Mañana se escribe hoy

#MañanaEsHoy

0206
texto Miguel Ángel Ángeles
fotografía Ana Hop

En On Earth We’re Briefly Gorgeous, Ocean Vuong pregunta: ¿quién se perderá en la historia que nos contamos? ¿quién se perderá en nosotros? El cuestionamiento suena casi como respuesta de esa otra gran frase acuñada por Joan Didion que nos dice que “nos contamos historias para sobrevivir”. Historias, siempre historias.

 

En uno de los momentos que podríamos considerar más interesantes para la literatura en México, hay dos nombres que desde hace ya un tiempo son una constante en los circuitos literarios: Alma Delia Murillo y Jazmina Barrera. Cada una ha creado cuerpos de obra potentes y únicos, necesarios para días como estos, cabría decir. Hablamos con ellas a propósito de esta nueva forma de pensar el tiempo: Mañana es hoy.

Miguel Ángel Ángeles (MAA): ¿Qué tanto cambió tu conceptualización del tiempo luego de estos dos años de pandemia?

 

Alma Delia Murillo (ADM): No es una conceptualización, es mi experiencia lo que ha cambiado. Aún no puedo creer que llevo dos años sentada 12 o 15 horas al día frente a la computadora. Que llevo dos años usando cubrebocas, que he “conocido” a tantas personas para proyectos de trabajo sólo desde la dimensión plana de las videollamadas. A veces me da vértigo pensar en la experiencia, en sus consecuencias: los millones de cubrebocas flotando en los océanos, las cajas de Amazon amontonadas en las puertas, las muertes, los antivacunas, la belleza transformadora que no llegó, que nos quedamos esperando.

 

Jazmina Barrera (JB): Lo que más cambió de mi relación con el tiempo es algo que ya había cambiado cuando me volví madre. Y es que me siento obligada a vivir en el presente, me cuesta mucho trabajo hacer planes, fantasear con el futuro, se me ha vuelto muy evidente lo impredecible que es todo. Siento algo de nostalgia por esa otra vida, aunque creo que quizá es más sana esta relación con el tiempo de ahora.

MAA: Imposible no pensar en la manera en que estos procesos desataron nuevos procesos, desde lo personal inmediato y sin límite alguno; imposible no preguntar: ¿Impactó directamente a tu escritura?

 

ADM: Sin duda, porque se escribe también con el cuerpo, con los intercambios humanos, con las caminatas, con los viajes, se escribe cuando no escribes, y estos dos años de pandemia delimitaron mi entorno de manera considerable. Ha sido un viaje muy extraño. Agotador y extraño.

 

JB: Sí, diría que la pandemia incidió directamente en mi escritura. Ya desde antes estaba  pensando mucho en la crisis climática y ambiental que estamos viviendo, pero ahora me parece más urgente que nunca y estoy escribiendo sobre eso.

 

MAA: Luego de proyectos como Línea nigra (Barrera, Almadía) y Cuentos de maldad (y uno que otro maldito) (Murillo, Penguin Random House), que podríamos considerar emblemáticos de sus carreras, ambas escritoras tienen al momento un proyecto nuevo bajo el brazo. Por un lado, Alma Delia, al momento del cierre de esta edición, se encontraba en el proceso final para ir a impresión de su más reciente texto. Por su lado, Punto de cruz, de Jazmina Barrera (Almadía, 2021) se colocó desde su publicación en los listados de libros más vendidos de varias librerías del país. Durante este proceso pasaron de una obra que podríamos considerar emblemática a publicar algo nuevo: ¿qué tanta distancia hay entre una y otra?

 

ADM: Escribí una novela nueva, La cabeza de mi padre, que está por irse a imprenta y verá la luz en unos meses. Es algo muy distinto a lo que había hecho antes, autoficción pura, un viaje interior de fondo. Creo que las historias y su momento de ser contadas llegan casi providencialmente, sin demasiada planeación, un día empiezas a escribir y no puedes parar. Quizá La cabeza de mi padre sólo podía ser escrita en este periodo pandémico que removió la sensación de impermanencia.

 

JB: Me parece que Línea nigra tiene mucho que ver con Punto de cruz. Ambos son libros híbridos, son libros raros, libros que están enmarcados en la maternidad. Aunque la maternidad es el tema principal de Línea nigra, Punto de cruz es un libro que escribí porque la maternidad cambió mi relación con mis amigas y me hizo volver la mirada hacia una época de mi vida en que las amistades eran las relaciones más importantes de mi existencia.

 

MAA: ¿Cómo definen eso que ahora leemos/leeremos?

