#Agenda192 Kati Horna. Lo insólito es lo cotidiano

Un recorrido de un cuerpo de trabajo singular

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texto Jorge Zacarías
fotografías cortesía del Museo del Palacio de Bellas Artes

México fue para Kati Horna lo que todavía es para muchos migrantes: un refugio. Cuando decide migrar del viejo continente al nuevo mundo, apenas a los 27 años, ya había vivido una vida entera de país a país, de experiencia a experiencia, buscando dónde sentar base. 

 

Nació en Hungría en 1912, cuando todavía era parte del imperio austrohúngaro. Su infancia fue marcada por las crisis económicas que trajo consigo la Primera Guerra Mundial. De adolescente vivió en Berlín, durante la época dorada de la Bauhaus, escuela de arte que la inspiró a adentrarse en el marxismo. Durante esos años conoció a íconos como Bertolt Brecht. La década de los 30 la pasó en París desarrollando su talento fotográfico. Vivió la Guerra Civil Española como fotoperiodista. Al ser expulsada del país por la victoria fascista, regresó a Francia con su pareja, José Horna, pero se encontró con la ocupación nazi, el mismo fascismo que vio en España, esta vez apuntando a ella como judía. 

 

 

La Segunda Guerra Mundial y el destrozo que dejó en Europa hizo a México un país atractivo para la clase artística, que buscaba escapar las bombas y el Holocausto. Remedios Varo, Leonora Carrington, “Chiki” Weisz y Kati Horna fueron parte de una generación de artistas que encontraron un hogar en México cuando no tenían otra opción y que optaron por quedarse más allá de la guerra.

 

Horna fue reportera, profesora, fotógrafa y mexicana hasta el día que murió en el año 2000. Sus fotografías, sin embargo, no habían regresado al país desde su última exposición en el Museo Amparo en Puebla en el 2013.

 

 

Kati Horna. Lo insólito es lo cotidiano, en el Palacio de Bellas Artes, es una exposición que presenta el recorrido de vida de Horna, desde sus inicios en Europa, su trabajo durante la Guerra Civil Española y las seis décadas que vivió en México. Alrededor de 205 obras comprenden la exhibición, por lo que es la muestra más grande de su trabajo hasta ahora.

 

Los curadores Yolanda Guasch Marí y Daniel Garza Usabiaga organizaron la exposición en cuatro partes, cada una marca una época de la trayectoria de Kati Horna. 

 

Los años europeos forjaron su estilo como fotoperiodista, esta sección de la muestra incluye imágenes que buscan presentar la realidad de una manera caricaturesca, como por ejemplo su serie de fotos de 1937, “Hitlerei”, en la cual retrata a Hitler como un huevo siendo aplastado.

 

Su tiempo en España fotografiando la Guerra Civil elevó sus conocimientos fotográficos sin perder sus fundamentos: Mostró las consecuencias de la guerra  en la población civil y cómo la cotidianidad se abre paso aún en entornos como ese.  Durante esa época también experimentó con el diseño de los carteles propagandísticos que permeaban la vida española y eventualmente el resto de Europa. Tomó el lenguaje visual de la propaganda para construir mensajes anti-guerra, como el cartel “¿Qué haces tú para evitar esto?” que sitúa a una mamá e hijo bajo aviones de guerra y frente a un edificio en escombros. 

 

Su interés por el surrealismo despertó al llegar a México. En paralelo a su trabajo como reportera, creó series fotográficas dentro del mundo de la ficción y la imaginación, incluyendo una situada en un sanatorio de muñecas rotas.

 

Por último hay una sala de la exhibición dedicada a las conexiones que Kati Horna formó viviendo en México. Correspondencias con Leonora Carrington, esculturas de Remedios Varo, fotografías de sus amigos y la puerta de su estudio en la Roma, que forman parte de su legado en este país.

La exposición está diseñada para ser recorrida en orden cronológico y permite a la audiencia un acercamiento puntual a la trayectoria de Horna, enfatizando lo mucho que vivió y cómo esa vida se manifestó en cada foto que tomó. Su visión política se desarrolló en el auge del fascismo del siglo XX y habiéndolo sobrevivido optó por hacer arte y periodismo al respecto, además de formar como docente a nuevas generaciones de artistas. El nombre de la exhibición es un guiño a lo vasto de su obra, donde la excentricidad de su mundo imaginario, se cruza con los eventos históricos que atravesaron su vida. Presentar lo insólito como cotidiano y viceversa, es un arte que pocos como Kati Horna supieron dominar.

 

 

Kati Horna. Lo insólito es lo cotidiano estará en el Museo del Palacio de Bellas Artes hasta el 7 de febrero de 2027.


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