Bendik Giske: la vulnerabilidad de hacer música

Bendik Giske es saxofonista, pero bastará verlo una sola vez en acción, arriba del escenario, para darnos cuenta de que su magnetismo proviene de algo más que de la capacidad de sus pulmones, su técnica y un sonido inspirado por la electrónica y las noches de fiesta en Berlín. Ese dominio del cuerpo que vimos durante su performance para Mutek MX, que habíamos atestiguado meses antes en una fiesta Traición y en la Feria de Arte Material, se expresa lo mismo en su manera de moverse al tocar que en la vulnerabilidad que parece subrayar poniendo la epidermis al descubierto.

 

Cuando atestiguamos una de sus presentaciones, pronto caemos bajo su hechizo, gracias a esa mezcla de ejecución del sax con una poderosa e hipnótica coreografía. Verlo a él y a su cuerpo ser llevados al límite y crear algo hermoso para el oído consigue hipnotizar. Durante la sesión de fotos también le vimos hacer uso de su piel y manipular con plena conciencia su cuerpo para aparecer ante la cámara como un personaje poderoso y ávido de contar una historia, la de una identidad forjada entre dos ciudades, dos culturas, siempre de la mano del sonido y el movimiento, de la música y el baile.

Jesús Pacheco (JP): ¿Cómo desarrollas esa manera de contar una historia a través de la música y del movimiento? ¿Y qué tan importantes fueron para ello tus días yendo y viniendo de Oslo a Bali, las dos ciudades donde creciste?

 

Bendik Giske (BG): En la música balinesa, en los bailes tradicionales, hay máscaras, montones de máscaras diferentes. Cada una representa un personaje distinto y todos ellos narran historias de sabiduría antigua, de jóvenes guerreros, de roles de género, de ética… Cuando eres niño, ver todo eso resulta extremadamente poderoso. Mi mamá me envió a clases de baile y aunque no me veía como un bailarín balinés, tenía que explorar ese modo de expresión. Siento que tengo todas esas experiencias de las que me gustaría hablar, pero no son narrativas, no es una historia donde algo sucede, y luego sucede otra cosa. Es más un sentimiento, y con mi música quiero recrear esos sentimientos. Tuve ciertas experiencias y fueron increíbles, así que ahora quiero transmitir la respiración, el movimiento, las expresiones faciales… ¿Pero por qué detenerme ahí? ¿Por qué no ponerme algo de maquillaje y un traje? Ponlo en un escenario, hazlo música. El saxofón es porque fue lo que me dieron mi cultura y mi herencia. Es con lo que tengo que trabajar.

 

JP: Viajemos un poco al pasado. Cuéntame cómo nace tu relación con el saxofón y cómo descubres que iba a ser tu instrumento, tu principal herramienta de expresión.

 

BG: En Noruega, hay una tradición muy fuerte de formar bandas marciales escolares. Los niños marchan por las calles mientras van tocando. Así que cuando volví a casa de vuelta de Bali para quedarme definitivamente en Noruega, me uní a la banda de la escuela, y ahí me dieron un saxofón. Primero probé el clarinete, el piano y muchos otros instrumentos, pero con el saxofón, sentía que estaba conectado de alguna manera con mi voz. Ese sonido alto se sentía como algo que salía de mi interior. Así que se me dio esa oportunidad y estuvo bien. En algún punto, me di cuenta de que era una herramienta muy interesante para explorar el mundo, porque ahora puedo expresar identidad e historias, así que me lleva a sitios muy interesantes. Luego, decidí que tenía que ir a la universidad y que quería hacer música. Y me preguntaba cómo podría hacerlo. El saxofón había estado ahí siempre, así que se volvió mi proyecto de vida. Muchas veces he decidido dejarlo, pero cada vez vuelvo a darme cuenta de que es una parte muy importante de mi identidad.

JP: ¿Y en qué momento te das cuenta de que podías subvertir los sonidos del saxofón?

 

BG: Cuando tenía 20 años, comencé una licenciatura para ejecutar jazz con el saxofón. También quería comenzar una banda. Así que me uní a un pianista y a un ejecutante de tuba. No había batería ni bajo… Era una banda extraña. Y bueno, el saxofonista siempre es el solista, pero no podía ser el único que ejecutara los solos, porque también los demás necesitaban tocar lo suyo. Ahí fue cuando descubrí que no se tiene que tomar el papel de líder; también puedes estar en los fundamentos de una orquesta. Así que comencé a explorar la música electrónica y la continuidad que puedes alcanzar en ella. Me cuestioné sobre qué pasaría si solo meditaba sobre todas esas estructuras y ritmos, para luego crear de manera intuitiva un impulso. La primera cosa de la que cobré conciencia una vez que comencé a crear mi propia manera de tocar, fue que todo ya se había hecho antes. Mi búsqueda de originalidad o de personalidad no fue hacer algo nuevo, sino algo que me representara.

