En busca del color perdido: Capítulo I

El color o su ausencia interpretado por 6 diseñadores mexicanos...

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texto Carlos Didjazaá
fotografía Jesús Soto
estilismo Alberto Rebelo
maquillaje y pelo Kariana Martínez
modelo Masha @ Model Zone
asistente de fotografía Manuel Gómez González
asistente de estilismo Sophia Garduño

El mundo es cada vez menos colorido. Al menos eso sugiere un estudio reciente del Science Museum Group de Reino Unido, llamado Color & Shape. Desde hace 30 años, los objetos que nos rodean son principalmente de colores neutros. Aunque el estudio tiene varias limitantes, EDITED, una empresa de inteligencia y datos enfocada en la moda, parece confirmar este suceso al asegurar que la mitad de la ropa que se consume en el mundo es neutra. El color está desapareciendo.

 

No es difícil notarlo, puede verse en los logos que eligen las marcas cuando cambian de imagen: blanco y negro, casi indiferenciables uno del otro; el diseño de interiores se decanta por el gris y los tonos terrosos; la alcaldía Cuauhtémoc ahora es blanca. Incluso en redes sociales, se promueven “estéticas” casi incoloras so pretexto de emular un look de “dinero viejo”, lo que sea que eso signifique. Una situación ambigua definida por lo que no es. La elegancia y la sofisticación, tal como se entienden actualmente, no son estridentes, no son llamativas, no son ruidosas, no son divertidas y no tienen color.

 

Este fenómeno afecta al diseño de moda local. Por eso hablamos de él con seis diseñadores mexicanos cuyo trabajo versa profundamente sobre el color, ya sea por su uso o por su ausencia. Tres del lado “incoloro”, tres del lado colorido. ¿Qué pensamos del color, en qué concepto lo tenemos, y esto cómo influye en el diseño de moda en el país? ¿Realmente está desapareciendo? Y, en caso de que así sea, ¿qué problema representa un mundo menos colorido? No obstante, antes de entrar en materia, vale la pena dotar de contexto a esta conversación.

 

Vestido JULIA Y RENATA

 

El color siempre ha sido un tema complicado para la estética. Según Aristóteles en la Poética, “los más hermosos colores colocados sin orden no nos darán el mismo placer que el simple esbozo sin color”. Y si uno se remite a las corrientes más puristas de la teoría del arte, el color se entiende comoalgo a lo que se doma a través de la línea.

 

Al pensar en la moda en México, uno también puede toparse con esta idea. Genne Matouk, quien fue uno de los diseñadores más destacados del país, alguna vez le espetó a un estudiante: “todos los colores son elegantes”, al discutir qué se necesitaba para hacer un buen vestido. Luego, explicó cómo uno de los modelos que confeccionó para una pariente suya fue apremiado “por su discreción” en un evento clerical, a pesar de ser rojo. Explicaba que la gracia de un diseño se encuentra en sus líneas y no en su gama cromática. Pese a que toda su vida fue un férreo defensor del uso del color, Matouk suscribía a la idea clásica de disegno versus colore, el dibujo contra el color, el color sometido al rigor de la línea.

 

En 2000, tras notar una creciente inclinación en las artes y el diseño hacia la monocromía, el artista escocés David Batchelor escribió el libro Chromophobia. En él explica que la cromofobia no es el miedo, sino la aversión al color y que está motivada por las categorías que se relacionan con él: lo infantil, lo étnico, lo femenino, lo gay; aquello que es poco serio, o vulgar, o extraño. Para ilustrar este prejuicio, retomó una desafortunada cita del arquitecto francés Le Corbusier: “el color es adecuado para las razas simples, campesinos y salvajes”. Es poco probable que el arquitecto se refiriera a los griegos, a quienes admiraba profundamente, pero cuyo arte —se descubrió hace poco— era policromático.

 

El investigador y docente americano Mark Abbe notó —mientras hacía una excavación arqueológica en la antigua ciudad griega de Afrodisias (actual Turquía) en el año 2000—, que la mayoría de las esculturas que encontraba tenían rastros de barniz y pintura, algunas incluso a simple vista. Tras indagar más, descubrió que, durante siglos, arqueólogos y curadores removieron estos residuos antes de mostrar las esculturas al público, sosteniendo aquella mentira de que los antiguos griegos despreciaban los colores brillantes y que su arte era blanco.

