17 minutos con Verónica Castro

"Soy demasiado apegada a la mujer, y siempre estoy en el respeto a ella, mi casa es un matriarcado."

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texto Rulo David Vázquez
retratos Alex Córdova

La máquina del entretenimiento de la segunda mitad del siglo pasado, la televisión, creó en México un sistema que pareció en un momento ser perpetuo y todopoderoso. En ella se gestó una industria dedicada al pasatiempo a través de la ficción, telenovelas, programas cómicos, de revista y hasta noticias que compartían la visión “oficial” de un sistema político que tuvo casi nula oposición durante 70 años.

 

Un medio de comunicación masivo y hermético fue el territorio idóneo para el nacimiento del culto a la celebridad. Nos volvió una sociedad fascinada con las historias que interpretaban y con sus desgracias privadas. Verónica Castro es la cara más reconocida de la pantalla chica de México. Creció forjándose una carrera a codazos entre los titanes de este medio: Raúl Astor, Paco Malgesto Chabelo.

 

 

Rulo (RDV): ¿Dónde estabas? ¿Qué hacías? A los que no seguimos de cerca la farándula, nos da la impresión de que estabas en una especie de retiro.

 

Verónica Castro (VC): ¿Qué hacía? Pues viajé mucho, estuve trabajando en otras televisoras, estuve fuera:  Rusia, Argentina, Chile, en varios lugares. Me dicen: “¿Dónde estabas? Desapareciste”. Como estaban acostumbrados a verme diario en la televisión, de repente te desapareces un poco, y es como “Ya se fue, ya no existe, ya no está”. Después me metí a hacer teatro y entonces me salió este asunto. Le pregunté a Manolo si tenía planes de hacer cine. Me contó que le habían ofrecido hacer una serie con una historia en la que aparece una mamá, es un personaje fuerte, porque sufre mucho, es muy difícil, y tiene hijos muy difíciles, y una florería. Le dije: “Qué maravilla, una mamá, sus hijos, las flores, ¡soy yo, soy yo!”, y firmamos con Netflix. Era un personaje muy diferente.

 

RD: ¿Y te ves retirándote? ¿Estás pensando en retirarte?

 

VC: No retirándome, pero sí estuve muy en paz en mi casa y dije: “Si no sale una cosa buena, ¿para qué quiero hacer porquerías?” Porque para eso tenemos 365 días al año y 24 horas al día; para hacer cochinadas mal hechas. Para hacer las cosas bien tenemos muy poquito tiempo, y hay que pensarlo bien, hay que hacer las cosas como deben ser. Como no salía nada que realmente valiera la pena, y la televisión iba de picada, pensé: “Mejor me espero a ver qué está pasando”. Entonces empecé a ver las redes, estos asuntos de las plataformas digitales, a ver quién despega más rápido y quién presentaba qué, y empecé a ver que esto era una locura. Manolo me fue a ver al teatro y me dijo: “Si de verdad quieres trabajar, es con ellos”. “Pues quiero ver de qué se trata, tengo mucha tentación”, le dije. “Pues órale, ¡aviéntate!”, contestó. Y lo hicimos.

 

En poco tiempo, la creciente facilidad de acceso a internet, tecnologías más eficientes, y la llegada de nuevas voces, han provocado que la gente apague su tele.

 

Esta larga tradición del melodrama sigue viva y permea a plataformas que se ajustan a los nuevos deseos del consumidor del entretenimiento. Y aunque sus grandes éxitos pertenecen a otra era, cuando el Canal 2 estaba fijo en millones de televisores mexicanos, Castro no pierde las ganas de seguir actuando en proyectos relevantes. Es por eso que aceptó el rol principal de La casa de las flores, melodrama diseñado para Netflix por el director Manolo Caro.

 

RD: ¿Y tú veías una serie de Netflix que te gustara? ¿Cuál es tu favorita?

 

VC: Sí, veía películas y este tipo de personajes como el que hago yo en la historia [La casa de las flores], los veía normales, pero no los aceptaba para mí, porque mi historia y mi idea de la televisión siempre ha sido dar buenos ejemplos, no fastidiar a la gente, ni agredirla; siempre ser responsable. El micrófono es un arma en la mano, y de verdad llega a lastimar fuerte; hay que tener mucho cuidado. Los que tenemos un micrófono hemos pasado por exámenes, o por lo menos años de estudio y de preparación, para asegurar que tienes talento para hablar y cerebro para pensar bien. Y no decir o cometer un error o lastimar, u ofender a la gente que te está escuchando. Entonces me presentan este personaje, y quitarme todas esas marañas de encima y volver a comenzar prácticamente desde cero, fue muy difícil. Fue entrar al milenio, ser permisiva y decir: “Fuera la ropa”, y fuera tantas cosas que se piensan mal de la droga y del sexo.