JP: Con frecuencia se mencionan tres rasgos como tus herramientas expresivas: la fisicalidad, la vulnerabilidad y la resistencia. ¿Cómo haces de esas tres cualidades tus herramientas personales?

 

BG: Creo que al igual que con la música tradicional, el baile está relacionado con ello. Tanto en la tradición balinesa como en la noruega, hay música y hay baile. Son una unidad. No bailas sin música, y no haces música sin bailar. De hecho, en la música noruega tienes dos golpes cortos y luego uno largo, y eso tiene que ver con la manera en que se baila: paso corto, paso corto, paso largo. Y cuando me mudé a Berlín, descubrí el techno y me di cuenta de que pasaba lo mismo: se espera que te muevas cuando escuches esa música. No hay separación entre baile y la misma. Nuevamente es una unidad. Así descubrí que el movimiento era una buena parte de mi expresión; siempre me muevo cuando toco. Primero comienza en las caderas, luego sigue el torso y entonces el movimiento se vuelve aire, y ese aire entra al saxofón. Así es como sucede la música. Es movimiento.

 

Respecto al tema de la vulnerabilidad, creo que quería que mi proyecto fuera una representación de mi voz. Es difícil subir a un escenario y ser uno mismo. De hecho, es imposible, porque una vez que tienes la atención, ya estás ejecutando un performance, sin importar si lo que haces lo es o no. Pronto vi que trabajando con bailarines o bailando yo mismo se podía crear una conexión personal con el público. Puedes alcanzar un estado casi anormal, porque es un alto estado físico y mental, y ese estado es muy vulnerable, y eso es contagioso. Creo que cuando ofreces ese tipo de vulnerabilidad o esa presencia personal, haces que la gente se abra también. Abre comunidad. Estoy convencido de ello.

 

JP: Sueles mencionar los arpeggios de Lindstrøm —a quien le han llamado el rey del cosmic disco escandinavo— y la respiración circular de Evan Parker como referencias. ¿De qué manera se vinculan con tu trabajo?

 

BG: Lindstrøm [productor noruego de música electrónica] y yo trabajamos ahora para el mismo sello, pero no fue así siempre. Lindstrøm es de Oslo, y desde ahí hizo una carrera internacional. Él usa ciertas secuencias para hacer sus canciones, comienza a construirlas a partir de ello. De pronto, tomé mi saxofón con una técnica de respiración especial y dije: “puedo tocar eso, puedo hacer ese tipo de cosas”. No puedo tocar el bombo, no puedo tocar los hi hats, no puedo tocar los platillos, pero puedo imaginarlos. Así que comencé a hacer eso, a tocar a mi manera la música electrónica que le había escuchado a Lindstrøm y a otras personas. Y de pronto alguien dijo: “eso suena como Evan Parker”. Yo no sabía quién era. Cuando alguien me lo mostró, fue toda una revelación. Todas esas improvisaciones que hace, esas largas asociaciones, todo ese movimiento y esa fisicalidad… Cuando escuché eso, pensé: “todo es posible”. Y hoy estoy convencido de ello. Si quiero hacer algo, todo lo que necesito es trabajar en ello; no hay algo imposible, solo puede ser difícil. Eso fue lo que tomé de ellos.

JP: Ahora me gustaría platicar un poco sobre Surrender. Se menciona que te inspiraste para crear el álbum luego de un viaje funesto en Berghain. Primero cuéntame por qué llamaste funesta a esa experiencia. Y hoy te refieres a aquella experiencia como transformadora. ¿Podrías contar por qué?

 

BG: Lo que tomé de ese espacio privado que ha sido creado en Berghain fue la oportunidad de explorar una manera distinta de relacionarme con el mundo, con el entorno y con mis propios límites. Me di cuenta en ese espacio de que estaba tratando de controlar las cosas, y creo que era una conducta aprendida, que le enseñan a los hombres. Aprendes que necesitas tener el control y mostrar a la gente que eres el jefe en esto o aquello. Creo que estaba actuando así en algún momento. Estaba siendo parte de esa estructura. Se nos enseña que para quedar bien, para encontrar tu lugar, se espera que actúes de cierto modo, y como hombre, se te dan ciertos privilegios. Creo que es de ahí de donde viene la homofobia. Cuando los hombres son afeminados, amenazan la estructura entera del patriarcado, amenazan ese privilegio. Todos tienen un jefe encima diciéndoles que necesitas actuar de cierto modo. Es todo un tema.