 

Otro ejemplo de rechazo cromofóbico es el de la retrospectiva de Pierre Balmain en 1985. Tras su muerte, el museo Palais Galliera montó una exhibición explorando su carrera, la cual generó mucha expectativa, pues Balmain fue uno de los diseñadores de moda más destacados de los 50. No obstante, la gente se llevó un chasco al momento de la inauguración cuando vieron que, en vez de ser en tonos pastel, como las fotos en blanco y negro de las revistas de la época sugerían, los colores de sus creaciones eran amarillo canario, verde limón, naranja, púrpura, rojo y más rojo. Ignoraban que el trabajo de Balmain era conocido en sociedad por su colorido, producto de las telas que importaba de Asia, continente que lo inspiró toda su vida y que recorrió de punta a punta. Aún así, ¿no es curioso que los colores que en una época tan idealizada como los 50 resultaban elegantes ahora nos parezcan chillones?

 

Retomando a Batchelor, la cromofobia existe porque el color “contamina” una visión incolora del arte y la cultura que sólo existe en sueños, como si éste dotara de cierta mundanería a todo lo sublime. No obstante, tal como se pregunta en el libro, ¿si el color es tan trivial e irrelevante, por qué es tan importante excluirlo con tal ahínco?

 

 

Para empezar nuestra investigación respecto a esta aparente disminución cromática, decidimos consultar al diseñador Guillermo León, quien aparte de eso es investigador, docente y el entonces estudiante que entrevistó a Genne Matouk:

 

GUILLERMO LEÓN Hay muchos factores por tomar en cuenta. Por un lado, enseñar teoría del color es, de alguna manera, enseñar ciencia; explicar la descomposición de la luz blanca, el espectro luminoso, las longitudes de onda, etcétera, es bastante complejo. Ésa es una de las razones por las que las escuelas de diseño han hecho de lado la teoría del color. Luego, la bibliografía de apoyo es costosa: un libro que te enseñe sobre este tema será caro por el simple hecho de que está impreso a color. Un ejemplo: El cubo de los colores de Alfred Hickethier que, por cierto, ya no se edita, era un libro muy didáctico, pero como profesor resultaba costoso y tardado reunir el material escolar que se necesitaba para explicarlo.

 

En la práctica, también hay una escasez de materiales accesibles con un colorido interesante. Hace muchos años era fácil encontrar textiles estampados con una propuesta de color acertada en la que quizá no habías pensado; al verla, la incorporabas en tu colección. Cosa que tal vez no pasa si tienes que desarrollar tus propios materiales. Lo más probable es que elijas una gama de color neutra y segura, en parte por miedo a arriesgarte y caer en estas categorías sociológicas que relacionamos con el color: lo naco, lo charro, lo infantil. En general, la gente le teme al color. Este miedo lo refuerzan ciertos lugares comunes de la moda como que “menos es más”.

 

CARLOS DIDJAZAÁ Desde tu perspectiva como profesor, ¿crees que esta monocromía también responda a una cuestión de pereza?

 

GL No, más bien de desconocimiento. También atribuyo esta timidez a la falta de referentes. Si, como mencionas, el mundo es más neutro y no ves colores en ningún lado, posiblemente no tengas las herramientas para experimentar con ellos. Finalmente, los colores que eliges como diseñador no son sólo una cuestión de gusto. Ningún color existe aislado en la nada, dependen de muchas cosas: los objetos que los rodean, la luz que reciben, sus dimensiones, el contexto y, para tomar todo eso en cuenta, es necesaria cierta formación.

 

CD ¿Piensas que este fenómeno representa un problema como tal?

 

GL Lo es en tanto te deja con menos herramientas para crear una identidad propia. Y esto nos lleva a un terreno complicado como el de la cerrazón o la intolerancia. No es como que vayamos a morir sin el color, pero aceptar este tipo de conquistas culturales —que suelen provenir del norte global— tan dócilmente, me parece, ahora sí, producto de la pereza. Te ahorra pensar. Lo cual habla mucho del tipo de sociedad que somos.

 

“En general, la gente le teme al color. Este miedo lo refuerzan ciertos lugares comunes de la moda como que “menos es más”.”

—Guillermo León

Camisa GUILLERMO LEÓN

 

No obstante, ha habido algunos diseñadores que encontraron una manera de reivindicar la identidad mexicana a través de una paleta neutra. Francisco Cancino, quien fue director creativo de Yakampot por casi una década y que actualmente dirige su marca homónima, es reconocido por usar el beigecomo una seña de identidad, y por el dejo nacionalista de sus creaciones, el cual nunca ha disimulado. Al respecto de esta discusión él comparte lo siguiente:

 

CD Desde que trabajabas en Yakampot utilizas muchos colores neutros: beige, crudo, hueso. ¿A qué responde esto? ¿Por qué te gustan tanto?

 

FRANCISCO CANCINO En mi caso tiene una naturaleza comercial. En México la viabilidad de conseguir materiales de alta calidad a precios competitivos siendo diseñador independiente es baja, casi nula. Las paletas que están disponibles todo el año son neutras. Y dentro de esa gama, mi preferencia siempre se ha volcado hacia el beige, el blanco y los colores makeup: distintos tonos de nude que van desde lo beige a lo rosáceo. Otra arista es que a mí, genuinamente, me gustan esos tonos. Me parecen sofisticados, atemporales, al igual que el negro… aunque en realidad no me gusta tanto, pero el mercado me lo exige.

