La reinterpretación de lo victoriano en Poor Things

Un análisis al vestuario de la película…

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texto Sophia Garduño
fotografías Element Pictures

Durante dos horas y media me dejé asombrar por un maravilloso mundo creado y dirigido por Yorgos Lanthimos —director griego conocido por obras como The Favorite y The Lobster—, revestido con la armonía creativa de Holly Waddington —diseñadora de vestuario que ha trabajado en películas como Lady Macbeth y Lincoln—. En esta ocasión estas dos mentes creativas se juntaron para dar vida a Poor Things, una representación audiovisual homónima del libro escrito por Alasdair Gray

 

Con las actuaciones de Emma Stone —también productora de la película— (Bella Baxter), Willem Dafoe (Dr. Godwin Baxter), y Mark Ruffalo (Duncan Wedderburn), Poor Things es un ensayo lleno de autodescubrimiento, ingenuidad, toma de decisiones y voluntad propia, aspectos que construyen un ambiente especulativo a lo largo de la película que de pronto sugiere ser una reinterpretación femenina de Frankenstein, ya que el personaje principal es un experimento que resucita y poco a poco podemos ver cómo evoluciona, tanto mental como físicamente, desarrollando un insaciable deseo por aprender.

Pero el terreno que queremos explorar en estas líneas es el vestuario de la cinta, pues juega un papel sumamente importante en la construcción y la narración del personaje principal —Bella Baxter— y en el entendimiento de los personajes de reparto.

 

Inspirado en la indumentaria victoriana, Waddington decidió darle un aporte contemporáneo al vestuario eliminando el corset para dar un sentido de autonomía y usando materiales transparentes como el sheer. La diseñadora comenta que Lanthimos les dio mucha libertad creativa para navegar por los espectros de sus inspiraciones para llegar a una reinterpretación sci-fi, única e híbrida de épocas como 1880 y la década de los 70.

 

El estilismo 

 

A pesar de que las prendas por sí solas son llamativas, la forma de combinar siluetas y colores de Bella es clave para acompañar sus objetivos de libertad, de expresión y de autonomía ante la sociedad. Creando sus propios estándares, la manera en que viste la libera de prejuicios denotando su evolución. Partiendo de la idea de su “nacimiento” y su “niñez”, vemos al personaje merodeando por la casa a medio vestir, con calzones tipo bloomer en el aire y con batones holgados que permiten a su habilidad motriz desarrollarse sin limitaciones. Mientras que al principio de la película requiere ayuda para armar sus conjuntos —lo que evidencia un sentido de precariedad en cuanto a sus conocimientos de estilo que se conectan con la sobriedad de las escenas en blanco y negro—. Conforme pasa el tiempo, Bella va a aprendiendo a vestirse por sí sola, dejando de lado lo “políticamente correcto”; se viste para ella misma y para sus actividades.

 

Después del blanco y negro llega la primera escena a color, y así notamos los tonos llamativos y las texturas en las mangas aglobadas de sus atuendos que pronuncian pistas sobre su pasado, portando prendas elegantes con formas que enaltecen su presencia un tanto intimidante, y su posición en el presente así como las diferentes etapas de su vida, tanto con ropa interior como ropa del día, haciendo un conjunto de bata de dormir un vestido elegante… un fondo transparente de falda un vestido para una noche de baile, o cubriéndose del frío con un impermeable de látex amarillo que asemeja un condón.

La simbiosis entre personaje, vestuario y set

 

Durante el largometraje, Bella resalta de entre la obviedad y lo convencional del resto, y en momentos pareciera que busca mimetizarse con los hombres que tienen acceso a la educación, usando un saco negro encima de una camisa blanca pero sin dejar de lado su propia esencia, combinándolo con una falda y sus volúmenes emblemáticos. Sin embargo existe una evidente absorción, por parte de las prendas, del ambiente “surrealista” y exagerado que la rodea —un mundo que desafía los cánones de la realidad saliéndose de los márgenes de la historia y sus posibilidades—, se percibe un juego de capas con diferentes textiles, acentos de color imperdibles y una armonía entre tonos complementarios.