Una conversación alrededor de la palabra "quedar"...
fotografía Ricardo Ramos
estilismo Gustavo García-Villa
dirección de arte Zaira González
Quedar: Verbo intransitivo (se conjuga como amar)
Diccionario del Español de México
Hace unos años, cuando estudiaba la licenciatura, un profesor me dijo que México es un país con un centro claro, y eso le parecía encomiable, pues evidenciaba cierta cohesión social. Que en otros lugares a los que había viajado, al preguntar dónde quedaba el centro, la respuesta era: “¿Cuál centro, señor? ¿El centro financiero, el centro comercial, el centro de convenciones? Si es ese, hay muchos grupos distintos de gente que hace convenciones; unos se reúnen por esta calle, otros hacen sus convenciones en la otra punta de la ciudad…”, y así seguían.
La anécdota nunca me pareció que fuera del todo cierta, pero me hizo pensar en que justamente México es un país que se organiza por el centro o, en otras palabras, que está centralizado. Que en lo oficial (no en lo real) el centro es primero y lo demás después; que tiene un “demás” de segunda categoría en el que se encuentra la mayoría de la población, y este menosprecio ha generado un malestar que produce reclamos en ambas direcciones. Hay uno, especialmente incisivo, que va de aquí para allá, y es el de “¿Por qué te quedaste?”, ante la presencia de un talento excepcional que se aferró a su tierra, cuando ésta no es el centro.

En el caso de Julia y Renata Franco, la pregunta mitad reproche se ha repetido de distintas formas a lo largo de 33 años, desde que abrieron su marca un día de san Valentín en la cochera de sus padres, en Guadalajara, Jalisco, donde nacieron y aún viven. La respuesta es la misma siempre: “Porque nos gusta y aquí está la gente que queremos”.
Es fácil leer esto como sacrificio. No lo es. Julia y Renata es una de las marcas de diseño de moda independientes más destacadas del país: han tenido presencia internacional, formado parte de cuanto proyecto importante ha habido, y recibido aprobación crítica unánime dentro y fuera de su estado y dentro y fuera de su industria. Sin dejar Guadalajara han conocido el éxito. Sin dejar de hacer moda han obtenido relevancia cultural. Sin dejarse la una a la otra, se han abierto paso en una industria complicada y en el camino le han dado incontables oportunidades a la gente que las rodea. Un caso especial en la historia de la moda mexicana, pues no se han perdido de nada, realmente, al quedarse.
Para esta edición quisimos, siguiéndole el juego a las hermanas que suelen hacer sus colecciones en torno a una sola palabra (Pliegue, Frontera, Alimento, etcétera), darle la vuelta al lugar común y, en vez de preguntar por qué se quedaron, agotar las posibilidades de Quedar explorando su etimología, sus raíces y sus distintas acepciones.

Carlos Didjazaá: La palabra quedar comparte raíz con la palabra aquiescencia, que significa aceptación tácita, una especie de acuerdo con el que se llega sin hablar. ¿Qué acuerdos sostienes con Renata mientras diseñan? ¿Cuáles son sus sobreentendidos? ¿En qué quedan en cada colección?
Julia Franco: Entre Renata y yo existe un acuerdo que no siempre necesita palabras. Después de tantos años trabajando juntas, hemos aprendido a leernos y saber cuándo una idea necesita tiempo, cuándo es que aún no está lista, o cuándo hay que dejarla ir. Nuestro diálogo se sostiene en la admiración, la confianza y el respeto. En cada colección buscamos algo que tenga una razón de existir y conecte con quien lo vaya a usar. Y que aparte de todo, nos represente, nos emocione y nos dé ganas de voltear a vernos y decirnos “qué buenas somos” [risas].
Quedar, curiosamente, viene de la misma raíz indoeuropea que quitar: kʷei̯ǝ. Esto me hace pensar en algo que han sostenido recientemente en entrevistas: que su trabajo procura ser cada vez más depurado, menos difícil de hacer, más puro. Una silueta simple con la menor cantidad de costuras posible. ¿A qué se debe esta renuncia, o este quedarse cada vez con menos elementos? (Pienso cómo, en inglés, renunciar es quitting.)
Renata Franco: Más que una renuncia, es una consecuencia natural del tiempo. Con los años he aprendido que simplificando vas a la esencia. Cada vez me interesa más que una prenda resuelva mucho con muy poco: que una línea, una proporción o un corte tenga la capacidad de sostener una idea completa. Quizá, antes había una necesidad de demostrar más cosas; hoy me interesa descubrir qué sucede cuando eliminas lo innecesario. Hay algo profundamente emocionante en este proceso. Además, es liberador dejar el espacio para que la persona complete la prenda con su propia presencia.

