Una historia de agave, artesanía y vanguardia…
fotografías cortesía de Casa Dragones
El tequila forma parte de la historia mexicana desde mucho antes de convertirse en una categoría global, acompañando un sinfín de celebraciones, rituales y sobremesas. Ha evolucionado con el tiempo, de una bebida vinculada casi exclusivamente a la fiesta, a una categoría que hoy puede dialogar con el whisky, el coñac o el ron desde la complejidad.

Fundada en 2009 por Bertha González Nieves —primera Maestra Tequilera certificada por la Academia Mexicana de Catadores de Tequila— y Robert W. Pittman —cofundador de MTV—, Casa Dragones partió de una idea esencial: producir un tequila pensado para beberse lentamente, solo o acompañado de comida, y colocarlo dentro de la conversación de los grandes destilados de degustación.
Desde entonces la casa ha construido un portafolio que se mueve entre distintas formas de trabajar el agave y la madera, siempre con producciones pequeñas y una atención obsesiva al detalle.

San Miguel de Allende ocupa un lugar central dentro de esa historia. La ciudad es el hogar espiritual de Casa Dragones y también el origen de su nombre. Los Dragones de San Miguel fueron un cuerpo de caballería ligado al movimiento independentista de 1810. La propiedad que hoy conocemos como la Casa Dragones, en Recreo 16, conserva una relación estrecha con aquel pasado: ahí se encontraban las caballerizas del regimiento. El número 16 aparece también en la identidad de la marca, al centro de su logo, como una referencia al 16 de septiembre y al domicilio de la residencia.
Para conmemorar esa fecha, visitamos San Miguel de Allende para volver al punto donde historia, diseño y tequila se hacen uno. La Casa Dragones funciona hoy como una residencia privada y un espacio de hospitalidad que conserva la estructura histórica del inmueble, mientras incorpora una interpretación contemporánea del diseño tradicional mexicano. La restauración estuvo a cargo de Meyer Davis y Marco Valle, mientras Ana Elena Mallet y Raúl Cabra participaron en la curaduría de interiores.
Ese diálogo entre vanguardia y tradición también está presente en The Obsidian Bar, revestido con mosaicos de obsidiana cortados a mano. La piedra proviene de los campos de agave de Casa Dragones en Jalisco y conecta materialmente el espacio con el territorio donde nace el tequila.

La misma práctica se lleva aún más lejos en el Casa Dragones Tasting Room, ubicado dentro de Dôce 18 Concept House. Concebido para albergar seis personas, el espacio está cubierto por más de 4,000 piezas de obsidiana y fue pensado como un sitio de degustación íntima, donde el diseño funciona como una extensión de la experiencia sensorial. Ese énfasis en la degustación permite entender mejor el rango de sabor que alberga la colección de Casa Dragones.

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