Rei Kawakubo / Comme des Garçons
fotografías Cortesía Metropolitan Museum of Art
Con decir que es la primera exposición de moda dedicada a revisar el trabajo de un diseñador aún vivo, se entiende la importancia de la muestra que inaugura hoy el Metropolitan Museum of Art de Nueva York. Solamente una vez, en 1983 con Yves Saint Laurent, el museo dedicó sus salas exclusivamente a un modisto. Pero hoy esto cambia. Marcando un antes y un después en la historia de sus exposiciones –y uniendo dos mundos y dos polos opuestos– el museo celebra el trabajo de Rei Kawakubo, la diseñadora japonesa de 74 años, que fundó su firma Comme des Garçons en 1969.

Desde finales de los ochenta, Kawakubo (al lado del también diseñador japonés Yohji Yamamoto) lidera la corriente de la moda contemporánea, esa que hace más de tres décadas vino a revolucionar la estética y a imponer nuevos estilos, y que se conoce también como el movimiento intelectual de la moda japonesa avant-garde.
La singularidad de sus piezas de tamaño monumental, de cortes asimétricos y de siluetas irregulares y desproporcionadas –que ocultan el cuerpo y acentúan zonas inusuales, contrariamente a la moda convencional occidental– ameritan ser revisadas en el museo. No por nada, numerosas exposiciones alrededor del mundo exhiben con frecuencia sus piezas, además de los archivos y colecciones en museos internacionales que las atesoran. No sólo porque su propuesta tan contundente desafió desde un inicio las nociones comunes de la moda –en cuanto a belleza, género, identidad y el cuerpo–, sino por la manera en que transmite sus inquietudes y su filosofía, inevitablemente influenciada por su nacionalidad, al plano de la moda; proponiendo una y otra vez una visión renovada sobre ésta.


Es deber del curador interpretar la moda y encontrar nuevas perspectivas y significados. Desde los ojos del curador superestrella Andrew Bolton (cocurador de la anterior Alexander McQueen: Savage Beauty), Kawakubo es la diseñadora más influyente de los últimos años, por la manera en que ha desviado el curso de su propia industria. Sin embargo, la muestra, más que una retrospectiva lineal que revisa cuatro décadas de historia –son pocos los diseñadores con una trayectoria tan larga como la de ella–, es una exposición temática, una interpretación de Bolton, quien categorizó el trabajo de Kawakubo en nueve categorías estéticas que expresan dualidades como ausencia/presencia, moda/antimoda, antes/ahora, diseño/no diseño. Cerca de 140 piezas de las colecciones de mujer, desde los ochenta a la fecha, son exhibidas en una atmósfera de tipo white cube, en la que la luz blanca reina haciendo que lo que destaque sean las piezas. Claro que las costuras deshilachadas, los dobladillos sin terminar, la manera en que emplea creativamente materiales innovadores y la paleta de color en la que el negro predomina, destacan en las piezas exhibidas, que representan gran parte de su repertorio.
La exposición, una diferente a las acostumbradas taquilleras del museo neoyorquino, es interesante porque representa la unión de dos polos opuestos, como ya dije, y desvía la mirada a nuevos horizontes, pero además por el enfoque distinto sobre el trabajo de la diseñadora –oficialmente graduada de artes– cuya práctica se extiende a otras disciplinas artísticas como el arte, la arquitectura y la filosofía.

Kawakubo, una mujer también empresaria, fundadora de la concept store Dover Street Market, que tiene a la originalidad y la constante renovación como cimientos de su negocio, es indiscutiblemente una gran influencia para los nuevos talentos, lo que es evidente en muchas de las colecciones que hemos visto durante los últimos años, y que hacen referencia a una estética que en realidad ella inició. Aunque con frecuencia viste una biker a juego con voluminosos vestidos o faldas —normalmente de color negro—, sus prendas, debatibles en cuanto lo difíciles que pueden llegar a ser utilizadas, se tornan, sin ninguna duda, sumamente poderosas al vestirse. Pero no todos lo entienden.

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