 

CD Al estudiar el rechazo al color y comentarlo con otros diseñadores, he notado que muchos clientes se alejan de él por considerarlo “étnico”. Tú mismo has incorporado a distintas comunidades indígenas en tus procesos de diseño, y me gustaría saber si esta gama que eliges responde a la idea de acercar a las clientas al trabajo artesanal, pero presentándolo de manera menos autóctona.

 

FC En realidad, el color que uso tiene una fundamentación sobre lo mexicano. Tengo la expectativa de que mi trabajo cuente la historia de mi país. Y esta premisa me ha llevado a ser consecuente con el origen del color en México. Lo he trabajado en varias colecciones desde el punto de vista de la etnicidad, desde los lugares con los que he hecho cocreaciones textiles. Y también lo he trabajado de manera más simbólica. Los tonos beige tienen una reminiscencia importante de lo mexicano por la introducción de la manta industrial hace un siglo y cómo se ha visto reflejada en la indumentaria mexicana desde entonces. Esta remembranza me ha servido para construir una identidad, o ése ha sido mi cometido. Y en esa intención, he integrado la manta como un elemento preponderante en mis colecciones porque tiene este acercamiento con algo que pareciera, identitariamente, pertenecer al universo de la artesanía. Por otro lado, hay que recordar que la artesanía nos acerca al color de manera natural.

 

Los elementos minerales y vegetales que se usan para teñir tienen tonos endémicos, como el amarillo oro del copal, el tono violáceo del palo de Campeche, el azul del añil, el rojo de la cochinilla, y un sinnúmero de coloraciones que dan como resultado la paleta que he utilizado a lo largo de mi carrera.

 

Total look FRANCISCO CANCINO

 

CD En tus últimas colecciones has usado más color que de costumbre. ¿Has reflexionado sobre ese tema últimamente?

 

FC Me encanta la moda y lo mejor que podría pasarme es vestirme todos los días de Margiela en gris, negro, nude… ¡amaría que mi marca tuviera esa connotación también! Pero, en el fondo, soy un amante del color y me es imposible ignorarlo y dejar fuera a un pull de clientas que hacen la diferencia para que mi negocio de moda independiente sobreviva. Hace unos años, cuando cocreé una colección para Julio, noté que sus productos son muy coloridos. Aprendí mucho. Tras esa colaboración comprobé que a las mexicanas les gusta el color, y más que eso, en México se antoja el color. Más de la mitad de mis compradoras son extranjeras, y pierden el miedo al color cuan- do están en el entorno propicio; lo que uno puede vivir como una experiencia normal de artesanías textiles o cerámica cuando visita un mercado, para ellas se convierte en una algarabía que provoca que deseen llevarse algunos de estos colores a casa.

 

CD Nunca me habría imaginado que tus clientas te pidieran tanto color.

 

FC Así es. Aunque uno también debe tener la capacidad de saber a qué le entra y a qué no cuando se trata del color. La última colección que hice es muy colorida, pero me resulta sofisticada porque está segmentada… he tenido otras colecciones con vibratos más altos; pero, esencialmente, te diría que la selección de colores se compone de una correlación entre la oferta de telas, pues ningún diseñador independiente tiene una planeación tan puntual y precisa de los colores que va a usar. Una resonancia entre lo comercial: cada mes llevo un reporte de las prendas que más se vendieron, y esto me da una idea de lo que la gente realmente está usando. Y el gusto del diseñador: en mi caso, uso colores que considero de alguna manera “patrimoniales”. Ésa sería básicamente la triada que conforma mis colecciones.

 

CD ¿Consideras que esta desaparición del color está sucediendo? Si es así, ¿crees que sea un problema?

 

FC No puedo darte una respuesta definitiva, en realidad nunca me había puesto a reflexionar al respecto. Pero como mero observante de la moda, me parece exagerado. Definitivamente la cúpula de las tendencias, Francia, me recuerda ese planteamiento: lo neutro. Pero desde hace años, la principal influencia en las estéticas globales ya no está acaparada por Europa. La diversidad de los mercados asiáticos, latinos y africanos ha ganado terreno y apela por el color. La gente me lo pide y no creo que pudiera subsistir como marca vendiendo sólo ropa en blanco y negro.

 

“El color que uso tiene una fundamentación sobre lo mexicano. Tengo la expectativa de que mi trabajo cuente la historia de mi país. Y esta premisa me ha llevado a ser consecuente con el origen del color en México.”