Lo que descubrí en ese espacio privado fue que yo no era el jefe, porque incluso si quisiera controlar las cosas, no iba a poder. Así que las experiencias más enriquecedoras que tuve fue cuando dejé ir y me rendí. Y por supuesto, esto está profundamente conectado para mí con la sexualidad. De hecho, todo aspecto de la vida está conectado con ello. Es una parte dominante de la narrativa. Un montón de gente heterosexual no cree que así sea. Creen que pueden tener conversaciones sin considerar la sexualidad, pero solo son ellos viviendo dentro de su propio privilegio. Creo que la comunidad heterosexual afirma su propia sexualidad de una manera muy dominante, de manera que se hace muy difícil ser diferente. Cuando la gente dice “no pienso realmente en la sexualidad, no es lo mío”, están siendo ignorantes, y están siendo parte del problema. Así que para mí, es importante incorporar también ello. Cuando estás siendo invitado a tener una experiencia de rendición —y creo que no mucha gente podría tenerla—, se convierte en una forma de dejar ir. Al dar la espalda a muchas de esas cosas que pensaba que eran importantes cuando yo tocaba, quise crear algo que se tratara de todo ello. Así fue como Surrender fue creado. No fue cosa de una noche. Fue un proceso muy largo.

JP: ¿Qué tanto y de qué manera ha influido la vida nocturna de Berlín en tu música y tus performances?

 

BG: Creo que parte de lo que sucedió en la vida nocturna de Berlín fue que descubrí la escena de las artistas drag, una en la que no había dinero involucrado, porque la gente de hecho paga para montar sus propios performances. Así que proviene de una urgencia. Eran personas, la mayoría jóvenes, que de alguna manera sentían que tenían que ser escuchadas. Vi a esa comunidad y tuve también descubrimientos muy ingenuos, como cuando alguien cambia su expresión de género y no lo reconoces. Es chistoso. Las drag queens no quieren verse como mujeres, son personajes, se trata más bien de abandonar lo masculino, y cuando alguien hace eso, ya no lo reconoces.

 

Qué significa eso para la expresión de género y qué tan importante es también en asuntos de sexualidad. Cuando pasé mi infancia en Bali, veía a mi mentor, un bailarín, ponerse todas las noches un montón de maquillaje. Pero su drag era masculino. Él era el guerrero, el Hanuman, era un héroe. Y siempre usando mucho maquillaje [risas]. Así que la conexión estuvo ahí. De pronto vi a la comunidad drag de Berlín y me dije: “aquí estoy de nuevo”. También podía vincularlo con mis experiencias de infancia. Y esa idea de que la música y el baile están muy conectados. Cuando de verdad experimentas la música, no puedes quedarte sentado. Necesitas pararte y moverte.

 

Necesitas contribuir a la energía del lugar. En Alemania, hay una cosa más: algo llamado free body culture, que básicamente es nudismo. Todos tienen que estar desnudos. No unos sí y otros no; todos están desnudos. Y cuando todos estamos desnudos, todos somos iguales, y cuando todos somos iguales, podemos relacionarnos de maneras muy generosas. Así que todo ese movimiento drag y esa cualidad creativa fueron muy inspiradores para mí. Quería ser parte de la conversación. Ya sabes: en Berghain no hay espejos, no hay cámaras. Y todo eso te hace olvidarte de ti. En cualquier otro escenario, alguien te tomaría una foto o te verías en el espejo. Ésa es también una manera de crear comunidad. Así fue que esas experiencias me iluminaron de alguna manera.

 

JP: Sueles ver tu música como música electrónica, aunque no sea nada electrónica. ¿Por qué la consideras así?

 

BG: Bueno, vengo de la música acústica. Estudié jazz, y cuando hago música, suelo escribirla y luego muestro a otros cómo tocarla. Una parte de componer para otros es notar cuáles son sus capacidades, para saber qué puede hacer bien esa persona y luego crear una infraestructura con la que pueda expresarse. En paralelo, escuché mucha música electrónica. Y era un gran misterio para mí cómo la creaban. Yo tenía una laptop, algunos plugins, pero seguía siendo un misterio cómo poder componerla. Pero lo que estaba desmitificando era cómo hacer una versión acústica de esa música. Por un lado, tenía ese conocimiento muy valioso de crear a partir de grandes instrumentos.