 

RD: Pero éste es el mundo ahora ¿no?

 

VC: Exacto, es lo que me dicen mis hijos: “Mamá, lo menos que hace una mujer de tu edad es fumarse un churro”, y digo, “pues sí, debe haber mujeres así”. “Sí mamá, es lo que al menos hacen”, me dicen. Yo nunca lo he hecho. “Pues tú no porque vives en otro mundo, eres aparte”. Y sí, soy muy encerrada, me gusta mucho mi soledad, soy muy manual para las cosas, me gusta hacer chacharitas  y la ropa, soy muy jota para vestirme, me aderezo y me pongo piedritas y tonterías, entonces me la paso bien. Realmente convivo conmigo misma y hago mi mundo aparte. Manolo me dijo: “Verónica, es lo que hay y es lo que pide la gente, y los millennials están exigiendo este material, tenemos que hacerlo y así va”.

 

 

RD: Veo que le tuviste plena confianza. ¿Cómo se la ganó?

 

VC: Es muy amigo de Michel [el hijo menor de Verónica Castro]. Estudiaban y se prepararon juntos. Manolo y él jugaban mucho a ser directores de cine, traían la “lucecita”, la “camarita”, jugaban al cine y a hacer tomas. Manolo jugaba en la casa a hacerme películas. Es como un hijo para mí. Un día le dije: “¿Ya no me hablas, cabrón? ¿Ya no me quieres? ¿O qué? ¿Te caigo mal?”. “No, Verito, no sabía si tú querías”, y lo entiendo, me ve como si fuera la mamá de su amigo, y como artista, y tal vez pensaba que lo iba a regañar o algo. Obviamente no. Claro que quiero trabajar, y cuando le salió la oportunidad a él, me llamó y le dije que sí, y lo hicimos. Ha sido muy padre porque la verdad fue una gran sorpresa para mí, descubrirlo a él como director.

 

RD: Viendo el corto [de La casa de las Flores] vi que la serie es comedia, y me acordé de algunos de los programas que hacías al principio de tu carrera que estaban en ese tono. Después vinieron los dramones que te hicieron mundialmente famosa, pero, ¿la serie es una comedia?

 

VC: Me llamaron para hacer un drama. Llegué y… ¿qué te puedes imaginar? Te tengo que contar el primer capítulo: le estás haciendo una fiesta en tu casa a tu esposo, por su cumpleaños; estás con todas tus amigas y de repente, aparece en tu florería una vieja colgada. ¡Se ahorcó! y resulta que es la amante de tu marido. Y a mí me deja una criatura que criaron entre mi marido y ella. Todo este tipo de cosas son demasiado dramáticas para mí, verdaderamente hice un gran drama de lo que es un gran drama, el problema es que cuando llevas el drama al too much, estás a un pasito de caer en la comedia… y caímos.

 

Son demasiadas cosas. La gente, lejos de decir: “no friegues, qué le hicieron a esta mujer, cómo se va colgar”, dicen riéndose: “¡Esa vieja se ahorcó! Está loca”. Se pasó a la comedia. Le dije a Manolo: “No sé si me equivoqué, o te equivocaste al dirigirme, o al escribir o qué sé yo, pero la gente se está riendo”, y él me contestó: “No importa, la gente te dicta qué es lo que quiere, o cómo quiere ver la historia: la quiere ver de risa, que se rían; la quiere ver de tristeza o de sufrimiento, que la sufran”. Son cosas que pueden llegar a pasar a cualquier familia, y tiene toda la razón.

 

RD: Si comparamos hacer televisión hoy en Netflix con la época dorada de las telenovelas en los 80, ¿es otro universo o hay coincidencias?

 

VC: Nada que ver, absolutamente nada. Desde que (en este set) usan flores de verdad, el sillón es lindo y está bien cuidado, la iluminación es perfecta, todo está bien. En las telenovelas no. Eran páneles y te decían que era un jardín y lo tenías que platicar para creértelo, no tenía que ser tan real. En el cine es mucho más realista todo, y más con Netflix, que cuida todos los detalles y se preocupan por todo. Están en primer lugar, son los número uno. Va estar bien difícil que alguien los aplaste.

