JapoNeza Retreat: tan lejos de lo ordinario, tan cerca de ser real

Un retiro, el respiro y ese espacio para la contemplación...

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texto Danaé Salazar
fotografía Fabiola Zamora y cortesía de JapoNeza

¿Listos para la abstracción?

¿Cuál es el verdadero significado de la desconexión?

¿Somos capaces de olvidar completamente las responsabilidades y la rutina?

¿Qué significa darse un ‘baño de bosque’?

 

En JapoNeza Retreat olvidar es prácticamente una obligación, un requisito para pasarla bien en la estadía, y en ese olvidar incluye la tormenta de quehaceres del día a día. Aquí se viene a vivir la vida del bosque y, de preferencia, a contemplar. Algunos lo llaman un oasis o un destino idílico, descripciones que encajan porque mezclan el exterior con nuestro interior… entonces sucede algo emocionante.

 

“Cuando imaginé JaponNeza Retreat lo hice pensando en construir un sitio para la contemplación, en el que no necesitas mucho para estar contigo”, nos platica Fausto Terán, la mente detrás del lugar. “Es un espacio tipo dōjō”, agrega, un término japonés qué significa ‘lugar del despertar o lugar del camino’, refiriéndose a la búsqueda de la perfección física, moral, mental y espiritual. Dōjō es, además, el espacio destinado a la práctica y enseñanza de la meditación o las artes marciales. Ése es el punto de partida de la arquitectura en JapoNeza, que se materializa en dos grandes casonas con distintos cuartos de estadía en cada una, equipados con tinas para darse baños calientes, y lugares comunes como el comedor, la cocina y las salas de estar. “La arquitectura en JapoNeza es a partir del movimiento”, dice Terán, “que se logra creando cierta separación entre los espacios, lo cual te ‘obliga’ o ‘impulsa’ a moverte y cambiar de lugar continuamente”.

 

 

Otro de los elementos representativos en JapoNeza son sus baños de tina, pues además de tener un estanque con agua a 40 ºC, hay otro de agua muy fría; la intención es crear estímulos en el cuerpo para crear una explosión interna. Además, en cada habitación hay una tina —cada cuarto fue pensado y decorado en función a un tema o virtud distintos; unos son de amanecer y otros de atardecer, con vistas a la Laguna o a los volcanes—.

 

JapoNeza se encuentra a dos horas de la Ciudad de México en coche, en el estado de Tlaxcala, aislada de todo. Su ubicación le da un atributo casi mágico, el estar tan fuera de lo ordinario —de nuestra cotidianidad—, permite que naturalmente te abstraigas de la rutina y abre una puerta para gozar del lugar y de un presente que a veces se va como agua, perdido en las tareas diarias. Dice Fausto: “Me topé por casualidad con Tlaxcala y el terreno cerca de la Laguna de Atlangatepec, que es donde construí JapoNeza Retreat. Buscaba un lugar con cierta altura para tener buenas vistas y poder practicar la contemplación —JapoNeza mira directamente a la laguna—. Por esa época, hice un viaje a Japón y encontré cierto paralelismo entre la cultura mexicana y la japonesa, una de ellas y tal vez la más importante, es la práctica ceremonial, el tener lugares sagrados.” De hecho, aquí hay una mezcla palpable entre el minimalismo de la cultura asiática, y el caos intuitivo y espontáneo de México y, por cierto, de ahí su nombre, pues le rinde homenaje a uno de los mejores arquitectos de la época prehispánica: Nezahualcóyotl.

 

 

En Tlaxcala, JapoNeza ha creado un pequeño epicentro económico. No solo la construcción fue muy local, usando materiales de aserraderos y fábricas aledañas, sino que actualmente el equipo de trabajo está integrado por locales, lo que ha generado empleos a largo plazo y apoyo a la comunidad.

Si quieres hacer una reserva o conocer más de JapoNeza Retreat, da click aquí: instagram.com/japonezaretreat/.

 

Y hay que estar al pendiente: próxima apertura, Mérida, Yucatán.


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