 

Y ése era un gran recurso. Pero me di cuenta de que no estaba pudiendo hacer algo que sintiera real. Sentía que estaba complaciendo a alguien más. Aunque ese “alguien más” no fuera una persona real, sino cierta idea de lo que otras personas querían. Así empecé a descubrir lo que realmente me gustaba, y era ese impulso continuo que tienes con el ambient, con el techno y con todos esos géneros electrónicos. Y pronto me dije: “puedo hacer todo eso, puedo ser parte de esa conversación de alguna manera”.

JP: Un método común de meditación invita a enfocar la atención en nuestra propia respiración. Algo me hace suponer que la respiración circular es una poderosa manera de estar conectado, concentrado en el aquí y ahora, justo como la improvisación. Me gustaría saber si has tenido algún hallazgo trascendental a través de esas dos herramientas: la respiración circular y la improvisación.

 

BG: Sí. Como humanos, somos capaces de varias perspectivas al mismo tiempo, pero eso no significa necesariamente que seamos conscientes de ellas o de que las tengamos. Cuando descubrí que había otros estados mentales y físicos disponibles mediante la respiración o el movimiento, y no solo a través del alcohol, la ebriedad o las drogas, todo cambió para mí. Porque ahí eres solo tú, todo es natural. Y te das cuenta de que hay algo que puedes encontrar de manera continua, experiencias a las que puedes volver.

 

Por ello hago respiración circular. No puedo hablar mucho sobre ese descubrimiento, más allá de decir que me di cuenta de que podía tener otras perspectivas, que podía llegar a otros estados mentales y físicos. Si estás enojado, no tienes por qué estarlo. Si estás triste, no tienes por qué estar triste. Puedes trabajar en ello. Puedes perseguir algo más, ya sea la felicidad o lo que sea quieras. Y creo que un montón de gente todavía necesita tener ese tipo de experiencias. Lo que encontré con la respiración y tocar usando ese tipo de respiración, fue que si respiraba de cierta manera, podía ver a la gente empatizar con ello. En algún punto, el público comienza a hacer lo mismo. No sé si eso sea verdad, pero algunos han compartido conmigo esa experiencia. He visto en los videos a gente abriendo las fosas nasales, respirando y teniendo su propia experiencia.

JP: ¿Por qué escoges Surrender para titular tu álbum? Has mencionado que es un término muy usado en la cultura gay, pero veo también el acto de rendirse como una postura espiritual. ¿Hay también un aspecto espiritual en tu elección?

 

BG: Bueno, aquí en México no me gustaría hablar mucho sobre espiritualidad, porque siento que hay tanto conocimiento, que estoy todavía tratando de aprender y de entender. Lo que sí creo es que hay una cultura masculina en nuestra sociedad, con los líderes mundiales a la cabeza de ello, en la que la lealtad se vuelve una virtud suprema y admitir errores es visto como debilidad, eso me parece peligroso. Mi humilde manera de contribuir a un mundo mejor es abogar por un modo distinto de ser, y ser curioso, y abrazar los errores, porque ellos me dicen que estoy aprendiendo. Así que me parece que es un poco más político que espiritual. Quiero crear una especie de resistencia a esa mentalidad de lo que significa ser fuerte.

JP: Has dicho que en este álbum estás contando la historia de tu experiencia al abandonar elementos en la interpretación de la masculinidad y la autoafirmación, y abrazando lo que pudiera venir como bendiciones. ¿Podrías extenderte en ello?

 

BG: Algo que he aprendido a ver como una bendición son esas veces en que he sido rechazado, y trato de usar eso para hacer algo creativo como artista. He enfrentado varias oportunidades de trabajo realmente buenas, con aplicaciones muy buenas basadas en una labor muy sólida, y he sido rechazado. Cada vez me hace enojar más que la industria musical sea así. Alguien es supertalentoso, porque cuando eran niños imitaban a los adultos, y llegan a actuar en todos lados. Así que cuando estás escogiendo entre dos artistas para un proyecto, ¿escoges al que no ha tenido tanto éxito como joven talento? ¿O escoges al que ya lo tuvo? Sentía que todos esos recursos iban a personas que ya habían tenido actividad, y mi opinión venenosa era que sus oportunidades venían del hecho de que fueron muy buenos imitadores desde muy temprana edad. Así que en lugar de estimular la creatividad y el pensamiento original, estimulan lo que encaje con la estructura. He sido rechazado en varios momentos en mi vida, y siempre pensaba: “¿cuándo va a ser mi momento?, estoy trabajando duro, lo que hago es bueno”. Pero en retrospectiva, veo que muchos de esos rechazos de hecho me ayudaron a reflexionar en lo que era mi proyecto. Si me hubieran dado esas oportunidades a una edad temprana, hubiera sentido una presión distinta para tocar en los estándares que llegan con ellas.

bendikgiske.no

 

 


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