Isaac Redman Padilla

Gastronomía de protesta

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texto Sophia Garduño
fotografía Carlos Manuel

Además del arte, los restaurantes tienen la capacidad de generar alboroto, reflexión y un sentido de pertenencia. La mesa que invita a abrir un diálogo, las sillas que resisten el peso durante horas y los bocadillos que interrumpen brevemente cada oración. Así de acogedores se sienten los restaurantes de Isaac Redman Padilla: Caligari, De la O y palReal. El instinto por ser anfitrión corre por sus venas, gracias a una niñez en la tienda de abarrotes familiar, ubicada en el primer piso, cuando su casa estaba en el segundo. La naturaleza con la que transitaba entre los clientes de la tienda camino hacia su lugar privado, se volvió parte de su identidad.

 

Inevitablemente la “rebeldía” de la adolescencia llegó a su vida con el skateboarding y el arte. Una fórmula que resultó en la creación de un fanzine llamado Popular Scene, que inspiró su primer proyecto de hospitalidad, Caligari —una cafetería para “meterte” a la historia a través de recortes e ilustraciones—. Poco a poco, el sentido de protesta llegó al proyecto: además de vender café, se creó una comunidad interesada por el ciclismo, la patineta y la manera de recuperar el espacio público. Junto con BKT, una iniciativa dedicada a crear ciclopuertos, Caligari fue uno de los primeros lugares donde se instalaron estas estructuras para probar su funcionamiento. Isaac y sus trabajadores empezaron a llegar en bicicleta, por lo que decidió transformar parte de la banqueta que ocupaban los coches, en espacios destinados a ellas. Al final, la travesura se convirtió en una conversación con las autoridades y, con el tiempo, en una práctica permitida para que otros negocios pudieran hacer lo mismo.

Isaac comenzó con lo básico: una máquina de espresso, una mesa, dos sillas y muchas ganas de hacer algo diferente en Guadalajara. Influenciado por la idea de la “escuela convivencial”, de Iván Illich, Redman imaginó un espacio donde el aprendizaje sucediera a través del encuentro con otros. El nombre venía de El gabinete del doctor Caligari (1920), y dentro del lugar había películas que cualquiera podía tomar para sentarse a ver acompañado de un café. Ahí llegaron personas del mundo del cine, artistas, músicos, gente del skate, del graffiti y distintos movimientos sociales que encontraron una especie de escuela fuera de las aulas. Caligari se convirtió en un punto de reunión donde también se hablaba de ciudad, bicicleta y arte.

Después llegó palReal, un proyecto que construyó junto con Fabián Delgado, Fabricio Sención y Jorge Sotomayor. Cada uno desde su área formó una manera distinta de llevar a cabo la hospitalidad: el café, la cocina, la bebida y la experiencia alrededor de la mesa. Desde entonces, Isaac ha traducido esa relación entre diseño, comunicación y comida a través de los “menuzines” (pequeños fanzines que funcionan como menú y como una ventana para contar historias). “Tratamos de buscar sentido antropológico a todo lo que hacemos, la trazabilidad en el proceso de los platillos y bebidas, y esto lo comunicamos con el lenguaje fanzinero”, cuenta Isaac sobre esta forma de acercarse a sus clientes.

 

En palReal, ese modus operandi también está en la comida. Antes de pensar en crear algo completamente nuevo, Isaac y Fabián comenzaron preguntándose qué sabores ya existían en la memoria de los tapatíos. Así llegaron a reinterpretaciones de platillos tradicionales como la torta ahogada o el lonche de pancita.

 

En 2024, palReal recibió la distinción Bib Gourmand de la Guía Michelin —basada en la calidad-precio del lugar—. La mención validó su forma de recibir a la gente, donde lo importante es la convivencia y hacer sentir cómodo a quien llega.

 

Con un título bastante elocuente, Isaac y otros restauranteros llaman “Risoma” —Red Interactiva Sinérgica Optimista Multifuncional y Amigable— a esta comunidad de personas que desde distintos lugares han construido una escena alrededor de la hospitalidad, el arte, el diseño y la cultura en Guadalajara. “Este grupo surgió de colegas que tenían demasiadas cosas en común; fue el resultado de intentar nombrar a una generación hospitalaria como el expresionismo o el futurismo en el arte”.


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