–Francisco Cancino

 

Vestido FRANCISCO CANCINO

 

Por curioso que parezca, en México hay una diseñadora que pasó varios años creando ropa en blanco y negro. Su nombre es Vanessa Guckel; su marca, CIHUAH —significa mujeres en náhuatl—. Los principios de su marca los aprendió en su carrera como arquitecta: simetría y asimetría; luz y sombra; equilibrio y desequilibrio. La delimitación de sus diseños consiste en crear ropa apegada a las figuras geométricas de la indumentaria indígena en una paleta de color monocromática: blanco y negro. Contrario a lo que uno pu- diera esperar, su posición respecto al color no es tan purista.

 

VANESSA GUCKEL ¡Me sorprende que me digas que el color está des- apareciendo! Justamente veo lo contrario; hoy en día veo un mundo lleno de colores, veo colores en las propuestas de diseño, de moda, sobre todo en México, que es donde más me enfoco. Quizá sea subjetivo… realmente no reviso las tendencias y no estoy actualizada con los temas de moda. Desde la pandemia he notado un mundo más colorido, y creo que eso responde a una necesidad. Después del encierro, ver una colección toda negra u oscura como las que hacía yo antes, me provoca cierta ansiedad. Ya no quiero ver al negro ni usarlo, aunque jamás lo dejaré. Mi formación como arquitecta me enseñó a diseñar así. La falta de color me hace enfocarme en la forma y la geometría, que siempre han sido mis conceptos, pero en los últimos años he empezado a usar más color y me gusta.

 

CD Recuerdo vagamente que cuando te presentaste en Google + Fashion, incluiste un par de prendas naranja y te regañaron por “contaminar” tu colección. A casi 10 años de distancia, ¿la respuesta de tu clientela ante el color ha cambiado? ¿Qué te orilló a usar más color?

 

VG Qué buena memoria [ríe]. Hubo otra colección, primavera-verano 2018, ésa fue la primera vez que diseñé una colección completamente en color. Esos colores salieron de una foto que tomó mi abuelo, de quien no me pude despedir cuando murió, por vivir en México. Tiempo después, cuando fui a Francia, me regalaron una cámara Polaroid muy antigua que le había pertenecido. Adentro había una foto y, cuando la saqué, ya no había imagen, se habían mezclado todos los productos químicos y el resultado era una especie de paisaje playero visto desde arriba. Había muchos tonos verdosos y color tierra. Eso me inspiró. De hecho, todo mi trabajo en color proviene de una respuesta emocional. Para mí, el uso del color no tiene sentido si no proviene de una emoción. Para mí, el blanco y el negro derivan de cierto equilibrio mental, pues son colores incuestionables; mientras que los demás colores implican cuestionamientos y emociones. Piensa en la pregunta “¿qué me voy a poner hoy?”. Responde a una cuestión emocional, que va más allá de la funcionalidad del blanco y negro. No sé si tenga sentido.

 

CD Tiene sentido; un look monocromático siempre transmite seriedad. Incluso en estética, existe la figura del “cuerpo clásico”, el cual habla de una forma completamente pulida, incolora, perfecta y cerrada, lo que me remite a tu formación como arquitecta. Sin irnos muy lejos, tampoco Le Corbusier era muy fan del color.

 

VG En general los arquitectos no somos fans del color.

 

CD ¿Consideras que el uso del color contradice o traiciona tu formación como arquitecta?

 

VG No. El uso del color no es anodino, ve a Barragán. Su uso del color respondía a su entendimento de la luz. Es un trabajo emocional; no podría definirlo con otra palabra que no sea ésa. Hoy en día, vivimos en un mundo particularmente emocional, es una explosión de emociones de todo tipo. Me parece bueno que el mundo se esté cuestionando al respecto, pienso que esto también nos lleva a combinaciones de color más arriesgadas, porque el uso del blanco y negro es muy fácil y, en general, no te puedes equivocar con él. Es elegante, sencillo, versátil, pero el color es un riesgo. Como diseñadora, nunca sé cómo va a reaccionar la clienta ante un color.

 

CD ¿Cómo han reaccionado tus clientas ante tu nueva era cromática?

 

VG Muy bien, tuve suerte. De hecho, me lo pidieron por muchos años y me resistía a usarlo. Lo apliqué en accesorios, saqué unos bolsos de piel en rosa, verde, beige… y negro. La reacción de mis clientas, tanto nuevas como frecuentes, ha sido muy positiva. Ya era momento. Este año es mi décimo aniversario con CIHUAH y era hora de darle la vuelta a los conceptos que utilizo para diseñar.

 

Vestido CIHUAH

 

Julia y Renata, Paloma Lira y Gabrielle Venguer aportan su visión sobre este fenómeno en el Capítulo II


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