 

RD: Y tu chamba, ¿cambió mucho?

 

VC: Es lo mismo, pero me costó trabajo porque la cámara de cine es diferente a la de la televisión. La cosa de la iluminación, los giros de la cámara, son diferentes. Tienes que cuidar mucho más la gesticulación. Como trabajo mucho en teatro, soy muy gesticuladora, soy risueña. En la televisión tuve que bajarle el tono, porque se nota mucho, en cine tienes que bajarle mucho más. Tienes que decir todo con cara planchada porque si no se ve terrible, aunque sea una leve arruga nada más.

 

RD: He leído que no sabes si vas hacer segunda temporada de La casa de las flores...

 

VC: No, no quiero.

 

RD: ¿Y entonces qué quieres hacer?

 

VC: Quiero hacer muchas cosas. A lo mejor grabo otro disco, porque veo a mi hijo [Cristian Castro] que es apasionado y dice que hace la música que quiere, y ¿por qué no lo voy hacer yo también? Le pregunto por qué no le gusta el reggaeton y me dice: “Mamá”. Le digo que se eche un pinche reggaeton conmigo. Ya ahorita no voy a decir nunca “no”, “no se puede”, “no sé”, “no quiero hacerlo” o “no lo voy hacer”. Ya tengo la puerta abierta, ya aflojé, ya me relajé, y todo lo que venga para mí va a ser ganancia. Estoy con 66 años y todavía me dan trabajo, me vienen a entrevistar, me hacen el favor de tenerme presente, lo menos que puedo hacer es dar gracias a Dios, a la vida y a ustedes.

 

RD: Eres un personaje de nuestra cultura popular, siempre será interesante entrevistarte. Mucho mejor que platicar con youtubers. Es difícil imaginar a alguien en la actualidad conduciendo un programa nocturno de televisión como el tuyo, que duraba horas y era muy entretenido. ¿Sientes nostalgia por ese mundo, por ese momento?

 

VC: Era otro mundo, y  siento mucha nostalgia, extraño horrores a mi gente. Se me murieron todos, y estoy muy agobiada porque trato de encontrar algo en la juventud para acercarme a ellos, y no logro todavía compenetrarme. Por eso quiero ver a los millennials, que vienen fuertes, a ver si puedo aprender alguna idea de ellos, para saber por dónde irme o qué hacer.

 

RD: ¿Cuando dices que murieron todos, a quiénes te refieres? ¿A quién extrañas más?  

 

VC: A mis estrellas, a mis famosos, a mis cantantes… Si ahora quiero hacer un programa en la noche, ¿a quién llamo? ¿A quién le hago un programa de dos, tres, cuatro horas. Que cante, baile, actúe; que te cuente historias que realmente sucedieron, y que tenga todo eso? Son contados, con los dedos de la mano,  y te van a sobrar dedos… es una tristeza.

 

RD: Al oírte hablar siento que La casa de las flores es un parteaguas. La gente suele creer que a cierta edad no te puedes reinventar, pero me parece que tú sí, que esto te está dando un impulso para hacer otras cosas…

 

VC:  Soy del siglo pasado, trabajé en el siglo pasado, hice muchos éxitos en el siglo pasado, bendito Dios. Qué padre, pero qué nervios y qué responsabilidad también, porque es la primera vez que se hace un melodrama en Netflix.

 

RD: Tú, que has estado trabajando tanto tiempo en la industria del entretenimiento, ¿qué opinas del #MeToo, de mujeres que han levantado la voz contra los hombres en posiciones de poder, que históricamente han abusado de las mujeres? ¿Cuál es tu postura al respecto?

 

VC: Pues es que sí… Soy demasiado apegada a la mujer, y siempre estoy en respeto a ella, y obviamente mi casa es un matriarcado. Mi madre nos sacó adelante a todos, y yo tuve que sacar adelante a mis hermanos; mi hermana es otro matriarcado. Es el matriarcado lo que ha sacado a esta familia. De los hombres te puedo hablar bien poco, y bien mal que se han portado. Definitivamente sí me cargo del lado de la mujer, tienen que respetarla y valorarla más, y pagarle igual o mejor. Estoy conectada, totalmente con ellas. Y con el poder de decidir si quieren tener familia o no.

 

Entonces sí me voy del lado de las viejas, pa’ que te digo que no.

 


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