Es curioso notar cómo, a pesar de quedarse en el mismo sitio, no se han quedado con el mismo estilo. Es fácil identificar tres momentos nodales en los que su estética se ha transformado, uno por década de trayectoria, de hecho. Últimamente se han decantado por siluetas amplísimas (lo que me lleva a la pregunta distintiva del probador: ¿qué tal te quedó?). ¿Cómo ha cambiado su relación con el cuerpo y el espacio? ¿Podrían señalar las circunstancias específicas que produjeron estos cambios?
JF: Nuestra relación con el cuerpo ha cambiado porque hemos cambiado nosotras. Al principio explorábamos la transformación y reconstrucción de lo existente. Con el tiempo empezamos a entender el cuerpo no como algo que la ropa debe moldear, sino como un espacio que puede acompañar y liberar. Las siluetas amplias nacen de esa búsqueda de movimiento, comodidad y libertad, y de entender que el cuerpo no tiene que adaptarse siempre a la prenda.
Renata, David Batchelor decía que, normalmente, todo intento por explicar algo termina con un dedo índice; que cuando las palabras se agotan lo que queda son los gestos. Pienso por ejemplo en la expresión “me quedé así”, seguida de una cara que normalmente denota sorpresa. (“Me quedé de a seis”) En este punto de tu trayectoria, ¿con qué te sigues quedando “así”? Ya sea por lo bueno, por lo inaudito, por lo incomprensible o lo incómodo.
RF: Todavía me sigo quedando “así” frente a realidades luminosas y dolorosas. Después de tantos años diseñando, me sorprende cómo una misma prenda puede transformarse en significados diferentes según quién la lleve. Me siguen sorprendiendo la creatividad y la sensibilidad que aparecen en lugares inesperados, y la manera en que ciertas experiencias colectivas pueden alterar nuestra mirada del mundo de un instante a otro. Y, por supuesto, sigo quedándome “así” frente a las formas de violencia, indiferencia y desigualdad: las desapariciones en México, el genocidio en Gaza, las políticas migratorias en Estados Unidos. Por eso creo que es necesario no apartar la mirada y participar activamente desde nuestro espacio y alcance en hacer visible lo que nos indigna y tratar de transformarlo, aunque sea entre los más cercanos.

Cuando algo aún no se acaba, es que aún queda algo. Queda un café pendiente, o se queda a deber, o queda una parte del trayecto a recorrer. ¿Qué te queda, en ese sentido? ¿Qué te falta aún? En un sentido moral: ¿Con qué te quedas? ¿Cuál consideras que es el mayor aprendizaje o la mejor experiencia que te ha dado tu trayectoria?
RF: Siento que todavía queda mucho por aprender. Ésa es una de las cosas más estimulantes de este oficio: nunca se termina de llegar a un lugar definitivo. Me quedan conversaciones, proyectos, colaboraciones y preguntas. Me queda seguir entendiendo cómo puede dialogar el diseño con los desafíos del presente. En un sentido más personal, me quedo con la importancia de la perseverancia. De la honestidad. De no quedarse callado si tienes algo que decir. De escuchar. Si algo me ha enseñado esta carrera es que el trabajo creativo no se sostiene únicamente del talento o la inspiración, sino de la capacidad de permanecer, adaptarse y seguir construyendo, incluso en los momentos de incertidumbre. La mejor experiencia ha sido compartir este camino con Julia, con nuestro equipo y con todas las personas que han encontrado algo de sí mismas en nuestro trabajo.
Julia, quedar refiere también a un estado de la persona, por ejemplo: el que se queda satisfecho, o el que se queda callado. En tu caso, es consabido que sueles ser una persona más reservada —al menos públicamente— y que en las entrevistas no hablas mucho. ¿De qué manera es necesario el silencio en tu práctica? ¿De qué forma este rasgo de tu carácter moldea tu obra? ¿Qué es algo que sientes que nunca has podido decir y que no quieres quedarte sin decirlo? (Dicho sea de paso, nótese cómo el que habla quedito, habla en voz baja.)
JF: El silencio ha sido una parte importante de mi manera de estar en el mundo y de hacer ropa. No siempre siento la necesidad de explicarlo todo con palabras; muchas veces con la ropa o una pasarela puedo decir lo que no diría en una entrevista. Lo mejor de todo es que Renata me conoce tan bien que ella sabe qué estoy pensando; o si quiero decir algo, ella se encarga de ser mi vocera. Por eso la amo.
Lo que queda es también un rastro. A 33 años de Julia y Renata, ¿qué queda de las jóvenes diseñadoras que empezaron reconstruyendo ropa en el garage de la casa de sus padres? ¿Aún se reconocen en las Julia y Renata de 1993?
RF: Queda muchísimo. Queda la curiosidad, el entusiasmo y la fascinación por descubrir posibilidades donde aparentemente no las hay. También queda cierta inconformidad, una especie de rebeldía, una necesidad constante de seguir explorando y de no instalarnos demasiado en lo conocido. Por supuesto, han cambiado las circunstancias, la experiencia y la mirada. Hoy entiendo muchas cosas que entonces no podía comprender, pero ahora sé que las preguntas importantes rara vez tienen una respuesta definitiva. Y eso me parece una buena noticia.
JF: También queda la curiosidad, las ganas de experimentar y, sobretodo, de vivir emocionadas haciendo lo que nos gusta y sabemos hacer. Sigue intacta la emoción de crear algo desde cero. La raíz sigue siendo la misma: la búsqueda de algo honesto, que nos emocione… a veces hasta las lágrimas.

Carlos Didjazaá (Ciudad de México, 1998) es periodista. Tiene una colección de diseño de moda mexicano y desde hace ocho años escribe un libro sobre el tema. Ya le queda poco para acabarlo.
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