 

ADM: No puedo definir mi propia escritura. Sólo sé que elegí conscientemente, como camino, búsqueda y frustración, el único punto de vista narrativo que me interesa: la verdad.

JB: Tengo mi clasificación personal de los géneros literarios y en mi clasificación personal todo buen libro es un ensayo, simple y sencillamente porque la palabra ensayo alude a varias cosas que considero importantes en la literatura, como la experimentación, el proceso. En cambio, la palabra novela me dice muy poco, se refiere a la novedad en su etimología. Así que prefiero llamar a todo lo que escribo ensayo. Escribo ensayo aunque por supuesto que este ensayo tiene muchos más elementos de los que tradicionalmente relacionamos con la novela, tiene mucha ficción que, digamos, inventé muchísimo en este libro. En mis libros anteriores había estado más apegada a esa idea de los hechos que nos da la memoria. 

 

MAA: Las críticas en algún momento dado las han situado como figuras prometedoras de la literatura: ¿cómo se relacionan cada una con una aseveración de este tipo?

 

ADM: Ni lo pienso, no puedo cargar con esa expectativa que es un disparador de ansiedad, así que, por mi propio equilibrio emocional, ignoro ese tipo de mensajes.

 

JB: Procuro no prestarles mucha atención a los halagos ni a las críticas, especialmente si están dirigidos hacia mi persona. Si por mí fuera, querría ser una Pynchon que escribe en el anonimato. Creo que los medios y las redes sociales hoy en día están muy enfocados en las figuras públicas de las autoras y los autores, y a veces los libros parecieran ser ya lo de menos. Creo que es muy peligroso cargar de expectativas a las personas porque lo más probable es que las defrauden, y yo sé que ningún libro es monedita de oro, ninguna persona es monedita de oro, y aunque es difícil, procuro deslindarme de los comentarios que van más allá de los libros.

 

MAA: En 192 creemos que Mañana es hoy, y por eso vemos, en proyectos literarios como estos, un componente de contemporaneidad. ¿Imaginan cómo se leerá con el tiempo su obra?

 

ADM: No pienso en ello; cada vez que escribo, que concibo un cuento o una novela, sólo estoy pensando en la historia que me pide ser contada, en los personajes, en la cápsula vital que me sumerge en ese proceso. Y nada más.

 

JB: No me imagino cómo se leerá con el tiempo mi obra, ni siquiera la verdad es que logro imaginarme que se siga leyendo con el tiempo. Hay tantos y tantos libros que dejan de leerse con el paso de los años, que creo que lo más probable es que le pase lo mismo a los míos, y no me preocupa. Creo que el canon literario ha estado obsesionado por mucho tiempo con la idea de la posteridad, de la durabilidad de la literatura, y son tan impredecibles los cambios en la historia, los cambios culturales, los eventos sobrenaturales que pueden suceder en el mundo, que me parece un poco inútil pensar en eso.

 

MAA: ¿Importa?

 

ADM: No importa, en lo absoluto.

 

MAA: ¿Hay algo que al leer te haga pensar en hoy?

 

ADM: Lo que más leo es poesía, la poesía es atemporal. En mi mesita de noche está Pessoa, Tomás Segovia, Alda Merini, García Lorca, Emily Dickinson… me hacen pensar y sentir que hoy es hoy.

 

JB: Estoy releyendo una novela de Verónica Murguía que se llama El cuarto jinete, que es sobre la peste negra en la Edad Media y creo que pocos libros me habían hecho pensar tanto en la pandemia que hoy estamos viviendo, porque la comparación es inevitable. Pensar en todo lo que ha cambiado desde esa época y todo lo que sigue igual es un ejercicio muy interesante que creo que incita esta hermosísima novela.

 

MAA: ¿Qué tanto creen en el mañana?

 

ADM: Creo que, aunque nos ufanemos de pesimistas, quienes escribimos creemos irremediablemente en el mañana, ¿para qué escribir si no? Queremos hacer el relato de lo que somos, siempre creyendo que en el futuro alguien leerá esa historia. Somos una narración incesante, una pulsión vital de lenguaje.

 

JB: Creo cada vez menos en el mañana o quizá tal cual, en el día de mañana, pero no voy mucho más allá. Se ha vuelto tan inestable nuestro presente mismo, que creo que lo mejor que podemos hacer es eso que recomienda Donna Haraway: quedarse con el problema, resolver el día de hoy, mejorar el mundo no por el futuro, sino por el presente.

 

Acércate a la escritura de Alma Delia Murillo https://almadelia.mx y  conoce más del trabajo de Jazmina Barrera https://www.jazminabarrera.com/


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