCIÓN TE GUÍE A CASA
Nos despedimos de Siddhartha. Subimos al auto e iniciamos el camino. Encendemos la radio y suena Radio Nostalgia. Pensamos en los destinos que habremos de recorrer, de las aventuras que nos quedan por vivir, de la vida como movimiento constante, de todo aquello que aprendimos luego de nuestra charla. Los sonidos, espíritus y lugares de Guadalajara son amplificados por las bocinas. Los agudos y los graves tratan de decirnos un secreto: por más que nos alejemos de esta tierra, permanecerá por siempre con nosotros, pues ya no es un espacio físico, sino algo más profundo y misterioso: es una melodía que nos indica el regreso a nosotros mismos, a lo que somos, fuimos y seremos. Porque hay territorios que son más que geografía: son una canción que nos guía de vuelta a casa.
Israel Pompa-Alcalá es escritor, locutor, músico y sociólogo que disfruta de crear y compartir historias. Actualmente habita el territorio de la radio como director de Código 21, emisora pública y digital de la Ciudad de México. En paralelo, escribe su primer libro (un ensayo crítico sobre la comedia en México) y conduce Apocalypso, espacio radial dedicado a narrar el fin del mundo en tiempo real, de lunes a viernes a las 18:00 h por codigo21.cdmx.gob.mx
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